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TRASTORNOS DEL APARATO RESPIRATORIO
CAPITULO 42
Absceso pulmonar
Un absceso de pulmón es una cavidad llena
de pus en el pulmón, rodeada de tejido inflamado, y causada por
una infección.
Causas
El motivo habitual de la formación
de un absceso es que las bacterias provenientes de la boca o garganta
son aspiradas hacia el interior de los pulmones, causando una infección.
El organismo posee muchas defensas contra tales infecciones, de modo
que éstas se producen sólo cuando las defensas se encuentran
disminuidas, por ejemplo, durante un estado de inconsciencia o somnolencia
debido a sedantes, anestesia, abuso de alcohol o a una enfermedad del
sistema nervioso.
Una enfermedad de las encías es, a menudo,
la fuente de las bacterias, pero incluso cuando se aspira la saliva
normal, ésta contiene suficientes bacterias como para causar
una infección. En algunas personas, especialmente los mayores
de 40 años, un tumor de pulmón puede causar un absceso
pulmonar debido a la obstrucción de una vía respiratoria.
La neumonía provocada por ciertas bacterias,
como el Staphylococcus aureus, la Legionella pneumophyla o los hongos,
puede causar un absceso de pulmón. En individuos con un sistema
inmunitario deficiente, los microorganismos menos comunes pueden ser
la causa. Las causas excepcionales incluyen émbolos pulmonares
infectados e infecciones difundidas por el flujo sanguíneo.
Una persona desarrolla habitualmente un solo absceso
de pulmón, pero cuando aparecen otros, es característico
que éstos se desarrollen en el mismo pulmón. Pueden formarse
muchos abscesos dispersos cuando la infección llega al pulmón
por el flujo sanguíneo.
Este problema es más frecuente entre los
drogadictos que usan agujas no esterilizadas.
Finalmente, la mayor parte de los abscesos se rompen
dentro de una vía respiratoria, produciendo gran cantidad de
esputo que necesita ser expulsado con la tos. Además, un absceso
que se rompe deja en el pulmón una cavidad que se llena de líquido
y de aire. A veces, un absceso que se derrama en la cavidad pleural
(el espacio comprendido entre las dos capas de la membrana que recubre
el pulmón y la pared torácica), se llena de pus, provocando
un proceso llamado empiema.
En casos raros, un absceso grande se rompe
dentro de un bronquio (una de las dos ramas principales que lleva aire
al pulmón) y el pus se derrama en el pulmón, provocando
neumonía y el síndrome de distrés respiratorio
agudo del adulto. Se puede producir una hemorragia grave si un absceso
destruye la pared de un vaso sanguíneo.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas pueden comenzar lenta
o repentinamente. Los síntomas iniciales se parecen a los de
la neumonía: cansancio, pérdida del apetito, sudación,
fiebre y tos que produce esputo. Este esputo puede estar teñido
de sangre y es frecuente que tenga un olor muy desagradable a causa
de las bacterias provenientes de la boca o de la garganta, que tienden
a producir olores fétidos. La persona puede sentir además
dolores en el tórax al respirar, especialmente cuando la pleura
está inflamada.
Es posible diagnosticar un absceso de pulmón
basándose solamente en tales síntomas y en los hallazgos
realizados durante un examen clínico. Sin embargo, el médico
sospecha realmente un absceso de pulmón cuando los síntomas
semejantes a la neumonía se presentan en individuos que tienen
determinados problemas, como un trastorno del sistema nervioso o un
problema de abuso de alcohol o de drogas o un episodio reciente de pérdida
de consciencia por cualquier motivo.
Las radiografías de tórax revelan
habitualmente el absceso de pulmón. Sin embargo, cuando una radiografía
sólo sugiere un absceso, se necesita habitualmente una exploración
de tórax con una tomografía computadorizada (TC). Los
cultivos de esputo pueden ayudar a identificar el microorganismo que
causa el absceso.
Tratamiento
La cura rápida y completa de un absceso
pulmonar requiere la administración de antibióticos por
vía intravenosa o por vía oral. Este tratamiento continúa
hasta que los síntomas desaparecen y una radiografía de
tórax demuestre que se ha resuelto el absceso.
Por lo general se necesitan varias semanas o meses
de terapia con antibióticos para lograr una mejoría significativa.
Para ayudar a vaciar un absceso de pulmón,
la persona debe toser y someterse a una terapia respiratoria. Cuando
se piensa que la causa es un obstáculo en la vía respiratoria,
se practica una broncoscopia para eliminar la obstrucción.
En el 5 por ciento de los casos, la infección
no se cura. En algunas ocasiones, se puede vaciar un absceso introduciendo
un tubo a través de la pared torácica hasta el interior
del absceso. Con mayor frecuencia, el tejido pulmonar infectado tiene
que ser extirpado. A veces hay que extirpar un lóbulo del pulmón
o el pulmón completo.
El índice de mortalidad en pacientes
que tienen un absceso pulmonar es alrededor del 5 por ciento. El índice
es más alto cuando la persona está debilitada o tiene
un sistema inmunitario deficiente, un cáncer de pulmón
o un absceso muy grande.