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TRASTORNOS DEL APARATO RESPIRATORIO
CAPITULO 41
Neumonías
La neumonía es una
infección de los pulmones que afecta a los pequeños sacos
de aire (alvéolos) y los tejidos circundantes.
Varios millones de personas desarrollan neumonía
y gran número mueren cada año. Con frecuencia la neumonía
puede ser una enfermedad terminal en personas que padecen otras enfermedades
crónicas graves. Es la sexta causa más frecuente de todas
las muertes y la infección mortal más frecuente que se
adquiere en los hospitales. En los países en vías de desarrollo,
la neumonía es la causa principal de muerte y sólo la
segunda después de la deshidratación causada por la diarrea
aguda.
Causas
La neumonía no es una enfermedad única,
sino muchas enfermedades diferentes, cada una de ellas causada por un
microorganismo distinto. Por lo general, la neumonía se presenta
tras la inhalación de unos microorganismos, pero a veces la infección
es llevada por el flujo sanguíneo o migra a los pulmones directamente
desde una infección cercana.
En los adultos, las causas más frecuentes
son las bacterias, como Streptococcus pneumoniae, Staphylococcus aureus,
Legionella y Hemophylus influenzae. Los virus, como los de la gripe
y la varicela, pueden también causar neumonía. El Mycoplasma
pneumoniae, un microorganismo semejante a una bacteria, es una causa
particularmente frecuente de neumonía en niños mayores
y en adultos jóvenes. Algunos hongos causan también neumonía.
Algunas personas son más propensas a esta
enfermedad que otras. El alcoholismo, fumar cigarrillos, la diabetes,
la insuficiencia cardíaca y la enfermedad pulmonar obstructiva
crónica son causas que predisponen a la neumonía. Los
niños y las personas de edad avanzada tienen mayor riesgo de
desarrollarla, así como los individuos con un sistema inmune
deficiente, debido a ciertos fármacos (como los utilizados para
curar el cáncer y en la prevención del rechazo de un trasplante
de órgano). También están en el grupo de riesgo
las personas debilitadas, postradas en cama, paralizadas o inconscientes
o las que padecen una enfermedad que afecta al sistema inmunitario como
el SIDA.
La neumonía puede aparecer después
de una cirugía, especialmente la abdominal, o de un traumatismo,
sobre todo una lesión de tórax, debido a la consecuente
respiración poco profunda, a la disminución de la capacidad
de toser y a la retención de la mucosidad. Con frecuencia los
agentes causantes son el Staphylococcus aureus, los neumococos y el
Hemophylus influenzae o bien una combinación de estos microorganismos.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas corrientes de la neumonía
son una tos productiva con esputo, dolores en el tórax, escalofríos,
fiebre y ahogo. Sin embargo, estos síntomas dependen de la extensión
de la enfermedad y del microorganismo que la cause. Cuando la persona
presenta síntomas de neumonía, el médico ausculta
el tórax con un fonendoscopio para evaluar la afección.
La neumonía generalmente produce una modificación característica
de la transmisión de los sonidos que puede oírse mediante
el fonendoscopio.
En la mayoría de los casos, el diagnóstico
se confirma con una radiografía de tórax que, con frecuencia,
contribuye a determinar cuál es el microorganismo causante de
la enfermedad. También se examinan muestras de esputo y de sangre
con el fin de identificar la causa. Sin embargo, en la mitad de los
individuos con neumonía, no se llega a identificar el microorganismo
responsable.
Tratamiento
Los ejercicios de respiración profunda
y la terapia para eliminar las secreciones son útiles en la prevención
de la neumonía en personas con alto riesgo, como los que han
sido sometidos a una intervención de tórax y aquellos
que están debilitados. Las personas que padecen neumonía
también necesitan despejar las secreciones. 
Con frecuencia, los individuos que no están
muy enfermos pueden tomar antibióticos por vía oral y
permanecer en casa. Las personas de edad avanzada y las que tienen ahogo
o una enfermedad cardíaca o pulmonar preexistente, habitualmente
son hospitalizadas y tratadas con antibióticos por vía
intravenosa. También pueden necesitar oxígeno, líquidos
intravenosos y ventilación mecánica.
Neumonía neumocócica
El Streptococcus pneumoniae (neumococo) es
la causa bacteriana más frecuente de neumonía. Una persona
infectada con uno de los 80 tipos conocidos del neumococo desarrolla
inmunidad parcial a una nueva infección con este tipo de bacteria
en particular, pero no a las demás.
La neumonía neumocócica comienza generalmente
después de que una infección vírica del tracto
respiratorio superior (un resfriado, una inflamación de garganta
o una gripe) haya dañado los pulmones lo suficiente como para
permitir que los neumococos infecten la zona. Tras los temblores y los
escalofríos, aparecen fiebre, tos con esputo, ahogo y dolores
en el tórax al respirar (en el lado del pulmón afectado).
También son corrientes las náuseas, vómitos, cansancio
y dolores musculares. El esputo a menudo es de aspecto oxidado debido
a la sangre que contiene.
Existe una vacuna que protege de las infecciones
neumocócicas graves en casi el 70 por ciento de las personas
vacunadas. Se recomienda la vacunación para individuos con un
alto riesgo de contraer la neumonía neumocócica, como
los que tienen enfermedades cardíacas o pulmonares, los individuos
con deficiencia del sistema inmune o con diabetes y los mayores de 65
años. En general, la protección que proporcionan las vacunas
duran toda la vida, aunque los individuos con mayor riesgo a veces se
tienen que volver a vacunar al cabo de 5 a 10 años. En un 50
por ciento de los casos, la vacuna causa enrojecimiento y dolor en el
lugar de la inyección. Solamente el uno por ciento de los vacunados
presenta fiebre y dolor muscular tras la vacunación y son pocos
los casos de reacción alérgica grave.
La neumonía neumocócica se puede
tratar con cualquiera de los diversos antibióticos existentes,
incluyendo la penicilina. Los alérgicos a la penicilina reciben
eritromicina u otro antibiótico. Los neumococos que son resistentes
a la penicilina pueden tratarse con otros fármacos; sin embargo,
estos neumococos se están volviendo más resistentes a
esos otros fármacos también.
Neumonía estafilocócica
El Staphylococcus aureus causa solamente el
2 por ciento de los casos de neumonía adquirida fuera del hospital,
pero en cambio ocasiona entre el 10 y el 15 por ciento de neumonías
que se adquieren en los hospitales, donde estos pacientes han sido internados
para recibir tratamiento por otros trastornos. Este tipo de neumonía
tiende a desarrollarse en personas muy jóvenes o muy mayores
y en individuos debilitados por otras enfermedades. También tiende
a producirse en los alcohólicos. El índice de mortalidad
es de un 15 a un 40 por ciento, debido en parte a que los individuos
que contraen neumonía estafilocócica por lo general ya
están gravemente enfermos.
El Staphylococcus provoca los síntomas clásicos
de la neumonía, pero los escalofríos y la fiebre son más
persistentes en la neumonía estafilocócica que en la neumocócica.
El Staphylococcus puede originar abscesos (acumulaciones de pus) en
los pulmones y producir quistes pulmonares que contienen aire (neumatoceles),
especialmente en los niños. Esta bacteria puede ser transportada
por el flujo sanguíneo desde el pulmón y producir abscesos
en cualquier lugar. La acumulación de pus en el espacio pleural
(empiema) es relativamente frecuente. Estas acumulaciones se vacían
utilizando una aguja o un tubo introducido en el tórax.
Neumonía causada
por bacterias gramnegativas
Las bacterias se clasifican en grampositivas
y gramnegativas, basándose en su aspecto cuando se tiñen
y se miran al microscopio. Por un lado, los causantes de la mayor parte
de los casos de neumonía son los neumococos y estafilococos,
bacterias grampositivas. Por otro, las bacterias gramnegativas, como
la Klebsiella y la Pseudomonas, provocan una neumonía que tiende
a ser extremadamente grave.
Los pulmones de adultos sanos son raramente infectados
por las bacterias gramnegativas. Son los niños pequeños
los infectados con mayor frecuencia, así como las personas de
edad avanzada, los alcohólicos y las personas con enfermedades
crónicas, especialmente con alteraciones del sistema inmune.
Las infecciones por bacterias gramnegativas se adquieren generalmente
en ambientes hospitalarios.
Las bacterias gramnegativas pueden destruir con
mucha rapidez el tejido pulmonar, por lo que la neumonía provocada
por una bacteria gramnegativa tiende a empeorar de forma rápida.
La fiebre, la tos y el ahogo son frecuentes, y el esputo expulsado puede
ser espeso y de color rojo (color y consistencia similares a la jalea
de grosella).
Dada la gravedad de la infección, el sujeto
se hospitaliza para someterse a un tratamiento intensivo con antibióticos,
oxígeno y líquidos intravenosos. A veces es necesario
un tratamiento con respirador. Aun con un tratamiento totalmente adecuado,
fallece alrededor del 25 al 50 por ciento de las personas que padecen
neumonía causada por una bacteria gramnegativa.
Neumonía causada
por Hemophylus influenzae
Hemophylus influenzae es una bacteria. A pesar
de su nombre, no tiene nada que ver con el virus de la influenza que
causa la gripe. Las cepas de Hemophylus influenzae tipo b son el grupo
más virulento y provocan graves enfermedades, como la meningitis,
la epiglotitis y la neumonía, por lo general en niños
menores de 6 años. Sin embargo, debido al uso ampliamente difundido
de la vacuna del Hemophylus influenzae tipo b, la enfermedad grave causada
por este microorganismo se está volviendo menos frecuente. La
neumonía es más común entre las personas que padecen
drepanocitosis y en las que presentan inmunodeficiencias. En la mayoría
de estos casos el germen no pertenece al grupo de los microorganismos
que se utilizan para la producción de la vacuna frente a Hemophylus
influenzae tipo b.
Los síntomas de la infección pueden
ser accesos de estornudos y goteo nasal seguidos por los síntomas
característicos de la neumonía, como fiebre, tos que produce
esputo y ahogo. Es frecuente la aparición de líquido en
la cavidad pleural (el espacio comprendido entre las dos capas de la
membrana que recubre el pulmón y la pared torácica); esta
afección se denomina derrame pleural. (V. página
213)
Se recomienda la vacunación contra los Hemophylus
influenzae tipo b para todos los niños. La vacuna se administra
en tres dosis, a la edad de 2, 4 y 6 meses. Se utilizan antibióticos
para tratar la neumonía de Hemophylus influenzae tipo b.
Enfermedad del legionario
La enfermedad del legionario, causada por
la bacteria Legionella pneumophyla y otras clases de Legionella, es
la responsable del 1 al 8 por ciento de todas las neumonías,
además del 4 por ciento de las neumonías mortales producidas
en los hospitales. La enfermedad suele aparecer a finales del verano
y al principio del otoño.
La bacteria Legionella vive en el agua y la epidemia
se declara cuando las bacterias se propagan a través de los sistemas
de aire acondicionado de los hoteles y de los hospitales. En 1 976 se
produjo una epidemia de una enfermedad respiratoria entre los miembros
de la American Legion que asistían a un congreso
en un hotel. A raíz de ello se descubrió la bacteria y
se le dio el nombre de Legionella. No se conocen casos de infección
directa de una persona a otra.
A pesar de que la enfermedad del legionario puede
producirse a cualquier edad, con mayor frecuencia los afectados son
las personas de mediana y avanzada edad. Los individuos que fuman, abusan
del alcohol o toman corticosteroides parecen correr un riesgo mayor
de contraer la enfermedad. Ésta puede producir síntomas
relativamente menores o puede ser potencialmente mortal.
Los primeros síntomas, que aparecen de 2
a 10 días después de producirse la infección, consisten
en cansancio, fiebre, dolor de cabeza y dolores musculares. Sigue una
tos seca que posteriormente produce esputo. Los individuos con infecciones
agudas pueden comenzar a sufrir ahogo intenso y frecuentemente tienen
diarrea. La confusión y otros trastornos mentales son menos frecuentes.
Se llevan a cabo exámenes complementarios de muestras de esputo,
sangre y orina para confirmar el diagnóstico. Dado que las personas
infectadas por Legionella pneumophyla producen anticuerpos para combatir
la enfermedad, los análisis de sangre revelan un aumento de la
concentración de éstos. Sin embargo, los resultados de
las pruebas de anticuerpos, no suelen estar disponibles hasta después
de haber iniciado su curso la enfermedad.
El antibiótico eritromicina es la primera
opción para el tratamiento de esta neumonía. En los casos
menos graves, se puede administrar la eritromicina por vía oral
y en los demás, por vía intravenosa. Un 20 por ciento
de las personas que contraen esta enfermedad, fallecen. El índice
de mortalidad es mucho más elevado entre los individuos que contraen
la enfermedad en el hospital o que tienen un sistema inmune deficiente.
La mayoría de los individuos tratados con eritromicina mejora,
pero la recuperación puede llevar mucho tiempo.
Neumonías atípicas
Las neumonías atípicas son neumonías
causadas por microorganismos distintos a los denominados típicamente
bacterias, virus u hongos. Los más frecuentes son Mycoplasma
y Chlamydia, dos microorganismos semejantes a las bacterias.
El Mycoplasma pneumoniae es la causa más
frecuente de neumonía en individuos entre los 5 y los 35 años
de edad. Las epidemias se producen especialmente en grupos cerrados
como estudiantes, personal militar y familias. Las epidemias tienden
a difundirse lentamente dado que el período de incubación
dura de 10 a 14 días. Este tipo de neumonía aparece con
mayor frecuencia en la primavera.
La neumonía causada por micoplasmas comienza
frecuentemente con cansancio, inflamación de garganta y tos seca.
Los síntomas empeoran paulatinamente y los accesos de tos fuerte
pueden producir esputos. Alrededor del 10 al 20 por ciento de los afectados
presentan salpullido. En ocasiones, se presentan anemia, dolores articulares
o trastornos neurológicos. Los síntomas suelen persistir
de una a dos semanas y tras este período el proceso de mejoramiento
es lento. Algunos pacientes siguen estando débiles y cansados
al cabo de varias semanas. Aunque la neumonía causada por micoplasma
puede ser grave, habitualmente es leve y la mayoría de las personas
se recupera sin ningún tratamiento.
La bacteria Chlamydia pneumoniae es otra causa frecuente
de neumonía en las personas entre los 5 y los 35 años
de edad. Puede también afectar a algunas personas mayores. La
enfermedad se transmite de persona a persona, por las partículas
expulsadas con la tos. Los síntomas son semejantes a los de la
neumonía causada por micoplasmas. La mayoría de los casos
no reviste gravedad, aunque el índice de mortalidad entre las
personas mayores que contraen la enfermedad es del 5 al 10 por ciento.
El diagnóstico de ambas enfermedades se basa
en un análisis de sangre para detectar los anticuerpos frente
al microorganismo sospechoso y en las radiografías de tórax.
La eritromicina y la tetraciclina son eficaces,
pero la respuesta al tratamiento es más lenta en la neumonía
causada por clamidias que en la neumonía causada por micoplasmas.
Si se interrumpe el tratamiento demasiado pronto, los síntomas
tienden a repetirse.
Psitacosis
La psitacosis (fiebre del loro) es una neumonía
rara causada por Chlamydia psittaci, una bacteria que se encuentra principalmente
en aves como loros, periquitos y tórtolas. También se
puede encontrar en otras aves, como palomas, pichones, gallinas y pavos.
Por lo general, las personas se infectan por la aspiración del
polvo de las plumas o de las heces de las aves infectadas. También
se puede transmitir el microorganismo a través de la picadura
de un ave infectada y, en casos excepcionales, de una persona a otra
a través de las pequeñas gotas que se expulsan con la
tos. La psitacosis es principalmente una enfermedad ocupacional de las
personas que trabajan con animales domésticos o en granjas avícolas.
Al cabo de una a tres semanas de haber sido infectada,
la persona presenta fiebre, escalofríos, cansancio y pérdida
de apetito. Comienza a tener accesos de tos, que al principio es seca
y más tarde produce un esputo verdoso. La fiebre persiste durante
2 o 3 semanas y luego desaparece lentamente. La enfermedad puede ser
leve o grave, dependiendo de la edad y de la extensión del tejido
pulmonar afectado.
El método más fiable para confirmar
el diagnóstico es el análisis de sangre.
Los criadores y dueños de aves pueden protegerse
evitando el contacto con el polvo de las plumas y de las jaulas de los
animales enfermos. Se exige que los importadores traten con tetraciclina
a las aves propensas; el tratamiento de 45 días generalmente
elimina el microorganismo.
La psitacosis se trata con tetraciclinas al menos
durante 10 días. La recuperación puede llevar mucho tiempo,
especialmente en los casos graves. El índice de mortalidad puede
alcanzar el 30 por ciento en los casos graves no tratados.
Neumonía vírica
Muchos virus pueden afectar a los pulmones,
causando neumonía. Los más frecuentes en lactantes y niños
son el virus sincitial respiratorio, el adenovirus, el virus parainfluenza
y el virus de la gripe. El virus del sarampión puede también
causar neumonía, especialmente en niños desnutridos.
En los adultos sanos, dos tipos de virus de la gripe,
denominados tipos A y B, causan neumonía. El virus de la varicela
puede también provocar neumonía en adultos. En las personas
de edad avanzada, la neumonía vírica puede ser causada
por el virus de la gripe, de la parainfluenza o por el virus sincitial
respiratorio. Las personas de cualquier edad con un sistema inmune deficiente
pueden desarrollar neumonía grave causada por citomegalovirus
o por el virus del herpes simple.
La mayoría de las neumonías por virus
no se trata con fármacos. Sin embargo, ciertas neumonías
graves provocadas por virus se pueden tratar con fármacos antivíricos.
Por ejemplo, puede tratarse con aciclovir la neumonía causada
por el virus de la varicela o por el virus del herpes simple. Se recomiendan
vacunaciones anuales contra la gripe para el personal sanitario, las
personas de edad avanzada y quienes padecen trastornos crónicos
como enfisema, diabetes o enfermedades cardíacas y renales.
Neumonía por hongos
La neumonía se debe frecuentemente
a tres tipos de hongos: Histoplasma capsulatum, que causa la histoplasmosis,
Coccidioides immitis, que causa la coccidioidomicosis y Blastomyces
dermatitidis, que causa la blastomicosis. Los individuos que contraen
la infección, por lo general tienen tan sólo síntomas
menores y no se dan cuenta de que están infectados. Algunos enferman
gravemente.
La histoplasmosis se produce en todo el mundo pero
prevalece en los valles fluviales y en las zonas de clima templado y
tropical. Los hongos no causan síntomas en todas las personas
que los han aspirado. En realidad, muchas personas se enteran de que
han estado expuestas a los hongos sólo después de una
prueba cutánea. Otras pueden tener tos, fiebre, dolores musculares
y dolores torácicos. La infección puede causar neumonía
aguda o crónica y en este caso los síntomas persisten
durante meses. Es poco frecuente que la infección se propague
a otras zonas del cuerpo, especialmente a la médula ósea,
al hígado, al bazo y al tracto gastrointestinal. La forma diseminada
de la enfermedad tiende a presentarse en individuos con SIDA y otros
trastornos del sistema inmune. Por lo general, el diagnóstico
se basa en la identificación del hongo presente en una muestra
de esputo o en el análisis de sangre que identifica ciertos anticuerpos.
Sin embargo, el análisis de sangre demuestra simplemente la exposición
al hongo pero no confirma que sea el causante de la enfermedad. El tratamiento
consiste habitualmente en la administración de un fármaco
contra los hongos, como el itraconazol o la amfotericina B.
La coccidioidomicosis se presenta principalmente
en las zonas de clima semiárido, especialmente en el sudoeste
de los Estados Unidos y en ciertas zonas de América del Sur y
de América Central. Una vez aspirado, el hongo puede causar síntomas
o bien provocar una neumonía aguda o crónica.
En algunos casos, la infección se extiende
más allá del aparato respiratorio, habitualmente a la
piel, los huesos, las articulaciones y las membranas que envuelven el
cerebro (meninges). Esta complicación es más frecuente
en los varones, especialmente en individuos que padecen SIDA y otros
trastornos del sistema inmunitario. El diagnóstico se establece
identificando el hongo en una muestra de esputo o de otra zona infectada
o llevando a cabo un análisis de sangre que identifica ciertos
anticuerpos. El tratamiento habitual consiste en administrar un fármaco
antimicótico, como el fluconazol o la amfotericina B.
En la blastomicosis, después de haber sido
aspirado, el hongo causa infección sobre todo en el pulmón
pero, en general, no produce síntomas. Algunos individuos desarrollan
una enfermedad semejante a la gripe y, en ocasiones los síntomas
de una infección crónica pulmonar persisten durante varios
meses. La enfermedad se puede propagar a otras partes del organismo,
especialmente piel, huesos, articulaciones y próstata. El diagnóstico
se basa habitualmente en la identificación del hongo en el esputo.
El tratamiento consiste en administrar un fármaco contra los
hongos, como el itraconazol o la amfotericina B.
Otras infecciones por hongos se producen fundamentalmente
en individuos cuyo sistema inmunitario se encuentra gravemente afectado.
Estas infecciones son, entre otras, la criptococosis, causada por Cryptococcus
neoformans; la aspergilosis, causada por Aspergillus; la candidiasis,
causada por Candida; y la mucormicosis. Las cuatro infecciones se producen
en todo el mundo. La criptococosis, la más frecuente, puede manifestarse
en individuos sanos y por lo general es grave sólo quienes padecen
trastornos subyacentes del sistema inmunitario como el SIDA. La criptococosis
puede propagarse, especialmente a las meninges, donde la enfermedad
resultante es la meningitis criptocócica.
El Aspergillus causa infecciones pulmonares en personas
que padecen SIDA o que han sido sometidas a un trasplante de órgano.
La candidiasis pulmonar, una infección rara, se produce con mayor
frecuencia en pacientes que tienen valores de glóbulos blancos
inferiores al valor normal; es el caso de personas con leucemia o sometidas
a quimioterapia. La mucormicosis, una infección relativamente
rara provocada por hongos, se produce con mayor frecuencia en los individuos
que padecen diabetes aguda o leucemia. Las cuatro infecciones se tratan
con fármacos antimicóticos, como el itraconazol, el fluconazol
y la amfotericina B. Sin embargo, es posible que no se recuperen las
personas que padecen SIDA u otros trastornos del sistema inmunitario.
Neumonía por Pneumocystis
carinii
El Pneumocystis carinii es un microorganismo
común que puede residir inofensivamente en los pulmones normales,
causando la enfermedad sólo cuando el sistema inmunitario está
debilitado a causa de un cáncer o del tratamiento del mismo o
debido al SIDA. Más del 80 por ciento de los pacientes con SIDA,
que no reciben una profilaxis estándar, desarrollan en algún
momento neumonía por Pneumocystis. Con frecuencia, es la primera
indicación de que una persona con el virus de inmunodeficiencia
humana (VIH) ha desarrollado el SIDA.
La mayoría de los afectados manifiesta fiebre,
ahogo y tos seca. Estos síntomas generalmente surgen al cabo
de varias semanas. Los pulmones pueden ser incapaces de aportar suficiente
oxígeno a la sangre, provocando ahogo grave.
El diagnóstico se basa en el examen al microscopio
de una muestra de esputo obtenida con uno de los dos métodos
siguientes: inducción del esputo (en la que se utiliza agua o
vapor de agua para estimular la tos) o broncoscopia (en la que se introduce
en las vías aéreas un instrumento para recoger una muestra).
El antibiótico habitual para la neumonía
provocada por Pneumocystis carinii es el trimetoprim sulfametoxazol.
Los efectos secundarios, particularmente frecuentes en individuos con
SIDA, consisten en erupciones cutáneas, una concentración
reducida de los glóbulos blancos que combaten la infección,
y fiebre.
Los tratamientos alternativos son dapsona y trimetoprim,
clindamicina y primaquina, trimetrexato y leucovorín, atovacuona
y pentamidina. Los individuos con una concentración de oxígeno
en sangre inferior al valor normal pueden también recibir corticosteroides.
Incluso con el tratamiento de la neumonía,
el índice de mortalidad global es del 10 al 30 por ciento. Para
prevenir la recurrencia de la enfermedad, los pacientes con SIDA cuya
neumonía por Pneumocystis ha sido tratada con éxito toman
generalmente medicamentos como el trimetoprim-sulfametoxazol o la pentadimina
en aerosol.
Neumonía por aspiración
Partículas minúsculas provenientes
de la boca frecuentemente migran hacia las vías aéreas,
pero por lo general se eliminan por los mecanismos normales de defensa
antes de que puedan llegar a los pulmones o causar inflamación
o infecciones. Si dichas partículas no se eliminan, pueden causar
la neumonía. Tienen mayor riesgo de contraer este tipo de neumonía
las personas debilitadas, las que se han intoxicado con alcohol o fármacos
o las que están inconscientes debido a la anestesia o a alguna
enfermedad. Incluso una persona sana que aspira una gran cantidad de
materia, como podría suceder durante el vómito, puede
contraer neumonía.
La neumonitis química se produce cuando la
materia aspirada es tóxica para los pulmones; el proceso se debe
más al resultado de la irritación que a una infección.
Una materia tóxica frecuentemente aspirada es el ácido
del estómago. El resultado inmediato es el ahogo repentino y
una aceleración del ritmo cardíaco. Otros síntomas
pueden ser fiebre, esputo con espuma de color rosa y un tinte azulado
en la piel causado por la sangre escasamente oxigenada (cianosis).
Una radiografía de tórax y las mediciones
de la concentración de oxígeno y de anhídrido carbónico
en sangre arterial pueden contribuir al diagnóstico, aunque,
en general, éste parece obvio cuando se conoce la secuencia de
los sucesos. El tratamiento consiste en la administración de
oxígeno y respiración artificial, si fuera necesaria.
Se puede aspirar el contenido de la tráquea para eliminar las
secreciones y las partículas de las vías aéreas.
A veces, se administran antibióticos para
prevenir la infección. Por lo general, los individuos con neumonitis
química se recuperan rápidamente o evolucionan hacia el
síndrome de distrés respiratorio agudo del adulto o bien
desarrollan una infección por bacterias. Fallecen entre el 30
y el 50 por ciento de las personas que padecen neumonitis química.
La aspiración de bacterias es la forma más
frecuente de neumonía por aspiración. Su causa se debe,
por lo general, a la deglución y consiguiente aspiración
de bacterias hacia el interior de los pulmones.
La obstrucción mecánica de las vías
aéreas puede ser causada por la aspiración de partículas
u objetos. Los niños pequeños corren un riesgo muy elevado
porque, con frecuencia, se llevan objetos a la boca y pueden aspirar
pequeños juguetes o incluso partes de estos juguetes. La obstrucción
puede también ocurrir en adultos, principalmente cuando aspiran
un bocado de carne durante la comida. Cuando un objeto queda atascado
en la parte superior de la tráquea, la persona es incapaz de
respirar o de hablar. Si no se extrae el objeto de inmediato, la muerte
sobreviene con rapidez. La maniobra de Heimlich, realizada para extraer
el objeto, puede salvar la vida del afectado. Si el objeto queda atascado
en la parte inferior de las vías aéreas, puede producir
una tos crónica irritante e infecciones recurrentes. El objeto
se extrae por lo general mediante una broncoscopia (un procedimiento
que utiliza un instrumento que permite al médico observar la
vía respiratoria y extraer muestras y cuerpos extraños).