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TRASTORNOS DEL CEREBRO Y DEL SISTEMA NERVIOSO
CAPITULO 76
Delirio y demencia
Aunque el delirio y la demencia a menudo se
describen conjuntamente en los libros de medicina, en realidad son dos
trastornos bastante diferentes. Al hablar del delirio se describe una
alteración repentina y habitualmente reversible en el estado
mental, caracterizada por estados de confusión y desorientación.
La demencia es una enfermedad crónica de lenta progresión
que causa una pérdida de memoria y una disminución extrema
de todos los aspectos de la función mental; al contrario que
el delirio, suele ser irreversible.
Delirio
El delirio es un trastorno potencialmente reversible
que suele aparecer de manera repentina. Disminuye la capacidad para
prestar atención, la persona está confusa, desorientada
y es incapaz de pensar con claridad.
Causas
El delirio es un estado mental anormal y no una
enfermedad, con un espectro de síntomas que indican una disminución
de la actividad mental. Cientos de trastornos pueden causar delirio;
van de la simple deshidratación a la intoxicación por
drogas, hasta una infección potencialmente mortal. Casi siempre
afecta a las personas mayores cuyo cerebro ya está deteriorado
(incluyendo las muy enfermas), las que consumen drogas que alteran la
mente o el comportamiento y las personas que sufren de demencia.

Síntomas
El delirio puede comenzar de muchas maneras y, en
casos leves, puede ser muy difícil de reconocer. El comportamiento
de personas en estado de delirio es muy variable, pero se parece al
de una persona embriagada.
La característica del delirio es la incapacidad
de prestar atención. Las personas con delirio no pueden concentrarse,
razón por la cual les es difícil procesar información
nueva ni recordar hechos recientes. Casi todas pierden el sentido del
tiempo, están confusas con respecto a su ubicación. Piensan
de manera confusa, divagan y se vuelven incoherentes. En los casos más
graves llegan a perder su sentido de identidad. Pueden sentirse asustadas
por alucinaciones en las cuales creen ver cosas o personas que no existen.
Algunas se vuelven paranoicas creyendo que están sucediendo cosas
extrañas. Las personas con delirio reaccionan de varias maneras:
algunas se vuelven tan calladas y retraídas que quienes les rodean
pueden no darse cuenta de que se encuentran en estado de delirio; otras
se vuelven muy agitadas y tratan de hacer desaparecer sus alucinaciones.
Cuando el delirio es causado por drogas a menudo
el comportamiento se altera de diferentes maneras según la droga
consumida. Por ejemplo, personas intoxicadas con somníferos tienden
a ser muy retraídas, mientras que las intoxicadas con anfetaminas
pueden volverse agresivas e hiperactivas.
El delirio puede durar horas, días o mucho
más tiempo, dependiendo de la intensidad del mismo y de las circunstancias
médicas de la persona. Habitualmente empeora al caer la noche
(fenómeno conocido como crepuscular). En última instancia,
la persona con delirio puede caer en un sueño agitado y, según
la causa, incluso puede progresar hacia un estado de coma.
Diagnóstico
Los médicos pueden reconocer con facilidad
el delirio que ha superado la etapa moderada. Puesto que el delirio
puede ser consecuencia de muchas enfermedades graves (algunas de las
cuales pueden tener un rápido desenlace mortal), los médicos
tratan de determinar su causa lo antes posible. Primero, tratan de diferenciar
el delirio de una enfermedad mental. En las personas mayores, tratan
de diferenciar el delirio de la demencia, a través del análisis
de su función mental habitual. Sin embargo, las personas con
demencia pueden también sufrir delirio.
Los médicos recogen la máxima información
posible sobre la historia médica de la persona. Amigos, familiares
y otros observadores son interrogados acerca del inicio del estado confusional,
la rapidez de su evolución y el estado de salud físico
y mental de la persona afectada; también se les pregunta acerca
del uso de fármacos, drogas y alcohol por parte de ésta.
La información también puede provenir de la policía,
del personal médico de urgencias y de cierta evidencia, como
los envases de medicamentos.
A continuación el médico realiza una
exploración física completa y presta especial atención
a los reflejos neurológicos. También solicita análisis
de sangre, radiografías y, a menudo, lleva a cabo una punción
lumbar para obtener líquido cefalorraquídeo para su análisis.
Tratamiento
El tratamiento del delirio depende de la causa subyacente.
Por ejemplo, los médicos tratan una infección con antibióticos,
la fiebre con otros fármacos y los valores anormales de sal y
de minerales en sangre mediante la regulación de líquidos
y sales.
Se debe evitar que se autolesionen las personas
muy agitadas o con alucinaciones, o bien que hagan daño a quienes
se ocupan de ellas. En los hospitales a veces se utilizan ataduras acolchadas.
Las benzodiacepinas, como el diazepam, el triazolam y el temazepam pueden
ayudar a calmar la agitación. Los fármacos antipsicóticos
como el haloperidol, la tioridazina y la clorpromazina se administran
habitualmente sólo a personas en estado de paranoia agresiva
o con mucho temor, o a las que no se calman con las benzodiacepinas.
Los hospitales utilizan las ataduras con precaución
y los médicos son cautelosos en la prescripción de fármacos,
sobre todo tratándose de personas mayores, ya que las ataduras
o los fármacos pueden causar más agitación o confusión
y ocultar un problema subyacente. Sin embargo, si el delirio es causado
por el alcohol, prescriben benzodiacepinas hasta que desaparezca la
agitación.
Corte de cerebro normal y atrofia cerebral
Nótese la disminución del tejido
cerebral a nivel de la corteza, así como el mayor tamaño
de los surcos.
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Demencia
La demencia es un decaimiento progresivo de la capacidad
mental en el que la memoria, la reflexión, el juicio, la concentración
y la capacidad de aprendizaje están disminuidos y puede producirse
un deterioro de la personalidad.
La demencia puede aparecer súbitamente en
personas jóvenes en quienes una lesión grave, una enfermedad
o ciertas sustancias tóxicas (como el monóxido de carbono)
han destruido células cerebrales. Sin embargo, la demencia habitualmente
se desarrolla de forma lenta y afecta a las personas mayores de 60 años.
A pesar de todo, la demencia no forma parte del proceso normal de envejecimiento.
A medida que la persona envejece, los cambios en el cerebro causan una
cierta pérdida de memoria, especialmente la de hechos recientes
y un deterioro en la capacidad de aprendizaje. Estas alteraciones no
afectan a las funciones normales. La falta de memoria en las personas
mayores se denomina pérdida de memoria senil benigna y no es
necesariamente un signo de demencia o un síntoma precoz de la
enfermedad de Alzheimer. La demencia es un deterioro mucho más
grave de la capacidad mental y empeora con el tiempo. Mientras que las
personas que envejecen normalmente pueden llegar a olvidar detalles,
las personas que sufren de demencia pueden llegar a olvidar por completo
los acontecimientos recientes.
Causas
La causa más frecuente de demencia es la
enfermedad de Alzheimer. Las causas de la enfermedad de Alzheimer son
desconocidas, pero los factores genéticos tienen su importancia
(la enfermedad parece ser más frecuente en ciertas familias y
es causada o influenciada por varias anormalidades en genes específicos).
En la enfermedad de Alzheimer, partes del cerebro degeneran, las células
se destruyen y, en las que subsisten, se reduce la capacidad de reacción
frente a muchas de las sustancias químicas que transmiten las
señales en el cerebro. Aparecen en el cerebro tejidos anormales
llamados placas seniles y haces neurofibrilares, así como ciertas
proteínas anormales que pueden ser identificadas en el curso
de una autopsia.
La segunda causa más frecuente de la demencia
son los ictus repetidos. Cada uno de estos accidentes vasculares cerebrales
es poco importante, no da lugar a debilidad inmediata o muy poca y raras
veces ocasiona el tipo de parálisis que causan los ictus más
grandes. Estos pequeños ictus paulatinamente destruyen el tejido
cerebral; las zonas destruidas por falta de irrigación sanguínea
se llaman infartos. Puesto que esta clase de demencia es el resultado
de muchos ictus pequeños, este trastorno es conocido bajo el
nombre de demencia multiinfarto. En general las personas con demencia
multiinfarto sufren de presión arterial alta o de diabetes, procesos
que pueden lesionar los vasos sanguíneos en el cerebro. La demencia
puede también ser causada por una lesión cerebral o por
un paro cardíaco.
Otras causas de demencia son poco frecuentes. Una
enfermedad poco frecuente, la de Pick, es muy similar a la de Alzheimer,
salvo que sólo afecta a una parte muy pequeña del cerebro
y progresa de forma mucho más lenta. Aproximadamente del 15 al
20 por ciento de las personas con la enfermedad de Parkinson, tarde
o temprano sufren de demencia. La demencia también ocurre en
personas con SIDA y con la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob; ésta
es una enfermedad poco frecuente de progresión rápida,
causada por una infección del cerebro, probablemente por una
partícula llamada prion, la cual puede tener relación
con la enfermedad de las vacas locas.
La hidrocefalia con presión normal (o normotensiva)
se presenta cuando el líquido que habitualmente rodea y protege
el cerebro de las lesiones deja de resorberse normalmente, causando
un tipo raro de demencia. Esta hidrocefalia no sólo causa un
deterioro de la función mental sino que también ocasiona
una incontinencia urinaria y una anormalidad que se caracteriza por
andar con las piernas separadas. A diferencia de otras causas de demencia,
la hidrocefalia con presión normal es reversible si es tratada
a tiempo.
Corte de cerebro normal e importante
hidrocefalia a presión normal
Obsérvese el tamaño de los
ventrículos laterales.
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Las personas que sufren traumatismos craneales repetidos,
como por ejemplo los boxeadores, habitualmente desarrollan una demencia
pugilística (encefalopatía traumática progresiva
crónica); algunas de ellas también desarrollan hidrocefalia.
Algunas personas mayores con depresión tienen
seudodemencia (sólo parecen tener demencia). Comen y duermen
poco y se quejan amargamente de su pérdida de memoria, a diferencia
de las personas con demencia real, que habitualmente niegan que pierden
la memoria.
Síntomas
Como la demencia empieza habitualmente de forma
lenta y empeora con el tiempo, no siempre se puede identificar el trastorno
ya desde un principio. Disminuye la memoria y la capacidad de la noción
del tiempo y de reconocer a la gente, los lugares y los objetos. Las
personas con demencia tienen dificultades para encontrar la palabra
apropiada y pensar en abstracto (como trabajar con cifras). Los cambios
de personalidad son también frecuentes y a menudo se exagera
un rasgo particular de la personalidad.
La demencia causada por la enfermedad de Alzheimer
por lo general empieza sutilmente. Las personas que trabajan sufren
ciertas dificultades en sus tareas, mientras que las alteraciones entre
los jubilados no son tan notorias al principio. Los primeros síntomas
pueden ser el olvido de sucesos recientes, aunque a veces la enfermedad
empieza con depresión, temor, ansiedad, disminución de
las emociones u otros cambios de personalidad. Los patrones de lenguaje
pueden presentar cambios leves, la persona puede utilizar palabras más
simples o de manera incorrecta, o tener dificultades para encontrar
la palabra apropiada. La conducción de un automóvil puede
ser difícil debido a la incapacidad de interpretar las señales.
Con el tiempo, las alteraciones son más notorias y, finalmente,
la persona no tiene un comportamiento social adecuado.
La demencia causada por pequeños ictus, a
diferencia de la enfermedad de Alzheimer, puede tener un curso progresivo
a pequeños brotes, con un repentino empeoramiento seguido de
una leve mejoría, que finalmente empeora de nuevo, en el transcurso
de meses o años, cuando se produce otro ictus. El control de
la hipertensión y la diabetes puede a veces prevenir otros ictus
y, también a veces, se produce una leve mejoría. Algunas
personas con demencia logran disimular sus deficiencias bastante bien.
Evitan actividades complejas, como controlar sus cuentas bancarias,
leer o trabajar. Las personas que no logran modificar su modo de vida
pueden sentirse frustradas ante la incapacidad de cumplir con sus tareas
diarias. Por ejemplo, pueden olvidar el pago de sus facturas o se distraen
y se olvidan de apagar las luces o la estufa.
La demencia progresa a un ritmo que difiere según
la persona. Analizando la forma como ha empeorado la enfermedad en los
años anteriores es, a menudo, una buena manera de predecir el
curso que seguirá en el año siguiente. La demencia causada
por el SIDA empieza generalmente de forma sutil, pero progresa regularmente
en el curso de meses o años. Raras veces precede a otros síntomas
del SIDA. Por el contrario, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob lleva
a una demencia grave y a la muerte en menos de un año.
En su forma más avanzada, la demencia acaba
en una falta casi absoluta de la capacidad de función del cerebro.
Las personas con demencia se vuelven retraídas y son menos capaces
de controlar su comportamiento. Tienen explosiones de cólera
y cambios de humor y tienden a divagar. Al final, les resulta imposible
seguir una conversación y pueden perder el habla.
Diagnóstico
La falta de memoria es habitualmente el primer síntoma
en el cual se fijan los familiares o el médico. Los médicos
u otros profesionales de la salud pueden llegar al diagnóstico
sobre la base de preguntas hechas al paciente y a sus familiares. Se
determina el estado mental mediante la realización de una serie
de preguntas; a cada respuesta se le asigna una determinada puntuación.
Pueden ser necesarias pruebas más complejas (pruebas neuropsicológicas)
para averiguar el grado de discapacidad o para determinar si en realidad
se trata de un verdadero deterioro intelectual.
Los médicos establecen el diagnóstico
en función de la situación general, teniendo en cuenta
la edad de la persona afectada, la historia familiar, el inicio de los
síntomas y la forma como progresan, así como la presencia
de otras enfermedades, como hipertensión y diabetes.
Al mismo tiempo, los médicos intentan buscar
una causa del deterioro mental susceptible de tratamiento, como una
enfermedad tiroidea, valores anormales de electrólitos en la
sangre, infecciones, un déficit de vitaminas, una intoxicación
por medicamentos o una depresión. Siempre se hacen los análisis
de sangre habituales y el médico revisa todos los fármacos
que la persona está tomando por si alguno de ellos es el responsable.
El médico puede solicitar una tomografía computadorizada
(TC) o una resonancia magnética (RM) para descartar un tumor
cerebral, una hidrocefalia o un ictus.
Los médicos sospechan una enfermedad de Alzheimer
como la causa de una demencia en una persona mayor cuya memoria sufre
un deterioro gradual. Aunque el diagnóstico mediante el examen
de la persona puede ser correcto en el 85 por ciento de los casos, la
única prueba que permite confirmar la enfermedad de Alzheimer
es la autopsia. En la misma se observa una pérdida de células
nerviosas. Entre las células nerviosas restantes se ven haces
neurofibrilares y placas compuestas de amiloide (un tipo anormal de
proteína), distribuidas por todo el tejido cerebral. Para diagnosticar
la enfermedad de Alzheimer se han propuesto también pruebas del
líquido cefalorraquídeo y exploraciones cerebrales especiales
denominadas tomografías por emisión de positrones (TEP),
aunque todavía no son lo suficientemente fiables.
Tratamiento
En general, las demencias son incurables. El tacrín
es eficaz en algunas personas con la enfermedad de Alzheimer, pero causa
graves efectos secundarios. Este fármaco ha sido desplazado,
en general, por el donepezil, que causa menos efectos secundarios y
puede retrasar el progreso de la enfermedad de Alzheimer durante un
año o más. El ibuprofeno también puede retrasar
el curso de la enfermedad. Este fármaco es más eficaz
al principio, cuando la enfermedad todavía es moderada.
La
demencia causada por la repetición de pequeños ictus no
tiene tratamiento, pero su progresión puede retrasarse con el
tratamiento de la hipertensión o la diabetes asociados con los
mismos. Hoy en día no existe tratamiento para la enfermedad de
Creutzfeldt-Jakob ni para el SIDA. Los fármacos para la enfermedad
de Parkinson no son eficaces para la demencia que la acompaña
y algunos pueden incluso empeorar los síntomas. Cuando la pérdida
de memoria es causada por la depresión, los antidepresivos y
un asesoramiento médico pueden ser eficaces, por lo menos transitoriamente.
La demencia causada por una hidrocefalia con presión normal,
si se diagnostica de forma precoz, a veces puede ser tratada con la
extracción del exceso de líquido dentro del cerebro a
través de un tubo de drenaje (derivación).
Con frecuencia se utilizan fármacos como
la tioridazina y el haloperidol para controlar el nerviosismo y las
explosiones de cólera que pueden acompañar a un estado
avanzado de demencia. Desafortunadamente, estos fármacos no son
muy eficaces para controlar tales conductas y pueden causar graves efectos
secundarios. Los fármacos antipsicóticos son más
eficaces en las personas con paranoia o alucinaciones.
Se sabe que una gama extensa de fármacos,
vitaminas y suplementos nutricionales no son útiles en el tratamiento
de la demencia. Entre ellos, se encuentran la lecitina, el mesilato
ergoloide, el ciclandelato y la vitamina B12 (a menos de existir un
déficit de vitamina B12). Muchos fármacos, algunos de
ellos de venta sin receta médica, empeoran la demencia. Muchos
medicamentos para dormir, fármacos para la gripe, ansiolíticos
y algunos antidepresivos con frecuencia también conllevan un
agravamiento de los síntomas.
Aunque el estado de la demencia es crónico
y la función intelectual no puede restablecerse, las medidas
de apoyo pueden ser de gran utilidad. Los relojes y los calendarios
de gran tamaño, por ejemplo, pueden ayudar a orientar a las personas
afectadas y quienes las cuidan pueden hacer frecuentes comentarios para
recordarles su ubicación y lo que está sucediendo. Puede
ser beneficioso un entorno animado y alegre, con pocos estímulos
nuevos y las actividades poco estresantes. Si las actividades diarias
se simplifican y las expectativas de los que cuidan a estas personas
se reducen, sin que éstos sientan pérdida de dignidad
o de autoestima, puede incluso producirse alguna mejoría. Los
que cuidan a las personas afectadas de demencia deben saber orientarlas
en todo momento, evitando tratarlas como a un niño. No se debe
regañar a una persona con demencia si comete un error o no consigue
aprender un determinado asunto, o si tiene olvidos, porque ello puede
empeorar la situación.
Como la demencia es habitualmente progresiva, es
esencial tener un plan para el futuro. Esta planificación asocia
habitualmente los esfuerzos de un médico, un trabajador social,
enfermeras y un abogado. Sin embargo, la mayor responsabilidad recae
sobre la familia y el estrés puede ser enorme. A menudo es posible
conseguir períodos de descanso para la carga que significa un
cuidado permanente de estas personas, pero ello depende del comportamiento
específico y de las capacidades de dichas personas con demencia,
así como de los recursos de los familiares y de la comunidad.
Las oficinas de asistencia social, como el departamento de asistencia
social del hospital de la comunidad, pueden ayudar a encontrar las ayudas
adecuadas. Las opciones pueden consistir en un programa de cuidado diurno,
visitas de enfermeras a domicilio, asistencia a tiempo parcial o completo
para las tareas domésticas o la ayuda de alguien que viva de
forma permanente en la casa. A medida que la situación mental
de la persona se deteriora, la mejor solución puede ser el internamiento
en un centro especializado en el cuidado de estas personas.