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INFECCIONES
CAPITULO 186
Infecciones víricas
Un virus es un diminuto organismo infeccioso
(mucho menor que un hongo o una bacteria), que necesita de una célula
viva para reproducirse. El virus se adhiere a una célula, generalmente
de un tipo específico. Una vez dentro de ellas, libera su ADN
o ARN (que contiene la información necesaria para crear nuevas
partículas de virus) y asume el control de algunos procesos metabólicos
de la misma. En consecuencia, los componentes del virus son fabricados
dentro de la célula y ensamblados adecuadamente para que el virus
sea liberado y siga manteniendo su capacidad infectiva.
Lo que le sucede a la célula depende del
tipo de virus. Algunos matan las células que infectan. Otros
alteran la función celular hasta el punto de que la misma pierde
el control de su división normal y se torna cancerosa. Algunos
virus incorporan una parte de su información genética
en el ADN de la célula huésped, pero permanecen inactivos
(o latentes) hasta que la misma es alterada permitiendo que el virus
emerja de nuevo.
Generalmente, los virus poseen un huésped
preferido. Algunos, como el de la gripe, puede infectar a los humanos
y una variedad de otros animales. De todos modos, algunas variedades
de gripe se han adaptado de forma tal que pueden infectar una especie
de animal más eficientemente que otras. Casi todos los virus
que se encuentran frecuentemente en los seres humanos son transmitidos
de persona a persona. Algunos, como el de la rabia o el de la encefalitis,
infectan principalmente a los animales y sólo en ocasiones a
los humanos.
El organismo posee un número de defensas
específicas y no específicas contra los virus. Las barreras
físicas, como la piel y las membranas mucosas, impiden acceder
fácilmente al interior del cuerpo. Las células afectadas
producen interferón (o interferones), una familia de glucoproteínas
capaces de hacer que las células no afectadas se vuelvan más
resistentes a la infección producida por muchos virus.
Si un virus penetra en el organismo, distintas variedades
de glóbulos blancos, como los linfocitos, son capaces de atacar
y destruir las células infectadas. Los dos tipos principales
de linfocitos son los llamados B y T. Cuando resultan expuestos a un
ataque por un virus, los linfocitos T aumentan en número y maduran
tanto hacia células colaboradoras, que ayudan a los linfocitos
B a producir anticuerpos, como hacia células citotóxicas
(asesinas), que atacan a las células infectadas por un virus
específico. Los linfocitos T también generan sustancias
químicas (llamadas citoquinas) que aceleran este proceso de maduración.
Las citoquinas de los linfocitos colaboradores pueden ayudar a los linfocitos
B y a otras series celulares que derivan de ellos. Las células
plasmáticas, a producir anticuerpos que se unen a unos determinados
virus y suprimen su capacidad infecciosa antes de que infecten otras
células.
Se puede generar inmunidad administrando vacunas.
Éstas se preparan de forma tal que se asemejen a un virus específico,
como el virus que produce gripe o sarampión, de manera que sea
administrado a las personas sin causar la enfermedad. En respuesta a
una vacuna, el organismo aumenta el número de linfocitos T y
B que son capaces de reconocer al virus específico. De esta forma,
las vacunas pueden producir inmunidad frente a un virus específico.
En la actualidad existen muchas vacunas que previenen infecciones frecuentes
y graves, tales como gripe, sarampión, parotiditis, poliomielitis,
varicela, rabia, rubéola (sarampión alemán), hepatitis
A y B, encefalitis japonesa y fiebre amarilla. Sin embargo, en ocasiones
un virus cambia (muta) para evitar el anticuerpo de la vacuna y es entonces
necesario repetir la vacunación.
Es posible adquirir protección inmediata
contra una infección vírica recibiendo una inyección
o infusión de inmunoglobulinas. Dicha infusión contiene
anticuerpos que fueron producidos por otra persona o bien por un animal.
Por ejemplo, quien viaja a una zona con prevalencia de hepatitis A puede
recibir una inyección de inmunoglobulina contra este tipo de
hepatitis. Sin embargo, la inmunoglobulina puede hacer que algunas vacunas,
como la del sarampión o la poliomielitis, resulten menos eficaces
si se aplica al mismo tiempo.
Los fármacos que combaten las infecciones
víricas reciben el nombre de fármacos antivíricos.
Existen muchos menos fármacos antivíricos que antibacterianos
(antibióticos). En comparación con la mayoría de
los antibióticos, los fármacos antivíricos suelen
ser más difíciles de producir, más específicos
para el organismo contra el que están destinados y por lo general
más tóxicos. Los antibióticos no son eficaces contra
las infecciones víricas, pero si alguien tiene una infección
por bacterias además de la vírica, suele ser necesario
administrar un antibiótico.
Infecciones respiratorias de origen vírico
Probablemente las infecciones víricas más
frecuentes sean las de los pulmones y las vías respiratorias.
Comprenden el catarro común, gripe, infección de garganta
(faringitis o laringitis), tos ferina en niños pequeños
e inflamación de la tráquea (traqueítis) u otras
vías respiratorias (bronquiolitis, bronquitis).
Resfriado o catarro común
El resfriado o catarro común es una infección
vírica del revestimiento de la nariz, los senos paranasales,
la garganta y las grandes vías respiratorias.
Son muchos los virus causantes de resfriados. Los
picornavirus, al igual que los rinovirus, producen la mayoría
de los de primavera, verano y otoño. Los virus de la gripe y
los virus sincitiales respiratorios, que aparecen regularmente al final
del otoño y en invierno, provocan una gran variedad de enfermedades,
incluyendo resfriados. Los de la gripe se transmiten con facilidad de
persona a persona a través de microgotas infectadas que se expulsan
al toser o estornudar. Los rinovirus y los virus sincitiales respiratorios
se transmiten de esta forma, pero quizás principalmente lo hagan
por contacto directo con secreciones infectadas transportadas en los
dedos.
El
motivo por el cual uno tiene más probabilidades de infectarse
en un momento que en otro no se conoce del todo. La exposición
al frío no hace que uno se resfríe ni que aumente su susceptibilidad
a infectarse con un virus respiratorio. No parece influir demasiado
el estado general de salud de la persona ni sus hábitos alimentarios.
Y tampoco influye el hecho de que tenga cualquier anomalía en
la nariz o en la garganta, como amígdalas de gran tamaño
o adenoides. Sin embargo, quienes se encuentran cansados o presentan
ansiedad, aquellos que tienen alergias de nariz o garganta y las mujeres
que se encuentran en la mitad del ciclo menstrual son más propensos
a notar los síntomas de un resfriado.
Síntomas y complicaciones
Los síntomas del catarro común se
inician después de uno a tres días de producido el contacto.
Por lo general, los primeros síntomas son malestar en la nariz
o la garganta. A continuación el enfermo comienza a estornudar,
tiene la nariz congestionada y se siente levemente enfermo. Por lo general
no existe fiebre, pero a veces la temperatura del cuerpo se eleva un
poco al inicio de los síntomas. Las secreciones de la nariz son
acuosas y claras y pueden ser muy molestas durante los primeros días.
Posteriormente las mismas se tornan más espesas, opacas, de color
amarillo verdoso y menos abundantes. Muchas personas también
tienen tos. Estos síntomas suelen desaparecer en 4 a 10 días,
a pesar de que la tos, con o sin expectoración, suele persistir
durante una semana más.
Las complicaciones pueden prolongar la sintomatología.
La afección traqueal junto con cierta tensión en el pecho
y una sensación de quemazón son más frecuentes
en algunas personas y con determinados virus. Las personas con bronquitis
persistente o asma pueden tener más dificultad para respirar
durante un resfriado y después del mismo. Tras un resfriado puede
producirse una infección bacteriana de los oídos, los
senos paranasales o la tráquea y las vías respiratorias
(infección traqueobronquial), que requiere tratamiento con antibióticos.
Diagnóstico
En general, los catarros se pueden diagnosticar
rápidamente en función de los síntomas típicos.
Sin embargo, las infecciones bacterianas, las alergias y otros trastornos
pueden causar síntomas similares. Los mismos virus que producen
catarros también pueden provocar síntomas similares a
los de la gripe. Una fiebre alta sugiere que la afección no es
un simple resfriado. Por lo general no es necesario realizar pruebas
para diagnosticar un resfriado a menos que surjan complicaciones.
Tratamiento
Una persona congestionada debe evitar el frío
y guardar reposo, intentando evitar el contagio a otros. Esto suele
hacerse más bien en las primeras fases de la infección.
Quienes tienen fiebre o síntomas más intensos deberían
permanecer aislados y en reposo. Beber líquido ayuda a mantener
las secreciones blandas para que resulten más fáciles
de expulsar.
Los medicamentos para el catarro son de conocimiento
popular, pero sus efectos beneficiosos no son claros. La aspirina, por
ejemplo, puede llegar a aumentar la difusión del virus, al tiempo
que sólo mejora levemente los síntomas. Si se necesita
un fármaco para aliviar el dolor o la fiebre en un niño
o un adolescente, es preferible administrar paracetamol o ibuprofeno,
porque la aspirina ocasionalmente incrementa el riesgo de contraer el
síndrome de Reye, un trastorno potencialmente mortal.
Los descongestionantes nasales sólo consiguen
un alivio temporal y limitado. Los antihistamínicos pueden descongestionar
la nariz, pero se ha demostrado que sólo lo consiguen en individuos
con historia de alergia. Por otra parte, causan somnolencia y otros
efectos colaterales, particularmente en personas de edad avanzada. Inhalar
vapor o vaho mediante un vaporizador es un método que algunos
consideran útil para despegar las secreciones y reducir la opresión
del pecho. Lavar los conductos nasales con una solución salina
puede ayudar a eliminar las secreciones más persistentes. La
tos puede ser la única forma de eliminar secreciones y desechos
de las vías respiratorias durante una virosis, por lo que es
preferible no tratarla a menos que interfiera el sueño o cause
un gran malestar. Una tos intensa puede ser tratada con un antitusígeno.
Los antibióticos no son eficaces contra el catarro; deberían
usarse sólo si también se produce una sobreinfección
por bacterias.
Gripe
La gripe (influenza) es una infección vírica
que produce fiebre, secreción nasal, tos, dolor de cabeza, sensación
de enfermedad (malestar general) e inflamación del revestimiento
de la nariz y las vías respiratorias.
Todos los años se producen epidemias de enfermedades
respiratorias causadas por la gripe durante el final del otoño
o el comienzo del invierno. A pesar de que muchos virus respiratorios
pueden causar síntomas de gripe, los virus A y B de la gripe
suelen ser responsables de las epidemias hacia el final del otoño
o el invierno.
El virus se transmite inhalando microgotas provenientes
de la tos o de los estornudos de una persona infectada o bien teniendo
contacto directo con las secreciones. En ciertos casos también
es posible contagiarse a través de la manipulación de
artículos del hogar infectados.
Síntomas
La gripe difiere del catarro común. Los síntomas
comienzan alrededor de las 48 horas que siguen a la infección
y pueden manifestarse de improviso. Los escalofríos o la sensación
de frío pueden ser los primeros indicios de gripe. La fiebre
es frecuente durante los primeros días y puede subir hasta 38,5
o 39,5 °C. Muchos enfermos se sienten mal como para levantarse de
la cama; sienten dolor en todo el cuerpo, aunque más pronunciado
en la espalda y las piernas. El dolor de cabeza suele ser intenso y
se acompaña de dolor alrededor y detrás de los ojos. La
luz intensa puede acentuar dichos dolores.
Al
principio, los síntomas respiratorios pueden ser relativamente
leves, con molestias en la garganta, sensación de quemazón
en el pecho, tos seca y congestión nasal. Posteriormente, la
tos puede intensificarse y agregarse esputos. En muchos casos la piel
adquiere una temperatura elevada y está enrojecida, especialmente
en la cara. La boca y la garganta enrojecen, los ojos se vuelven llorosos
y la membrana blanca de los mismos puede estar levemente inflamada.
El enfermo, en especial si es un niño, puede presentar náuseas
y vómitos.
Al cabo de 2 o 3 días, la mayor parte de
la sintomatología desaparece rápidamente, si bien en ciertos
casos la fiebre dura hasta 5 días. Sin embargo, la bronquitis
y la tos pueden persistir durante 10 días o más y los
cambios producidos en las vías respiratorias tardan de 6 a 8
semanas en resolverse completamente. La debilidad y la fatiga pueden
prolongarse durante varios días o en ocasiones durante semanas.
Diagnóstico
Generalmente, la gente conoce los síntomas
de la gripe y, dado que esta afección se produce por epidemias,
suele ser correctamente diagnosticada por la persona que la sufre o
bien por miembros de su familia. La gravedad de la misma y la presencia
de fiebre muy alta la distinguen de un catarro común. Se puede
hacer una prueba con una muestra de sangre que permite identificar una
infección por el virus de la gripe aunque no siempre es necesario
ni tampoco se dispone siempre de esta prueba. La mejor manera de establecer
el diagnóstico es recuperando el virus mediante un cultivo de
secreciones respiratorias.
Prevención
Un individuo expuesto al virus de la gripe produce
anticuerpos contra el mismo, que la protegen contra una nueva infección
por ese virus en particular. De todos modos, vacunarse contra la gripe
todos los años es la mejor forma de evitar contraerla. Las vacunas
contienen variedades de virus de influenza inactivados (o muertos)
o bien partículas víricas. Una vacuna puede ser monovalente
(una variedad de virus solamente) o polivalente (generalmente tres variedades).
La monovalente permite administrar una dosis mayor contra una variedad
nueva de virus, mientras que una polivalente crea resistencia contra
más de una variedad. Cada año se crea una nueva vacuna
basada en las predicciones de qué virus tienen más probabilidades
de causar gripe. Las predicciones tienen en cuenta qué variedad
de virus ha predominado durante la temporada anterior y cuál
está causando la enfermedad en otras partes del mundo en ese
momento.
La vacunación es particularmente importante
para quienes tienen probabilidades de enfermar gravemente si se infectan.
La vacunación debe tener lugar durante el otoño, de manera
que los valores de anticuerpos lleguen al máximo durante los
meses claves para la gripe, generalmente el invierno. Para la mayoría
de los vacunados, deben transcurrir 2 semanas hasta que la vacuna comience
a ofrecer protección. Sin embargo, los niños u otras personas
que nunca han estado expuestas a un virus de influenza, necesitan recibir
dos dosis de la misma, con una diferencia de un mes entre cada una,
para así conseguir una inmunidad adecuada.
La amantadina o la rimantadina, dos fármacos
antivíricos, pueden proteger contra el virus A, pero no así
contra el B. Se utilizan durante las epidemias de gripe por virus A
para proteger a las personas que se encuentran en estrecho contacto
con los infectados y otras con riesgo elevado de infectarse y que nunca
han sido vacunadas. Es posible dejar de administrar el fármaco
2 a 3 semanas después de la vacunación. Si no es posible
aplicar la vacuna, se toma amantadina o rimantadina durante toda la
epidemia, generalmente durante 6 a 8 semanas. Estos fármacos
pueden causar nerviosismo, falta de sueño y otros efectos colaterales,
especialmente en los ancianos y los afectados por alguna enfermedad
cerebral o renal. La rimantadina tiende a causar menos efectos colaterales
que la amantadina.
Tratamiento
El mejor tratamiento para la gripe consiste en guardar
reposo, mantener la hidratación bebiendo abundante líquido
y evitando los esfuerzos, fundamentalmente desde el momento en que comienzan
los síntomas hasta 24 a 48 horas después de que la temperatura
corporal vuelve a la normalidad. Las personas con síntomas intensos
pero sin complicaciones pueden tomar paracetamol, aspirina, ibuprofeno
o naproxeno. Debido al peligro de que desarrollen síndrome de
Reye, no se debe administrar aspirina a los niños. Sin embargo,
el paracetamol se les puede suministrar si realmente lo necesitan. Otras
medidas útiles para el catarro común, como tomar descongestionantes
nasales e inhalar vapor, pueden aliviar los síntomas.
La amantadina o la rimantadina ayudan a reducir
la duración y gravedad de la fiebre y los síntomas respiratorios.
Si se administran al principio de una infección sin complicaciones
por el virus A de la gripe, no reducen la gravedad de la neumonía
vírica. Pero en este caso también pueden ser administradas
para intentar incrementar la probabilidad de recuperación. Se
ha demostrado que la ribavirina, que puede ser inhalada en forma de
aerosol o bien ingerida por boca, reduce la fiebre y afecta a la capacidad
de reproducción del virus, pero su uso sigue siendo experimental.
Sin embargo es posible administrarla para aliviar los síntomas
de neumonía vírica.
Una infección bacteriana secundaria es tratada
con antibióticos. La neumonía bacteriana causada por una
clase de bacteria, el neumococo, puede evitarse con una vacuna polivalente
que contenga los tipos más frecuentes de neumococos. Sin embargo,
no debe vacunarse a alguien con gripe.
Infecciones causadas por herpesvirus
Los dos tipos principales de herpesvirus que producen
infecciones con ampollas en la piel son el herpes simple y el herpes
zoster.
Otro herpesvirus, el de Epstein-Barr, produce mononucleosis
infecciosa. El citomegalovirus, otro de los herpesvirus, puede provocar
una enfermedad imposible de diferenciar de la mononucleosis infecciosa.
Un herpesvirus más recientemente identificado (herpesvirus 6)
provoca una enfermedad infantil conocida como roséola infantil.
El herpesvirus humano 7 nunca ha sido relacionado hasta la actualidad
con ninguna enfermedad. En algunos estudios, el herpesvirus 8 ha sido
interpretado como el causante del sarcoma de Kaposi en los enfermos
de SIDA.
Herpes simple
La infección causada por herpes simple produce
episodios recurrentes de vesículas pequeñas y dolorosas,
llenas de líquido, sobre la piel o las membranas mucosas.
El herpes simple produce una erupción sobre
la piel o las membranas mucosas. La misma erupción desaparece,
pero el virus se mantiene en un estado inactivo (latente) dentro de
los ganglios (una agrupación de células nerviosas) que
proporcionan la sensibilidad de la zona infectada. Periódicamente
el mismo herpes se reactiva y comienza a replicarse, causando erupciones
cutáneas con vesículas, que se localizan en el mismo sitio
que la aparición anterior. Sin embargo, éste puede estar
presente en la piel sin causar ninguna vesícula evidente; el
virus en ese estado puede ser una fuente de contagio para otras personas.
Las erupciones pueden comenzar a raíz de una sobreexposición
a la luz solar o bien por un estado febril, el estrés físico
o emocional, la supresión del sistema inmunitario, o por la toma
de ciertos alimentos o medicamentos, si bien, por lo general, se desconocen
los factores que las desencadenan.
Los dos tipos de virus herpes simple que infectan
la piel son VHS-1 y VHS-2. El VHS-1 es el que produce la formación
de vesículas sobre los labios (herpes labial) y úlceras
en la córnea del ojo (queratitis por herpes simple). Por lo general
se transmite por contacto con secreciones de la boca o sus alrededores.
El VHS-2 suele causar herpes genital y es transmitido principalmente
por contacto directo con las vesículas, casi siempre durante
una relación sexual.
Síntomas y complicaciones
La recurrencia de herpes simple se presiente por
la aparición de un hormigueo, malestar o picor, que precede a
la formación de vesículas en varias horas o hasta 2 o
3 días. Sobre cualquier parte de la piel o las membranas mucosas
pueden formarse vesículas rodeadas de un borde rojizo, si bien
por lo general se forman en la boca o a su alrededor, en los labios
y los genitales. Las vesículas (que pueden ser dolorosas) tienden
a unirse, hasta el punto de conformar una única zona afectada.
Tras unos días, las mismas comienzan a secarse y forman una delgada
costra amarillenta y úlceras superficiales. La curación
suele comenzar una o dos semanas después de su aparición
y por lo general se completa en 21 días. Sin embargo, las vesículas
formadas en zona húmedas del cuerpo pueden tardar más
en curarse. Puede producirse cicatrización si las erupciones
siguen desarrollándose en el mismo lugar o bien si aparece una
infección bacteriana secundaria.
La primera infección causada por herpes en
los niños puede provocar llagas dolorosas e inflamación
en la boca y las encías (gingivoestomatitis) o bien una dolorosa
inflamación de la vulva y la vagina (vulvovaginitis). Estos procesos
también causan irritabilidad, pérdida del apetito y fiebre.
En los niños pequeños y con menos frecuencia en los de
mayor edad, la afección puede propagarse por la sangre y afectar
a órganos internos, como el cerebro (una infección que
puede ser mortal).
Una mujer que haya tenido una infección con
VHS 2 puede trasmitirla a su feto, especialmente si lo ha contraído
durante los tres últimos meses de embarazo. El herpes simple
en un feto causa desde una leve inflamación de la membrana que
rodea el cerebro (meningitis), hasta en ocasiones una inflamación
intensa del tejido cerebral (encefalitis).
Si los niños o adultos afectados por una
enfermedad cutánea llamada eccema atópico se infectan
con el virus herpes simple, en ocasiones desarrollan una enfermedad
potencialmente mortal llamada eccema herpético. Por consiguiente,
los afectados de eccema atópico deberían evitar estar
cerca de una persona con una infección herpética activa.
En los enfermos de SIDA, las infecciones herpéticas de la piel
pueden ser particularmente graves y persistentes. Estas personas también
presentan con mayor frecuencia inflamación del esófago
y del intestino, úlceras alrededor del ano, neumonía o
anomalías nerviosas.
Cuando el herpes simple penetra a través
de una lesión de la piel del dedo, se produce una inflamación
dolorosa y rojiza de la punta del mismo que recibe el nombre de panadizo
herpético. Suele aparecer frecuentemente en los trabajadores
sanitarios que nunca han tenido herpes simple y entran en contacto con
fluidos corporales que lo contienen.
Diagnóstico
El herpes simple suele ser difícil de reconocer.
Puede ser confundido con una reacción alérgica, otras
infecciones víricas o incluso una reacción cutánea
medicamentosa. La localización de las vesículas en la
superficie corporal puede ayudar a establecer el diagnóstico.
Si el médico sospecha que alguien está
afectado de herpes simple puede examinar una muestra de sus vesículas
al microscopio. En el caso de una infección por dicho virus,
en las muestras aparecerán grandes células infectadas.
Los cultivos del virus, los análisis de sangre que comprueban
si ha aumentado el número de anticuerpos y las biopsias pueden
confirmar el diagnóstico. De todos modos, rara vez se necesita
acudir a estas pruebas. Es posible establecer un diagnóstico
en un estadio muy precoz, usando nuevas técnicas tales como la
reacción en cadena de la polimerasa, que puede ser utilizada
para identificar el ADN del virus en un tejido o humor corporal.
Tratamiento
Generalmente, el único tratamiento necesario
para el herpes labial es mantener limpia la zona afectada lavándola
suavemente con agua y jabón. A continuación es necesario
secar el área por completo; si las vesículas quedan húmedas
la inflamación puede empeorar, la curación se retrasa
y posiblemente favorezca la sobreinfección bacteriana. Para evitarla
o tratarla, puede aplicarse sobre la piel una pomada con un antibiótico
como la neomicina-bacitracina. Si aumenta cada vez más la infección
bacteriana o bien está provocando síntomas adicionales,
se pueden administrar antibióticos por vía oral o mediante
inyección intramuscular.
Las cremas antivíricas como la idoxuridina,
la trifluridina y el aciclovir suelen ser eficaces si se aplican directamente
sobre las vesículas. El aciclovir o la vidarabina, ingeridos
por vía oral, pueden ser utilizados para las infecciones herpéticas
graves que afectan a todo el organismo. En ocasiones se agrega aciclovir
por vía oral a diario para evitar que se repitan las erupciones,
particularmente cuando los genitales han resultado afectados. En los
casos de queratitis herpética simple o herpes genital es posible
que se necesiten medidas específicas de tratamiento.
Herpes zoster
El herpes zoster (culebrilla) es una infección
que produce erupciones cutáneas muy dolorosas constituidas por
ampollas llenas de líquido.
El herpes zoster es causado por el mismo herpesvirus,
el de varicela-zoster, que produce varicela. La infección inicial
por el virus varicela-zoster, que puede adoptar la forma de varicela,
termina con la penetración de los virus en los ganglios (una
agrupación de células nerviosas) de los nervios espinales
o craneales permaneciendo allí en estado latente. El herpes zoster
siempre queda limitado a la distribución cutánea de la
raíz o raíces nerviosas afectadas (dermatomas).
El
virus del herpes zoster puede no volver a producir síntomas o
bien puede reactivarse muchos años después. Si esto ocurre,
se produce la enfermedad. En ocasiones, tiene lugar cuando la inmunidad
del organismo disminuye por otro trastorno, como el SIDA o la enfermedad
de Hodgkin, o bien por medicaciones que debilitan el sistema inmunitario.
En la mayoría de los casos se desconoce la causa de la reactivación.
La aparición del herpes zoster no siempre significa que exista
alguna enfermedad grave subyacente. Puede ocurrir a cualquier edad pero
es más frecuente después de los 50 años.
Síntomas y complicaciones
Tres o cuatro días antes de la aparición
del herpes zoster, algunas personas se sienten mal y tienen escalofríos,
fiebre, náuseas, diarrea o dificultades para orinar. Otras sienten
dolor o sólo una sensación de hormigueo o picazón
en una zona de la piel. Al cabo de este tiempo aparecen grupos de ampollas
llenas de líquido rodeadas de una pequeña zona roja. Éstas
ocupan sólo un área limitada de la piel cuya sensibilidad
corre a cargo de los nervios afectados. Generalmente, éstas aparecen
en el tronco y habitualmente a un solo lado. No obstante, también
pueden aparecer algunas pocas en otros puntos. El área del cuerpo
afectada suele ser muy sensible a cualquier estímulo, incluyendo
un ligero roce e incluso puede presentarse un dolor muy intenso.
Las ampollas comienzan a secarse y a formar costras
aproximadamente 5 días después de su aparición.
Hasta que se forma la costra, dichas ampollas contienen virus de herpes
zoster, que pueden provocar varicela si se transmiten a personas susceptibles.
Si las ampollas cubren amplias zonas de piel o persisten durante más
de 2 semanas habitualmente significa que el sistema inmunitario no está
funcionando correctamente.
Un ataque de herpes zoster suele inmunizar de por
vida al afectado ante futuros ataques; existe menos de un 4 por ciento
de recidivas. La mayoría se recupera sin sufrir efectos duraderos.
Sin embargo, puede quedar como secuela tejido cicatricial extenso en
la piel sin que se desarrolle una infección bacteriana secundaria.
La afectación de la rama ocular del nervio facial es una complicación
bastante grave.
Diagnóstico
El médico puede tener dificultades para diagnosticar
herpes zoster antes de la aparición de las ampollas, pero la
localización del dolor inicial en una banda imprecisa a un lado
del cuerpo puede ser un síntoma útil. Dependiendo de los
nervios afectados, el dolor puede parecerse al causado por la apendicitis,
un cálculo renal o la inflamación del intestino grueso.
Las ampollas producidas por el herpes zoster pueden ser casi idénticas
a las del herpes simple. No obstante, éstas últimas tienden
a aparecer formando un patrón diferente, más restringido
sobre la piel; por lo general su número es menor y pueden recurrir
repetidamente en el mismo lugar. Si es necesario, se realizan pruebas
de laboratorio para confirmar el diagnóstico.
Tratamiento
Aún no se sabe con certeza cuál es
el mejor tratamiento contra el herpes zoster. Ni los corticosteroides
ni un antisuero que contenga altos valores de anticuerpos contra el
virus tienen efecto sobre la enfermedad una vez que ha comenzado. Ningún
fármaco puede eliminar el virus. Sin embargo, los antivíricos
como el aciclovir o el famciclovir pueden utilizarse para reducir la
duración de la erupción cutánea en los individuos
cuyos sistemas inmunológicos sean deficientes. Es importante
mantener la piel limpia para evitar infecciones bacterianas sobreagregadas.
La aspirina o la codeína alivian temporalmente
el dolor y resultan de gran ayuda cuando éste impide realizar
actividades o conciliar el sueño. La aspirina debe evitarse en
los niños debido al riesgo de provocar síndrome de Reye.
Mononucleosis infecciosa
La mononucleosis infecciosa es una enfermedad caracterizada
por fiebre, dolor de garganta y agrandamiento de los ganglios linfáticos,
causada por el virus de Epstein-Barr, un herpesvirus.
Después de invadir las células que
recubren la nariz y la garganta, el virus de Epstein-Barr alcanza los
linfocitos B (glóbulos blancos responsables de la producción
de anticuerpos). La infección causada por este virus es muy frecuente
y afecta a niños, adolescentes y adultos por igual. Alrededor
del 50 por ciento de los niños ha sufrido una infección
por el virus de Epstein-Barr antes de los 5 años de edad. Sin
embargo, no es muy contagioso. Los adolescentes y los adultos jóvenes
suelen contraer mononucleosis infecciosa al besarse o tener otro contacto
íntimo con alguien ya infectado.
Ganglios linfáticos cervicales
Sujeto con ganglios linfáticos cervicales
aumentados de tamaño.
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El virus de Epstein-Barr se ha relacionado con el
linfoma de Burkitt, un tipo de cáncer que aparece principalmente
en el África tropical. También puede influir en el desarrollo
de ciertos tumores de los linfocitos B que afectan a las personas inmunodeprimidas
(como las sometidas a trasplantes de órganos o las que padecen
SIDA) y en algunos cánceres de nariz y garganta. A pesar de que
no se sabe cuál es el papel que desempeña el virus en
estos cánceres, se cree que partes específicas del material
genético del mismo alteran el ciclo de crecimiento de las células
infectadas.
Síntomas y complicaciones
En los niños menores de 5 años, la
infección, habitualmente, no produce sintomatología. En
adolescentes y adultos puede producirlos o no. Se cree que el tiempo
transcurrido entre la infección y la aparición de los
síntomas (periodo de incubación) es de 30 a 50 días.
Los cuatro síntomas más importantes
son cansancio, fiebre, dolor de garganta e inflamación de los
ganglios linfáticos. No todas los afectados presentan el cuadro
completo. Por lo general, la infección comienza con una sensación
de malestar que dura varios días o semanas. Luego, aparecen la
fiebre, el dolor de garganta y el agrandamiento de los ganglios linfáticos.
La temperatura suele subir aproximadamente hasta 39,5 °C por la
tarde o al comenzar de la noche. La garganta puede doler mucho y en
la parte posterior de la misma en ocasiones se forma un material similar
al pus. Cualquier ganglio linfático aumenta de tamaño,
pero los del cuello lo hacen mas frecuentemente. El cansancio suele
ser más intenso en las 2 o 3 primeras semanas.
En
más del 50 por ciento de los que padecen mononucleosis infecciosa
el bazo aumenta de tamaño. El hígado puede hacerlo ligeramente.
Con menor frecuencia, pueden producirse ictericia y edema alrededor
de los ojos. Las erupciones cutáneas no son frecuentes, pero
en un estudio, los infectados por el virus de Epstein-Barr que recibieron
el antibiótico ampicilina, generalmente, las desarrollan. Otras
complicaciones incluyen inflamación del tejido cerebral (encefalitis),
convulsiones, alteraciones nerviosas, inflamación del revestimiento
cerebral (meningitis) y anomalías del comportamiento.
El bazo es más susceptible a las lesiones
y complicaciones, como la rotura del mismo. Si ésta se produce,
es necesario extirparlo quirúrgicamente. El número de
glóbulos blancos suele aumentar, pero también puede descender,
igual que las plaquetas y los glóbulos rojos. Por lo general
vuelven a la normalidad sin tratamiento. En raras ocasiones, los ganglios
linfáticos agrandados del cuello presionan las vías respiratorias.
Como consecuencia se desarrolla una cierta congestión pulmonar
pero que no suele producir síntomas.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la sintomatología.
Sin embargo, los síntomas no son específicos y semejan
a los de otras infecciones. Por ejemplo, la infección por citomegalovirus
provoca un síndrome que resulta difícil de distinguir
de la mononucleosis infecciosa. Otros virus y la toxoplasmosis también
pueden generar síntomas similares, así como también
determinados efectos secundarios de algunos fármacos y ciertas
enfermedades no infecciosas.
Un análisis de sangre confirma, en ocasiones,
el diagnóstico de mononucleosis infecciosa al detectar anticuerpos
contra el virus de Epstein-Barr. El organismo produce nuevos linfocitos
B para eliminar los que ya están infectados. Estos tienen un
aspecto característico y aparecen en grandes cantidades en la
sangre de las personas con la enfermedad. La infección estreptocócica
de la faringe, que puede parecerse a la mononucleosis infecciosa, suele
ser identificada mediante un cultivo de faringe y debe tratarse con
antibióticos para evitar los abscesos y reducir la probabilidad
de contraer fiebre reumática.
Pronóstico y tratamiento
Los afectados con mononucleosis infecciosa, generalmente,
se recuperan por completo. La duración de la enfermedad varía.
La fase aguda dura aproximadamente 2 semanas y, tras ella, la mayoría
consigue reanudar sus actividades habituales. Sin embargo, el cansancio
puede persistir durante varias semanas y en ocasiones algunos meses.
Rara vez (en menos del uno por ciento de las infecciones)
una persona con mononucleosis infecciosa puede fallecer. La muerte se
debe a complicaciones, como la inflamación del cerebro, la rotura
del bazo o la obstrucción de las vías respiratorias; además,
una mala evolución es particularmente posible en inmunodeprimidos.
Se recomienda que las personas afectadas de mononucleosis
infecciosa guarden reposo hasta que desaparezcan la fiebre, el dolor
de garganta y la sensación de malestar. Debido al riesgo de que
el bazo se rompa, deben evitarse los deportes de contacto o los que
supongan levantar grandes pesos durante un período de 6 a 8 semanas,
aunque el mismo no haya aumentado de tamaño.
Para la fiebre y el dolor se administra paracetamol
(acetaminofén) o aspirina. Sin embargo, ésta debe evitarse
en los niños debido a la posibilidad de que contraigan síndrome
de Reye, que puede resultar mortal. Algunas complicaciones, como la
inflamación de las vías respiratorias, se pueden tratar
con corticosteroides. A pesar de que el aciclovir reduce la producción
de virus de Epstein-Barr, tiene poco efecto sobre los síntomas
de mononucleosis infecciosa.
Infecciones víricas del sistema nervioso central
Las infecciones del sistema nervioso central son
causadas por una variedad de virus que afectan principalmente al cerebro
y a la médula espinal y a veces a las membranas que los rodean
(meninges).
Rabia
La rabia es una infección vírica del
tejido cerebral que causa irritación e inflamación de
éste y de la médula espinal.
El virus de la rabia está presente en la
saliva de los animales infectados. Un animal con rabia transmite la
infección a otros animales o a los humanos al morderles o, en
ocasiones, con el lamido. Desde el punto de inoculación inicial
el virus se desplaza a través de los nervios hasta la médula
espinal y el cerebro, donde se multiplica. A continuación desciende
por los nervios hacia las glándulas salivales, donde se instala.
Diferentes animales pueden trasmitir la rabia a
los humanos. Aun cuando la fuente habitual de infección de los
humanos son los perros, también los gatos, los murciélagos,
los mapaches, las mofetas, los zorros y otros animales pueden ser responsables
del contagio. No es frecuente que los ratones, las ratas u otros mamíferos
pequeños transmitan la rabia, en parte porque la mordedura de
otro animal suele resultarles mortal. En los países desarrollados,
la vacunación ha eliminado en gran medida la rabia en los perros.
Sin embargo, sigue siendo bastante frecuente en la mayoría de
los países de América Latina, África y Asia, donde
las mascotas no siempre están vacunadas contra dicha enfermedad.
Los animales infectados pueden tener rabia furiosa o muda. En la rabia
furiosa, el animal está agitado y presenta conducta anormal;
posteriormente queda paralizado y muere. En la rabia muda, la parálisis
localizada o generalizada es lo que predomina desde el comienzo.
Actualmente, en los países desarrollados,
la mayor parte de los casos de rabia humana suelen ser causadas por
mordeduras de animales salvajes infectados. Dichos animales pueden tener
un comportamiento furioso, pero es más probable que presenten
cambios de comportamiento menos obvios. Los de hábito nocturno
(murciélagos, mofetas, mapaches y zorros) infectados por la rabia
pueden salir durante el día y no demostrar el miedo habitual
ante los humanos.
A pesar de que resulta extremadamente raro, la rabia
puede contraerse respirando aire infectado. Se ha descrito el desarrollo
de dos casos entre unos exploradores que respiraron el aire de una cueva
infestada de murciélagos.
Síntomas
La sintomatología suele comenzar entre 30
y 50 días después del contagio, pero el período
de incubación varía de 10 días a más de
un año. Dicho período suele ser más corto en las
víctimas de mordiscos en la cabeza o el tronco o en quienes sufren
muchas mordeduras.
En el 20 por ciento de los casos, la rabia se inicia
con parálisis en las piernas, que se va extendiendo hacia el
resto del cuerpo. Sin embargo, la enfermedad suele comenzar con un corto
período de depresión mental, inquietud, sensación
de malestar y fiebre. La inquietud se convierte en una agitación
incontrolada y el enfermo produce gran cantidad de saliva. Los espasmos
musculares de la garganta y del área vocal suelen ser terriblemente
dolorosos. Estos espasmos son causados por la irritabilidad del área
cerebral responsable de las acciones de tragar y respirar. Una brisa
ligera o el simple intento de beber agua pueden inducir dichos espasmos.
En consecuencia, una persona que padece rabia no puede beber y, por
este motivo, la enfermedad suele recibir el nombre de hidrofobia (miedo
al agua).
Diagnóstico
Cuando alguien es mordido por un animal enfermo
o salvaje, la mayor preocupación debe ser la posibilidad de que
tuviese rabia. Para determinar si se trata de un animal rabioso suele
ser necesario realizar un examen de una muestra de tejido cerebral.
Para ello, el animal debe ser capturado y observado. En realidad, debería
ser sacrificado para examinarle el cerebro. Si al cabo de este tiempo
un perro o un gato sin síntomas muerde a una persona, puede ser
confinado y examinado por un veterinario durante 10 días. Si
el animal sigue sano, se puede llegar a la conclusión de que
no tenía rabia en el momento de la mordedura.
Si un individuo que ha sido mordido por un animal
desarrolla síntomas de inflamación cerebral progresiva
(encefalitis), es probable que la causa sea la rabia. No sirve de nada
hacer una prueba para detectar el virus hasta que no aparecen síntomas.
Una biopsia cutánea, mediante la cual se toma una muestra de
piel (generalmente del cuello) para examinarla al microscopio, puede
revelar la presencia del virus.
Prevención y tratamiento
Para prevenir la rabia se deben tomar ciertas medidas
antes de la exposición al virus o bien inmediatamente después
de la misma. Por ejemplo, se puede aplicar una vacuna a quienes tienen
un alto riesgo de estar expuestos al virus. Entre estas personas se
encuentran los veterinarios, los técnicos de laboratorio que
manipulan animales potencialmente infectados, los que viven o permanecen
más de 30 días en países en vías de desarrollo
en los que la rabia canina es muy frecuente y los que se dedican a explorar
cuevas de murciélagos. La vacunación brinda cierto grado
de protección a casi toda la gente durante el resto de su vida.
Sin embargo, los valores de anticuerpos descienden con el paso del tiempo
y las personas con elevado riesgo de seguir expuestas deberían
recibir una dosis de refuerzo cada 2 años.
Los individuos que hayan sido mordidos por un animal
rabioso rara vez desarrollan la enfermedad si se toman medidas preventivas
de inmediato. Los mordidos por conejos y roedores (incluyendo ardillas,
ardillas rayadas, ratas y ratones) no necesitan tratamiento ulterior
a menos que exista una fuerte sospecha de rabia; estos animales rara
vez están infectados. Sin embargo, quienes hayan sido mordidos
por animales salvajes como las mofetas, los mapaches, los zorros y los
murciélagos necesitan tratamiento a menos que el animal pueda
ser capturado y se demuestre que no tiene rabia.
La mejor medida de prevención es tratar de
inmediato una herida producida por la mordedura de un animal. La zona
contaminada se limpia completamente con jabón. Las heridas profundas
se lavan con agua jabonosa. Una vez limpias las heridas, las personas
que no han sido inmunizadas previamente con la vacuna contra la rabia
reciben una inyección de inmunoglobulina contra ésta,
aplicando la mitad de la dosis en el área del mordisco. También
se les inyecta la vacuna contra la rabia el mismo día de la exposición
al virus y los días 3, 7, 14 y 28. El dolor y la inflamación
de la zona de la inyección suelen ser poco importantes. Es raro
que se produzcan reacciones alérgicas graves durante la serie
de cinco inyecciones; menos del uno por ciento de los vacunados desarrolla
fiebre tras haberla recibido.
En alguien mordido que ya ha sido vacunado con anterioridad,
el riesgo de contraer rabia es menor, pero aun así es fundamental
limpiar la herida de inmediato y aplicar dos dosis de la vacuna (los
días 0 y 2).
Antes de que se contara con la terapia que existe
en la actualidad, la persona que padecía rabia fallecía
al cabo de 3 a 10 días de haberla contraído. La mayoría
moría a causa de una obstrucción en las vías respiratorias
(asfixia), convulsiones, agotamiento o parálisis generalizada.
A pesar de que en el pasado se consideraba que la muerte por rabia era
inevitable, unos pocos sobrevivían. En esos casos la supervivencia
se puede atribuir al cuidado intensivo para controlar los síntomas
que afectaban a los pulmones, al corazón y al cerebro. Una vez
que los síntomas han aparecido, ninguna vacuna ni inmunoglobulina
contra la rabia parece tener efecto.
Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob
La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (encefalopatía
espongiforme subaguda) es una infección progresiva, inevitablemente
mortal, que produce espasmos musculares y una pérdida progresiva
de la función mental.
La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob existe en todo
el mundo. Poco se sabe acerca de cómo se transmite. Unos pocos
se han contagiado al recibir trasplantes de córnea o quizás
otros tejidos provenientes de donantes infectados o debido al uso de
instrumentos contaminados durante una cirugía de cerebro. Una
hormona del crecimiento obtenida a partir de la glándula hipofisaria
de cadáver también puede ser una fuente de infección.
(En la actualidad existe una hormona del crecimiento sintética.)
El riesgo de sufrir esta enfermedad aumenta ligeramente en quienes han
sido sometidos a una operación cerebral. Algunos patólogos
han contraído la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, presumiblemente
a partir de su contacto con cadáveres.
La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob afecta principalmente
a los adultos, particularmente a los que rondan los 60 años.
El organismo causante es difícil de identificar porque no se
ha descubierto ningún ARN ni ADN extraño asociado a la
enfermedad. Sin embargo, existe evidencia que indica la presencia de
una proteína específica, llamada prión, en los
afectados.
Una enfermedad similar a la de Creutzfeldt-Jakob
se produce en la ovejas (scrapie) y en el ganado vacuno (enfermedad
de las vacas locas). La infección se transmite a la descendencia
y se cree que puede ser contraída al comer tejidos infectados.
La transmisión entre distintas especies de animales no es clara,
pero se sospecha que la incidencia de la enfermedad de las vacas locas
aumentó cuando el ganado vacuno fue alimentado con vísceras
de oveja y los casos en humanos pueden haberse producido por la ingestión
de carne vacuna contaminada.
Síntomas
Durante meses o años después de la
exposición, no se producen síntomas. Lentamente va desarrollándose
el daño cerebral y la pérdida de la capacidad intelectual
(demencia) resulta cada vez más evidente. Al principio los síntomas
se parecen a los de otras demencias: descuido de la higiene personal,
apatía, irritabilidad, olvidos y confusión. Algunas personas
se cansan con facilidad, presentan somnolencia, son incapaces de conciliar
el sueño o sufren trastornos del sueño. Seguidamente,
la sintomatología empeora, generalmente con mucha mayor rapidez
que en el mal de Alzheimer, hasta que se llega a un estado de demencia
profunda.
Generalmente se producen espasmos musculares en
los seis primeros meses posteriores al comienzo de los síntomas.
También ocasionalmente temblores, torpeza y movimientos corporales
peculiares. La visión puede tornarse borrosa o poco clara. La
mayoría de los enfermos fallece, por lo general de neumonía,
al cabo de 3 a 12 meses de enfermedad. Alrededor del 5 al 10 por ciento
de las personas sobrevive 2 años o más.
Diagnóstico
El médico considera el diagnóstico
de enfermedad de Creutzfeldt-Jakob cuando evalúa a un paciente
con demencia. En la mayoría de las personas, dicha enfermedad
es una causa poco probable a menos que la función de la mente
se esté deteriorando rápidamente o que se acompañe
de sacudidas musculares. El diagnóstico de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob
no suele confirmarse en vida, ya que para ello es necesario tomar una
muestra de tejido cerebral y realizar una prueba específica.
Esta prueba es muy fiable, pero sólo se realiza cuando la enfermedad
es considerada como probable.
Prevención y tratamiento
La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob no puede curarse
y tampoco es posible retrasar su avance. El médico intenta medidas
paliativas tratando los síntomas. Como la enfermedad es contagiosa,
debe evitarse el trasplante o la ingestión de tejidos humanos
o animales infectados.
Leucoencefalopatía multifocal progresiva
La leucoencefalopatía multifocal progresiva
es una rara manifestación de infección cerebral por poliomavirus
que suele progresar rápidamente una vez que comienza la sintomatología.
La enfermedad afecta al cerebro y a la médula
espinal y es causada por el virus JC, que es un poliomavirus. Se ha
vuelto muy frecuente entre las personas con deficiencia en la función
(inmunológica) de los linfocitos T, como por ejemplo en los que
sufren de leucemia, linfoma o SIDA. Los varones se ven afectados con
mayor frecuencia que las mujeres.
Síntomas y diagnóstico
Muchos de los infectados por el virus JC no presentan
aparentemente síntomas. Al igual que sucede con el herpesvirus,
el JC parece permanecer latente hasta que algo (como un sistema inmunitario
deficiente) provoca su reactivación. En consecuencia, la leucoencefalopatía
multifocal progresiva suele aparecer sólo años después
de la infección inicial.
La sintomatología suele iniciarse de forma
repentina y gradual. Una vez que aparecen los síntomas, en general
empeoran rápidamente y varían dependiendo de la parte
infectada del cerebro. Es frecuente la parálisis que afecta a
la mitad del cuerpo. Sólo en casos raros se producen dolores
de cabeza y convulsiones. En aproximadamente dos de cada tres personas
aparece una progresiva pérdida de la capacidad intelectual (demencia).
También una creciente dificultad para hablar, así como
ceguera parcial. Es muy frecuente que la persona muera entre uno y seis
meses después del comienzo de los síntomas, pero algunas
han sobrevivido a este tiempo.
El médico basa su diagnóstico en el
desmejoramiento progresivo del paciente. Las técnicas no invasivas,
como la tomografía computadorizada (TC) y la resonancia magnética
(RM), pueden ayudar a establecer el diagnóstico. Sin embargo,
el diagnóstico definitivo no puede establecerse hasta después
del fallecimiento del enfermo, pues sólo entonces se puede examinar
el tejido cerebral.
Tratamiento
Ningún tratamiento se ha revelado eficaz
en la leucoencefalopatía multifocal progresiva. En las personas
que han sobrevivido, los investigadores sospechan que ciertas funciones
de su sistema inmunológico pueden haber sido responsables de
detener la infección o la destrucción del tejido cerebral.
Paraparesia espástica tropical
La paraparesia espástica tropical es una
infección vírica, lentamente progresiva, de la médula
espinal que causa debilidad en las piernas.
La infección es causada por el tipo I del
virus de la leucemia de células T humana (HTLV-I). Éste,
un retrovirus, también puede causar un tipo de leucemia. La paraparesia
espástica tropical puede transmitirse por contacto sexual o bien
por el uso de agujas contaminadas. También de madre a hijo a
través de la placenta o por la leche materna.
Los síntomas pueden comenzar años
después de la infección inicial. En su respuesta a la
infección por HTLV-I, el sistema inmunitario ocasionalmente daña
el tejido nervioso, causando los síntomas. La debilidad y rigidez
muscular en ambas piernas comienza gradualmente y empeora lentamente.
Es probable la pérdida parcial de la sensibilidad en los pies.
A pesar de que no existe cura para este proceso,
las personas tratadas con corticosteroides, que pueden inhibir la respuesta
inmune, experimentan una notable mejoría. La plasmaféresis
también ha producido mejorías temporales.
Infecciones causadas por arbovirus
Arbovirus es un término usado para un virus
que se transmite a los humanos a través de los insectos, como
las garrapatas y los mosquitos, los cuales se contagian al picar animales
infectados, como animales y pájaros domésticos.
Encefalitis causada por arbovirus
La encefalitis causada por arbovirus es una grave
infección del cerebro causada por uno de los diversos virus de
este grupo.
Existen varios tipos de encefalitis vírica
transmitidos por picaduras de insectos. El virus responsable de cada
una de estas afecciones se transmite por un tipo concreto de mosquito
que se encuentra en zonas geográficas específicas. Las
enfermedades son zoonosis endémicas en la región, pero
se suceden brotes periódicamente cuando aumenta la población
de animales infectados. Las infecciones en los humanos son incidentales
y no incrementan la transmisión del virus.
La encefalitis equina occidental se produce en personas
de todas las edades, pero afecta particularmente a los niños
menores de un año. La encefalitis equina oriental afecta sobre
todo a los niños pequeños y a las personas de más
de 55 años y provoca la muerte con más frecuencia que
la variedad occidental. Ambos tipos tienden a ser graves en los niños
menores de un año, causando un daño nervioso o cerebral
permanente. El riesgo de muerte es mayor en las personas de edad avanzada.
Existen diversos virus en el grupo de virus de California, como el virus
de California, el virus La Crosse y el de Jamestown Canyon. Todos los
virus de este grupo afectan principalmente a los niños.
Síntomas y tratamiento
Los síntomas iniciales o más frecuentes
son dolor de cabeza, somnolencia y fiebre. Los vómitos y la rigidez
de nuca son signos menos frecuentes de una infección de cerebro
y médula espinal. Luego pueden aparecer temblores musculares,
confusión mental, convulsiones y coma. Ocasionalmente, los brazos
y las piernas quedan paralizados.
A diferencia de la encefalitis causada por el virus
herpes simple, no existe tratamiento específico. La atención
médica generalmente se limita a medidas de soporte. Se intenta
mantener el funcionamiento cardíaco y pulmonar del paciente mientras
la infección sigue su curso.
Otras infecciones causadas por arbovirus
En otras partes del mundo, la naturaleza transmite
periódicamente al hombre variedades de arbovirus diferentes que
causan encefalitis. Estas enfermedades incluyen encefalitis equina venezolana,
encefalitis japonesa, encefalitis rusa de primavera-verano y otros tipos
que reciben el nombre de las zonas geográficas en las que se
producen.
Una de las infecciones por arbovirus más
reconocidas e históricamente importantes es la denominada fiebre
amarilla. La fiebre amarilla, una enfermedad vírica trasmitida
por mosquitos, produce fiebre, hemorragia e ictericia. Puede ser mortal.
Es muy frecuente en África Central y América Central y
del Sur.
El dengue es una de las infecciones causadas por
arbovirus con mayor prevalencia en los trópicos y subtrópicos.
Transmitida por mosquitos, se presenta con fiebre, inflamación
de los ganglios linfáticos y hemorragia. Causa intensos dolores
articulares y musculares, por lo cual recibe el nombre de fiebre rompehuesos.
Puede ser mortal. Suele afectar a niños menores de 10 años
y, en los años subsiguientes, son frecuentes las infecciones
recurrentes por diferentes tipos de virus.
Infecciones causadas por arenavirus
Los arenavirus y algunos virus relacionados con
los arbovirus pueden transmitirse a los humanos a través del
contacto con roedores o aerosoles que se originen en sus deyecciones.
Coriomeningitis linfocítica
La coriomeningitis linfocítica es una enfermedad
causada por arenavirus que por lo general produce un trastorno similar
a la gripe.
El arenavirus está presente en los roedores,
especialmente el ratón de casa gris y el hámster. Éstos
suelen estar infectados por el virus de por vida y lo excretan en la
orina, las heces, el semen y las secreciones nasales. La exposición
al polvo o los alimentos contaminados suele ser responsable de la infección
en los seres humanos. La enfermedad generalmente se produce en el invierno
cuando los roedores salvajes buscan albergue bajo techo.
Síntomas
Una enfermedad similar a la gripe se desarrolla
de una a tres semanas después de la infección. Generalmente
en los casos que desarrollan síntomas, se produce fiebre de 38,3
a 40 °C, que puede incluir temblores (escalofríos). Otros
síntomas incluyen sensación de malestar, náuseas,
aturdimiento, debilidad y dolores musculares. El mal se concentra detrás
de los ojos y empeora con la luz intensa. También puede producirse
dolor de garganta y de articulaciones, vómitos y falta de apetito.
La enfermedad puede incluir inflamación de las articulaciones
de los dedos y de los testículos. Se puede sufrir alopecia (caída
del cabello).
Con frecuencia, la enfermedad se presenta en dos
fases. La inflamación de la membrana que cubre el cerebro (meningitis)
se desarrolla de una a dos semanas después de los síntomas
similares a una gripe. Las personas con meningitis tienen dolor de cabeza
y rigidez en el cuello. Por lo general, se recuperan por completo. En
ciertos casos, se desarrolla una inflamación del tejido cerebral
(encefalitis) con cefalea y somnolencia. En pocas ocasiones, puede existir
daño neurológico residual.
Diagnóstico y tratamiento
Durante la primera semana de la enfermedad, la sintomatología
se parece a la de la gripe o una infección vírica similar,
por lo que no suelen hacerse pruebas. Si se hacen, una radiografía
de tórax puede mostrar cierta inflamación pulmonar y los
análisis de sangre revelan bajos valores de glóbulos blancos
y plaquetas. Si los síntomas sugieren meningitis, se realiza
una punción lumbar para extraer una muestra del líquido
que rodea el cerebro y la médula espinal (líquido cefalorraquídeo).
Si el paciente tiene coriomeningitis linfocítica, éste
suele contener muchos glóbulos blancos, principalmente linfocitos.
La enfermedad se diagnostica identificando el virus en este líquido
o bien detectando valores cada vez mayores de anticuerpos contra el
mismo. No existe ningún tratamiento específico. Se intentará
aliviar los síntomas hasta que la infección remita.
Fiebres hemorrágicas
En varias partes del mundo, las infecciones características
de los animales (zoonosis) se manifiestan en los seres humanos. Estas
infecciones están relacionadas con el hábitat local y
los vectores de transmisión de los virus. Algunos virus causan
una infección grave, generalmente mortal, caracterizada por una
fiebre hemorrágica, sangrado generalizado y fallo de varios órganos.
Estas infecciones incluyen la fiebre hemorrágica boliviana y
argentina y la fiebre Lassa.
La fiebre Lassa es una infección por arenavirus
transmitida de los roedores a los humanos o entre las propias personas.
Produce fiebre, vómitos y sangrado. Es mortal en casi todos los
casos y requiere un estricto aislamiento de los afectados. Se produce
principalmente en África occidental.
Infección causada por hantavirus
La infección causada por hantavirus es una
enfermedad vírica que se transmite de los roedores a los humanos
y causa graves infecciones pulmonares y renales.
Los hantavirus son bunyavirus relacionados lejanamente
con el grupo de virus de California que provoca encefalitis. Están
presentes en todo el mundo, en la orina, las heces y la saliva de varios
roedores, incluyendo los ratones y ratas de campo y laboratorio. Se
contrae infección al tener contacto con roedores o sus deyecciones
o posiblemente al inhalar partículas de virus presentes en el
aire. No existe evidencia de contagio entre personas. Recientemente
se han producido brotes de infección por hantavirus en el sudoeste
de los Estados Unidos, en una variedad que afecta a los pulmones. Sin
embargo, los mismos virus u otros relacionados con ellos han sido hallados
en otras partes de los Estados Unidos y es posible que existan en todos
aquellos sitios en donde vivan los huéspedes apropiados.
Síntomas
El proceso pulmonar por hantavirus se inicia con
fiebre y dolor muscular. Pueden presentarse dolor abdominal, diarrea
o vómitos. Después de 4 a 5 días, se pueden presentar
tos y dificultades respiratorias, un estado que puede empeorar tras
algunas horas. A raíz de una pérdida de líquido
hacia los pulmones puede producirse una drástica caída
de la presión arterial (shock), que puede poner en peligro la
vida. Casi invariablemente después del shock se produce la muerte.
La infección que afecta a los pulmones es mortal en la mayoría
de los casos. Quienes sobreviven pueden recuperarse completamente.
La
infección renal puede ser leve o severa. La forma leve comienza
de improviso con temperatura elevada y dolor de cabeza, espalda y abdomen.
Al tercer o cuarto día, aparecen en la membrana blanca de los
ojos y en el paladar unas pequeñas placas similares a hematomas
junto con una erupción cutánea localizada en el abdomen.
Alrededor del 20 por ciento de las personas enferma gravemente y experimenta
cierta somnolencia. La función renal se deteriora, por lo que
se acumulan sustancias tóxicas en la sangre y ello produce náuseas,
pérdida de apetito y fatiga. La erupción cutánea
desaparece en aproximadamente 3 días. El volumen de orina se
hace mayor de lo normal y el enfermo se recupera después de varias
semanas.
La forma grave o severa de infección renal
se inicia de forma similar, pero la temperatura es más alta en
el tercero o cuarto día. Un primer síntoma típico
es el enrojecimiento del rostro, que da el aspecto de estar quemado
por el sol. Si se presiona ligeramente la piel se produce una persistente
marca roja. Entre el tercero y el quinto día aparecen manchas
puntiformes (petequias), primero a nivel del paladar y luego sobre cualquier
superficie de la piel que soporte presión. Casi al mismo tiempo
se produce un derrame de sangre detrás de la parte blanca de
los ojos. Aproximadamente durante el quinto día, la presión
arterial puede bajar abruptamente y producirse shock. Hacia el octavo
día, la presión retorna a la normalidad, pero baja la
producción de orina. Ésta vuelve a aumentar hacia el día
decimoprimero. En este momento, una hemorragia, particularmente en el
cerebro, puede causar la muerte. La infección renal por hantavirus
es fatal en alrededor del 5 por ciento de los casos. Algunas de las
personas que sobreviven presentan una lesión renal permanente.
Tratamiento
Por lo general, se proporcionan medidas de sostén.
Si se trata a tiempo, el fármaco antivírico ribavirina
puede ser de gran ayuda. En los casos de infección pulmonar,
se debe suministrar oxígeno y el control de la presión
arterial es fundamental para que el paciente se recupere. En ciertos
casos de infección renal, es posible que se necesite diálisis,
un proceso que puede salvar la vida del paciente.