SECCION 3 >
ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES
CAPITULO 22
Infermedades del pericardio
El pericardio es un saco de doble capa, flexible
y extensible, que envuelve al corazón. Entre las dos capas contiene
un líquido lubricante que permite que puedan deslizarse fácilmente
una sobre otra. El pericardio mantiene el corazón en posición,
evita que se llene demasiado de sangre y lo protege de infecciones.
Sin embargo, el pericardio no es esencial para mantener con vida al
organismo; si se extirpa, no se produce ningún cambio sustancial
en el rendimiento del corazón.
En raros casos, puede que se nazca sin pericardio
o que éste presente zonas débiles o agujeros. Estos defectos
pueden ser peligrosos porque el corazón o un vaso sanguíneo
principal puede sobresalir (hernia) a través de un agujero del
pericardio y quedar atrapado y obstruirse, lo que puede causar la muerte
en minutos. Por lo tanto, estos defectos habitualmente se reparan mediante
una intervención quirúrgica; si la reparación no
es posible, se extrae la totalidad del pericardio. Aparte de los defectos
de nacimiento, las enfermedades del pericardio pueden ser consecuencia
de infecciones, heridas y tumores que se han diseminado.
| Taponamiento cardíaco:
la complicación más grave de la pericarditis |
| El taponamiento es con frecuencia el
resultado de una acumulación de líquido o de una hemorragia
dentro del pericardio, consecuencia de un tumor, una lesión
o una intervención quirúrgica. Las infecciones víricas
y bacterianas y la insuficiencia renal son otras causas comunes.
La presión arterial puede descender rápidamente y
alcanzar valores muy bajos durante la inspiración. Para confirmar
el diagnóstico, se emplea la ecocardiografía (una
prueba que utiliza ultrasonidos para proporcionar una imagen del
corazón). El taponamiento cardíaco es, por lo general,
una urgencia médica. El tratamiento inmediato consiste en
un drenaje quirúrgico o la punción del pericardio
con una aguja larga para extraer el líquido y aliviar la
presión. Se aplica anestesia local para evitar el dolor cuando
la aguja atraviesa la pared torácica. En lo posible, el líquido
se extrae bajo control ecocardiográfico. En caso de pericarditis
de origen desconocido, se drena quirúrgicamente el pericardio
y se extrae una muestra para determinar el diagnóstico. Una
vez reducida la presión, habitualmente el paciente permanece
hospitalizado en prevención de una recidiva. |
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Pericarditis aguda
La pericarditis aguda es una inflamación
súbita del pericardio que a menudo es dolorosa y provoca el derrame
de líquido y productos de la sangre como la fibrina, glóbulos
rojos y glóbulos blancos en el espacio pericárdico.
La pericarditis aguda se produce por varias causas,
desde infecciones víricas (que pueden provocar dolor pero que
son de corta duración y generalmente no dejan ninguna secuela)
hasta un cáncer con riesgo de muerte. Otras causas pueden ser
el SIDA, un infarto de miocardio, una cirugía cardíaca,
el lupus eritematoso sistémico, la artritis reumatoide, la insuficiencia
renal, heridas, la radioterapia y un escape de sangre procedente de
un aneurisma aórtico (una dilatación de la aorta en forma
de bolsa). La pericarditis aguda también puede producirse como
un efecto secundario provocado por ciertos fármacos, como los
anticoagulantes, la penicilina, la procainamida, la fenitoína
y la fenilbutazona.
Síntomas y diagnóstico
Generalmente, la pericarditis aguda causa
fiebre y dolor en el pecho que, por lo general, se extiende hacia el
hombro izquierdo y algunas veces baja hasta el brazo izquierdo. Este
dolor puede ser similar al de un ataque al corazón, pero tiende
a empeorar al estar acostado, toser o respirar profundamente. La pericarditis
puede ocasionar un taponamiento cardíaco, un trastorno potencialmente
mortal.
El diagnóstico de pericarditis aguda se realiza
a partir de la descripción del dolor y por la auscultación
con un fonendoscopio colocado sobre el pecho del paciente. La pericarditis
produce un sonido crujiente similar al crujido del cuero de un zapato.
Una radiografía de tórax y un ecocardiograma (una prueba
que utiliza ultrasonidos para crear una imagen del corazón) pueden
demostrar la presencia de líquido en el pericardio. El ecocardiograma
puede también revelar la causa fundamental (por ejemplo, un tumor),
así como mostrar la presión que ejerce el líquido
pericárdico sobre las cavidades derechas del corazón;
una presión alta es una posible señal de alarma de que
existe un taponamiento cardíaco. Por otro lado, los análisis
de sangre permiten detectar algunas causas de pericarditis (por ejemplo,
leucemia, SIDA, infecciones, fiebre reumática y valores elevados
de urea como resultado de una insuficiencia renal).
Pronóstico y tratamiento
El pronóstico depende de la causa de
la enfermedad. Cuando la pericarditis es provocada por un virus o cuando
la causa es desconocida, la recuperación se consigue entre 1
y 3 semanas. Las complicaciones o recurrencias demoran la recuperación.
Si se trata de un cáncer que ha invadido el pericardio, la supervivencia
rara vez supera los 12-18 meses.
Generalmente, las personas con pericarditis deben
hospitalizarse, recibir fármacos que reduzcan la inflamación
y el dolor (como la aspirina o el ibuprofeno); hay que controlar la
posible aparición de complicaciones (sobre todo el taponamiento
cardíaco). En caso de dolores muy intensos se administran opiáceos
(como la morfina) o un corticosteroide. El fármaco más
utilizado en caso de dolor intenso es la prednisona.
El tratamiento posterior de una pericarditis aguda
depende de la causa subyacente que la haya provocado. Los pacientes
con cáncer pueden responder a la quimioterapia (con fármacos
anticancerosos) o a la radioterapia, pero a menudo debe realizarse una
extracción quirúrgica del pericardio. Los pacientes tratados
con diálisis debido a una insuficiencia renal, suelen responder
cuando se efectúan cambios en sus programas de diálisis.
Las infecciones bacterianas se tratan con antibióticos y el pus
del pericardio se drena quirúrgicamente. Por otro lado, siempre
que sea posible, se suspende la administración de los fármacos
que pueden causar pericarditis.
Cuando se producen episodios repetidos de pericarditis
por una infección vírica, una herida o por una causa desconocida,
está indicado administrar aspirina, ibuprofeno o corticosteroides.
En algunos casos, la colquicina es eficaz. Si el tratamiento con fármacos
no es eficaz, se extrae el pericardio quirúrgicamente.
Gran derrame pericárdico:
drenaje por aspiración
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Pericarditis crónica
La pericarditis crónica es una inflamación
que resulta de una acumulación de líquido o de un engrosamiento
del pericardio y que comienza gradualmente y persiste durante largo
tiempo.
En una pericarditis crónica con derrame ,
hay una acumulación lenta de líquido en el pericardio.
Habitualmente la causa se desconoce, pero la enfermedad puede ser provocada
por un cáncer, la tuberculosis o una insuficiencia tiroidea.
Cuando la causa sea conocida, debe ser tratada; si la función
cardíaca es normal, el médico suele adoptar una actitud
expectante, es decir, de observación.
La pericarditis crónica constrictiva es una
enfermedad poco frecuente que aparece cuando se desarrolla tejido fibroso
(similar a una cicatriz) alrededor del corazón. El tejido fibroso
se retrae progresivamente, comprime el corazón y reduce su tamaño.
Esta compresión aumenta la presión en las venas que llevan
la sangre al corazón porque se necesita más presión
para llenar éste. El líquido se estanca, se escapa hacia
afuera y se acumula bajo la piel, en el abdomen y algunas veces en el
espacio alrededor de los pulmones.
Causas
Cualquier afección que cause pericarditis
aguda puede provocar pericarditis crónica constrictiva, pero
por lo general la causa es desconocida. Las causas más frecuentes
son infecciones víricas y las producidas por radioterapia por
cáncer de mama o linfoma. La pericarditis crónica constrictiva
también puede ser consecuencia de la artritis reumatoide, el
lupus erimatoso sistémico, una herida previa, una cirugía
cardíaca o una infección bacteriana. En África
e India la tuberculosis es la causa más frecuente de pericarditis
en cualquiera de sus formas, mientras que es poco frecuente en los países
desarrollados.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas de la pericarditis crónica
son disnea, tos (porque la alta presión en las venas del pulmón
hace que salga líquido hacia los sacos de aire) y fatiga (porque
el corazón llega a funcionar deficientemente). Por otro lado,
la afección en sí es indolora. También es frecuente
la acumulación de líquido en el abdomen y las piernas.
Los síntomas son fundamentales para poder
efectuar el diagnóstico de pericarditis crónica, sobre
todo si no hay otra razón que explique la reducción del
rendimiento cardíaco (como la hipertensión arterial, una
enfermedad de las arterias coronarias o enfermedad de las válvulas).
En la pericarditis crónica constrictiva, el corazón no
se ve grande en una radiografía de tórax, mientras que
en la mayoría de los otros trastornos cardíacos sí
se constata un aumento de su tamaño. Aproximadamente en la mitad
de los casos de pericarditis crónica constrictiva se observan,
en las radiografías de tórax, depósitos de calcio
en el pericardio.
Dos tipos de procedimientos confirman el diagnóstico.
El cateterismo cardíaco, que puede utilizarse para medir la presión
arterial en las cavidades y en los vasos sanguíneos principales.
Por otro lado, para determinar el grosor del pericardio, se puede emplear
la resonancia magnética (RM) o la tomografía computadorizada
(TC). Normalmente, el pericardio tiene un grosor inferior a 30 milímetros,
pero en la pericarditis crónica constrictiva llega a ser el doble
o más.
Tratamiento
Aunque los diuréticos (fármacos
que eliminan el exceso de líquido) pueden mejorar los síntomas,
el único tratamiento posible es la extracción quirúrgica
del pericardio. La cirugía es curativa en alrededor del 85 por
ciento de los casos. Sin embargo, dado que la mortalidad a causa de esta
operación es de un 5 a un 15 por ciento, la mayoría de los
pacientes no se opera a menos que la enfermedad interfiera sustancialmente
con las actividades diarias.