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TRASTORNOS GASTROINTESTINALES
CAPITULO 109
Colitis asociada al uso de antibióticos
La colitis asociada al uso de antibióticos
consiste en una inflamación del intestino grueso secundaria al
uso de éstos.
Muchos antibióticos alteran el equilibrio
entre los diferentes tipos de bacterias en el intestino o en la cantidad
de los mismos, permitiendo que puedan multiplicarse algunas bacterias
causantes de enfermedades. La bacteria que con más frecuencia
causa problemas es el Clostridium difficile, que produce dos toxinas
que pueden dañar la mucosa del intestino grueso.
Entre los antibióticos con mayor incidencia
en estos trastornos cabe destacar la clindamicina, la ampicilina y las
cefalosporinas, como la cefalotina. Otros pueden ser las penicilinas,
la eritromicina, el trimetroprim-sulfametoxasol, el cloranfenicol y
las tetraciclinas. El sobrecrecimiento de Clostridium difficile puede
ocurrir cuando cualquiera de éstos antibióticos se recibe
por vía oral o por inyección. El riesgo aumenta con la
edad, aunque los adultos jóvenes y los niños pueden también
resultar afectados.
En casos leves, la mucosa intestinal puede inflamarse
sólo ligeramente. En las colitis graves la inflamación
es extensa y la mucosa se ulcera.
Síntomas
Los síntomas usualmente se inician mientras
la persona está recibiendo los antibióticos. Sin embargo,
en el 75 por ciento de los pacientes los síntomas se presentan
entre 1 y 10 días después de la suspensión del
tratamiento, y en algunas personas incluso después de 6 semanas.
Típicamente los síntomas varían
entre una diarrea leve o bien una diarrea con sangre, con dolor abdominal
y fiebre. Los casos más graves pueden ocasionar la muerte de
la persona por deshidratación, hipotensión, megacolon
tóxico y perforación del intestino delgado.
Diagnóstico
El médico diagnostica la colitis al observar
el colon inflamado mediante un sigmoidoscopio (tubo rígido o
flexible para el examen del colon sigmoide). Si la porción intestinal
afectada no está al alcance del sigmoidoscopio, puede utilizarse
un colonoscopio (un tubo flexible más largo que permite visualizar
todo el intestino grueso).
El diagnóstico de colitis asociada a antibióticos
se confirma cuando se identifica el Clostridium difficile en un cultivo
de laboratorio a partir de una muestra de materia fecal o bien si se
detecta su toxina. Dicha toxina puede ser detectada en el 20 por ciento
de los casos leves y en más del 90 por ciento de los casos graves
de colitis asociada a antibióticos.
Las pruebas de laboratorio pueden poner de manifiesto
un elevado número de glóbulos blancos en la sangre durante
los ataques graves.
Tratamiento
Si la persona con una colitis asociada a antibióticos
presenta diarrea grave mientras esté tomando los antibióticos,
éstos deben interrumpirse inmediatamente a menos que sean esenciales.
Los fármacos que retrasan el movimiento intestinal, como el difenoxilato,
suelen evitarse porque pueden prolongar la enfermedad al alargar el
tiempo de contacto de la toxina responsable con la pared del colon.
La diarrea secundaria a antibióticos generalmente cesa por sí
sola al cabo de 10 o 12 días de haber suspendido tales antibióticos.
Cuando esto ocurre no se requiere ningún otro tratamiento. Sin
embargo, si los síntomas leves persisten, la colestiramina puede
ser útil probablemente porque se une a la toxina.
En la mayoría de los casos graves de colitis
asociada a antibióticos, el metronidazol es eficaz contra el
Clostridium difficile. El antibiótico vancomicina se reserva
para los casos más graves o los casos resistentes.
Los síntomas recurren en más del 20
por ciento de los pacientes y esto hace que requieran un nuevo tratamiento.
Cuando la diarrea reaparece repetidamente puede ser necesario un tratamiento
prolongado con antibióticos. Algunas de estas personas son tratadas
con preparados de lactobacilos administrados por vía oral, o
bacteroides por vía rectal, con el fin de restablecer la flora
bacteriana normal del intestino. Sin embargo, estos tratamientos no
se aplican de forma rutinaria.
En raras ocasiones, la colitis asociada a antibióticos
es de curso agudo y fulminante, por lo que el paciente debe ser hospitalizado
para recibir líquidos intravenosos, electrólitos y sangre.
En estos casos, a veces para salvar la vida de estas personas es necesario
llevar a cabo una ileostomía temporal (una conexión entre
el intestino delgado y el exterior a través de una abertura en
la pared abdominal, lo cual evita que las heces pasen por el colon)
o la extirpación quirúrgica de todo el intestino grueso.