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INFECCIONES
CAPITULO 185
Infecciones por hongos
Los hongos, que son un tipo de planta, incluyen
mohos y setas. El ambiente está cargado de esporas de diversos
hongos y, por lo general, éstas flotan en el aire. Entre la amplia
variedad de esporas que caen sobre la piel o son inhaladas hacia los
pulmones sólo algunas producen infecciones menores, y sólo
rara vez se extienden hacia otras partes del organismo. Algunos pocos
tipos de hongos, como las variedades de Candida, pueden vivir normalmente
sobre la superficie del cuerpo o dentro del intestino. Estos habitantes
habituales del organismo sólo ocasionalmente pueden causar infecciones
locales de la piel, la vagina o la boca, pero muy rara vez producen
más daño. En ciertos casos, no obstante, determinadas
variedades de hongos pueden producir infecciones graves de los pulmones,
el hígado y el resto del cuerpo.
Los hongos tienen una tendencia especial a causar
infecciones en individuos con un sistema inmunológico deficiente.
Por ejemplo, los enfermos de SIDA o quienes reciben tratamiento contra
el cáncer tienen más probabilidades de desarrollar infecciones
micóticas graves. En algunos casos, las personas con inmunidad
deficiente desarrollan infecciones causadas por tipos de hongos que,
muy rara vez, por no decir nunca, causan daño a los individuos
cuyos sistemas de inmunidad funcionan normalmente. Entre estas infecciones
se encuentra la mucormicosis y la aspergilosis.
Algunas afecciones fúngicas son más
frecuentes en ciertas áreas geográficas. Por ejemplo,
la blastomicosis se produce sólo en Norteamérica y África.
Debido a que muchas infecciones fúngicas
se desarrollan lentamente, pueden pasar meses o años antes de
que una persona se dé cuenta de que necesita atención
médica. Estas infecciones pueden ser difíciles de tratar
y el tratamiento suele efectuarse durante mucho tiempo. En la actualidad
existen varios fármacos antimicóticos.
Histoplasmosis
La histoplasmosis es una afección causada
por el hongo Histoplasma capsulatum, que se desarrolla principalmente
en los pulmones pero en ocasiones puede extenderse a todo el organismo.
Las esporas de Histoplasma están presentes
en el suelo. Los granjeros y otras personas que trabajan la tierra infectada
son los más propensos a inhalar las esporas. Cuando se inhalan
grandes cantidades de éstas, se pueden producir enfermedades
graves. Los afectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH)
tienen más posibilidades de desarrollar histoplasmosis, especialmente
la variedad que se extiende por todo el organismo.
Síntomas y pronóstico
Generalmente, los infectados no presentan ningún
síntoma. Sin embargo, cuando existen, pueden adoptar formas distintas:
la forma aguda primaria, la progresiva diseminada o la crónica
cavitada.
En la forma aguda primaria, los síntomas
suelen aparecer de 3 a 21 días después de que una persona
inhala las esporas del hongo. Puede sentir malestar y tener fiebre y
tos. Los síntomas suelen desaparecer sin tratamiento en 2 semanas
y pocas veces duran más de 6 semanas. Esta forma de histoplasmosis
rara vez resulta mortal.
La forma progresiva diseminada normalmente no afecta
a los adultos sanos. Por lo general se produce en niños y personas
cuyo sistema inmunitario es deficiente (como los que padecen SIDA).
Los síntomas pueden aparecer muy lentamente, o bien de forma
extremadamente rápida. El hígado, el bazo y los ganglios
linfáticos pueden aumentar de tamaño. Con menos frecuencia,
la infección produce úlceras en la boca y los intestinos.
En casos raros, las glándulas suprarrenales resultan dañadas,
causando la enfermedad de Addison. Sin tratamiento, la histoplasmosis
diseminada progresiva es mortal en el 90 por ciento de los casos. Aun
recibiendo tratamiento, los enfermos de SIDA pueden morir rápidamente
a causa de esta infección.
La forma crónica cavitada es una afección
pulmonar que se desarrolla progresivamente a lo largo de varias semanas,
produciendo tos y dificultad cada vez mayor para respirar. Los síntomas
incluyen pérdida de peso, sensación de enfermedad (malestar
general) y fiebre leve. La mayoría de los enfermos se recupera
sin tratamiento en 2 a 6 meses. Sin embargo, las dificultades respiratorias
pueden empeorar gradualmente y algunos pacientes pueden expectorar sangre,
a veces en grandes cantidades. El daño pulmonar o la invasión
bacteriana de los pulmones finalmente puede causar la muerte.
Diagnóstico y tratamiento
Para establecer el diagnóstico, el médico
obtiene muestras de esputo, ganglios linfáticos, médula
ósea, hígado, úlceras de la boca, orina o sangre
del enfermo. Estas muestras son enviadas a un laboratorio para su cultivo
y análisis.
Las personas con histoplasmosis aguda rara vez necesitan
tratamiento farmacológico. Sin embargo, las que presentan la
forma progresiva diseminada suelen responder bien al tratamiento con
anfotericina B administrada de forma intravenosa o con itraconazol por
vía oral. En la forma crónica cavitada, el itraconazol
o la anfotericina B pueden eliminar el hongo, aunque la destrucción
causada por la infección deja tejido cicatricial. Los problemas
respiratorios, similares a los causados por una enfermedad pulmonar
obstructiva crónica, suelen continuar. En consecuencia, el tratamiento
debe comenzar lo antes posible para limitar el daño pulmonar.
Coccidioidomicosis
La coccidioidomicosis (fiebre de San Joaquín,
fiebre del valle) es una infección causada por el hongo Coccidioides
immitis, que generalmente afecta a los pulmones.
La coccidioidomicosis se produce tanto como una
afección pulmonar leve que desaparece sin tratamiento (la forma
aguda primaria), como una infección grave y progresiva que se
extiende por todo el organismo y a menudo es mortal (la forma progresiva).
Ésta suele ser un signo de que el enfermo posee un sistema inmunitario
deficiente, generalmente debido al SIDA.
Las esporas de Coccidioides se encuentran en el
suelo de ciertas áreas de Norteamérica, América
Central y América del Sur. Los granjeros y otras personas que
trabajan la tierra están más expuestos a inhalar las esporas
y resultar infectados. Quienes se infectan durante un viaje quizás
no presenten los síntomas de la enfermedad hasta después
de haber dejado la zona.
Síntomas
Los afectados por coccidioidomicosis aguda primaria,
generalmente, no presentan sintomatología. Si aparecen síntomas,
lo hacen de una a tres semanas después de que se ha producido
la infección. Éstos son leves en la mayoría de
los casos y pueden consistir en fiebre, dolor en el pecho y escalofríos.
También puede expectorar esputos y ocasionalmente sangre. Algunas
personas desarrollan el llamado reumatismo del desierto, una enfermedad
que consiste en la inflamación de la superficie del ojo (conjuntivitis)
y de las articulaciones (artritis) y la formación de nódulos
en la piel (eritema nudoso).
La forma progresiva de la enfermedad es muy inusual
y puede desarrollarse a lo largo de semanas, meses o incluso años
después de producida la infección aguda primaria, o bien
tras haber vivido en una zona en la cual la misma es frecuente. Los
síntomas incluyen fiebre leve, pérdida de apetito, adelgazamiento
y disminución de la fuerza. La infección pulmonar puede
empeorar, causando una mayor dificultad para respirar. La infección
puede extenderse de los pulmones a los huesos, las articulaciones, el
hígado y el bazo, a los riñones, el cerebro y las membranas
que lo recubren.
Diagnóstico
El médico puede sospechar la presencia de
coccidioidomicosis si alguien que vive en una zona endémica o
acaba de regresar de allí presenta estos síntomas. Se
toman muestras de esputo o pus del paciente y se envían al laboratorio.
Los análisis de sangre pueden revelar la presencia de anticuerpos
contra el hongo. Estos anticuerpos aparecen al principio del proceso
pero desaparecen en la forma aguda primaria de la enfermedad; en la
forma progresiva persisten.
Pronóstico y tratamiento
La forma aguda de coccidioidomicosis suele desaparecer
sin tratamiento y la recuperación generalmente es completa. Sin
embargo, los afectados de la forma progresiva se tratan con anfotericina
B intravenosa o fluconazol oral. Otra posibilidad es administrar itraconazol
o ketoconazol. A pesar de que el tratamiento con fármacos puede
ser eficaz en ciertas infecciones localizadas, como por ejemplo las
de la piel, los huesos o las articulaciones, una vez que se suspende
el tratamiento suelen producirse recaídas. Las variedades más
importantes de coccidioidomicosis progresiva diseminada suelen ser mortales,
especialmente la meningitis (infección de las membranas del cerebro
y la médula espinal). Si un enfermo tiene meningitis, se recurre
al fluconazol; también es posible inyectar anfotericina B en
el líquido de la médula espinal. El tratamiento debe mantenerse
durante años, a menudo durante el resto de la vida. La meningitis
que no recibe tratamiento es siempre mortal.
Blastomicosis
La blastomicosis (blastomicosis norteamericana,
enfermedad de Gilchrist) es una infección causada por el hongo
Blastomyces dermatitidis.
La blastomicosis es principalmente una afección
pulmonar, pero en ocasiones se extiende hacia otras zonas a través
del flujo sanguíneo. Las esporas de Blastomyces probablemente
penetran a través de las vías respiratorias cuando son
inhaladas. No se sabe de dónde parten las esporas del ambiente,
pero en una ocasión se relacionó una epidemia con los
refugios de los castores. La mayoría de estas infecciones se
producen en los Estados Unidos y en zonas muy dispersas de África.
Los varones entre 20 y 40 años de edad suelen ser los más
afectados. La enfermedad es rara en los enfermos de SIDA.
Síntomas y diagnóstico
La blastomicosis de los pulmones comienza gradualmente
con fiebre, escalofríos y sudoración profusa. Luego puede
añadirse tos, con o sin expectoración, dolor en el pecho
y dificultades para respirar. A pesar de que la infección pulmonar
suele empeorar lentamente, en ocasiones mejora sin tratamiento.
La forma diseminada de blastomicosis suele afectar
a muchas áreas del cuerpo. Es posible que aparezca una infección
cutánea en forma de pequeñas protuberancias (pápulas),
que pueden contener pus (papulopústulas). Las pápulas
y papulopústulas duran poco tiempo y se diseminan lentamente.
Luego aparecen en la piel placas sobreelevadas y verrugosas, rodeadas
de diminutos abscesos indoloros (algunos tienen el tamaño de
la cabeza de un alfiler). Los huesos pueden presentar tumefacciones
dolorosas. Los varones pueden experimentar una hinchazón dolorosa
del epidídimo (una estructura similar a un cordel pegada a los
testículos) o bien un profundo malestar debido a una infección
de la próstata (prostatitis).
El médico establece el diagnóstico
en ocasiones examinando al microscopio una muestra de esputo o de tejido
infectado, como la piel. Si se encuentran hongos, la muestra puede cultivarse
y analizarse para verificar el diagnóstico.
Tratamiento
La blastomicosis puede tratarse con anfotericina
B intravenosa o itraconazol oral. Con este tratamiento, el paciente
comienza a sentirse mejor al cabo de una semana y el hongo desaparece
rápidamente. Sin tratamiento, la infección empeora lentamente
y conduce a la muerte.
Candidiasis
La candidiasis (candidosis, moniliasis) es una infección
causada por diversas variedades de Candida, especialmente Candida albicans.
La infección de las membranas mucosas, como
ocurre en la boca o la vagina, es frecuente entre los individuos con
un sistema inmunológico normal. Sin embargo, estas afecciones
son más frecuentes o persistentes en diabéticos o enfermos
de SIDA y en las mujeres embarazadas.
Candidiasis oral
La infección por Candida puede provocar la formación
de placas blancas en la boca.
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Las personas cuyo sistema inmunitario es deficiente
suelen desarrollar una candidiasis que se extiende por todo el cuerpo,
y quienes presentan riesgo de desarrollar una infección en el
flujo sanguíneo (candidemia) son las que tienen un bajo número
de glóbulos blancos (que puede ser debido a una leucemia o al
tratamiento por otros cánceres) y las que tienen un catéter
colocado en un vaso sanguíneo. En caso de cirugía u otros
procedimientos invasivos relacionados con el corazón y los vasos
sanguíneos, puede producirse una infección de las válvulas
cardíacas (endocarditis).
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas de candidiasis varían
en función del tejido afectado. Por ejemplo, la infección
de la boca (aftas) provoca la aparición de placas cremosas, que
son de color blanco y causan dolor. Cuando se localizan en el esófago,
existen dificultades para tragar o comer. Si las válvulas del
corazón se ven afectadas, puede aparecer fiebre, soplo cardíaco
y agrandamiento del bazo. Una infección de la retina (la membrana
sensible a la luz que se encuentra sobre la superficie interna de la
parte posterior del ojo) puede provocar ceguera. Una infección
de la sangre (candidemia) o del riñón, puede generar fiebre,
disminución de la presión arterial (shock) y una menor
producción de orina.
Muchas infecciones causadas por Candida se diagnostican
a través de los síntomas. Para establecer un diagnóstico
definitivo, es preciso observar los hongos en una muestra de piel examinada
al microscopio. El cultivo de las muestras de sangre o de líquido
de la médula espinal también pueden revelar la presencia
de los mismos.
Pronóstico y tratamiento
Cuando se produce candidiasis en la boca o la vagina,
es posible aplicar fármacos antimicóticos directamente
sobre el área o bien se puede administrar fluconazol por vía
oral. La candidiasis que se ha extendido por todo el cuerpo es una enfermedad
grave, progresiva y potencialmente mortal que suele ser tratada con
anfotericina B intravenosa, a pesar de que el fluconazol resulta eficaz
en algunas personas.
Ciertas enfermedades, como la diabetes, pueden empeorar
la candidiasis y deben ser controladas para ayudar a erradicar la infección.
Esporotricosis
La esporotricosis es una infección causada
por el hongo Sporothrix schenckii.
El Sporothrix es típico de los rosales, bérberos,
el musgo esfagnáceo y otros abonos. Generalmente, los que resultan
infectados son los jardineros y los horticultores.
La esporotricosis suele afectar a la piel y a los
vasos linfáticos cercanos. Ocasionalmente, también afecta
a los pulmones o a otros tejidos.
Síntomas y diagnóstico
Una afección de la piel y los vasos linfáticos
cercanos, comienza típicamente como un nódulo pequeño
y duro en un dedo que aumenta de tamaño lentamente y luego forma
una úlcera. Durante los días o semanas siguientes, la
infección se propaga a través de los vasos linfáticos
del dedo, la mano y el brazo y llega a los ganglios, formando nódulos
y úlceras a lo largo del trayecto. Por lo general, no hay otros
síntomas.
Una infección pulmonar, generalmente en quienes
padecen alguna otra enfermedad asociada (como enfisema), puede causar
neumonía, con un ligero dolor en el pecho y tos. Con menos frecuencia,
puede producirse una infección en otras partes del cuerpo, como
los huesos, las articulaciones, los músculos o los ojos. Rara
vez se produce una infección del bazo, el hígado, los
riñones, los genitales o el cerebro.
Los característicos nódulos y ulceraciones
permiten al médico sospechar que una persona padece esporotricosis.
El diagnóstico se confirma cultivando e identificando Sporothrix
en muestras de tejido infectado.
Tratamiento
La esporotricosis que afecta a la piel suele extenderse
muy lentamente y rara vez es mortal. La infección cutánea
es tratada con itraconazol por vía oral. Otra alternativa es
prescribir yoduro de potasio, pero no es tan eficaz y causa efectos
colaterales en la mayoría de los pacientes, como erupción
cutánea, congestión nasal e inflamación de los
ojos, boca y garganta. Si la infección se extiende por todo el
organismo y pone en peligro la vida de la persona, se administra anfotericina
B intravenosa; sin embargo, según los resultados en gran número
de casos, el itraconazol oral resulta igual de eficaz o incluso superior.