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INFECCIONES
CAPITULO 177
Infecciones por bacilos
Los bacilos son una variedad de bacteria clasificada
de acuerdo con su distintiva forma de bastoncillo. Las bacterias tienen
forma esférica (cocos), de bastoncillo (bacilos) o espiral/helicoidal
(espiroquetas). La forma exacta la determina la pared celular de la
bacteria, una estructura rígida, compleja y formada por varias
capas.
A pesar de que las bacterias se clasifican en parte
por su forma característica, generalmente, incluso los bacilos,
también se clasifican como grampositivas o gramnegativas dependiendo
de su color después de aplicársele una tintura, llamada
tintura de Gram, durante su análisis en el laboratorio. Las bacterias
que se tiñen de azul son grampositivas y las que se colorean
de rosa son gramnegativas. Sin embargo, la clasificación de las
bacterias como gramnegativas y grampositivas también responde
a ciertas características de su pared celular externa, a la clase
de infecciones que producen dichas bacterias y al tipo de antibióticos
capaces de destruirlas.
Infecciones por bacilos grampositivos
En el mundo de las bacterias, las grampositivas
son una minoría. Por lo general son sensibles a la penicilina
(ésta las destruye) y suelen ser lentas a la hora de desarrollar
resistencia a este antibiótico. Algunas bacterias grampositivas
(como ciertos estreptococos) pueden penetrar en lo más profundo
del tejido, mientras que otras causan daño produciendo sustancias
extremadamente venenosas (por ejemplo, las toxinas producidas por el
Clostridium botulinum). Tres infecciones causadas por bacterias grampositivas
son la erisipelotricosis, la listeriosis y el ántrax.
Erisipelotricosis
La erisipelotricosis es una infección cutánea
de lento desarrollo causada por la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae.
A pesar de que la Erysipelothrix rhusiopathiae crece
principalmente en un medio con materia muerta o en descomposición,
también puede infectar a insectos, moluscos, peces, aves y mamíferos.
La gente suele infectarse después de una herida laboral, casi
siempre una herida penetrante producida mientras se manipula materia
animal (como carne, aves de corral, pescado, moluscos, huesos o conchas).
| Formas de
bacterias |
 |
Síntomas y diagnóstico
Alrededor de una semana después de infectarse
con Erysipelothrix rhusiopathiae, aparece un área sobreelevada,
de color rojo púrpura y dura, en el lugar en que se produjo la
lesión. Otros síntomas incluyen picor, quemazón
e hinchazón alrededor del área afectada. La mano es la
zona más frecuentemente afectada y la hinchazón puede
limitar su uso. Dicha zona puede aumentar ligeramente de volumen. A
pesar de que la infección suele desaparecer incluso sin tratamiento,
el dolor y la incapacidad pueden durar de 2 a 3 semanas. En casos raros,
la infección puede extenderse hacia el flujo sanguíneo
y afectar a las articulaciones o las válvulas cardíacas.
El médico basa su diagnóstico en los
síntomas y las circunstancias que provocaron la infección.
El diagnóstico puede ser confirmado enviando al laboratorio una
muestra de piel obtenida por raspado del borde externo de la zona afectada
para realizar un cultivo.
Tratamiento
Una sola dosis de penicilina inyectada o un tratamiento
de una semana de eritromicina oral cura la infección. Si se han
afectado las articulaciones o las válvulas cardíacas,
es necesario realizar un tratamiento más prolongado con antibióticos
intravenosos.
Listeriosis
La listeriosis, una enfermedad causada por Listeria
monocitogenes, da lugar a una sintomatología diversa de acuerdo
con el lugar en que se produce la infección y la edad de la persona
afectada.
La Listeria se encuentra en todo el mundo, tanto
en el ambiente como en los intestinos de los pájaros, las arañas,
los crustáceos y los mamíferos no humanos. En el ser humano,
la listeriosis puede afectar a casi cualquier órgano del cuerpo.
Los recién nacidos, las personas de más de 70 años
y quienes tienen un sistema inmunitario suprimido o deficiente son más
susceptibles a la enfermedad. Las infecciones, generalmente, se producen
entre julio y agosto. Por lo general la listeriosis se contrae consumiendo
productos lácteos contaminados o verduras crudas.
Síntomas y diagnóstico
En los adultos, la forma más frecuente de
listeriosis es la meningitis, una infección de las membranas
(meninges) que cubren el cerebro y la médula espinal. Hasta en
el 20 por ciento de estos casos se pueden formar abscesos cerebrales.
La meningitis produce fiebre y rigidez de nuca; si el enfermo no recibe
tratamiento, puede sufrir confusión, entrar en coma o incluso
morir.
La Listeria también puede infectar los ojos,
que se ponen rojos y duelen. Luego, la infección puede extenderse
hacia los ganglios linfáticos, la sangre y las meninges. En casos
muy raros, puede afectar a las válvulas cardíacas y producir
insuficiencia cardíaca.
El médico sospecha la presencia de listeriosis
basándose en los síntomas. Para realizar un diagnóstico
definitivo, se toma una muestra de tejido o fluido corporal para enviarla
a un laboratorio y realizar su cultivo. En una muestra de sangre también
se pueden medir los anticuerpos que se han formado contra la Listeria.
Tratamiento
La penicilina generalmente cura la listeriosis.
Si la infección ha afectado a las válvulas cardíacas,
también se puede administrar un segundo antibiótico, como
la tobramicina. Las infecciones oculares también pueden ser tratadas
con eritromicina oral.
Ántrax
El ántrax es una enfermedad causada por la
bacteria Bacillus anthracis, que puede infectar la piel, los pulmones
y el aparato gastrointestinal.
El ántrax es una enfermedad muy contagiosa
y potencialmente mortal. Por lo general, pasa a las personas a través
de algunos animales, en especial las vacas, las cabras y las ovejas.
Las bacterias inactivas (esporas) pueden vivir en la tierra y en los
productos animales (como la lana) durante décadas. A pesar de
que las personas suelen infectarse a través de la piel, también
pueden hacerlo al comer carne contaminada o inhalar esporas o bacterias.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas pueden aparecer entre 12 horas
y 5 días después de la exposición a la bacteria.
La infección cutánea comienza como una protuberancia de
color marrón rojizo que aumenta de tamaño y presenta una
considerable hinchazón en los bordes. Dicho bulto se convierte
en ampolla, se endurece y luego el centro se rompe y brota un fluido
claro antes de formar una costra negra (escara). Los ganglios linfáticos
del área afectada pueden hincharse, la persona se siente enferma
y en ocasiones tiene dolores musculares, dolor de cabeza, fiebre, náuseas
y vómitos.
El ántrax pulmonar (enfermedad de los cardadores
de lana) proviene de la inhalación de esporas de la bacteria
del ántrax. Las esporas se multiplican en los ganglios linfáticos
cercanos a los pulmones. Luego estos ganglios comienzan a romperse y
sangrar, esparciendo la infección hacia las estructuras torácicas
cercanas. Entonces se forma un fluido infectado en los pulmones y en
el espacio entre éstos y la pared torácica (cavidad pleural).
Al comienzo, los síntomas son leves y se parecen a los de la
gripe. Sin embargo, la fiebre empeora y en pocos días aparecen
graves dificultades respiratorias, seguidas de shock y coma. También
se puede producir la infección del cerebro y sus meninges (meningoencefalitis).
Aunque el tratamiento sea precoz, esta forma de ántrax casi siempre
es mortal.
El ántrax gastrointestinal es raro. Las bacterias
pueden crecer en la pared intestinal y liberar una toxina que provoca
una gran hemorragia y muerte del tejido. La infección puede resultar
mortal si se extiende hasta el flujo sanguíneo.
El conocimiento de que una persona ha estado en
contacto con animales ayuda al médico a establecer el diagnóstico.
Para diagnosticar una infección pulmonar, éste puede obtener
una muestra de esputo para su cultivo; sin embargo, el laboratorio no
siempre consigue identificar las bacterias. En ocasiones se comienza
el tratamiento cuando se sospecha la infección, aunque aún
no se disponga de la confirmación analítica.
Prevención y tratamiento
Las personas con alto riesgo de contraer ántrax
(como los veterinarios, los técnicos de laboratorio y los empleados
de la industria textil que procesan pelo de animales) deben ser vacunadas.
Una infección de ántrax cutáneo
se trata con inyecciones de penicilina, o bien con tetraciclinas o eritromicina
oral. Las infecciones pulmonares se deben tratar con penicilina intravenosa.
También se pueden administrar otros antibióticos. Así
mismo, es posible utilizar corticosteroides para reducir la inflamación
pulmonar. Si el tratamiento se retrasa (por lo general, debido a un
diagnóstico incorrecto), es posible que el enfermo muera.
Infecciones
por bacilos gramnegativos
El rasgo distintivo de las bacterias gramnegativas
es la presencia de una doble membrana que rodea cada célula bacteriana.
A pesar de que todas las bacterias tienen una membrana celular interna,
las bacterias gramnegativas tienen una única membrana externa.
Ésta evita que ciertos fármacos y antibióticos
penetren en la célula, lo que explica parcialmente por qué
suelen ser más resistentes a los antibióticos que las
bacterias grampositivas.
La membrana externa de las bacterias gramnegativas
es rica en una molécula llamada lipopolisacárido. Si una
bacteria gramnegativa entra en el flujo sanguíneo, los lipopolisacáridos
pueden desencadenar gran cantidad de síntomas, incluyendo fiebre
alta y un marcado descenso de la presión arterial. Por esta razón,
a los lipopolisacáridos se los conoce a menudo con el nombre
de endotoxinas.
Las bacterias gramnegativas tienen gran facilidad
para intercambiar material genético (ADN) entre variedades de
la misma especie e incluso entre especies diferentes. Esto significa
que si una bacteria gramnegativa sufre un cambio genético (mutación)
o recibe material genético que le confiere resistencia a un antibiótico,
esa bacteria más tarde puede compartir su ADN con otro tipo de
bacterias y éstas también pueden desarrollar la misma
resistencia.
Infecciones causadas por Hemophilus
Las infecciones por Hemophilus son infecciones causadas
por este grupo de bacterias.
Las bacterias Hemophilus crecen en los conductos
respiratorios superiores de los niños y los adultos, pero rara
vez provocan enfermedades. La especie que más frecuentemente
causa enfermedades es la llamada Hemophilus influenzae. Puede provocar
meningitis (infección del revestimiento del cerebro y la médula
espinal), bacteriemia (infección en el flujo sanguíneo),
artritis séptica (infección de una articulación),
neumonía, bronquitis, otitis media (infección del oído
medio), conjuntivitis (infección ocular), sinusitis y epiglotitis
aguda (infección del área localizada justo por encima
de la caja de la voz). A pesar de que estas infecciones pueden producirse
en los adultos, son mucho más frecuentes entre los niños.
Otras bacterias Hemophilus pueden causar infecciones
en las vías respiratorias, infecciones del corazón (endocarditis)
y abscesos cerebrales. La bacteria Hemophilus ducreyi provoca el chancroide,
una enfermedad de transmisión sexual.
Los niños son inmunizados de forma sistemática
con una vacuna contra el Hemophilus influenzae tipo b para evitar la
meningitis causada por ese microorganismo.
Brucelosis
La brucelosis (fiebre ondulante, de Malta, Mediterránea
o de Gibraltar) es una infección causada por la bacteria Brucella.
La brucelosis puede contraerse al tener contacto
directo con las secreciones y excreciones de animales infectados, bebiendo
leche no pasteurizada de vaca, oveja o cabra, o por comer productos
lácteos (como mantequilla y queso) que contengan microorganismos
de Brucella vivos. La transmisión de persona a persona es rara.
Esta afección es característica de las zonas rurales y
es una enfermedad laboral de los envasadores de carne, los veterinarios,
los granjeros y los ganaderos.
Síntomas y complicaciones
Los síntomas comienzan entre 5 días
y varios meses, generalmente 2 semanas después de producida la
infección y son muy variables, en especial en las primeras fases.
La enfermedad puede comenzar abruptamente con escalofríos y fiebre,
fuertes dolores de cabeza, dolores generalizados, sensación de
malestar y, en ciertos casos, diarrea. Pero también puede comenzar
insidiosamente con un malestar ligero, dolor muscular y dolor de cabeza
y en la zona posterior del cuello. A medida que la enfermedad avanza,
aparece fiebre de 40 a 40,5 °C por la noche; después la temperatura
empieza a bajar gradualmente, hasta llegar a valores normales o casi
normales cada mañana, momento en el que se produce una gran sudoración.
Por lo general, esta fiebre intermitente dura de
1 a 5 semanas y continúa con un período de 2 a 14 días
en los cuales los síntomas disminuyen notablemente o bien desaparecen.
Luego vuelve la fiebre. Este patrón puede producirse sólo
en una ocasión, pero algunas personas desarrollan brucelosis
crónica y experimentan repetidas oleadas de fiebre y remisión
a lo largo de meses o años.
Después de la fase inicial, los síntomas
suelen incluir estreñimiento intenso, pérdida de apetito,
pérdida de peso, dolor abdominal, articular, de cabeza y de espalda,
debilidad, irritabilidad, insomnio, depresión e inestabilidad
emocional. Más adelante, los ganglios linfáticos, el bazo
y el hígado pueden aumentar de tamaño.
Las personas que padecen brucelosis no complicada
suelen recuperarse en 2 o 3 semanas. Las complicaciones son raras, pero
pueden consistir en infecciones del corazón, el cerebro y el
revestimiento del cerebro, así como inflamación de los
nervios, los testículos, la vesícula biliar, el hígado
y los huesos. Los casos persistentes suelen derivar en un decaimiento
prolongado, pero esta enfermedad casi nunca es mortal.
Diagnóstico
El médico puede sospechar de la presencia
de brucelosis en una persona que ha estado expuesta a animales infectados
o a sus productos, como la leche no pasteurizada. El diagnóstico
puede basarse en la extracción de una muestra de sangre (o con
menos frecuencia, una muestra de líquido cefalorraquídeo,
orina o tejido) de la persona infectada y enviarla a un laboratorio
para su cultivo. Los análisis de sangre también pueden
revelar altas concentraciones de anticuerpos que se forman como una
reacción a las bacterias infectantes.
Prevención y tratamiento
Las infecciones por Brucella se pueden evitar no
bebiendo leche sin pasteurizar ni queso sin curar. Las personas que
manipulan animales o cadáveres de animales deben usar gafas protectoras
y guantes de goma, además de cubrir cualquier corte que tengan
en la piel. Eliminar a los animales infectados y vacunar a los que están
sanos puede ayudar a evitar la difusión de la infección.
Las
recaídas son frecuentes cuando sólo se usa un antibiótico,
por lo que generalmente se prescribe una combinación de ellos.
La doxiciclina o las tetraciclinas, junto a una inyección diaria
de estreptomicina, reducen el riesgo de recaídas. Los niños
menores de 8 años pueden recibir trimetoprim-sulfametoxazol o
bien estreptomicina o rifampicina, porque las tetraciclinas podrían
dañarles la dentadura. En los casos graves se utilizan corticosteroides
como la prednisona. Una persona con dolores musculares importantes puede
necesitar un analgésico potente, como por ejemplo la codeína.
Tularemia
La tularemia (fiebre del conejo, fiebre del tábano)
es una infección bacteriana causada por el organismo llamado
Francisella tularensis.
Las personas se infectan con Francisella tularensis
al comer o tocar animales infectados. La bacteria puede penetrar en
la piel sana. La enfermedad también se transmite cuando las bacterias
de los tejidos animales son transportadas por el aire y las inhalan,
o a través de ácaros infectados y parásitos similares
que succionan sangre.
Los cazadores, carniceros, granjeros, peleteros
y técnicos de laboratorio son quienes más se infectan.
Durante el invierno, la mayoría de los casos se produce debido
al contacto con conejos salvajes (especialmente mientras se les quita
la piel). Durante el verano, la infección se produce generalmente
a causa de la manipulación de animales infectados o bien por
la picadura de ácaros u otros parásitos afectados. En
raras ocasiones, la tularemia puede deberse a la ingestión de
carne poco cocida o bien al consumo de agua contaminada. Hasta el momento
no se ha informado de ningún caso de transmisión de persona
a persona.
Síntomas
Los síntomas comienzan repentinamente entre
1 y 10 días (en general entre 2 y 4 días)
después del contacto con la bacteria. Los síntomas iniciales
incluyen dolores de cabeza, escalofríos, náuseas, vómitos,
fiebre de hasta 40 °C y un gran agotamiento. El enfermo experimenta
una extrema debilidad, escalofríos recurrentes y sudoración
profusa. En 24 a 48 horas, aparece una ampolla inflamada en el punto
de la infección (por lo general el dedo, el brazo, un ojo o el
paladar) excepto en los tipos glandular y tifoidal de tularemia. La
ampolla se llena rápidamente de pus y se abre para formar una
úlcera. Sobre los brazos y las piernas suele aparecer una sola
úlcera, pero en la boca o los ojos aparecen muchas. Por lo general,
sólo afecta a un ojo. Los ganglios linfáticos que rodean
la úlcera aumentan de tamaño y pueden producir pus, que
posteriormente sale al reventar los ganglios.
Las personas con neumonía tularémica
pueden llegar a sufrir delirio. Sin embargo, la neumonía puede
causar sólo síntomas leves, como tos seca que produce
una sensación de quemazón en medio del pecho. En cualquier
momento durante el curso de la enfermedad puede aparecer una erupción
cutánea.
Diagnóstico
El médico sospecha la presencia de tularemia
en una persona que desarrolla síntomas repentinos y las úlceras
características de la infección después de haber
estado expuesta a ácaros o haber tenido contacto (aunque haya
sido ligero) con un mamífero salvaje, especialmente un conejo.
Las infecciones que contraen las personas que trabajan en laboratorios
afectan sólo a los ganglios linfáticos o los pulmones
y son difíciles de diagnosticar. El diagnóstico puede
confirmarse observando el crecimiento de las bacterias en muestras obtenidas
de las úlceras, los ganglios linfáticos, la sangre o el
esputo.
Tratamiento
La tularemia se trata con antibióticos, que
se inyectan o bien se administran por vía oral durante 5 a 7
días. Sobre las úlceras se colocan vendajes húmedos
que hay que cambiar con frecuencia. Dichos vendajes ayudan a evitar
que la infección se extienda y que los ganglios linfáticos
se inflamen. En casos poco frecuentes, los abscesos de gran tamaño
deben ser drenados. Aplicar compresas tibias sobre el ojo afectado y
usar gafas oscuras alivia en cierta medida el malestar. Las personas
que sufren intensos dolores de cabeza suelen ser tratadas con analgésicos,
como la codeína.
Quienes reciben tratamiento casi siempre sobreviven.
Alrededor del 6 por ciento de las personas no tratadas mueren. La muerte
suele ser el resultado de una infección grave, neumonía,
infección del revestimiento del cerebro (meningitis) o infección
del revestimiento de la cavidad abdominal (peritonitis). Las recaídas
no son frecuentes pero pueden producirse si el tratamiento es inadecuado.
Una persona que padece tularemia desarrolla inmunidad frente a la reinfección.
Peste
La peste es una infección grave causada por
la bacteria Yersinia pestis.
Las bacterias que causan la peste infectan principalmente
a los roedores salvajes, como las ratas, los ratones, las ardillas y
las marmotas de las praderas. En el pasado, las epidemias masivas de
peste, como la Muerte Negra de la Edad Media, mataron a gran cantidad
de personas. Los brotes más recientes se han limitado a una sola
persona o a grupos reducidos.
La peste suele transmitirse a las personas a través
de las pulgas de los animales. Un acceso de tos o bien un estornudo,
que dispersan bacterias a través de diminutas gotas, pueden transmitir
la enfermedad de una persona a otra. Algunos animales domésticos,
en especial los gatos, también pueden hacerlo a través
de las picaduras de pulga o por la inhalación de microgotas infectadas.
Síntomas y diagnóstico
La peste puede adoptar una o varias formas (bubónica,
neumónica, septicémica o peste menor). Los síntomas
varían según la forma de la peste.
Los síntomas de peste bubónica suelen
aparecer de 2 a 5 días después de la exposición
a la bacteria, pero pueden hacerlo en cualquier momento, desde unas
pocas horas a 12 días más tarde. Los síntomas comienzan
repentinamente con escalofríos y fiebre de hasta 41 ºC.
El latido cardíaco se acelera y debilita, en tanto que la presión
arterial puede caer. Los ganglios linfáticos se inflaman (y reciben
el nombre de bubones) cuando comienza la fiebre o bien poco antes. Por
lo general, los ganglios son extremadamente dolorosos al tacto, son
duros y se encuentran rodeados de tejido hinchado. La piel que los cubre
es suave y rojiza pero no presenta una temperatura elevada. Es probable
que el enfermo esté inquieto, delirante, confuso y tenga incoordinación.
El hígado y el bazo pueden agrandarse considerablemente, por
lo que el médico puede percibirlos con facilidad durante una
exploración. Es posible que los ganglios linfáticos se
llenen de pus y drenen durante la segunda semana. Más del 60
por ciento de las personas no tratadas mueren. La mayoría de
las muertes se produce entre el tercero y el quinto día.
La peste neumónica es una infección
de los pulmones con las bacterias de la peste. Los síntomas,
que comienzan abruptamente de 2 a 3 días después de la
exposición a las bacterias, son fiebre elevada, escalofríos,
ritmo cardíaco acelerado y, con frecuencia, intensos dolores
de cabeza. En 24 horas comienza la tos. Al principio el esputo es claro,
pero rápidamente comienza a presentar señales de sangre,
hasta que se vuelve uniformemente rosado o de color rojo intenso (semejante
al jarabe de frambuesa) y espumoso. Es frecuente que el enfermo respire
rápidamente y con dificultad. Las personas no tratadas mueren,
generalmente, dentro de las 48 horas siguientes al inicio de los síntomas.
La peste septicémica, otra variedad de peste,
es una infección en la cual la forma de peste bubónica
se extiende hasta la sangre. Puede causar la muerte incluso antes de
que aparezcan otros síntomas de peste bubónica o neumónica.
La peste menor es una forma leve de peste que suele
aparecer sólo en el área geográfica en la que la
enfermedad es endémica. Sus síntomas (ganglios linfáticos
hinchados, fiebre, dolor de cabeza y agotamiento) persisten a lo largo
de una semana.
La peste se diagnostica analizando los cultivos
de bacterias que han crecido en las muestras de sangre, de esputo o
de ganglios linfáticos.
Prevención y tratamiento
La prevención se basa en el control de los
roedores y el uso de repelentes para evitar las picaduras de pulgas.
Existe una vacuna, pero no resulta necesaria para la mayoría
de las personas que viaja a zonas en las que se han dado casos de peste.
Quienes viajan y corren grandes riesgos de exposición a la enfermedad
pueden tomar dosis preventivas de tetraciclinas.
Cuando se cree que una persona tiene peste, el médico
comienza el tratamiento de inmediato. En la peste septicémica
o neumónica, debe hacerse dentro de las 24 horas. Esto reduce
la posibilidad de muerte a menos de un 5 por ciento. Son muchos los
antibióticos que resultan eficaces contra la en-fermedad.
A diferencia de las personas afectadas de peste
bubónica, las que padecen peste neumónica deben ser aisladas.
Quien haya estado en contacto con alguien afectado de peste neumónica
debe ser observado atentamente por si aparecen signos de infección
y necesita tratamiento.
Enfermedad por arañazo de gato
La enfermedad por arañazo de gato es una
infección que se produce en el punto en que tuvo lugar el arañazo
y está causada por la bacteria Bartonella henselae.
Después de que una persona es arañada
por un gato infectado con Bartonella henselae, las bacterias tienden
a infectar las paredes de los vasos sanguíneos. El gato no suele
mostrar signos de enfermedad.
Síntomas
De 3 a 10 días después de recibir
un arañazo menor, suele formarse una ampolla roja con costra
de hasta 6,5 centímetros de diámetro. En raras ocasiones,
aparece una ampolla que contiene pus (pústula). Los ganglios
linfáticos de la zona se inflaman, endurecen y son dolorosos
al tacto. Posteriormente, se llenan de pus y pueden drenar a través
de la piel. La persona puede sentirse enferma, inapetente y tener fiebre
o dolor de cabeza. Alrededor del 10 por ciento de las personas infectadas
presenta otros síntomas, como problemas oculares, que causan
cambios en la visión, o bien tumefacción cerebral, que
provoca dolor de cabeza o estupor.
En casi todas las personas afectadas, la piel sana
y la tumefacción de los ganglios linfáticos desaparece
en el plazo de 2 a 5 meses. La recuperación es completa. Las
personas enfermas de SIDA pueden sufrir una forma grave de esta enfermedad.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico de la enfermedad por arañazo
de gato parece probable si una persona presenta ganglios linfáticos
hinchados durante más de 3 semanas después de haber sido
arañada por un gato. En casos poco claros, es posible tomar una
muestra de sangre y analizarla en busca de anticuerpos contra la Bartonella
henselae.
El tratamiento consiste en aplicar calor y tomar
analgésicos. Un ganglio linfático lleno de líquido
que causa dolor casi siempre puede drenarse con una aguja con el fin
de aliviarlo. Se pueden administrar antibióticos para ayudar
a erradicar las bacterias, especialmente en los enfermos de SIDA.
Infecciones por Pseudomonas
Las infecciones por Pseudomonas son las causadas
por las bacterias de este grupo, especialmente Pseudomonas aeruginosa.
La Pseudomonas constituye la principal causa de
dos infecciones frecuentes, de poca importancia, que pueden afectar
a las personas normales y sanas: el oído del nadador y la foliculitis
de la bañera. El oído del nadador (otitis externa) es
una infección del canal auditivo externo debido a una prolongada
exposición al agua dulce. Puede tratarse con gotas de antibiótico
que se instilan en el oído. La foliculitis de la bañera
es una erupción cutánea formada por diminutas pústulas,
algunas de las cuales pueden contener una gota de pus en el centro.
El tratamiento consiste en mantener la piel seca y aplicar de vez en
cuando una pomada antibiótica.
Las infecciones graves por Pseudomonas suelen ocurrir
en los hospitales y con frecuencia el organismo se encuentra en áreas
húmedas, como los fregaderos y los receptáculos para la
orina. De forma sorprendente, el organismo se encuentra incluso en ciertas
soluciones antisépticas. Las infecciones más graves provocadas
por Pseudomonas afectan a las personas debilitadas cuyo sistema inmunitario
no funciona correctamente a causa de determinadas medicaciones, otros
tratamientos o una enfermedad.
Las Pseudomonas pueden infectar la sangre, la piel,
los huesos, los oídos, los ojos, las vías urinarias, las
válvulas cardíacas y los pulmones. Las quemaduras pueden
infectarse gravemente por Pseudomonas, conduciendo a una infección
de la sangre que, por lo general, resulta mortal.
Síntomas
Los síntomas dependen del lugar en que se
haya producido la infección, pero las infecciones por Pseudomonas
suelen ser graves. La otitis externa maligna, una afección del
oído, puede causar un grave dolor del mismo y daño en
los nervios y es más frecuente entre las personas diabéticas.
Las Pseudomonas pueden causar úlceras en el ojo una vez que ingresan
en el mismo a través de una herida, una lente de contacto contaminada
o por el líquido para lentes contaminado. También pueden
crear una infección a partir de heridas punzantes profundas,
especialmente las producidas en los pies de los niños.
Las Pseudomonas pueden causar neumonía aguda
en los pacientes hospitalizados, en especial en los que se encuentran
en las unidades de cuidados intensivos. Esta clase de bacteria también
es una causa frecuente de infecciones en las vías urinarias,
generalmente en pacientes que han sufrido intervenciones urológicas
o presentan una obstrucción de aquéllas.
Las bacterias suelen invadir la sangre de los quemados
y los que tienen cáncer. Sin tratamiento, se puede producir una
infección grave que puede derivar en shock y muerte. A menudo
produce una erupción con áreas de color negro-púrpura
de alrededor de 10 milímetros de diámetro; estas superficies
tienen una llaga en el centro rodeada de enrojecimiento e inflamación.
La erupción suele aparecer en la axila y la ingle.
En muy raras ocasiones, las Pseudomonas infectan
las válvulas cardíacas. Las personas que hayan recibido
una válvula cardíaca artificial son más vulnerables;
no obstante, las válvulas cardíacas naturales también
pueden infectarse, especialmente entre quienes se inyectan drogas.
Tratamiento
Cuando la infección queda restringida a un
área externa, como por ejemplo la piel, el médico elimina
quirúrgicamente el tejido muerto y los abscesos de gran tamaño
y a continuación irriga la zona con una solución antibiótica.
La otitis externa maligna, las infecciones internas y las infecciones
de la sangre requieren días o semanas de terapia con un antibiótico
intravenoso. A veces, una válvula cardíaca infectada puede
curarse con antibióticos, pero suele ser necesario realizar una
intervención quirúrgica a corazón abierto para
reemplazar esta válvula.
Infecciones por Campylobacter
Las infecciones por Campylobacter son infecciones
del aparato gastrointestinal o de la sangre, causadas por estas bacterias.
La forma más frecuente de infección
por Campylobacter es la gastroenteritis, que puede contraerse al beber
agua contaminada, comer aves o carne poco hechas o tener contacto con
animales infectados. Las bacterias Campylobacter también causan
diarrea entre los turistas que visitan países en vía de
desarrollo. En otras ocasiones pueden provocar una infección
del flujo sanguíneo (bacteriemia), generalmente en quienes ya
padecen una enfermedad como la diabetes o el cáncer. Un organismo
causante de úlceras de estómago era conocido como Campylobacter
pylori pero en la actualidad su nombre es Helicobacter pylori.
Síntomas
La gastroenteritis causada por las bacterias Campylobacter
incluye diarrea, dolor abdominal y calambres, que pueden ser intensos.
La diarrea puede contener sangre y puede haber fiebre de 37,5 a 40 ºC.
Una fiebre intermitente puede ser el único
síntoma de una afección por Campylobacter fuera del aparato
gastrointestinal. Los síntomas adicionales de una infección
generalizada (sistémica) causada por Campylobacter incluyen dolor
en las articulaciones (que se hinchan y adquieren un color rojizo) dolor
abdominal y agrandamiento del hígado o del bazo. En raras ocasiones,
la infección puede afectar a las válvulas cardíacas
(endocarditis) o el cerebro y la médula espinal (meningitis).
Diagnóstico y tratamiento
El médico diagnostica infecciones por Campylobacter
a partir del análisis de muestras de sangre, heces u otros fluidos
corporales.
Para tratar estas infecciones se usan varios antibióticos
solos o combinados. La ciprofloxacina, las tetraciclinas o la eritromicina
suelen eliminar las bacterias Campylobacter y curan la diarrea. Las
infecciones del flujo sanguíneo generalmente necesitan un tratamiento
con antibióticos intravenosos.
Cólera
El cólera es una infección del intestino
delgado causada por la bacteria Vibrio cholerae.
Las bacterias del cólera producen una toxina
que hace que el intestino delgado secrete inmensas cantidades de líquido
rico en sales y minerales. Como las bacterias son sensibles al ácido
gástrico del estómago, las personas con deficiencia de
ácido son más susceptibles a esta enfermedad. Quienes
viven en zonas en las que el cólera es frecuente (endémico)
desarrollan gradualmente una inmunidad natural.
El cólera se transmite ingiriendo agua, mariscos
u otros alimentos contaminados por los excrementos de personas infectadas.
El cólera suele aparecer en zonas de Asia, Oriente Medio, África
y América Latina. En estas áreas, los brotes de enfermedad
se dan durante los meses de calor y la mayor incidencia es entre los
niños. En otras zonas, las epidemias pueden ocurrir en cualquier
época del año y la enfermedad puede afectar a cualquier
edad.
Otras especies de bacterias Vibrio también
pueden infectar a los humanos. La diarrea que provocan suele ser mucho
menos grave que la del cólera.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas, que comienzan de uno a tres
días después de la infección por la bacteria, oscilan
entre un episodio de diarrea ligero y sin complicaciones a una enfermedad
grave, potencialmente mortal. Algunos enfermos afectados no presentan
síntomas.
Por lo general, la enfermedad comienza con una diarrea
repentina, indolora y acuosa, además de vómitos. En los
casos graves se llega a perder casi un litro de líquido por hora,
pero usualmente la cantidad es mucho menor. En tales situaciones graves,
la gran disminución de agua y sal produce una marcada deshidratación
con intensa sed, calambres musculares, debilidad y una producción
mínima de orina. La grave pérdida de líquido en
los tejidos hace que los ojos se hundan y la piel de los dedos se arrugue
de forma extrema. Si la infección no recibe tratamiento, los
graves desequilibrios en el volumen sanguíneo y la mayor concentración
de sales pueden conducir a insuficiencia renal, shock y coma.
Los síntomas suelen remitir en 3 a 6 días.
Los afectados, generalmente, se liberan del organismo en 2 semanas,
pero unos pocos se convierten en portadores permanentes.
El diagnóstico de cólera se confirma
aislando las bacterias a partir de muestras de fluido procedentes del
recto o de materia fecal fresca. Ya que la bacteria Vibrio cholerae
no crece en los cultivos rutinarios de materia fecal, se debe solicitar
un cultivo especial para los microorganismos Vibrio.
Prevención y tratamiento
La purificación de los suministros de agua
y la correcta eliminación de los excrementos humanos resultan
esenciales para controlar el cólera. Otras precauciones incluyen
utilizar agua hervida y evitar las verduras crudas o los pescados y
mariscos mal cocidos. La vacuna contra el cólera brinda sólo
una protección parcial y en consecuencia no suele recomendarse.
El tratamiento inmediato con el antibiótico tetraciclina puede
ayudar a prevenir la enfermedad entre quienes comparten su casa con
alguien con cólera.
El rápido reemplazo de los líquidos
corporales, sales y minerales perdidos es una parte fundamental del
tratamiento. Los enfermos gravemente deshidratados que no pueden beber
reciben líquidos por vía intravenosa. En caso de epidemia,
ocasionalmente las personas reciben líquidos a través
de un tubo insertado por la nariz que llega hasta el estómago.
Una vez que se corrige la deshidratación, el objetivo general
del tratamiento es reemplazar la cantidad exacta de líquido perdido
a causa de las diarreas y de los vómitos. Se pueden ingerir alimentos
sólidos una vez que los vómitos han cesado y que vuelve
el apetito.
El tratamiento precoz con tetraciclina u otro antibiótico
elimina las bacterias y suele detener la diarrea en 48 horas.
Más del 50 por ciento de las personas que
sufren cólera grave y no reciben tratamiento, fallecen. Sin embargo,
esto ocurre en menos del uno por ciento de los enfermos que reciben
un rápido y adecuado reemplazo de líquidos.
Infecciones por Enterobacteriaceae
Las Enterobacteriaceae son un grupo de bacterias
que pueden causar infecciones del aparato gastrointestinal u otros órganos
del cuerpo. Muchos de estos microorganismos normalmente habitan en el
aparato gastrointestinal. El grupo incluye las bacterias Salmonella,
Shigella, Escherichia, Klebsiella, Enterobacter, Serratia, Proteus,
Morganella, Providencia y Yersinia.
A pesar de que la Escherichia coli (E. coli) normalmente
habita en el aparato gastrointestinal, ciertas variedades de E. coli
pueden provocar una diarrea con sangre, acuosa o inflamatoria (diarrea
del viajero). En los niños, la diarrea provocada por E. coli
enterohemorrágico puede producir el síndrome hemolítico-urémico,
una enfermedad que destruye los glóbulos rojos y causa insuficiencia
renal. La bacteria E. coli también es causa frecuente de infecciones
de las vías urinarias y puede infectar el flujo sanguíneo,
la vesícula biliar, los pulmones y la piel. Entre los recién
nacidos, E. coli produce bacteriemia y meningitis, en particular en
los prematuros. Por lo general se comienza con antibióticos inmediatamente
y luego se cambian si los resultados del cultivo demuestran que otro
antibiótico resultaría más eficaz. Para una infección
simple de las vías urinarias, se administra una sulfamida por
vía oral. Las infecciones graves requieren antibióticos
intravenosos.
Las infecciones por Klebsiella, Enterobacter y Serratia
suelen contraerse en el hospital, principalmente por pacientes con una
capacidad reducida para combatir las infecciones. Estas bacterias suelen
infectar los mismos lugares del organismo que la E. coli. La neumonía
por Klebsiella es una infección pulmonar rara pero grave que
afecta especialmente a los diabéticos y los alcohólicos.
El enfermo puede expectorar flemas de color marrón oscuro o rojo
oscuro. La neumonía puede provocar abscesos en los pulmones y
acumulaciones de pus en el revestimiento pulmonar (empiema). Si se trata
con la suficiente antelación, la neumonía puede curarse
con antibióticos intravenosos, generalmente cefalosporinas o
quinolonas.
El término Proteus comprende un grupo de
bacterias que normalmente se encuentran en la tierra, el agua y las
heces. También pueden causar infecciones profundas, en particular
dentro de la cavidad abdominal, las vías urinarias y la vejiga.
Fiebre tifoidea
La fiebre tifoidea es una infección causada
por la bacteria Salmonella typhi.
Las bacterias tifoideas se encuentran en las heces
y la orina de las personas infectadas. Un lavado incorrecto de las manos
después de defecar o de orinar transmiten la Salmonella typhi
a los elementos utilizados para comer y beber. Las moscas pueden transportar
las bacterias directamente desde las heces a los alimentos. En raras
ocasiones, el personal de los hospitales que no ha tomado las precauciones
debidas, puede contraerla al manipular la ropa de cama de las personas
infectadas.
Las bacterias entran en el tracto intestinal y acceden
al flujo sanguíneo. A continuación se produce una inflamación
del intestino delgado y grueso. En casos graves, que pueden poner en
peligro la vida, aparecen úlceras sangrantes en el tejido afectado,
que puede perforarse.
El 3 por ciento aproximadamente de los infectados
con Salmonella typhi que no reciben tratamiento alojan bacterias en
su materia fecal durante más de un año. Algunos de estos
portadores nunca desarrollan síntomas de fiebre tifoidea. Así,
por ejemplo, según estadísticas procedentes de los Estados
Unidos, generalmente las personas portadoras son mujeres de edad avanzada
con enfermedad crónica de vesícula biliar.
Síntomas y diagnóstico
Por lo general, los síntomas comienzan gradualmente
entre 8 y 14 días después de la infección. Entre
ellos figuran fiebre, dolor de cabeza, dolor articular y de garganta,
estreñimiento, pérdida de apetito, y molestias y dolores
abdominales. Con mucha menos frecuencia, se producen micción
dolorosa, tos y hemorragias nasales.
Si no se inicia un tratamiento, la temperatura corporal
sube lentamente durante 2 o 3 días, se mantiene a 39,5 o 40 °C
durante 10 a 14 días, comienza a descender gradualmente al final
de la tercera semana y alcanza niveles normales alrededor de la cuarta
semana. Esta fiebre sostenida suele estar acompañada por una
frecuencia cardíaca lenta y un cansancio extremo. En los casos
graves puede producirse delirio, estupor o coma. En alrededor del 10
por ciento de los enfermos, aparecen grupos de diminutos puntos rosados
sobre el pecho y el abdomen durante la segunda semana de enfermedad,
que duran de 2 a 5 días. A veces la infección causa síntomas
similares a los de la neumonía o bien sólo fiebre, o sólo
síntomas semejantes a los de una infección de las vías
urinarias.
Aun cuando los síntomas y la historia de
la enfermedad de la persona pueden sugerir fiebre tifoidea, el diagnóstico
debe ser confirmado identificando el crecimiento de las bacterias en
cultivos de sangre, orina, heces u otros tejidos corporales.
Complicaciones
Aun cuando muchas personas se recuperan por completo,
pueden aparecer complicaciones, principalmente en quienes no son tratados
o bien lo han sido tardíamente. Muchas personas sufren hemorragias
abdominales y alrededor del 2 por ciento de ellos presentan hemorragias
graves. Por lo general, el sangrado se produce durante la tercera semana
de la enfermedad. La perforación intestinal se produce en el
uno al dos por ciento de los individuos y ocasiona fuertes dolores abdominales
debido a que el contenido del intestino infecta la cavidad abdominal,
lo que se conoce como peritonitis.
Durante la segunda o tercera semana puede desarrollarse
neumonía, que suele deberse a una infección neumocócica,
aun cuando las bacterias tifoideas también pueden causarla. También
se puede producir una infección de la vesícula biliar
y del hígado. Una infección de la sangre (bacteriemia)
ocasionalmente puede producir una infección de los huesos (osteomielitis),
las válvulas cardíacas (endocarditis), la membrana que
cubre el cerebro (meningitis), los riñones (glomerulitis) o los
tractos urinario o genital. Una infección muscular puede provocar
un absceso.
En alrededor del 10 por ciento de los casos no tratados
los síntomas de la infección inicial recurren 2 semanas
después de haber empezado la fiebre. Por motivos que se desconocen,
los antibióticos tomados durante la fase inicial de la enfermedad
incrementan el índice de recurrencia del 15 al 20 por ciento.
Si se administran antibióticos para una recaída, la fiebre
desaparece mucho más rápidamente de lo que lo hizo en
la enfermedad original, pero ocasionalmente se produce una nueva recaída.
Prevención y tratamiento
La vacuna oral contra la fiebre tifoidea ofrece
un 70 por ciento de protección. Sólo se aplica a personas
que han estado expuestas al organismo y a las que corren un gran riesgo
de exposición, incluyendo los técnicos de laboratorio
que estudian el organismo y las personas que viajan a sitios en los
que la enfermedad es frecuente. Los turistas que se dirigen a estas
áreas deben evitar comer legumbres de hoja verde crudas y otros
alimentos servidos o almacenados a temperatura ambiente. Los alimentos
recién preparados servidos calientes o tibios, las bebidas gaseosas
embotelladas y los alimentos crudos a los que se les puede quitar la
piel suelen ser seguros. A menos que se sepa que el agua no está
contaminada, antes de su consumo debe ser hervida o clorada.
Con un rápido tratamiento antibiótico,
más del 99 por ciento de los casos de fiebre tifoidea se curan.
Por lo general, los enfermos que mueren están desnutridos, son
muy jóvenes o bien de edad muy avanzada. El estupor, el coma
y el shock son signos de una infección grave y un mal pronóstico.
La convalecencia puede durar varios meses, pero
los antibióticos disminuyen la gravedad y las complicaciones
de la fiebre tifoidea, así como la duración de los síntomas.
El cloranfenicol se usa en todo el mundo, pero como la resistencia al
mismo es cada vez mayor, se han comenzado a utilizar otros fármacos.
Si el paciente está delirando, en coma o en shock, se administran
corticosteroides para reducir la inflamación cerebral.
Es necesario que la persona se alimente con frecuencia
debido a las hemorragias intestinales u otras alteraciones del tracto
digestivo. En ciertos casos debe administrarse alimentación por
vía intravenosa hasta que se puedan digerir los alimentos. Los
pacientes con perforación intestinal necesitan antibióticos
que eliminen un amplio espectro de bacterias (porque entrarán
muchas variedades diferentes de bacterias en la cavidad peritoneal)
y quizás deban ser sometidos a cirugía para reparar o
eliminar la sección del intestino que se ha perforado.
Las recaídas se tratan del mismo modo que
la enfermedad inicial, pero, por lo general, los antibióticos
sólo son necesarios durante 5 días.
Los portadores (personas que no tienen síntomas
pero albergan las bacterias en su materia fecal) deben comunicarlo al
departamento de salud de su comunidad y se les prohíbe trabajar
con alimentos. Las bacterias pueden ser completamente erradicadas en
muchos de los portadores tras 4 a 6 semanas de terapia con antibiótico.
Infecciones causadas por Salmonella atípica
Se conocen alrededor de 2 200 variedades de Salmonella,
incluyendo la que causa la fiebre tifoidea. Cada una de estas variedades
puede producir malestar gastrointestinal, fiebre entérica e infecciones
localizadas. La carne infectada, las aves de corral, la leche sin tratar,
los huevos y los productos derivados del huevo son fuentes habituales
de Salmonella. Otras fuentes incluyen reptiles domésticos infectados,
el colorante de cochinilla y la marihuana contaminada. Estas infecciones
siguen siendo un importante problema de salud pública en muchos
países desarrollados.
Síntomas y diagnóstico
Las infecciones por Salmonella pueden causar malestar
gastrointestinal o fiebre entérica; en ocasiones afectan a una
zona específica. Algunas personas infectadas no tienen síntomas
pero son portadoras.
El
malestar gastrointestinal suele comenzar entre 12 y 48 horas después
de ingerir las bacterias Salmonella. Los síntomas se inician
con náuseas y retortijones dolorosos en el abdomen seguidos rápidamente
de diarrea, fiebre y a veces vómitos. Por lo general, la diarrea
es acuosa, a pesar de que la persona puede producir una materia fecal
pastosa, semisólida. El malestar suele ser ligero y dura de 1
a 4 días, pero puede durar mucho más. El diagnóstico
se confirma en un laboratorio realizando un cultivo de una muestra de
materia fecal o de un frotis rectal de la persona infectada.
La fiebre entérica se produce cuando las
bacterias Salmonella ingresan en la sangre. La fiebre produce un agotamiento
extremo (postración). La fiebre tifoidea es el prototipo de esta
enfermedad. Una afección menos grave puede ser provocada por
otras variedades de Salmonella.
La Salmonella puede afectar a una zona específica.
Por ejemplo, las bacterias pueden alojarse y multiplicarse en el tracto
digestivo, los vasos sanguíneos, las válvulas cardíacas,
el revestimiento del cerebro o la médula espinal, los pulmones,
las articulaciones, los huesos, las vías urinarias, los músculos
u otros órganos. En ciertos casos, puede infectarse un tumor
desarrollando un absceso que proporciona una fuente de infección
continua de la sangre.
Los portadores no presentan síntomas pero
siguen albergando las bacterias en su materia fecal. Menos del uno por
ciento de las personas con infecciones por Salmonella no típica
siguen albergando las mismas en su materia fecal durante un año
o más.
Tratamiento
El malestar gastrointestinal se trata con líquidos
y una dieta blanda. Los antibióticos prolongan la excreción
de bacterias en la materia fecal y, en consecuencia, no están
recomendados para quienes sólo experimentan este malestar. Sin
embargo, los niños, las personas que viven en residencias y las
infectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) son tratados
con antibióticos ya que corren un mayor riesgo de sufrir complicaciones.
En los portadores que no presentan síntomas, la infección
suele desaparecer por sí sola; rara vez necesitan tratamiento
antibiótico.
Pero cuando el antibiótico se hace necesario,
la ampicilina, la amoxicilina o la ciprofloxacina suelen dar buenos
resultados; de todos modos, la resistencia a estos antibióticos
es muy frecuente. Los antibióticos se toman durante un período
de 3 a 5 días, pero los individuos infectados con el VIH suelen
necesitar tratamientos más prolongados para evitar recaídas.
Las personas con bacterias Salmonella en la sangre deben tomar antibióticos
durante un período de 4 a 6 semanas. Los abscesos se tratan mediante
un drenaje quirúrgico y 4 semanas de terapia con antibiótico.
Los individuos con infección de los vasos sanguíneos,
válvulas cardíacas u otras zonas por lo general necesitan
cirugía y una antibioterapia prolongada.
Shigelosis
La shigelosis (disentería bacilar), una infección
intestinal que produce diarrea intensa, está causada por la bacteria
Shigella.
Las bacterias Shigella causan disentería
en todo el mundo y son responsables del 5 al 10 por ciento de las enfermedades
diarreicas producidas en muchas áreas. La infección se
transmite por contacto con las heces de personas infectadas. Una persona
puede contraer la enfermedad a partir de un contacto oral-anal o bien
a través de alimentos, agua, objetos o moscas contaminadas. Las
epidemias son mucho más frecuentes en las zonas superpobladas
que no cuentan con un sistema sanitario adecuado. Por lo general, son
los niños quienes presentan los síntomas más graves.
Síntomas
Las bacterias Shigella causan la enfermedad atravesando
el revestimiento del intestino, lo que produce hinchazón del
mismo y a veces úlceras superficiales. Los síntomas comienzan
entre 1 y 4 días después de la infección. En los
niños pequeños, la enfermedad comienza de pronto con fiebre,
irritabilidad o somnolencia, pérdida del apetito, náuseas
y vómitos, diarrea, dolor e hinchazón abdominal y dolor
durante la defecación. En el plazo de 3 días aparecen
pus, sangre y moco en las heces. El número de deposiciones suele
incrementarse rápidamente hasta más de 20 al día.
Se produce una intensa pérdida de peso y una deshidratación
grave.
Los adultos, sin embargo, pueden no tener fiebre
y al principio no suele haber sangre ni moco en las heces. La enfermedad
puede comenzar con episodios de dolor abdominal, una necesidad imperiosa
de defecar y la eliminación de heces, que alivia temporalmente
el dolor. Estos episodios se repiten cada vez con mayor intensidad y
frecuencia. La diarrea se vuelve abundante y las heces, que son blandas
o líquidas, contienen moco, pus y en general también sangre.
En raras ocasiones, la enfermedad se inicia repentinamente
con heces claras o turbias, ocasionalmente, con sangre. Los vómitos
son frecuentes y pueden derivar rápidamente en deshidratación.
La deshidratación grave, que puede conducir al shock y a la muerte,
afecta principalmente a los adultos enfermos crónicos y a los
niños menores de dos años.
El diagnóstico de presunción puede
basarse en los síntomas que presenta un individuo que vive en
un área en la que la Shigella es frecuente. Sin embargo, el diagnóstico
se confirma realizando un cultivo de una muestra de heces frescas.
Complicaciones
La shigelosis puede causar delirio, convulsiones
y coma, con escasa diarrea o sin ella. Esta infección puede ser
mortal en un período de 12 a 24 horas.
Otras infecciones bacterianas pueden acompañar
la shigelosis, en especial en los pacientes debilitados y deshidratados.
Las úlceras intestinales en el curso de la shigelosis pueden
provocar una grave pérdida de sangre.
Entre las complicaciones poco frecuentes se encuentran
lesiones de los nervios, de las articulaciones o del corazón
y, rara vez, perforación del intestino. El gran esfuerzo realizado
durante las deposiciones puede causar prolapso rectal, en el que parte
del recto es expulsado hacia fuera. Como resultado, se puede producir
una pérdida permanente del control de las deposiciones.
Tratamiento
En la mayoría de los casos, la enfermedad
se resuelve entre los 4 y los 8 días. Los casos graves pueden
durar de 3 a 6 semanas.
El tratamiento consiste principalmente en reemplazar
las sales y los líquidos perdidos a causa de la diarrea. Los
antibióticos están indicados cuando el paciente es muy
joven, cuando la enfermedad es grave o cuando hay riesgo de transmisión
de la enfermedad a otras personas. La gravedad de los síntomas
y el tiempo que las heces contengan Shigella pueden reducirse con antibióticos
como el trimetoprim-sulfametoxazol, la norfloxacina, la ciprofloxacina
y la furazolidona.