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TRASTORNOS GASTROINTESTINALES
CAPITULO 106
Gastroenteritis
Gastroenteritis es el término que se
aplica en general a un grupo de trastornos cuya causa son las infecciones
y la aparición de síntomas como pérdida de apetito,
náuseas, vómitos, diarrea moderada a intensa, retortijones
y malestar en el abdomen. Junto con los líquidos corporales se
pierden los electrólitos, particularmente el sodio y el potasio.
Aunque se trata de un ligero contratiempo en los adultos sanos, un desequilibrio
electrolítico puede provocar una deshidratación en las
personas muy enfermas y en niños y ancianos.
Causas
Las epidemias de diarrea en lactantes, niños
y adultos son generalmente causadas por microorganismos presentes en
el agua o en los alimentos contaminados habitualmente por heces infectadas.
Las infecciones también se pueden transmitir de persona a persona,
especialmente si alguien con diarrea no se lava bien las manos tras
una evacuación. Las infecciones por un tipo de bacteria llamada
Salmonella pueden adquirirse al tocar reptiles, como tortugas o iguanas,
y luego llevarse los dedos a la boca.
Ciertas bacterias producen toxinas que hacen que
las células de la pared intestinal aumenten la secreción
de agua y electrólitos. Una de estas toxinas es la responsable
de la diarrea acuosa, síntoma del cólera. Otra toxina
producida por una bacteria muy común, la Escherichia coli (E.
coli), puede causar la diarrea del viajero y algunos brotes de diarrea
en los servicios hospitalarios de pediatría.
Algunas bacterias, como ciertas variedades de E.
coli, Campylobacter, Shigella y Salmonella (incluido el tipo que causa
la fiebre tifoidea), invaden el revestimiento mucoso intestinal. Estas
bacterias dañan las células subyacentes, provocando ligeras
ulceraciones que sangran y condicionan una pérdida considerable
de líquido rico en proteínas, electrólitos y agua.
Además de las bacterias, ciertos virus, como
el Norwalk y el Coxsackie, provocan gastroenteritis. Durante el invierno
en las zonas de clima templado, los rotavirus causan la mayoría
de los casos de diarrea lo suficientemente graves como para que los
lactantes y niños de 2 a 4 años tengan que ser hospitalizados.
Además del estómago y del intestino, las infecciones por
enterovirus y adenovirus también pueden afectar a los pulmones.
Ciertos parásitos intestinales, particularmente
la Giardia lamblia, invaden o se adhieren al revestimiento intestinal
y causan náuseas, vómitos, diarrea y un estado de malestar
general. La enfermedad resultante, llamada giardiasis, es más
común en climas fríos. Si la enfermedad se hace persistente
(crónica), puede impedir que el organismo absorba nutrientes,
que genera un trastorno llamado síndrome de malabsorción.
Otro parásito intestinal, denominado Cryptosporidium, provoca
diarrea acuosa que a veces se acompaña de retortijones abdominales,
náuseas y vómitos. En personas sanas, la enfermedad es
generalmente leve, pero en los inmunodeprimidos, la infección
puede ser grave o incluso mortal. Tanto la Giardia como el Cryptosporidium
se adquieren básicamente al beber agua contaminada.
La gastroenteritis puede ser consecuencia de la
ingestión de toxinas químicas presentes en los mariscos,
en plantas como las setas y las patatas (papas) o en alimentos contaminados.
La intolerancia a la lactosa (incapacidad para digerir y absorber el
azúcar de la leche) también puede causar gastroenteritis.
Los síntomas, que a menudo ocurren tras ingerir leche, son a
veces interpretados erróneamente como una alergia a la leche.
La ingesta accidental de metales pesados como arsénico, plomo,
mercurio o cadmio, con el agua o los alimentos, puede provocar repentinamente
náuseas, vómitos y diarrea. Muchos fármacos, incluidos
los antibióticos, ocasionalmente provocan retortijones abdominales
y diarrea.
Síntomas
El tipo y la gravedad de los síntomas dependen
del tipo y de la cantidad de la toxina o del microorganismo ingeridos.
También varían de acuerdo a la resistencia de la persona
a la enfermedad. Los síntomas a menudo comienzan súbitamente
(a veces de forma llamativa) con pérdida de apetito, náuseas
o vómitos. Pueden presentarse murmullos intestinales audibles,
retortijones y diarrea con o sin presencia de sangre y moco. Las asas
intestinales pueden dilatarse con el gas y causar dolor. La persona
puede tener fiebre, sentirse decaída, sufrir dolores musculares
y notar cansancio extremo.
Los vómitos intensos y la diarrea pueden
conducir a una marcada deshidratación y a una intensa hipotensión
(disminución de la presión arterial). Tanto los vómitos
excesivos como la diarrea pueden causar una grave pérdida de
potasio, que se traduce en bajos valores sanguíneos de éste
(hipopotasemia). También bajan los valores de sodio (hiponatremia),
particularmente si la persona repone el volumen perdido bebiendo sólo
líquidos que contengan poca sal (como el agua y el té).
Todos estos desequilibrios son potencialmente graves.
Diagnóstico
El diagnóstico de gastroenteritis es generalmente
obvio a partir de la sintomatología, pero no así su causa.
En ocasiones, otros miembros de la familia o compañeros de trabajo
han estado recientemente enfermos con síntomas similares. Otras
veces, la persona puede relacionar la enfermedad con alimentos inadecuadamente
cocinados, en mal estado o contaminados, como la mayonesa que ha permanecido
mucho tiempo fuera del frigorífico o los mariscos crudos. Los
viajes recientes, especialmente a ciertos países, pueden asimismo
aportar datos para el diagnóstico.
Si los síntomas son intensos o duran más
de 48 horas, pueden examinarse muestras de las heces buscando la presencia
de glóbulos blancos y de bacterias, virus o parásitos.
También puede ayudar a identificar la causa el análisis
de los vómitos, los alimentos o la sangre.
Si los síntomas persisten más de algunos
días, el médico puede tener que examinar el intestino
grueso con un colonoscopio (tubo flexible de visualización) para
descartar una colitis ulcerosa o una disentería amebiana (amebiasis).
Tratamiento
Habitualmente, el único tratamiento necesario
para la gastroenteritis es la ingestión de líquidos adecuados.
Incluso una persona que esté vomitando debe tomar pequeños
sorbos de líquido para corregir la deshidratación, lo
que a su vez puede ayudar a que cesen los vómitos. Si éstos
se prolongan o el individuo se deshidrata gravemente, puede ser necesario
administrar los líquidos por vía intravenosa. Dado que
los niños se deshidratan con mayor facilidad, ellos deben recibir
líquidos con un balance apropiado de sales y azúcares.
Cualquiera de las soluciones de rehidratación disponibles comercialmente
es satisfactoria.
Sin embargo, no son apropiados para los niños
con diarrea los líquidos que generalmente se administran, como
las bebidas carbonatadas, el té, las bebidas consumidas por deportistas
y los zumos de frutas. Si los vómitos son intensos, el médico
puede administrar una inyección o prescribir supositorios.
A medida que los síntomas mejoran, el paciente
puede añadir gradualmente a la dieta comidas blandas como cereales
cocinados, plátanos, arroz, compota de manzana y pan tostado.
Si la modificación de la dieta no corta la diarrea después
de 12 a 24 horas y si no hay sangre en las heces que indique una infección
bacteriana más importante, pueden administrarse fármacos
como difenoxilato, loperamida o subsalicilato de bismuto.
Como los antibióticos pueden causar diarrea
y favorecer el crecimiento de organismos resistentes a los mismos, raramente
resulta apropiado su uso, aun en el caso de que una bacteria conocida
esté produciendo la gastroenteritis.
Sin embargo, los antibióticos se pueden usar
cuando los causantes son ciertas bacterias como el Campylobacter, la
Shigella y el Vibrio colerae.
Colitis hemorrágica
La colitis hemorrágica es un tipo de gastroenteritis
en la que cierta variedad de la bacteria Escherichia coli (E. coli)
infecta el intestino grueso y produce toxinas que causan una diarrea
súbita con sangre y a veces otras graves complicaciones.
Una de las variedades más frecuentes de E.
coli que causan colitis hemorrágica se llama E. coli O157:H7.
Esta variedad se encuentra en los intestinos del ganado vacuno sano.
Los brotes se pueden desencadenar al ingerir carne mal cocinada o por
beber leche de vaca no pasteurizada. La enfermedad también puede
ser transmitida de persona a persona, sobre todo entre niños
que usan pañales. La colitis hemorrágica puede ocurrir
en personas de todas las edades.
Las toxinas de E. coli dañan el revestimiento
mucoso del intestino grueso. Si son absorbidas y pasan al flujo sanguíneo,
pueden afectar a otros órganos, como el riñón.
Síntomas
Los síntomas se caracterizan por la presencia
de retortijones abdominales intensos y de comienzo súbito, junto
con diarrea acuosa que típicamente se vuelve sanguinolenta en
las primeras 24 horas. La temperatura corporal es generalmente normal
o se eleva ligeramente, pero en ocasiones puede alcanzar más
de 39 ºC. La diarrea generalmente dura de 1 a 8 días.
Alrededor del 5 por ciento de los infectados con
E. coli O157:H7 desarrolla el síndrome urémico-hemolítico.
Los síntomas consisten en anemia, causada por la destrucción
de los glóbulos rojos (anemia hemolítica), un bajo recuento
de plaquetas (trombocitopenia) e insuficiencia renal súbita.
Algunos enfermos también sufren convulsiones, accidentes vasculares
cerebrales u otras complicaciones derivadas de lesiones en los nervios
o en el cerebro. Estas complicaciones se desarrollan típicamente
en la segunda semana de la enfermedad y pueden ser precedidas por un
aumento de la temperatura. El síndrome urémico-hemolítico
es más probable que ocurra en niños menores de 5 años
y en personas de edad avanzada.
Diagnóstico y tratamiento
El médico generalmente sospecha una colitis
hemorrágica cuando una persona indica haber tenido diarrea con
sangre. Para establecer el diagnóstico, se analizan muestras
de heces buscando E. coli O157:H7. Estas muestras deben obtenerse dentro
de la primera semana o al iniciarse los síntomas. Pueden realizarse
otras pruebas, como la colonoscopia (un examen del intestino grueso
usando un tubo flexible de visualización), si se sospecha que
otras enfermedades puedan estar causando la diarrea sangre.
Los aspectos más importantes del tratamiento
consisten en ingerir suficiente líquido para reemplazar los que
se han perdido y mantener una dieta blanda. Los antibióticos
no alivian los síntomas, no eliminan las bacterias, ni previenen
las complicaciones. Es probable que las personas que desarrollan complicaciones
requieran cuidados intensivos en un hospital, como la diálisis.
Intoxicación alimentaria por estafilococos
La intoxicación alimentaria por estafilococos
ocurre al ingerir alimentos contaminados por toxinas de ciertas variedades
de estafilococos, que son bacterias muy comunes; como resultado se producen
vómitos y diarrea.
El riesgo de un brote de infección es alto
cuando las personas que manipulan alimentos tienen infecciones en la
piel y contaminan la comida que se halla a temperatura ambiente, permitiendo
así que las bacterias proliferen y produzcan sus toxinas. Los
alimentos típicamente susceptibles de contaminación incluyen
las natillas, la pastelería de crema, la leche, la carne en conserva
y el pescado.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas se inician generalmente de forma
súbita con intensas náuseas y vómitos, alrededor
de 2 a 8 horas después de ingerir los alimentos contaminados.
Otros síntomas pueden incluir retortijones abdominales, diarrea
y a veces dolor de cabeza y fiebre. La importante pérdida de
líquidos y electrólitos puede causar debilidad y presión
arterial baja (shock). La sintomatología generalmente dura menos
de 12 horas y la recuperación suele ser completa. Ocasionalmente,
la contaminación alimentaria resulta mortal, sobre todo en jóvenes,
en personas de edad avanzada y en los debilitados por enfermedades crónicas.
Habitualmente los síntomas son suficientes
para que el médico establezca el diagnóstico. En general,
otras personas que consumen los mismos alimentos se ven afectadas de
modo similar y el trastorno puede ser atribuido a una sola fuente de
contaminación. Para confirmar el diagnóstico, el laboratorio
debe identificar el estafilococo en el alimento sospechoso. El estudio
al microscopio de las muestras de vómito también puede
evidenciar la presencia estafilococos.
Prevención y tratamiento
Una cuidadosa preparación de los alimentos
puede prevenir la contaminación alimentaria por estafilococos.
Cualquiera que tenga una infección estafilocócica en la
piel, como forúnculos o impétigo, no debe manipular alimentos
para otros hasta que se encuentre libre de la infección.
El tratamiento generalmente consiste en beber líquidos
adecuados. Cuando los síntomas son graves, el médico puede
administrar inyecciones o prescribir supositorios para ayudar a controlar
las náuseas. A veces, la pérdida de líquidos es
tal que se tienen que reponer por vía intravenosa. La administración
rápida de líquidos y electrólitos por vía
intravenosa a menudo proporciona una gran mejoría.
Botulismo
El botulismo es una contaminación alimentaria
poco común y potencialmente mortal, causada por las toxinas producidas
por la bacteria Clostridium botulinum.
Estas toxinas son el veneno más potente que
se conoce y pueden dañar gravemente los nervios y los músculos.
Dado que causan lesiones nerviosas, se las conoce como neurotoxinas.
La clasificación médica del botulismo depende de factores
como su transmisión por los alimentos, si se adquiere a través
de una herida o si se trata de botulismo infantil. El botulismo transmitido
por los alimentos resulta de la ingesta de carne contaminada y el causado
por heridas es consecuencia de una herida infectada. El botulismo infantil,
que también se debe a la ingestión de alimentos contaminados,
ocurre en lactantes.
Causas
La bacteria Clostridium botulinum forma esporas.
Como las semillas, las esporas pueden permanecer en estado de latencia
durante muchos años y son muy resistentes a la destrucción.
En condiciones ideales (presencia de humedad y de nutrientes y ausencia
de oxígeno), las esporas comienzan a crecer y a producir una
toxina. Algunas toxinas producidas por el Clostridium botulinum son
proteínas altamente tóxicas que resisten la destrucción
por parte de las enzimas protectoras del intestino.
Cuando se ingiere un alimento contaminado, las toxinas
penetran en el organismo a través del sistema digestivo, causando
el botulismo transmitido por los alimentos. Las conservas caseras son
la fuente más frecuente de botulismo, aunque las comerciales
han sido responsables de alrededor del 10 por ciento de los brotes.
Las fuentes alimentarias más frecuentes son los vegetales, el
pescado, las frutas y los condimentos. La carne vacuna, los productos
lácteos, el cerdo, las aves y otros alimentos son también
responsables ocasionales de botulismo.
El botulismo de las heridas ocurre cuando éstas
se contaminan con Clostridium botulinum. Dentro de la herida, la bacteria
produce una toxina que pasa posteriormente a la sangre, produciendo
los síntomas.
El botulismo infantil ocurre con mayor frecuencia
en lactantes de 2 a 3 meses de edad. A diferencia del botulismo transmitido
por los alimentos, el infantil no es causado por la ingestión
de toxinas previamente formadas. Resulta de la ingestión de alimentos
que contienen esporas, las cuales se desarrollan posteriormente en el
intestino del lactante, produciendo las toxinas.
En general, la causa es desconocida, pero en algunos
casos se ha relacionado con la ingestión de miel. El Clostridium
botulinum es común en el medio ambiente y muchos casos pueden
resultar de la ingestión de pequeñas cantidades de polvo
o tierra.
Síntomas
Los síntomas se desarrollan de forma súbita,
generalmente al cabo de 18 a 36 horas de haber penetrado las toxinas
en el organismo, aunque los síntomas pueden manifestarse al cabo
de 4 horas o tardar 8 días en hacerlo. Cuanta más toxina
penetra, más pronto se siente enferma la persona. Los casos más
graves se presentan en las personas que se sienten enfermas dentro de
las primeras 24 horas después de haber ingerido alimentos contaminados.
Los primeros síntomas habitualmente incluyen
boca seca, visión doble, caída de los párpados
e incapacidad para enfocar los objetos cercanos. Las pupilas no se contraen
con normalidad cuando se exponen a la luz durante un examen ocular;
incluso pueden no contraerse en absoluto. En algunas personas, los primeros
síntomas consisten en náuseas, vómitos, retortijones
abdominales y diarrea. Otras nunca llegan a desarrollar estos síntomas
gastrointestinales, particularmente las personas que padecen el botulismo
de las heridas.
La persona afectada presenta dificultades para hablar
y tragar. Este trastorno de la deglución puede conducir a la
aspiración de alimentos y posterior neumonía por aspiración.
La musculatura de los brazos y las piernas y los músculos implicados
en la respiración se debilitan de forma progresiva a medida que
los síntomas van avanzando gradualmente, de arriba abajo. La
imposibilidad de los nervios para funcionar adecuadamente afecta a la
fuerza muscular, aunque se mantiene la sensibilidad. A pesar de ser
una enfermedad tan grave, generalmente no se altera el estado mental.
Cerca de dos tercios de los lactantes con botulismo
infantil presentan el estreñimiento como el primer síntoma.
Después se afectan los nervios, produciendo parálisis
musculares que comienzan en la cara y en la cabeza y alcanzan finalmente
los brazos, las piernas y los músculos respiratorios. Los nervios
de un lado del cuerpo pueden resultar más afectados que los del
otro. Los síntomas que manifiesta el bebé varían
desde un letargo moderado y una prolongación del tiempo necesario
para alimentarse, hasta una pérdida grave del tono muscular e
incapacidad para respirar adecuadamente.
Diagnóstico
En el botulismo transmitido por los alimentos, el
médico puede establecer el diagnóstico en función
del patrón característico de la lesión nerviosa
y muscular. Sin embargo, a menudo se confunden los síntomas con
los de otras causas más frecuentes de parálisis, como
un accidente vascular cerebral. El origen probable en una comida proporciona
datos adicionales. El diagnóstico es sencillo cuando el botulismo
ocurre en dos o más personas que hayan ingerido los mismos alimentos
preparados en el mismo sitio. Se confirma cuando las pruebas de laboratorio
detectan la toxina en la sangre del afectado o cuando la bacteria crece
en un cultivo de una muestra de heces. La toxina también puede
identificarse en el alimento sospechoso. En la mayoría de los
casos de botulismo, pero no en todos, la electromiografía (prueba
que analiza la actividad eléctrica muscular) pone de manifiesto
contracciones musculares anormales tras una estimulación eléctrica.
El diagnóstico de botulismo de las heridas
se confirma al encontrar las toxinas en la sangre o cuando la bacteria
crece en cultivos de una muestra del tejido lesionado.
Se confirma el diagnóstico de botulismo infantil
tras hallar la bacteria o su toxina en una muestra de las heces del
bebé.
Prevención y tratamiento
Las esporas son altamente resistentes al calor y
pueden soportar la ebullición durante varias horas. Las toxinas,
sin embargo, son rápidamente destruidas por el calor, por lo
tanto la cocción a 80 ºC durante 30 minutos previene el
botulismo transmitido por los alimentos. La cocción de las comidas
previa a su ingesta previene casi siempre el botulismo transmitido por
los alimentos, pero la inadecuada cocción de los mismos puede
causar botulismo si se almacenan después de cocinarlos. La bacteria
puede producir algunas toxinas a temperaturas tan bajas como 3 ºC,
temperatura corriente de los frigoríficos.
Es esencial el envasado adecuado, tanto casero como
comercial, y una adecuada cocción de las conservas antes de servirlas.
Las conservas que muestren algún signo de encontrarse en mal
estado pueden ser mortales y se deben desechar. También deben
descartarse inmediatamente las latas que están hinchadas o que
gotean. Los lactantes menores de un año de edad no deben tomar
miel porque puede contener esporas.
Incluso una mínima cantidad de toxina por
ingestión, inhalación o absorción a través
del ojo o una herida en la piel, puede causar una enfermedad grave.
Por lo tanto, cualquier comida que pueda estar contaminada debe manipulase
con precaución. La persona debe evitar al máximo el contacto
de la comida con la piel y debe lavarse las manos inmediatamente después
de haberla manipulado.
Una persona que pueda haber contraído botulismo
debe acudir inmediatamente al hospital. El tratamiento a menudo no puede
esperar los resultados de las pruebas de laboratorio, aunque éstas
se realizan de todos modos para confirmar el diagnóstico. Para
eliminar del cuerpo cualquier toxina que todavía no se haya absorbido,
se puede inducir el vómito, limpiar el estómago mediante
un procedimiento denominado lavado gástrico y administrar laxantes
para acelerar el tránsito del contenido intestinal.
Los problemas respiratorios son el mayor peligro
del botulismo. Los signos vitales (pulso, frecuencia respiratoria, presión
arterial y temperatura) se evalúan con regularidad. Si surgen
complicaciones respiratorias, la persona afectada debe ser trasladada
a una unidad de cuidados intensivos y se la puede conectar temporalmente
a un respirador artificial. Estos cuidados intensivos han reducido la
tasa de fallecimientos por botulismo, que era de un 70 por ciento a
principios del siglo xx, a menos del 10 por ciento en la actualidad.
También puede ser necesaria la alimentación por vía
intravenosa.
La antitoxina botulínica no revierte el daño
causado, pero puede retrasar o detener un mayor deterioro físico
y mental, lo que permite que el cuerpo se vaya recuperando por sí
mismo a lo largo de meses. La antitoxina se administra tan pronto como
se diagnostica el botulismo. Hay mayores posibilidades de que resulte
eficaz si se la administra dentro de las primeras 72 horas tras el inicio
de los síntomas. La antitoxina no se recomienda actualmente para
el botulismo infantil, ya que su eficacia para este tipo de botulismo
todavía está en fase de estudio.
Intoxicación alimentaria por Clostridium perfringens
Este tipo de gastroenteritis es causado por la ingesta
de alimentos contaminados por una toxina producida por la bacteria Clostridium
perfringens. Algunas variedades causan una enfermedad de leve a moderada
que mejora sin tratamiento; otras, sin embargo, producen un tipo de
gastroenteritis grave y a menudo mortal. Algunas toxinas no son destruidas
por la cocción, mientras que otras sí lo son. Generalmente,
la carne contaminada es la responsable de los brotes de contaminación
alimentaria por Clostridium perfringens.
Síntomas, diagnóstico y tratamiento
La gastroenteritis es normalmente leve, aunque puede
desarrollarse un cuadro grave con dolor abdominal, distensión
por los gases, diarrea intensa, deshidratación y shock.
El médico generalmente sospecha el diagnóstico
cuando ha tenido lugar un brote local de la enfermedad. El diagnóstico
se confirma analizando los alimentos contaminados en busca de Clostridium
perfringens.
A la persona afectada se le administran líquidos
y se le aconseja guardar reposo. En casos graves, puede resultar útil
la penicilina. Si la enfermedad destruye parte del intestino delgado,
puede que sea necesario intervenir quirúrgicamente para extirpar
esa parte.
Diarrea del viajero
La diarrea del viajero (también llamada catarro
intestinal, gripe intestinal o intestino del turista) es un trastorno
caracterizado por deposiciones diarreicas, náuseas y vómitos
que afectan con relativa frecuencia a las personas que viajan.
Los organismos más proclives a causar la
diarrea del viajero son los tipos de Escherichia coli que producen ciertas
toxinas y algunos virus como el Norwalk.
Síntomas y diagnóstico
Las náuseas, los vómitos, los ruidos
intestinales, los retortijones abdominales y la diarrea pueden presentarse
combinados y con un grado variable de gravedad. Los vómitos,
el dolor de cabeza y los dolores musculares son particularmente frecuentes
en las infecciones causadas por el virus Norwalk. En general, los casos
son leves y desaparecen sin tratamiento. En raras ocasiones se necesitan
pruebas de laboratorio.
Prevención y tratamiento
Los viajeros deberían frecuentar restaurantes
con una reputación de seguridad y no deberían aceptar
comidas o bebidas ofrecidas por vendedores ambulantes. Todos los alimentos
deben consumirse cocidos y todas las frutas peladas. Los turistas deberían
beber sólo bebidas carbonatadas o las preparadas con agua que
haya sido hervida. Incluso los cubitos de hielo deberían proceder
de agua previamente hervida. Deberían evitarse las ensaladas
con vegetales no cocidos. El subsalicilato de bismuto puede ofrecer
cierta protección. El beneficio que ofrecen los antibióticos
a modo de prevención es controvertido, pero se pueden recomendar
estos fármacos para las personas especialmente propensas a las
consecuencias de la diarrea del viajero, como los inmunodeprimidos.
El tratamiento incluye beber líquidos abundantes
e ingerir una dieta blanda. Los antibióticos no se recomiendan
para la diarrea leve, a menos que el afectado presente fiebre o sangre
en las heces. Estos fármacos pueden causar daño al eliminar
las bacterias que habitan normalmente en las heces, favoreciendo el
crecimiento de otras que son resistentes a dichos fármacos.
Intoxicación alimentaria por sustancias químicas
La intoxicación alimentaria por sustancias
químicas es el resultado de la ingesta de plantas o animales
que contienen veneno.
La intoxicación por setas (hongos venenosos)
puede resultar de la ingesta de cualquiera de las muchas especies existentes.
El potencial de intoxicación puede variar dentro de las mismas
especies, en diferentes momentos de la época de crecimiento y
según cómo se cocinen. En la intoxicación causada
por especies de Inocybe y por algunas especies de Clitocybe, la sustancia
peligrosa es la muscarina. Los síntomas, que se inician a los
pocos minutos de la ingesta o incluso hasta 2 horas más tarde,
pueden consistir en aumento del lagrimeo, salivación, contracción
de las pupilas y sudación, así como vómitos, retortijones,
diarrea y pérdida del equilibrio; ocasionalmente puede haber
confusión, coma y convulsiones. Con el tratamiento apropiado,
el enfermo se recupera en 24 horas, aunque el fallecimiento puede producirse
en pocas horas.
En
la intoxicación causada por la ingestión de Amanita phalloides
y especies de setas relacionadas, los síntomas se inician entre
6 y 24 horas. Los afectados desarrollan síntomas intestinales
similares a los de la intoxicación por muscarina y la lesión
renal puede disminuir o abolir el volumen de orina. Es frecuente la
ictericia secundaria a la lesión hepática y ésta
se desarrolla en 2 o 3 días. A veces, los síntomas desaparecen
por sí mismos, pero alrededor de la mitad de los que sufren una
intoxicación por Amanita phalloides mueren al cabo de 5 a 8 días.
La intoxicación por plantas y arbustos puede
resultar de la ingestión de sus hojas y frutos, ya sean salvajes
o domésticos. Las raíces o los brotes verdes que crecen
bajo el suelo y que contienen solanina pueden producir náuseas
leves, vómitos, diarrea y debilidad. Las habas pueden provocar
la rotura de los glóbulos rojos en personas genéticamente
susceptibles (favismo). La intoxicación por el cornezuelo del
centeno se produce al ingerir cereales contaminados por el hongo Claviceps
purpurea. Las frutas del árbol de Koenig causan la enfermedad
del vómito de Jamaica.
La intoxicación por productos de mar puede
ser causada por pescados o mariscos. Generalmente, la intoxicación
por pescado resulta de una de tres toxinas: ciguatera, tetrodotoxina
o histamina. La intoxicación por ciguatera puede ocurrir después
de comer cualquiera de las más de 400 especies de pescado de
los arrecifes tropicales de Florida, las Antillas o del Pacífico.
La toxina es producida por ciertos dinoflagelados
(organismos marinos microscópicos que sirven de alimento a los
peces, que se acumulan en su carne). Los peces grandes y viejos son
más tóxicos que los pequeños y jóvenes.
El sabor del pescado no se altera. Los procedimientos de procesado que
se utilizan actualmente no destruyen la toxina. Los síntomas
pueden iniciarse entre 2 y 8 horas tras la ingestión del pescado.
Los retortijones abdominales, las náuseas, los vómitos
y la diarrea duran de 6 a 17 horas. Los síntomas más tardíos
pueden incluir picores (prurito), sensación de hormigueo, cefalea
(dolor de cabeza), dolores musculares, inversión de las sensaciones
de frío y calor (trastornos térmicos) y dolor facial.
Al cabo de varios meses, los trastornos térmicos pueden volverse
discapacitantes.
Los síntomas de la intoxicación por
la tetrodotoxina del pez globo, que se encuentra sobre todo en los mares
alrededor del Japón, son similares a los de la intoxicación
por ciguatera. La muerte puede sobrevenir por la parálisis de
los músculos respiratorios.
La intoxicación por histamina procedente
de pescados, como la caballa, el atún y la albacora (mahimahi),
sucede cuando los tejidos de estos peces se descomponen tras su captura
y producen altos valores de histamina. Después de su ingesta,
la histamina provoca un enrojecimiento facial inmediato. También
puede producir náuseas, vómitos, dolor de estómago
y urticaria pocos minutos después de haber comido el pescado.
Los síntomas generalmente duran menos de 24 horas.
Desde junio hasta octubre, especialmente en las
costas del Pacífico y de Nueva Inglaterra en Estados Unidos,
los mariscos como los mejillones, las almejas, las ostras y las veneras
pueden ingerir ciertos dinoflagelados venenosos. Estos dinoflagelados
se encuentran en determinados momentos y en un número tan alto
en los océanos que el agua adquiere un aspecto rojizo, conocida
como marea roja. Producen una toxina que afecta a los nervios (tales
toxinas se conocen como neurotoxinas). La toxina que produce la llamada
intoxicación paralítica por mariscos sigue activa incluso
después de que la comida se haya cocinado. El primer síntoma,
una sensación de hormigueo alrededor de la boca, comienza entre
5 y 30 minutos después de comer. Lo que se produce a continuación
son náuseas, vómitos y retortijones abdominales. Alrededor
del 25 por ciento de las personas desarrolla debilidad muscular conforme
pasan las horas, la cual puede progresar hacia una parálisis
de los brazos y las piernas. En ocasiones, la debilidad de los músculos
respiratorios puede ser tan grave que puede causar la muerte.
La intoxicación por contaminantes puede afectar
a personas que han ingerido frutas sin lavar y vegetales rociados con
arsénico, plomo o insecticidas orgánicos, o a las que
hayan tomado líquidos ácidos servidos en recipientes de
plomo vidriado o que hayan ingerido alimentos almacenados en recipientes
recubiertos de cadmio.
Tratamiento
A menos que la persona afectada haya experimentado
vómitos violentos o diarrea, o que los síntomas no hayan
aparecido hasta varias horas después de la ingestión,
se debe intentar eliminar el veneno utilizando algún método
de vaciado del estómago (lavado gástrico). Se pueden usar
fármacos como el jarabe de ipecacuana para inducir el vómito
y administrar un laxante para vaciar el intestino. Si continúan
las náuseas y los vómitos, se administran líquidos
intravenosos que contengan sales y dextrosa para corregir la deshidratación
y cualquier desequilibrio ácido o alcalino. Si los retortijones
son intensos puede necesitarse una medicación para el dolor.
En ocasiones, se necesita instaurar respiración artificial y
cuidados intensivos de enfermería.
Cualquiera que enferme después de ingerir
una seta sin identificar debería provocarse el vómito
de inmediato y guardarlo para que sea analizado en un laboratorio, ya
que las diferentes especies requieren tratamientos distintos. En la
intoxicación por muscarina se administra atropina. En el caso
de una persona intoxicada por Amanita phalloides, una dieta rica en
hidratos de carbono y la administración intravenosa de dextrosa
y cloruro de sodio pueden ayudar a corregir los bajos valores de azúcar
en sangre (hipoglucemia) causados por una grave lesión hepática.
Para tratar la intoxicación grave por ciguatera en ocasiones
se requiere manitol, un fármaco de administración intravenosa.
Los bloqueantes de histamina (antihistamínicos) pueden ser eficaces
para reducir los síntomas de la intoxicación por histamina
de origen marino.
Efectos adversos de los fármacos
Las náuseas, los vómitos y la diarrea
son efectos adversos habituales de muchos fármacos. Los responsables
más frecuentes son los antiácidos que contienen magnesio
como ingrediente principal, los antibióticos, los fármacos
anticancerosos, la colquicina (para la gota), los digitálicos
como la digoxina (habitualmente usados para la insuficiencia cardíaca)
y los laxantes. El abuso de laxantes puede producir debilidad, vómitos,
diarrea, pérdida de electrólitos y otros trastornos.
Puede ser difícil reconocer que un fármaco
sea la causa de una gastroenteritis. En los casos leves, el médico
puede aconsejar la interrupción del medicamento, para volver
a administrarlo posteriormente. Si los síntomas remiten cuando
la persona deja de tomar el fármaco y vuelven cuando se administra
de nuevo, dicho fármaco puede ser la causa de los síntomas
gastrointestinales. En los casos de gastroenteritis grave, el médico
puede indicar a la persona afectada que deje el medicamento y que no
lo vuelva a tomar más.