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TRASTORNOS DEL HIGADO Y DE LA VESICULA BILIAR
CAPITULO 121
Alteraciones de la vesícula biliar
La vesícula biliar es un órgano
pequeño ubicado debajo del hígado que tiene forma de pera.
Almacena la bilis, un líquido amarillo-verdoso producido por
el hígado, hasta que el aparato digestivo la necesite. La bilis
está compuesta de sales biliares, electrólitos, pigmentos
biliares como la bilirrubina, colesterol y otras grasas (lípidos).
La bilis es utilizada por el organismo para que el colesterol, las grasas
y las vitaminas de los alimentos grasos sean más solubles y,
de ese modo, puedan absorberse mejor. Las sales biliares estimulan al
intestino grueso a secretar agua y otras sales, lo que ayuda a que el
contenido intestinal avance con mayor facilidad hacia el exterior del
cuerpo. La bilirrubina, un producto residual formado por restos de glóbulos
rojos inservibles, es excretada por la bilis. Los productos de la descomposición
de los fármacos y los desechos procesados por el hígado
son también excretados en la bilis. Las sales biliares aumentan
la solubilidad del colesterol, de las grasas y de las vitaminas liposolubles
para facilitar su absorción en el intestino. La hemoglobina producida
por la destrucción de los glóbulos rojos se convierte
en bilirrubina, el principal pigmento de la bilis, y pasa a ésta
como un producto de desecho. En la bilis también se secretan
algunas proteínas que tienen un papel importante en la función
digestiva.
La bilis fluye desde los finos conductos colectores
dentro del hígado hacia los conductos hepáticos izquierdo
y derecho, luego hacia el interior del conducto hepático común
y finalmente al grueso conducto biliar común. Casi la mitad de
la bilis secretada entre las comidas fluye directamente, a través
del conducto biliar común, hacia el intestino delgado. La otra
mitad es desviada desde el conducto hepático común a través
del conducto cístico hacia el interior de la vesícula
biliar, donde se almacenará. Ya en la vesícula biliar,
hasta un 90 por ciento del agua de la bilis pasa a la sangre. Lo que
queda es una solución concentrada de sales biliares, lípidos
biliares y sodio.
Cuando la comida llega al intestino delgado, una
serie de señales hormonales y nerviosas provocan la contracción
de la vesícula biliar y la apertura de un esfínter (el
esfínter de Oddi). La bilis fluye entonces desde la vesícula
biliar directamente al intestino delgado para mezclarse allí
con el contenido alimentario y desempeñar sus funciones digestivas.
Una gran proporción de las sales biliares
almacenadas en la vesícula biliar se vierte en el intestino delgado
y casi el 90 por ciento se resorbe a través de la pared de la
sección inferior de éste; el hígado extrae entonces
las sales biliares de la sangre y las secreta de nuevo dentro de la
bilis. Las sales biliares del cuerpo experimentan este ciclo de10 a
12 veces al día. En cada ocasión, pequeñas cantidades
de sales biliares llegan al intestino grueso, donde son descompuestas
por las bacterias. Algunas de estas sales biliares son resorbidas en
el intestino grueso y el resto es excretado en las deposiciones.
Cálculos biliares
Los cálculos biliares son depósitos
de cristales que se forman en la vesícula biliar o en los conductos
biliares (vías biliares). Cuando los cálculos biliares
se alojan en la vesícula biliar, el proceso se denomina colelitiasis;
cuando los cálculos biliares están en los conductos biliares,
el proceso se llama coledocolitiasis.
| Cálculos biliares |
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Los cálculos biliares son más frecuentes
en las mujeres y en ciertos grupos de población. Los factores
de riesgo para la formación de cálculos biliares incluyen
la vejez, la obesidad, la dieta occidental y una cierta predisposición
genética. En algunos países, el 20 por ciento de la población
de edad superior a 65 años padece cálculos biliares, aunque
la mayoría no llega a experimentar síntomas. Cada año,
más de un millón y medio de personas se someten a una
extirpación quirúrgica de la vesícula biliar; una
gran parte de los pacientes lo hacen debido a los problemas que les
causan los cálculos biliares.
El componente principal de la mayoría de
los cálculos biliares es el colesterol, aunque algunos están
formados por sales de calcio. La bilis contiene grandes cantidades de
colesterol que, por lo general, permanece en estado líquido.
Sin embargo, cuando la bilis se sobresatura de colesterol, éste
puede volverse insoluble y precipitar fuera de la bilis.
La mayoría de los cálculos biliares
se forman en la vesícula biliar, y la mayor parte de aquellos
que se detectan en los conductos biliares han llegado hasta allí
desde la vesícula biliar. Los cálculos suelen formarse
en un conducto biliar cuando la bilis retrocede debido a la disminución
anormal del calibre de un conducto o después de la extirpación
de la vesícula biliar.
Los cálculos en los conductos biliares pueden
ocasionar una infección grave, incluso mortal, de dichos conductos
(colangitis), del páncreas (pancreatitis) o del hígado.
Cuando el sistema de conductos biliares está obstruido, las bacterias
pueden multiplicarse y desencadenar rápidamente una infección
en los mismos. Las bacterias pueden entonces propagarse a la sangre
y causar infecciones en otras partes del organismo.
Síntomas
Por lo general, los cálculos biliares no
causan ningún síntoma durante un largo período
de tiempo; a veces no aparecen jamás, particularmente si se alojan
dentro de la vesícula biliar. En raras ocasiones, sin embargo,
cálculos biliares de tamaño importante pueden gradualmente
lesionar la pared de la vesícula biliar y pueden penetrar en
el intestino delgado o grueso, donde causan una oclusión intestinal
denominada oclusión ileobiliar. Es más frecuente que los
cálculos biliares pasen desde la vesícula hacia los conductos
biliares y, a través de los mismos, lleguen al intestino delgado
sin ningún problema; también pueden permanecer en los
conductos sin obstruir el flujo de bilis ni causar síntomas.
Cuando los cálculos biliares obstruyen parcial
o transitoriamente un conducto biliar, se experimenta dolor. Éste
tiende a aumentar y disminuir de intensidad (dolor cólico). Por
lo general, este dolor aumenta lentamente hasta llegar al ápice
y luego decae gradualmente. El dolor puede ser agudo e intermitente,
de varias horas de duración, y su ubicación varía.
Habitualmente, el dolor se localiza en la parte superior derecha del
abdomen, que también puede resultar doloroso al tacto. El dolor
puede notarse también en el omóplato. Con frecuencia la
persona tiene náuseas y vómitos; si la infección
se desarrolla con oclusión del conducto, aparecen fiebre, escalofríos
e ictericia. En general, la oclusión es transitoria y no se complica
con infecciones. El dolor causado por una oclusión del conducto
puede no distinguirse del dolor causado por una obstrucción de
la vesícula biliar.
Una obstrucción persistente que cierre el
conducto cístico, causará la inflamación de la
vesícula biliar (una enfermedad denominada colecistitis aguda).
Los cálculos biliares que obstruyen el conducto pancreático
causan la inflamación del páncreas (pancreatitis) y también
dolor, ictericia y posibles infecciones. A veces, el dolor intermitente
se presenta aun después de que la vesícula biliar haya
sido extirpada; tal dolor suele ser causado por cálculos biliares
en el conducto biliar común.
Los síntomas de indigestión e intolerancia
a las comidas grasas a menudo son erróneamente atribuidos a los
cálculos biliares. Una persona que experimenta eructos, dilatación
del abdomen, una sensación de saciedad y náuseas, es más
probable que padezca una úlcera péptica o indigestión,
que cálculos biliares. El dolor en la parte superior derecha
del abdomen que se presenta después de haber ingerido comidas
grasas puede ser causado por cálculos biliares. Pero la indigestión
después de las comidas es frecuente y rara vez se debe a la presencia
de cálculos biliares.
Diagnóstico
Una ecografía es el mejor método para
diagnosticar cálculos en la vesícula biliar. Una colecistografía
también es eficaz. En la colecistografía, una radiografía
muestra el paso de una sustancia radiopaca de contraste, desde que es
deglutida hasta que es absorbida en el intestino, secretada en la bilis
y almacenada en la vesícula biliar. Si la vesícula biliar
no funciona, el material de contraste no aparecerá en ella, pero
si funciona correctamente, el material de contraste revela su contorno
en las radiografías. Mediante el uso conjunto de la ecografía
y de la colecistografía, el médico puede identificar los
cálculos biliares en la vesícula, en el 98 por ciento
de los casos. Sin embargo, algunas veces, las pruebas pueden dar resultados
positivos falsos en personas que no tienen cálculos biliares.
Cuando una persona padece dolor abdominal, ictericia,
escalofríos y fiebre, los cálculos biliares en el conducto
biliar son la causa más probable. Los resultados de los análisis
de sangre generalmente muestran una alteración de la función
hepática, que sugiere una obstrucción del conducto biliar.
Varias pruebas pueden aportar información adicional para establecer
un diagnóstico seguro. Estas pruebas incluyen ecografías,
tomografías computadorizadas (TC) y varias técnicas de
rayos X usando sustancias de contraste radiopacas destinadas a visualizar
los conductos biliares. La ecografía y la TC pueden mostrar si
el conducto biliar está dilatado, pero a veces los conductos
pueden estar obstruidos aunque no se vean dilatados. Las técnicas
de rayos X ayudan a detectar una obstrucción y, si es así,
a determinar si la causa se debe a un cálculo biliar o no.
De acuerdo con la situación se elegirá
la técnica de rayos X más apropiada para el diagnóstico.
Incluso aunque el diagnóstico sea bastante probable, muchos médicos
utilizan una de estas técnicas antes de decidirse a efectuar
una intervención quirúrgica. Si el diagnóstico
no es seguro, primero debe realizarse una ecografía.
Tratamiento
La mayoría de los pacientes que tiene cálculos
biliares silenciosos en la vesícula (es decir, sin síntomas)
no requiere tratamiento. Los afectados de dolores intermitentes pueden
tratar de evitar o reducir el consumo de comidas grasas. De este modo,
se puede ayudar a prevenir o reducir el número de episodios dolorosos.
Cálculos en la vesícula biliar
Si los cálculos en la vesícula biliar
causan ataques repetidos de dolor, a pesar de los cambios en la dieta,
el médico suele aconsejar la extirpación de la vesícula
(colecistectomía). La extirpación de la vesícula
biliar no causa insuficiencia nutricional y no se requieren restricciones
dietéticas después de una intervención quirúrgica.
Entre 1 y 5 de cada 1000 pacientes que se someten a esta intervención,
mueren. Durante la colecistectomía, el médico suele investigar
la posibilidad de que haya cálculos en los conductos biliares.
La colecistectomía laparoscópica fue
introducida en el año 1990 y en muy pocos años revolucionó
la práctica quirúrgica. Un 90 por ciento de las colecistectomías
se realiza ahora mediante laparoscopía. En la colecistectomía
laparoscópica, la vesícula biliar es extirpada con la
ayuda de unos tubos que se introducen a través de pequeñas
incisiones en la pared abdominal. El procedimiento completo se lleva
a cabo con la ayuda de una cámara (laparoscopio), que también
se introduce en el abdomen a través de las incisiones. La colecistectomía
laparoscópica tiene menores molestias postoperatorias, menor
tiempo de estancia hospitalaria y requiere un período reducido
de interrupción del trabajo por enfermedad.
Otros métodos de eliminación de los
cálculos biliares introducidos durante la última década
incluyen su disolución con éter de metilterbutilo y su
fragmentación con ondas sonoras de shock (litotripsia). Un tratamiento
más antiguo implicaba la disolución de los cálculos
biliares con una terapia crónica de ácido biliar (quenodiol
y ácido ursodesoxicólico).
Cálculos
en los conductos biliares
Los cálculos en los conductos biliares pueden
causar problemas graves, por lo que se deben extirpar con cirugía
abdominal o mediante un procedimiento denominado colangiopancreatografía
retrógrada endoscópica (CPRE). En la CPRE, un endoscopio
(tubo óptico flexible dotado de accesorios quirúrgicos)
se pasa por la boca, el esófago, el estómago y el intestino
delgado. Una substancia radiopaca se introduce en el conducto biliar
a través del tubo en el esfínter de Oddi. A continuación
se realiza un procedimiento llamado esfinterotomía, mediante
el cual se abre el músculo del esfínter lo suficiente
para que los cálculos que estaban obstruyendo el conducto biliar
puedan pasar hacia el intestino delgado. La CPRE y la esfinterotomía
tienen éxito completo en el 90 por ciento de los casos. Menos
de 4 de cada 100 personas mueren y entre 3 y 7 de cada 100 personas
manifiestan complicaciones, siendo, por tanto, estos procedimientos
una opción más segura que la cirugía abdominal.
Entre las complicaciones inmediatas que pueden aparecer están
las hemorragias, la inflamación del páncreas (pancreatitis)
y la perforación o infección de los conductos biliares.
En un 2 a un 6 por ciento de las personas, los conductos se estrechan
nuevamente y los cálculos biliares reaparecen. Los cálculos
que solamente están localizados en la vesícula biliar
no se pueden extirpar con la CPRE.
La CPRE da mejores resultados en personas de edad
avanzada con cálculos en los conductos biliares y con la vesícula
biliar ya extirpada; en estos casos, el índice de éxitos
es comparable al de la cirugía abdominal. En la mayoría
de los pacientes de edad avanzada que nunca hayan tenido problemas de
vesícula biliar, la extirpación de la misma será
innecesaria porque solamente un 5 por ciento presentará síntomas
repetidos de cálculos en los conductos biliares.
A pacientes de menos de 60 años con problemas
derivados de cálculos en el conducto biliar o en la vesícula,
se les debe extirpar la vesícula de forma programada después
de haberse sometido a una CPRE con esfinterotomía. De otro modo,
correrían el riesgo de desarrollar problemas agudos de la vesícula
en el futuro. La mayoría de los cálculos del conducto
biliar pueden eliminarse durante la CPRE. Si quedan algunos en el conducto,
es frecuente que más adelante logren pasar gracias a la esfinterotomía
permanente. Si alguno no se elimina, puede extirparse mediante endoscopia
antes de que se retire el drenaje que se ha introducido en el conducto
biliar durante la intervención quirúrgica.
Colecistitis aguda
La colecistitis es una inflamación de la
pared de la vesícula biliar, en general, resultado de un cálculo
en el conducto cístico, que causa un ataque de dolor repentino
y muy agudo.
Como mínimo el 95 por ciento de los individuos
con inflamación aguda de la vesícula tiene cálculos
biliares. En casos raros, la inflamación es causada por una infección
bacteriana.
La inflamación aguda de la vesícula
biliar sin la presencia de cálculos es una enfermedad grave.
Tiende a producirse después de heridas, operaciones, quemaduras,
infecciones extendidas a todo el cuerpo (sepsis) y enfermedades críticas,
particularmente en pacientes que reciben alimentación prolongada
por vía intravenosa. La persona no suele mostrar síntomas
previos de una enfermedad de la vesícula biliar hasta que experimenta
un dolor repentino y agudísimo en la parte superior del abdomen.
En general, la enfermedad es de pronóstico muy grave y puede
desembocar en gangrena o en la perforación de la vesícula.
Es necesaria la cirugía inmediata para extirpar la vesícula.
Síntomas
El dolor, habitualmente localizado en la parte superior
derecha del abdomen, es el primer signo de inflamación de la
vesícula. Puede intensificarse cuando la persona respira profundamente
y a menudo se extiende a la parte inferior del omóplato derecho.
El dolor puede volverse agudísimo y las náuseas y los
vómitos son habituales.
Es sintomático que el paciente sienta un
dolor muy agudo cuando el médico presiona la parte superior derecha
del abdomen. En pocas horas, los músculos abdominales del lado
derecho pueden ponerse rígidos. Al principio, puede presentar
una fiebre ligera, que, a medida que pasa el tiempo, tiende a aumentar.
Por lo general, un ataque de vesícula biliar
se calma en 2 o 3 días y desaparece completamente en una semana.
Si ello no ocurre, el paciente podría sufrir complicaciones graves.
La fiebre alta, los escalofríos, un marcado incremento de los
glóbulos blancos y una interrupción del movimiento normal
propulsivo del intestino (íleo) suelen indicar la formación
de un absceso, gangrena o una perforación de la vesícula
biliar. En estas condiciones se hace necesaria la cirugía de
urgencia.
Pueden aparecer otras complicaciones. Un ataque
de vesícula biliar acompañado de ictericia o de un retroceso
de bilis hacia el hígado indica que el conducto biliar común
podría estar parcialmente obstruido por un cálculo o por
una inflamación. Si los análisis de sangre revelan un
incremento de la concentración en la sangre de la enzima amilasa,
la persona podría tener una inflamación del páncreas
(pancreatitis) provocada por una obstrucción del conducto pancreático
por cálculos biliares.
Diagnóstico
Los médicos diagnostican una inflamación
aguda de la vesícula biliar basándose en los síntomas
del paciente y en los resultados de ciertas pruebas clínicas.
A menudo la ecografía ayuda a confirmar la presencia de cálculos
en la vesícula biliar y puede mostrar un engrosamiento de la
pared de la misma. La gammagrafía hepatobiliar (una técnica
de imagen que se realiza tras la administración de una sustancia
radiactiva por vía intravenosa) contribuye a un diagnóstico
más preciso. Este examen proporciona imágenes del hígado,
de los conductos biliares, de la vesícula biliar y de la parte
superior del intestino delgado.
Tratamiento
Por lo general, a una persona con inflamación
aguda de la vesícula biliar se la hospitaliza, se le administran
líquidos y electrólitos por vía intravenosa y no
se le permite comer ni beber. En ocasiones, puede pasarse una sonda
a través de la nariz hasta el interior del estómago, de
modo que mediante aspiración pueda mantenerse vacío el
estómago y así reducir la estimulación de la vesícula
biliar. Habitualmente, se administran antibióticos apenas se
sospecha que existe una inflamación aguda de la vesícula
biliar.
Si el diagnóstico es claro y el riesgo de
la cirugía es pequeño, la vesícula biliar se extirpa
dentro de los dos primeros días de la enfermedad. Sin embargo,
si el paciente presenta alguna otra enfermedad que incremente el riesgo
de la cirugía, la operación puede ser postergada mientras
se trata esta última. Si el ataque agudo se resuelve, la vesícula
biliar puede ser extirpada con posterioridad, preferentemente después
de 6 semanas o más. Cuando se sospeche la existencia de posibles
complicaciones, tales como la formación de un absceso, gangrena
o la perforación de la vesícula, generalmente es necesaria
la cirugía inmediata.
Un reducido porcentaje de personas tiene nuevos
o repetidos episodios de dolor, que se perciben como ataques de vesícula
biliar, aun cuando ya no tienen vesícula. La causa de estos episodios
es desconocida, pero podrían ser el resultado de un funcionamiento
anómalo del esfínter de Oddi, la abertura que controla
la liberación de bilis en el intestino delgado. Se piensa que
el dolor puede ser el resultado de un aumento de la presión en
los conductos, causada por la resistencia al flujo de bilis o a las
secreciones pancreáticas. En algunos pacientes, los pequeños
cálculos que quedan después de la operación pueden
causar dolor. El médico puede usar un endoscopio (tubo flexible
óptico con accesorios quirúrgicos) para dilatar el esfínter
de Oddi. Este procedimiento generalmente alivia los síntomas
en pacientes con una anormalidad diagnosticada del esfínter,
pero no es eficaz para los que sólo sienten dolor.
Colecistitis
crónica
La colecistitis crónica es una inflamación
de la vesícula biliar durante un largo período, caracterizada
por ataques repetidos de dolor abdominal grave y agudo.
Una vesícula biliar dañada presenta
la pared gruesa, está contraída y es de pequeño
tamaño. Las paredes están constituidas mayormente por
material fibroso. El revestimiento interior de la vesícula biliar
se puede ulcerar y se pueden formar cicatrices; además, la vesícula
biliar contiene barro o cálculos que a menudo obstruyen el conducto
cístico. Esta condición es probablemente debida a las
lesiones así como a las consiguientes reparaciones consecuencias
de los repetidos ataques agudos de inflamación previos, con frecuencia
causados por los cálculos.
Tumores del conducto biliar
Los cálculos y el cáncer son las causas
más frecuentes de obstrucción del conducto biliar. Muchas
formas de cáncer se originan en la cabeza del páncreas,
a través de la cual pasan al conducto biliar común. Con
menos frecuencia, el cáncer se origina en el mismo tracto biliar,
en la unión del conducto biliar común y del conducto pancreático,
en la vesícula biliar o en el hígado. Es poco frecuente
que los conductos biliares se obstruyan debido a un cáncer que
se haya propagado (metastásico) desde otra parte del organismo,
o que puedan resultar comprimidos por los ganglios linfáticos
afectados por linfoma. También los tumores no cancerosos (benignos)
pueden causar una obstrucción en los conductos biliares.
Tumor de los conductos biliares
En este caso, un tumor a nivel de la zona
de con-fluencia del colédoco con el conducto pancreático.
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Síntomas y diagnóstico
Los síntomas de obstrucción del conducto
biliar son ictericia, malestar abdominal, falta de apetito, pérdida
de peso y prurito, habitualmente sin fiebre ni escalofríos. Los
síntomas se agravan gradualmente. El diagnóstico de cáncer
como causa de la obstrucción se obtiene mediante la ecografía,
la tomografía computadorizada (TC) o la colangiografía
directa (se realiza una radiografía después de haber inyectado
un material radiopaco de contraste). Para establecer un diagnóstico
seguro, el médico realiza una biopsia (obtiene una muestra de
tejido y lo examina al microscopio).
Tratamiento
El tratamiento de los tumores del conducto biliar
depende de la causa y de las circunstancias en que éstos se desarrollen.
La cirugía es el método más directo para determinar
el tipo de tumor, averiguar si éste se puede extirpar y asegurarse
de que la bilis pueda fluir sobrepasando la obstrucción. Es muy
frecuente que el tumor no se pueda extirpar completamente y muchas de
estas formas de cáncer no responden bien a la radioterapia. La
quimioterapia puede aliviar parcialmente los síntomas.
Algunas personas con obstrucción del conducto
biliar causada por el cáncer experimentan dolor, prurito y la
formación de pus debido a una infección bacteriana. Si
no pueden ser operadas, el médico puede insertar una prótesis
hueca en el interior del conducto (un tubo derivativo) a través
de un endoscopio flexible para permitir que la bilis y el pus fluyan
contorneando el cáncer. Este procedimiento no sólo disminuye
la acumulación de bilis o de pus, sino que ayuda también
a controlar el dolor y a aliviar el prurito.