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TRASTORNOS GASTROINTESTINALES
CAPITULO 99
Biología del aparato digestivo
El aparato digestivo, que se extiende desde
la boca hasta el ano, se encarga de recibir los alimentos, fraccionarlos
en sus nutrientes (un proceso conocido como digestión), absorber
estos nutrientes hacia el flujo sanguíneo y eliminar del organismo
los restos no digeribles de los alimentos. El tracto gastrointestinal
se compone de la boca, la garganta, el esófago, el estómago,
el intestino delgado, el intestino grueso, el recto y el ano. El aparato
digestivo también incluye órganos que se encuentran fuera
del tracto gastrointestinal, como el páncreas, el hígado
y la vesícula biliar.
Boca, garganta y esófago
La boca (cavidad oral) es el sitio de entrada de
dos sistemas: el digestivo y el respiratorio. Su interior está
recubierto de una membrana mucosa. Los conductos procedentes de las
glándulas salivales, tanto en las mejillas como debajo de la
lengua y de la mandíbula, acaban en la boca. En el suelo de la
cavidad oral se encuentra la lengua, que se utiliza para saborear y
mezclar los alimentos. Por detrás de la lengua se encuentra la
garganta (faringe).
El gusto es detectado por las papilas gustativas
situadas en la superficie de la lengua. Los aromas son detectados por
receptores olfatorios situados en la parte superior de la nariz. El
sentido del gusto es relativamente simple; distingue solamente lo dulce,
lo agrio, lo salado y lo amargo. El sentido del olfato es mucho más
complejo; distingue muchas variaciones sutiles.
Los alimentos se dividen en partículas más
fácilmente digeribles al ser cortados con los dientes delanteros
(incisivos) y masticados con los posteriores (molares). La digestión
comienza cuando la saliva que procede de las glándulas salivales
recubre estas partículas con enzimas digestivas. Entre las comidas,
el flujo de saliva elimina las bacterias que pueden dañar los
dientes y causar otros trastornos. La saliva también contiene
anticuerpos y enzimas, como la lisozima, que fraccionan las proteínas
y atacan directamente las bacterias.
La deglución se inicia voluntariamente y
se continúa de modo automático. Para impedir que la comida
pueda pasar a la tráquea y alcanzar los pulmones, una pequeña
lengüeta muscular (epiglotis) se cierra al mismo tiempo que la
zona posterior del techo de la boca (paladar blando) se eleva para evitar
que la comida suba a la nariz.
El esófago es un tubo muscular de paredes
finas, recubierto interiormente de una membrana mucosa, que conecta
la garganta con el estómago. El alimento no baja por efecto de
la fuerza de gravedad sino debido a unas ondas rítmicas de contracción
y relajación muscular, que se denominan peristaltismo.
Estómago
El estómago es un órgano muscular
grande, hueco y con forma de judía (fríjol), que consiste
en tres regiones: el cardias, el cuerpo (fundus) y el antro. Los alimentos
llegan al estómago desde el esófago y pasan a través
de un músculo con forma de anillo (esfínter), que se abre
y se cierra. Normalmente el esfínter impide que el contenido
gástrico vuelva al esófago.
El estómago sirve como área de almacenamiento
para los alimentos, contrayéndose rítmicamente y mezclándolos
con las enzimas. Las células que recubren la superficie gástrica
secretan tres sustancias importantes: moco, ácido clorhídrico
y el precursor de la pepsina (una enzima que fracciona las proteínas).
El moco recubre las células del revestimiento del estómago
para protegerlas del daño que les podrían causar el ácido
y las enzimas. Cualquier alteración de esta capa de moco, debida
a una infección por la bacteria Helicobacter pylori, por ejemplo,
o al daño provocado por la aspirina, puede causar lesiones como
la úlcera de estómago.
El ácido clorhídrico provee el ambiente
fuertemente ácido necesario para que la pepsina fraccione las
proteínas. La elevada acidez del estómago también
actúa como una barrera contra la infección, pues elimina
la mayor parte de las bacterias. Los impulsos nerviosos que llegan al
estómago estimulan la secreción ácida, la hormona
gastrina (secretada por el estómago) y la histamina (sustancia
que también libera el estómago).
La pepsina es responsable del fraccionamiento de
un 10 por ciento de las proteínas. Es la única enzima
que digiere el colágeno, una proteína y uno de los principales
componentes de la carne.
Sólo algunas sustancias, como el alcohol
y la aspirina, pueden ser absorbidas directamente desde el estómago
y sólo en pequeñas cantidades.
Intestino delgado
El estómago libera su contenido (comida)
al duodeno, primer segmento del intestino delgado. El alimento entra
en el duodeno a través del esfínter pilórico en
unas cantidades que el intestino delgado pueda digerir. Cuando éste
se llena, el duodeno indica al estómago que detenga el vaciamiento.
El duodeno recibe enzimas del páncreas y
bilis del hígado. Estos líquidos llegan al duodeno a través
del esfínter de Oddi y contribuyen de forma importante a los
procesos de digestión y absorción. El peristaltismo también
ayuda a la digestión y a la absorción al revolver los
alimentos y mezclarlos con las secreciones intestinales.
Los primeros centímetros del revestimiento
duodenal son lisos, pero el resto del revestimiento presenta pliegues,
pequeñas proyecciones (vellosidades), e incluso proyecciones
aún más pequeñas (microvellosidades). Estas vellosidades
y microvellosidades incrementan el área de superficie del revestimiento
del duodeno, permitiendo con ello una mayor absorción de nutrientes.
El yeyuno y el íleon forman el resto del
intestino delgado, localizado a continuación del duodeno. Esta
parte del intestino es la responsable principal de la absorción
de grasas y otros nutrientes. La absorción se incrementa en gran
medida por la vasta superficie hecha de pliegues, vellosidades y microvellosidades.
La pared intestinal está ricamente abastecida de vasos sanguíneos
que conducen los nutrientes absorbidos hacia el hígado, a través
de la vena porta. La pared intestinal libera moco y agua, que lubrican
y disuelven el contenido intestinal, ayudando a disolver los fragmentos
digeridos. También se liberan pequeñas cantidades de enzimas
que digieren las proteínas, los azúcares y las grasas.
La consistencia del contenido intestinal cambia
gradualmente conforme avanza a través del intestino delgado.
En el duodeno se secreta agua rápidamente para diluir la acidez
del contenido digestivo procedente del estómago. Conforme el
contenido o bolo digestivo avanza hacia la porción inferior del
intestino delgado, se hace más líquido a medida que van
añadiéndose agua, moco, bilis y enzimas pancreáticas.
Páncreas
El páncreas es un órgano que contiene
básicamente dos tipos de tejidos: los ácinos que producen
las enzimas digestivas y los islotes que secretan hormonas. El páncreas
secreta enzimas digestivas al duodeno y hormonas al flujo sanguíneo.
Las enzimas digestivas son liberadas desde las células
de los ácinos y llegan al conducto pancreático a través
de varios canales. El conducto pancreático principal se une al
conducto biliar a nivel del esfínter de Oddi, a través
del cual ambos se vacían al duodeno. Las enzimas secretadas por
el páncreas digieren las proteínas, los hidratos de carbono
y las grasas. Las enzimas proteolíticas rompen las proteínas
en partes que puedan ser utilizadas por el organismo y son secretadas
en forma inactiva. Solamente son activadas cuando llegan al tracto gastrointestinal.
El páncreas también secreta grandes cantidades de bicarbonato
de sodio, que protege el duodeno al neutralizar el ácido procedente
del estómago.
Las tres hormonas producidas por el páncreas
son: la insulina, que disminuye el valor de azúcar (glucosa)
en sangre, el glucagón, que por el contrario lo aumenta, y la
somatostatina, que impide la liberación de las otras dos hormonas.
Hígado
El hígado es un órgano de gran tamaño,
con múltiples funciones, sólo algunas de las cuales están
relacionadas con la digestión.
Los nutrientes que proceden de los alimentos son
absorbidos por la pared intestinal, provista de gran cantidad de pequeños
vasos sanguíneos (capilares). Estos capilares llegan hasta las
venas, que, a su vez, se unen a venas mayores y, finalmente, penetran
en el hígado a través de la vena porta. Esta vena se divide,
dentro del hígado, en diminutos vasos, donde se procesa la sangre
que les llega.
| Aparato digestivo |
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Esta sangre se procesa de dos formas: por una parte
se eliminan las bacterias y otras partículas extrañas
absorbidas desde el intestino, y por otra muchos de los nutrientes absorbidos
son fraccionados de tal manera que puedan ser utilizados por el organismo.
El hígado realiza este proceso a gran velocidad y pasa la sangre
cargada de nutrientes a la circulación general.
El hígado produce aproximadamente la mitad
del colesterol del cuerpo; el resto proviene de los alimentos. Alrededor
del 80 por ciento del colesterol producido por el hígado se utiliza
para la formación de la bilis. El hígado también
secreta la bilis, la cual se almacena en la vesícula biliar hasta
que se necesite.
Vesícula biliar y vías biliares
La bilis fluye fuera del hígado a través
de los conductos hepáticos derecho e izquierdo, los cuales confluyen
para formar el conducto hepático común. Este conducto
se une después de otro proveniente de la vesícula biliar,
llamado conducto cístico, para formar el conducto biliar común.
El conducto pancreático se une al conducto biliar común
justamente cuando éste se vacía en el duodeno.
Entre las comidas, las sales biliares son concentradas
en la vesícula biliar y solamente una pequeña cantidad
de bilis fluye desde el hígado. Al penetrar los alimentos en
el duodeno se desencadenan una serie de señales nerviosas y hormonales
que provocan la contracción de la vesícula. Como resultado,
la bilis llega al duodeno y se mezcla con el contenido alimentario.
La bilis tiene dos funciones importantes: ayuda a la digestión
y a la absorción de las grasas y es responsable de la eliminación
de ciertos productos de desecho del cuerpo (particularmente la hemoglobina
de los glóbulos rojos destruidos y el exceso de colesterol).
Específicamente, la bilis es responsable de las siguientes acciones:
- Las sales biliares incrementan la solubilidad
del colesterol, las grasas y las vitaminas liposolubles para ayudar
a que sean absorbidas.
- Las sales biliares estimulan la secreción
de agua por el intestino grueso para ayudar a que avance el contenido
intestinal.
- Por la bilis se excretan varias proteínas
que desempeñan un papel importante en la función biliar.
- La bilirrubina (el pigmento principal de
la bilis) se excreta en la bilis como producto de desecho de los glóbulos
rojos destruidos.
- Los fármacos y otros productos de
desecho se excretan por la bilis y más tarde se eliminan del
organismo.
Las
sales biliares se resorben en el intestino delgado, son captadas por
el hígado y nuevamente secretadas por la bilis. Esta recirculación
de las sales biliares es conocida como circulación enterohepática.
Todas las sales biliares del organismo recirculan unas 10 o 12 veces
al día. En cada paso, una pequeña cantidad de éstas
alcanza el colon, donde las bacterias las dividen en varios de sus componentes.
Algunos de estos componentes son resorbidos; el resto son excretados
con las heces.
Intestino grueso
El intestino grueso comprende el colon ascendente
(derecho), el colon transverso, el colon descendente (izquierdo) y el
colon sigmoide, el cual está conectado al recto. El apéndice
es un pequeño segmento con forma de dedo que sale del colon ascendente
cerca del punto donde éste se une al intestino delgado (ciego).
El intestino grueso secreta moco y es el responsable principal de la
absorción del agua y los electrólitos de las heces.
Cuando alcanza el intestino grueso el contenido intestinal
es líquido, pero normalmente se solidifica a medida que alcanza
el recto en forma de heces. La gran variedad de bacterias que viven
en el intestino grueso pueden, además, digerir algunas materias,
lo que ayuda a la absorción de nutrientes por el organismo. Las
bacterias del intestino grueso también fabrican algunas sustancias
importantes, como la vitamina K. Estas bacterias son necesarias para
la función normal del intestino. Algunas enfermedades y antibióticos
pueden alterar el equilibrio entre los diferentes tipos de bacterias
en el intestino grueso. El resultado es una irritación que conduce
a la secreción de moco y agua, causando diarrea.
Recto y ano
El recto es una cámara que comienza al final
del intestino grueso, inmediatamente a continuación del colon
sigmoide, acabando en el ano. Generalmente, el recto está vacío
porque las heces se almacenan más arriba, en el colon descendente.
Cuando el colon descendente se llena, las heces pasan al recto estimulando
la defecación. Los adultos y los niños mayores pueden
soportar este estímulo hasta llegar al baño. Los bebés
y los niños de corta edad no tienen el control muscular necesario
para retrasar la defecación.
El ano es la abertura que existe al final del tracto
gastrointestinal, por la cual los materiales de desecho abandonan el
organismo. El ano está formado en parte por las capas superficiales
del organismo, incluyendo la piel y, en parte, por el intestino. Está
recubierto por una capa formada por la continuación de la piel.
Un anillo muscular (esfínter anal) mantiene el ano cerrado.