SECCION 20 >
TRASTORNOS OCULARES
CAPITULO 216
Los ojos y la visión
La estructura y funcionamiento del ojo son
complejos y fascinantes. El ojo ajusta constantemente la cantidad de
luz que deja entrar, enfoca los objetos cercanos y lejanos y genera
imágenes continuas que instantáneamente se transmiten
al cerebro.
Estructura y función
La parte anterior de la relativamente fuerte capa
blanca externa del ojo (la esclerótica o blanco del ojo) está
cubierta por una delgada membrana (la conjuntiva). La luz entra por
la córnea, una cúpula transparente que se encuentra sobre
la superficie del ojo. Además de actuar como una capa protectora
de la parte frontal del ojo, la córnea también ayuda a
concentrar la luz sobre la retina, en la parte posterior del ojo. Tras
pasar por la córnea, la luz entra en la pupila, una zona negra
que se encuentra en medio del iris (el área circular y coloreada
del ojo). El iris controla la cantidad de luz que entra en el ojo abriéndose
y cerrándose como la abertura de la lente de una cámara.
El iris permite que entre más luz en el ojo cuando el ambiente
está oscuro y deja que entre menos cuando en el entorno hay mucha
luz. El tamaño de la pupila está controlado por el esfínter
de la pupila, un músculo que abre y cierra el iris.
| Interior del ojo |
 |
Detrás del iris se encuentra el cristalino.
Al cambiar de forma, el cristalino concentra luz en la retina. Para
que el ojo enfoque los objetos cercanos, un pequeño músculo
llamado ciliar se contrae, haciendo que el cristalino aumente de grosor
y en consecuencia se haga más fuerte. Para que el ojo focalice
objetos distantes, el mismo músculo se relaja, disminuyendo el
espesor del cristalino y por consiguiente haciéndolo más
débil. Con el paso de los años, el cristalino suele tornarse
menos flexible, menos hábil para aumentar su espesor, y en consecuencia
menos capaz de enfocar los objetos cercanos, una enfermedad llamada
presbicia.
La retina contiene los nervios que perciben la luz
y el suministro de sangre que los nutre. La parte más sensible
de la retina es un área pequeña llamada mácula,
que tiene cientos de terminaciones nerviosas muy cercanas entre sí.
Una alta densidad de terminaciones nerviosas genera una imagen visual
exacta, del mismo modo que una película de alta resolución
contiene celdas más estrechamente unidas. Entonces la retina
convierte la imagen en impulsos eléctricos, que son transmitidos
al cerebro por el nervio óptico.
El nervio óptico conecta la retina al cerebro
dividiéndose en dos. La mitad de las fibras de este nervio cruzan
hacia el lado opuesto en el quiasma óptico, un área que
se encuentra justo debajo de la zona más anterior (frontal) del
cerebro. Los haces de fibras nerviosas luego se unen una vez más,
precisamente antes de llegar a la parte posterior del cerebro, lugar
donde se percibe e interpreta la visión.
El globo ocular se divide en dos segmentos, cada
uno de los cuales contiene líquido. El segmento frontal (anterior)
se extiende desde la córnea hasta el cristalino; el segmento
dorsal (posterior) se extiende desde el límite posterior del
cristalino hasta la retina. El segmento anterior contiene un líquido
llamado humor acuoso que nutre sus estructuras internas; el segmento
posterior contiene una sustancia gelatinosa llamada humor vítreo.
Ambos fluidos permiten que el globo ocular conserve su forma. El segmento
anterior se divide en dos cámaras. La cámara frontal (anterior)
se extiende desde la córnea hasta el iris; la cámara dorsal
(posterior) se extiende desde el iris hasta el cristalino. Normalmente,
el humor acuoso se genera en la cámara posterior, atraviesa la
pupila y llega a la cámara anterior, y luego sale del globo ocular
a través de los canales específicos para tal fin que se
encuentran en el borde del iris.
Músculos, nervios y vasos sanguíneos
Son varios los músculos que, trabajando en
conjunto, mueven los ojos. Cada músculo es estimulado por un
nervio craneal específico. La órbita ósea que protege
el ojo también contiene muchos otros nervios. Como ya se ha mencionado,
el nervio óptico sale por la parte posterior del ojo y transmite
los impulsos nerviosos creados en la retina hacia el cerebro. El nervio
lagrimal estimula las glándulas lagrimales para que produzcan
lágrimas. Otros nervios transmiten sensaciones a otras partes
del ojo y estimulan los músculos de la órbita.
La arteria oftálmica y la arteria retinal
suministran sangre a cada ojo, y la vena oftálmica y la vena
retinal la drenan. Estos vasos sanguíneos entran y salen por
la parte posterior del ojo.
| Estructuras que protegen
el ojo |
 |
Partes protectoras
Las estructuras que rodean al ojo lo protegen, al
tiempo que le permiten moverse libremente en todas direcciones. Estas
estructuras protegen al ojo, que constantemente está expuesto
al polvo, el viento, las bacterias, los virus, los hongos y otras sustancias
potencialmente nocivas, y, al mismo tiempo, le permiten permanecer lo
suficientemente abierto para recibir los rayos del sol.
Las órbitas son cavidades óseas que
encierran los globos oculares, los músculos, los nervios, los
vasos sanguíneos, la grasa y unas estructuras que producen y
drenan las lágrimas. Los párpados, unos delgados pliegues
de piel, cubren los ojos. Se cierran de forma rápida y refleja
para proteger al ojo de los objetos extraños, el viento, el polvo
y la luz muy intensa. Con el parpadeo, los párpados contribuyen
a esparcir líquido sobre la superficie de los ojos y, cuando
se cierran, ayudan a mantener la superficie húmeda. Sin dicha
humedad, la córnea, que normalmente es transparente, puede secarse,
dañarse y tornarse opaca.
La superficie interna del párpado es una
delgada membrana (la conjuntiva) que se curva hacia atrás para
cubrir la superficie del ojo. Las pestañas son pelos cortos que
crecen en el borde del párpado y ayudan a proteger al ojo actuando
como una barrera. Pequeñas glándulas situadas en el extremo
del párpado secretan una sustancia aceitosa que mejora la película
lagrimal y evita que las lágrimas se evaporen.
Las glándulas lagrimales, situadas en el
extremo superior externo de cada ojo, producen la parte acuosa de las
lágrimas. Las lágrimas circulan desde los ojos hasta la
nariz a través de los dos conductos nasolagrimales; cada uno
de ellos tiene aberturas en el extremo de los párpados superiores
e inferiores, y están próximos a la nariz. Las lágrimas
mantienen la superficie del ojo húmeda y sana; además,
atrapan y arrastran pequeñas partículas que entran en
el ojo. Por otra parte, las lágrimas son ricas en anticuerpos
que ayudan a prevenir las infecciones.
Ceguera
Tanto una herida como una enfermedad en el ojo pueden
afectar la visión. La claridad de la visión recibe el
nombre de agudeza visual, que oscila entre la visión completa
y la falta de visión. A medida que la agudeza disminuye, la visión
se torna cada vez más borrosa. La agudeza normalmente se mide
mediante una escala que compara la visión de una persona a 6
metros con la de alguien que tiene agudeza máxima. En consecuencia,
una persona que tiene una visión de 20/20 ve objetos a 6 metros
de distancia con completa claridad, mientras que una persona con una
visión de 20/200 ve a 6 metros lo que una persona con máxima
agudeza ve a 60 metros.
Legalmente, la ceguera se define como una agudeza
visual inferior a 20/200 incluso tras una corrección con gafas
o lentes de contacto. Muchas personas que son consideradas legalmente
ciegas, pueden distinguir formas y sombras, pero no los detalles normales.
Causas
La ceguera puede surgir debido a cualquiera de las
siguientes razones:
- La luz no llega a la retina.
- Los rayos de luz no se concentran correctamente
sobre la retina.
- La retina no puede percibir los rayos de luz normalmente.
- Los impulsos nerviosos de la retina no son transmitidos
al cerebro normalmente.
- El cerebro no puede interpretar la información
enviada por el ojo.
Son varios los trastornos que pueden causar estos
problemas que derivan en ceguera. Una catarata puede bloquear la luz
que entra en el ojo de tal manera que nunca llegue a la retina. Los
errores de focalización (refracción) en general pueden
corregirse con lentes que el médico receta, aunque no siempre
esta corrección se consigue por completo. El desprendimiento
de la retina y los trastornos hereditarios como la retinitis pigmentaria
pueden afectar la capacidad de la retina para percibir la luz. La diabetes
o la degeneración macular también pueden dañar
la retina. Los trastornos del sistema nervioso, como la esclerosis múltiple
o un inadecuado suministro de sangre, pueden dañar el nervio
óptico, que transmite impulsos al cerebro. Los tumores en estructuras
cercanas al cerebro, como la glándula hipófisis, también
pueden dañar el nervio. Las áreas del cerebro que interpretan
los impulsos nerviosos pueden resultar dañadas por ataques cerebrales
repentinos, tumores u otras enfermedades.