SECCION 17 >
INFECCIONES
CAPITULO 182
Lepra
La lepra (enfermedad de Hansen) es una infección
crónica, causada por la bacteria Mycobacterium leprae, que daña
principalmente los nervios periféricos (aquellos nervios localizados
fuera del cerebro y la médula espinal), la piel, la membrana
mucosa de la nariz, los testículos y los ojos.
La forma de transmisión de la lepra no se
conoce. Cuando un enfermo no tratado y gravemente enfermo estornuda,
las bacterias Mycobacterium leprae se dispersan en el aire. Alrededor
de la mitad de las personas con lepra probablemente la contrajeron a
través del estrecho contacto con una persona infectada. La infección
con Mycobacterium leprae probablemente provenga también de la
tierra, el contacto con armadillos e incluso el contacto con chinches
y mosquitos.
Alrededor del 95 por ciento de los individuos expuestos
a Mycobacterium leprae no desarrolla la enfermedad porque su sistema
inmunitario combate la infección. En aquellos que sí lo
hacen, la infección puede ser de carácter leve (lepra
tuberculoide) o grave (lepra lepromatosa). La forma leve, es decir,
la lepra tuberculoide, no es contagiosa.
Más de 5 millones de personas en todo el
mundo están infectadas por Mycobacterium leprae. La lepra es
más frecuente en Asia, África, América Latina y
las islas del Pacífico. Muchos de los casos de lepra en los países
desarrollados afectan a personas que han emigrado de países en
vías de desarrollo. La infección puede comenzar a cualquier
edad, pero más frecuentemente entre 20 y 30 años. La variedad
de lepra grave, llamada lepromatosa, es dos veces más frecuente
entre los varones que entre las mujeres, mientras que la forma más
leve, llamada tuberculoide, es igual de frecuente en uno y otro sexo.
Síntomas
Debido a que las bacterias causantes de la lepra
se multiplican muy lentamente, los síntomas no suelen comenzar
hasta al menos un año después de que la persona se haya
infectado, si bien lo habitual es que aparezcan de 5 a 7 años
más tarde y a menudo muchos años después. Los signos
y síntomas de la lepra dependen de la respuesta inmunológica
del enfermo. El tipo de lepra determina la predicción a largo
plazo, las posibilidades de complicaciones y la necesidad de un tratamiento
con antibióticos.
En la lepra tuberculoide, aparece una erupción
cutánea formada por una o varias zonas blanquecinas y aplanadas.
Estas áreas son insensibles al tacto porque las micobacterias
han dañado los nervios.
En la lepra lepromatosa, sobre la piel aparecen
pequeños nódulos o erupciones cutáneas sobreelevadas,
de tamaño y forma variables. El vello del cuerpo, incluidas las
cejas y las pestañas, desaparece.
La lepra limítrofe (borderline) es una situación
inestable que comparte rasgos de ambas formas. En las personas con este
tipo de lepra, su enfermedad tanto puede mejorar, en cuyo caso acaba
pareciéndose a la forma tuberculoide, como empeorar, en cuyo
caso resulta más parecida a la forma lepromatosa.
Durante el curso de la lepra no tratada o incluso
en la que sí recibe tratamiento, pueden producirse ciertas reacciones
inmunológicas que en ocasiones producen fiebre e inflamación
de la piel, los nervios periféricos y con menos frecuencia de
los ganglios linfáticos, las articulaciones, los testículos,
los riñones y los ojos. Dependiendo del tipo de reacción
y de su intensidad, el tratamiento con corticosteroides o talidomida
puede resultar eficaz.
Mycobacterium leprae es la única bacteria
que invade los nervios periféricos y casi todas sus complicaciones
son la consecuencia directa de esta invasión. El cerebro y la
médula espinal no resultan afectados. Debido a que la capacidad
de sentir el tacto, el dolor, el frío y el calor disminuyen,
los enfermos con afectación de los nervios periféricos
pueden quemarse, cortarse o herirse sin darse cuenta. Además,
la afectación de los nervios periféricos puede causar
debilidad muscular, lo que en ocasiones provoca que los dedos adopten
forma de garra y se produzca el llamado pie caído.
Por todo ello, los leprosos pueden acabar desfigurados.
Los afectados por esta enfermedad también
pueden tener úlceras en las plantas de los pies. El daño
que sufren los conductos nasales puede hacer que la nariz quede crónicamente
congestionada. En ciertos casos, las lesiones oculares producen ceguera.
Los varones con lepra lepromatosa pueden quedar impotentes e infértiles,
porque la infección reduce tanto la cantidad de testosterona
como la de esperma producido por los testículos.
Diagnóstico
Ciertos síntomas, como las características
erupciones cutáneas que no desaparecen, la pérdida del
sentido del tacto y deformidades particulares derivadas de la debilidad
muscular, constituyen las claves que permiten diagnosticar la lepra.
El examen al microscopio de una muestra de tejido infectado confirma
el diagnóstico. Los análisis de sangre y los cultivos
no resultan útiles para establecer el diagnóstico.
Prevención y tratamiento
En el pasado, las deformaciones causadas por la
lepra conducían al ostracismo y los enfermos infectados solían
ser aislados en instituciones y colonias. En algunos países,
esta práctica continúa siendo frecuente. A pesar de que
el tratamiento precoz puede prevenir o corregir la mayoría de
las deformidades más importantes, las personas con lepra son
propensas a sufrir problemas psicológicos y sociales.
El aislamiento, no obstante, es innecesario. La
lepra es contagiosa sólo en la forma lepromatosa que no recibe
tratamiento, e incluso en esos casos no se transmite fácilmente.
Además, la mayoría de las personas tiene una inmunidad
natural frente a la lepra y sólo aquellos que viven junto a un
leproso durante mucho tiempo corren el riesgo de contraer la infección.
Los médicos y las enfermeras que tratan a los enfermos de lepra
no parecen estar más expuestos que los demás.
Los antibióticos pueden detener el avance
de la lepra o incluso curarla. Debido a que algunas de las micobacterias
pueden ser resistentes a determinados antibióticos, el médico
puede prescribir más de un medicamento, en particular para los
afectados de lepra lepromatosa. La dapsona, el antibiótico más
frecuentemente utilizado para tratar la lepra, tiene un precio relativamente
accesible y, por lo general, no tiene efectos secundarios; sólo
en algunos casos produce erupciones cutáneas de naturaleza alérgica
y anemia. La rifampicina, que es más cara, es incluso más
fuerte que la dapsona; sus efectos colaterales más graves son
la afección hepática y síntomas similares a los
de la gripe. Otros antibióticos que pueden ser administrados
a los leprosos incluyen clofacimina, etionamida, minociclina, claritromicina
y ofloxacina.
El antibiótico debe continuarse durante mucho
tiempo, porque las bacterias son difíciles de erradicar. Dependiendo
de la gravedad de la infección y de la opinión del médico,
el tratamiento puede continuarse por un período que oscila entre
6 meses y muchos años. Muchas personas afectadas de lepra lepromatosa
toman dapsona el resto de su vida.