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TRASTORNOS GASTROINTESTINALES
CAPITULO 113
Cáncer y otros tumores del aparato digestivo
A lo largo de todo el tracto gastrointestinal,
desde el esófago hasta el recto, se pueden desarrollar una amplia
variedad de tumores. Algunos de estos tumores son cancerosos (malignos)
y otros no lo son (benignos).
Esófago
El tumor benigno más frecuente del esófago
es el leiomioma, un tumor del músculo liso. El pronóstico
es excelente en la mayoría de las personas con leiomioma.
El cáncer de esófago más frecuente
es el carcinoma, ya sea de células escamosas (también
llamado carcinoma epidermoide) o el adenocarcinoma. Otros tipos de cáncer
de esófago incluyen el linfoma (un cáncer de los linfocitos),
el leiomiosarcoma (un tumor maligno del músculo liso del esófago)
y el cáncer que se ha extendido (hace metástasis) desde
cualquier otro órgano.
Cáncer de esófago
El cáncer de esófago puede
obstruir el paso de alimentos sólidos o líquidos.
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El cáncer puede ocurrir en cualquier punto
del esófago. Puede presentarse como un estrechamiento, un bulto
o un área plana anormal (placa). El cáncer esofágico
es más frecuente en personas cuyo esófago se ha estrechado
porque en alguna ocasión ingirieron una sustancia alcalina, como
la lejía, usada para la limpieza. El cáncer de esófago
es más frecuente en personas con acalasia (un trastorno en el
que el esfínter esofágico inferior no se abre adecuadamente),
obstrucciones en el esófago como una membrana esofágica
o un cáncer de cabeza y de cuello. El abuso del tabaco y del
alcohol también incrementan el riesgo del cáncer esofágico;
de hecho, son los factores de riesgo más importantes para el
carcinoma de células escamosas. Parece que ciertos cambios en
el revestimiento del esófago preceden el desarrollo del cáncer
en algunos individuos. Estos cambios tienen lugar después de
una prolongada irritación del esófago por el reflujo de
jugo gástrico o de bilis.
Síntomas y diagnóstico
Dado que el cáncer de esófago tiende
a obstruir el paso de los alimentos, el primer síntoma es la
dificultad para ingerir sólidos. A lo largo de varias semanas
este problema progresa y la persona tiene dificultades para tragar sólidos
blandos y después incluso los líquidos. El resultado es
una marcada pérdida de peso.
El cáncer de esófago se diagnostica
mediante un procedimiento radiológico denominado tránsito
de bario. La persona bebe una solución de bario (que es radiopaco),
lo que permite evidenciar la obstrucción en las radiografías
del esófago. El área anormal también debe ser examinada
con un endoscopio (tubo flexible de visualización). Este instrumento
permite al médico recoger una muestra de tejido (biopsia) o de
células sueltas para su examen al microscopio (citología
por cepillado).
Tratamiento y pronóstico
Menos del 5 por ciento de los afectados de cáncer
de esófago sobrevive más de 5 años. Muchos mueren
en el plazo de un año tras los primeros síntomas.
La quimioterapia no cura el cáncer de esófago,
pero, cuando se la utiliza aisladamente o en combinación con
la radioterapia, puede reducir los síntomas y prolongar la supervivencia.
La cirugía para eliminar el tumor, cuando es posible realizarla,
alivia los síntomas durante un tiempo, pero raramente resulta
curativa. Otras medidas que alivian los síntomas son la dilatación
del área estrechada del esófago, la colocación
de un tubo para mantener el esófago abierto, una intervención
para desviar el trayecto del esófago de la zona tumoral mediante
un asa (segmento) de intestino y la terapia con láser para destruir
el tejido canceroso que produce la obstrucción.
Estómago
Los tumores no cancerosos del estómago no
suelen causar síntomas o problemas médicos. Ocasionalmente,
sin embargo, algunos sangran o se vuelven malignos.
En casi el 99 por ciento de los casos de cánceres
de estómago, se trata de adenocarcinomas. Otros cánceres
son leiomiosarcomas (un tumor maligno del músculo liso) y linfomas.
El cáncer gástrico es más frecuente
en personas mayores. Menos del 25 por ciento de dichos cánceres
ocurre en menores de 50 años. El cáncer de estómago
es sumamente frecuente en Japón, China, Chile e Islandia, mientras
que en los Estados Unidos, en donde este cáncer afecta a 8 de
cada 100 000 personas, su incidencia está disminuyendo por razones
desconocidas.
Cáncer de estómago, a nivel de la curvatura menor
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Causas
El cáncer de estómago a menudo comienza
en un sitio donde existe una inflamación de la mucosa. Sin embargo,
muchos expertos creen que tal inflamación es más una consecuencia
del cáncer que su causa. Otros sugieren que las úlceras
de estómago pueden provocar cáncer, pero es probable que
casi todas las personas con úlceras y cáncer de estómago
padecían un cáncer no detectado antes de que se desarrollasen
las úlceras. El Helicobacter pylori, la bacteria que participa
en el desarrollo de las úlceras duodenales, puede también
desempeñar un papel en algunos cánceres de estómago.
Los pólipos de estómago son unos tumores
poco frecuentes, redondeados y no cancerosos que crecen hacia el interior
de la cavidad gástrica. Se considera que son precursores del
cáncer y por lo tanto deben extirparse. El cáncer es particularmente
frecuente si existen determinados tipos de pólipos, si éstos
son mayores de 2 centímetros o cuando hay varios de ellos.
Se piensa que ciertos factores dietéticos
pueden participar en el desarrollo del cáncer de estómago.
Estos factores consisten en una alta ingesta de sal y de hidratos de
carbono, la toma abundante de un tipo de conservantes llamados nitratos
y una baja ingesta de vegetales de hoja verde y frutas. Sin embargo,
no se ha demostrado que alguno de estos factores produzca cáncer.
Síntomas
En las etapas iniciales del cáncer de estómago,
los síntomas son vagos y con frecuencia se pasan por alto. Cuando
son más manifiestos, incluso pueden ayudar a localizar en qué
parte del estómago se encuentra el tumor. Por ejemplo, una sensación
de saciedad o una incomodidad después de las comidas pueden indicar
que el tumor se sitúa en la parte baja del estómago. La
pérdida de peso o la debilidad generalmente son el resultado
de una dificultad para comer o de una incapacidad para absorber determinadas
vitaminas y minerales. La anemia puede ser consecuencia de una hemorragia
muy gradual, sin que cause otros síntomas. En raras ocasiones,
una persona puede vomitar grandes cantidades de sangre (hematemesis)
o evacuar heces de color negro alquitranado (melena). Cuando el tumor
está en una fase avanzada, el médico puede palpar una
masa a través de la pared abdominal.
Incluso en las etapas iniciales, un tumor pequeño
del estómago puede extenderse (hacer metástasis) a sitios
distantes. La extensión del tumor puede causar agrandamiento
del hígado, ictericia, acumulación de líquido en
el abdomen (ascitis) y nódulos cutáneos cancerosos. La
extensión del cáncer también puede debilitar los
huesos, dando lugar a fracturas óseas.
Diagnóstico
Los síntomas del cáncer de estómago
pueden confundirse con los de una úlcera péptica. Si tales
síntomas no desaparecen a pesar de que la persona tome fármacos
antiulcerosos o si existe pérdida de peso, el médico sospecha
cáncer de estómago.
A menudo se realizan estudios de radiología
que utilizan el bario para poner de manifiesto cambios en la superficie
del estómago, pero raramente estas radiografías pueden
evidenciar tumores pequeños y en estadios precoces. La endoscopia
es el mejor procedimiento diagnóstico porque permite ver directamente
el estómago, permite detectar la presencia de la bacteria Helicobacter
pylori (que puede desempeñar un papel en el desarrollo del cáncer
de estómago) y porque con ella se pueden obtener muestras de
tejido (biopsia) para su análisis al microscopio.
Tratamiento y pronóstico
Los pólipos del estómago no cancerosos
se extirpan con un endoscopio.
Si el cáncer está limitado al estómago,
generalmente se realiza cirugía para intentar curarlo. Se elimina
la mayor parte o la totalidad del estómago y los ganglios linfáticos
adyacentes. El pronóstico es bueno si el cáncer no ha
penetrado muy profundamente la pared del estómago. A menudo los
resultados de la cirugía son poco satisfactorios debido a que
la mayoría de los afectados presenta un cáncer extendido
en el momento del diagnóstico. El Japón, donde se realizan
programas de detección precoz en la población general
mediante endoscopios, son mejores los resultados de la cirugía.
Si el cáncer se ha extendido más allá
del estómago, el objetivo del tratamiento es aliviar los síntomas
y prolongar la supervivencia. La quimioterapia y la radioterapia pueden
aliviar los síntomas. A veces se recurre a la cirugía
para aliviar los síntomas. Por ejemplo, si está obstruido
el paso de los alimentos en la parte final del estómago, una
conexión entre el estómago y el intestino delgado (operación
de derivativa) que permita el tránsito de los alimentos, puede
aliviar los síntomas de obstrucción, dolor y vómitos
durante un tiempo.
Los resultados de la quimioterapia y de la radioterapia
son mejores en el caso de los linfomas gástricos que en el de
los carcinomas. Con estos tratamientos es posible alargar la supervivencia
e incluso conseguir la curación.
Intestino delgado
En general, los tumores del intestino delgado no
son malignos. Los tumores cancerosos menos frecuentes son los carcinomas,
los linfomas y los tumores carcinoides.
Tumores
no cancerosos
Los tumores no cancerosos del intestino delgado
incluyen los tumores anormales de las células grasas (lipomas),
de las células nerviosas (neurofibromas), de las células
del tejido conectivo (fibromas) y de las células musculares (leiomiomas).
La mayoría de los tumores benignos no produce síntomas.
Sin embargo, los más grandes pueden provocar la presencia de
sangre en las heces, una obstrucción intestinal parcial o completa
o una estrangulación intestinal si un segmento de intestino se
introduce en la zona que lo precede (un trastorno conocido como intususcepción).
Cuando los síntomas parecen indicar la presencia
de un tumor al comienzo o al final del intestino delgado, el médico
puede utilizar un endoscopio (tubo flexible de visualización)
para ver el tumor y obtener una muestra para su examen al microscopio.
La radiografía con papilla de bario puede mostrar la totalidad
del intestino delgado y puede poner de manifiesto el tumor. Se puede
realizar una arteriografía (una radiografía que se practica
después de inyectar una sustancia de contraste en una arteria)
en una arteria del intestino, especialmente si el tumor está
perdiendo sangre. De forma similar, se puede inyectar tecnecio radiactivo
en la arteria y observar mediante una gammagrafía cómo
se escapa al interior del intestino; este procedimiento ayuda a localizar
el lugar donde el tumor está sangrando. La hemorragia se puede
detener quirúrgicamente.
Los pequeños tumores pueden ser destruidos
con el endoscopio por electrocauterización, obliteración
por calor o fototerapia con láser. Para tumores mayores, suele
ser necesaria la cirugía.
Tumores cancerosos
El cáncer del intestino delgado es poco frecuente.
Sin embargo, las personas con enfermedad de Crohn del intestino delgado
son más propensas que otras a desarrollarlo. El linfoma, un cáncer
que aparece en el sistema linfático, se puede desarrollar en
la porción media del intestino delgado (yeyuno) o en la porción
baja (íleon). El linfoma puede ocasionar el alargamiento o la
rigidez de un segmento intestinal. Este cáncer es más
frecuente en personas con la enfermedad celíaca. El intestino
delgado, particularmente el íleon, es el segundo sitio de localización
más frecuente (después del apéndice) de los tumores
carcinoides.
Los tumores pueden producir obstrucción y
hemorragia intestinal, lo cual puede causar la aparición de sangre
en las heces, retortijones dolorosos, distensión abdominal y
vómitos. Los tumores carcinoides pueden secretar hormonas que
causan diarrea y enrojecimiento de la piel.
El diagnóstico de cáncer del intestino
delgado se establece mediante radiografía con papilla de bario,
endoscopia o exploración quirúrgica. El mejor tratamiento
es la extirpación quirúrgica del tumor.
Intestino grueso y recto
Los pólipos en el colon y el recto son tumores
generalmente benignos. Sin embargo, dado que algunos son precancerosos,
los médicos recomiendan extirpar todos los pólipos de
esta porción de intestino.
El cáncer de intestino grueso y de recto
es frecuente en los países occidentales.
Pólipos
Un pólipo es un crecimiento de tejido de
la pared intestinal, generalmente no canceroso, que se desarrolla dentro
del intestino.
Los pólipos pueden crecer con o sin tallo
y su tamaño varía considerablemente. Lo más habitual
es que los pólipos se desarrollen en el recto y en la porción
baja del intestino grueso. Es raro que lo hagan más arriba.
Alrededor del 25 por ciento de las personas con
cáncer de colon tiene también pólipos en cualquier
otro lugar del intestino grueso. Hay fuertes evidencias de que los pólipos
adenomatosos son propensos a hacerse cancerosos si se deja que permanezcan
en el intestino grueso. Cuanto mayor sea el pólipo, mayor es
el riesgo de que sea maligno.
Pólipo en el recto
Un pólipo es una formación de tejido que protruye
dentro del intestino.
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Síntomas y diagnóstico
La mayoría de los pólipos no causa
síntomas, pero el síntoma más común es la
hemorragia por el recto. Un pólipo grande puede causar retortijones,
dolor abdominal u obstrucción intestinal. En contadas ocasiones,
un pólipo con un tallo largo puede crecer a través del
ano. Los pólipos grandes con proyecciones en forma de dedos (adenomas
vellosos) pueden excretar agua y sales, causando una diarrea acuosa
intensa que puede resultar en bajos valores de potasio en sangre (hipopotasemia).
Este tipo de pólipo es más propenso a ser o a volverse
canceroso.
El médico puede palpar los pólipos
en el recto con el dedo, pero generalmente se descubren durante una
sigmoidoscopia de rutina (examen del recto y de la parte inferior del
intestino grueso mediante un tubo flexible de visualización).
Cuando este estudio demuestra un pólipo, se realiza una colonoscopia
(examen del intestino grueso mediante un tubo flexible de visualización)
de la totalidad del intestino grueso. Este examen es más completo
y fiable se realiza porque una persona tiene habitualmente más
de un pólipo y porque uno o más pólipos pueden
ser cancerosos. La colonoscopia también permite al médico
efectuar una biopsia de cualquier área que pueda ser sospechosa
de cáncer.
Tratamiento
En primer lugar, se administran laxantes y enemas
para limpiar el intestino. Luego se eliminan los pólipos durante
la colonoscopia, usando un instrumento cortante o un bucle de alambre
electrificado. Si el pólipo no tiene tallo o no se puede extirpar
durante la colonoscopia, la cirugía puede ser necesaria.
Un patólogo examina los pólipos que
se han extirpado. Si resultan malignos, el tratamiento depende de varios
factores. Por ejemplo, el riesgo de que el cáncer se haya extendido
es mayor cuando ha invadido el tallo del pólipo o cuando la invasión
está cerca del punto seccionado. También puede considerarse
que existe un alto riesgo en función de la opinión del
patólogo sobre las características microscópicas
del pólipo. Si el riesgo es bajo, no se necesita más tratamiento.
En caso contrario, se extirpa quirúrgicamente la porción
afectada del colon y se vuelven a unir los segmentos libres.
Cuando se extirpa un pólipo a una persona,
debe explorarse de nuevo la totalidad del intestino mediante una colonoscopia
al año siguiente y, luego, a intervalos determinados por el médico.
Si no se puede realizar el examen debido a un estrechamiento del colon,
se puede aplicar una enema con papilla de bario. Cualquier pólipo
nuevo debe ser extirpado.
Poliposis familiar
La poliposis familiar es un trastorno hereditario
en el que se desarrollan 100 o más pólipos adenomatosos
precancerosos, que tapizan el intestino grueso y el recto.
Los pólipos se desarrollan durante la infancia
o la adolescencia. En casi todas las personas no tratadas, se desarrolla
un cáncer de intestino grueso (cáncer de colon) antes
de los 40 años. La extirpación completa del intestino
grueso y del recto elimina el riesgo de cáncer. Sin embargo,
si se extirpa el intestino grueso y se une el recto al intestino delgado,
a veces los pólipos rectales desaparecen. Por ello, muchos expertos
prefieren este último procedimiento. Cada 3 o 6 meses se inspecciona
mediante una sigmoidoscopia (examen utilizando un tubo flexible de visualización)
con el fin de extirpar los pólipos nuevos. Si éstos aparecen
rápidamente, se debe extirpar el recto y el intestino delgado
se debe evacuar a través de una abertura en la pared del abdomen.
La conexión quirúrgica que se crea entre el intestino
delgado y la pared abdominal se denomina ileostomía.
El síndrome de Gardner es un tipo de poliposis
hereditaria en la que varios tipos de tumores no cancerosos aparecen
en cualquier parte del cuerpo y en el intestino. Al igual que los otros
tipos de poliposis familiar, conlleva un alto riesgo de cáncer
de colon.
El síndrome de Peutz-Jeghers es un trastorno
hereditario en el que muchos pequeños bultos llamados pólipos
juveniles aparecen en el estómago, intestino delgado e intestino
grueso. Se puede nacer con estos pólipos o bien pueden desarrollarse
durante la niñez. Los afectados con el síndrome tienen
la piel y las membranas mucosas de color oscuro, especialmente la mucosa
de los labios y de las encías. Los pólipos no incrementan
el riesgo de cáncer en el tracto gastrointestinal. Sin embargo,
las personas con el síndrome de Peutz-Jeghers tienen un riesgo
aumentado de cáncer de páncreas, mama, pulmón,
ovario y útero.
Cáncer colorrectal
En los países occidentales, el cáncer
de intestino grueso y de recto (cáncer colorrectal) es la segunda
causa más frecuente de cáncer y la segunda causa de muerte
por cáncer. La incidencia comienza a aumentar a los 40 años
y llega al máximo entre los 60 y los 75 años. El cáncer
del intestino grueso (cáncer de colon) es más frecuente
en mujeres, mientras que el de recto lo es más en los varones.
Cerca del 5 por ciento de las personas con cáncer de colon o
recto tiene más de un cáncer colorrectal al mismo tiempo.
Los sitios más frecuentes de
diseminación del cáncer de colon (metástasis)
Los ganglios linfáticos regionales
y el hígado
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Los individuos con historia familiar de cáncer
de colon presentan mayor riesgo de desarrollar ese tipo de tumores.
Una historia familiar de poliposis familiar o una enfermedad similar
también incrementan el riesgo del cáncer de colon. Los
que padecen colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn tienen un mayor riesgo
de desarrollar cáncer. Este riesgo se relaciona con la edad de
la persona en el momento de desarrollar la enfermedad y con el tiempo
de evolución de la misma.
La dieta desempeña algún papel como
factor de riesgo en el cáncer de colon, pero se desconoce cómo
influye exactamente. Las personas con mayor riesgo tienden a vivir en
ciudades, tienen un alto nivel socioeconómico y una dieta típica
de los occidentales. Esta dieta se caracteriza por ser pobre en fibra
y rica en proteínas animales, grasas e hidratos de carbono refinados
como el azúcar. El riesgo parece reducirse con una dieta rica
en calcio, vitamina D y vegetales como las coles de Bruselas, el repollo
y el brécol. La toma de una aspirina a días alternos parece
también reducir el riesgo del cáncer de colon, pero esta
medida no puede recomendarse hasta que haya mayor información
al respecto.
El cáncer de colon generalmente comienza
como una inflamación con forma de botón en la superficie
mucosa intestinal o en un pólipo. Conforme crece el tumor, comienza
a invadir la pared intestinal. También pueden resultar invadidos
los ganglios linfáticos cercanos. Dado que la sangre de la pared
intestinal pasa por el hígado, el cáncer de colon generalmente
se extiende (hace metástasis) precozmente a este órgano,
después de haber invadido primero a los ganglios linfáticos
adyacentes.
Síntomas y diagnóstico
El cáncer colorrectal se desarrolla lentamente
y tarda mucho tiempo antes de extenderse lo suficiente como para causar
síntomas. Éstos dependen del tipo de tumor, así
como de su localización y extensión. El colon derecho
(ascendente) tiene un gran diámetro y una pared delgada. Como
su contenido es básicamente líquido, no se obstruye hasta
muy avanzada la enfermedad. Un tumor en el colon ascendente puede llegar
a ser tan grande que el médico puede palparlo a través
de la pared abdominal. Con todo, el cansancio y la debilidad por anemia
intensa pueden ser los únicos síntomas del enfermo. El
colon izquierdo (descendente) tiene un diámetro menor y una pared
más gruesa, y contiene heces semisólidas. El tumor tiende
a crecer abarcando en forma de anillo esta porción del colon,
causando estreñimiento y deposiciones diarreicas de modo alterno.
Como el colon descendente es más estrecho y su pared más
gruesa, el tumor es más propenso a causar una obstrucción
precoz. La persona puede acudir al médico a causa de retortijones
dolorosos y estreñimiento. Las heces pueden ser acintadas o estar
mezcladas con sangre, pero a menudo ésta no puede identificarse
a simple vista y es necesario un análisis de laboratorio para
detectarla.
La mayoría de los tumores sangra, por lo
general, de forma escasa y lenta. En el cáncer de recto, el síntoma
más frecuente es la hemorragia en el curso de una evacuación.
En cualquier sangrado rectal, incluso aunque se sepa que la persona
tiene hemorroides o enfermedad diverticular, los médicos consideran
la posibilidad de un cáncer. Con el cáncer de recto, el
enfermo puede presentar deposiciones dolorosas y la sensación
de que el recto no se ha vaciado por completo. Puede sentir dolor al
sentarse. Sin embargo, la persona no tiene dolor procedente del propio
tumor a menos de que éste se extienda a tejidos fuera del recto.
Al igual que con otros cánceres, las pruebas
sistemáticas de diagnóstico ayudan a una detección
precoz. Las heces se pueden analizar buscando simplemente cantidades
microscópicas de sangre. Para asegurar resultados adecuados,
el paciente debe ingerir una dieta libre de carnes rojas durante los
tres días anteriores a la toma de la muestra de heces. Si esta
prueba de detección indica la posibilidad de existencia de un
cáncer, se requieren pruebas complementarias.
Antes de la endoscopia se vacía el intestino,
a menudo con laxantes potentes y varias enemas. Alrededor del 65 por
ciento de los cánceres colorrectales puede ser observado con
un sigmoidoscopio flexible de fibra óptica. Si se detecta un
pólipo que puede ser canceroso, se examina con un colonoscopio
la totalidad del intestino, ya que ése es más largo que
el sigmoidoscopio. Algunos tumores de apariencia maligna se extirpan
utilizando instrumentos quirúrgicos que se introducen por el
colonoscopio; otros deben extirparse por medio de métodos quirúrgicos
corrientes.
Los análisis de sangre pueden ayudar a establecer
el diagnóstico. Los valores del antígeno carcinoembrionario
en la sangre están elevados en el 70 por ciento de los enfermos
con un cáncer colorrectal. Si los valores del antígeno
carcinoembrionario están elevados antes de operar el cáncer,
puede ser que disminuyan después de haberlo extirpado. En este
caso, se pueden volver a determinar los valores mediante controles posteriores.
Si se detecta un aumento, significa que el cáncer ha recurrido.
Otros dos antígenos, el CA 19-9 y el CA 125, son similares al
antígeno carcinoembrionario y también pueden ser medidos
del mismo modo.
Tratamiento y pronóstico
El principal tratamiento para el cáncer colorrectal
es la eliminación quirúrgica de un gran segmento del intestino
afectado y de los ganglios linfáticos asociados. Cerca del 70
por ciento de las personas con cáncer colorrectal son buenos
candidatos para la cirugía. En el 30 por ciento de los que no
pueden ser sometidos a una operación debido a su estado de salud,
a veces se puede conseguir su extirpación mediante electrocoagulación.
Este procedimiento puede aliviar los síntomas y prolongar la
supervivencia, pero es improbable que se consiga la curación.
En la mayoría de los casos de cáncer
de colon, el segmento canceroso del intestino es extirpado quirúrgicamente,
uniéndose de nuevo los extremos libres. En el caso del cáncer
de recto, el tipo de operación depende de la distancia entre
el tumor y el ano y la profundidad que el tumor ha alcanzado en la pared
rectal. La extirpación completa del recto y del ano obliga a
la persona a vivir con una colostomía permanente (una abertura
entre el intestino grueso y la pared abdominal creada mediante cirugía).
Con la colostomía, el contenido del intestino grueso se evacua
en una bolsa, llamada bolsa de colostomía, adosada a la pared
abdominal. Siempre que ello sea posible, se retira sólo parte
del recto, dejando un muñón rectal e intacto el ano. De
esta forma se puede unir el muñón rectal al extremo final
del intestino grueso. La radioterapia después de la cirugía
puede ayudar a controlar el crecimiento de cualquier resto tumoral,
retrasar una recurrencia e incrementar las posibilidades de supervivencia.
Los afectados de cáncer de recto que tengan entre 1 y 4 ganglios
linfáticos invadidos por el tumor se benefician especialmente
de la combinación de radioterapia y quimioterapia. En pacientes
con más de 4 ganglios linfáticos afectados, este tratamiento
resulta menos eficaz.
Cuando un tumor colorrectal se ha extendido y no
es probable que se consiga su remisión sólo con cirugía,
la quimioterapia con fluorouracilo y levamisol tras la intervención
puede prolongar la supervivencia, pero las posibilidades de curación
siguen siendo escasas. Cuando el cáncer colorrectal se ha extendido
tanto que no puede ser eliminado quirúrgicamente en su totalidad,
la cirugía puede disminuir los síntomas al eliminar, por
lo menos, la obstrucción intestinal. Sin embargo, la supervivencia
es aproximadamente de 7 meses. Cuando el tumor se ha extendido únicamente
al hígado, los fármacos quimioterápicos pueden
inyectarse directamente en la arteria que irriga el hígado. Una
pequeña bomba colocada quirúrgicamente debajo de la piel
o una bomba externa sujetada con un cinturón, permiten que la
persona pueda desplazarse libremente durante el tratamiento. Este tratamiento,
aunque es caro, puede proporcionar más beneficios que la quimioterapia
habitual; sin embargo, se necesita mayor investigación al respecto.
Cuando el cáncer se ha extendido más allá del hígado,
esta modalidad de tratamiento no ofrece ventajas.
Una vez extirpada la totalidad del tumor colorrectal
mediante cirugía, casi todos los expertos recomiendan de 2 a
5 controles anuales con colonoscopia del intestino restante. Si estos
exámenes no detectan ningún tumor, la persona generalmente
debe continuar realizando controles de seguimiento cada dos o tres años.