SECCION 20 >
TRASTORNOS OCULARES
CAPITULO 224
Trastornos de la úvea
La úvea, también llamada tracto
uveal, consta de tres estructuras: el iris, el cuerpo ciliar y la coroides.
El iris, el anillo coloreado que rodea la pupila negra, se abre y cierra
como la lente de una cámara. El cuerpo ciliar es el conjunto
de músculos que ensanchan el cristalino para que el ojo pueda
enfocar los objetos cercanos y que lo hace más delgado al enfocar
los más distantes. La coroides es el revestimiento interior del
ojo que se extiende desde el extremo de los músculos ciliares
hasta el nervio óptico, localizado en la parte posterior del
ojo.
| La úvea |
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Uveítis
La uveítis es la inflamación de cualquier
parte de la úvea.
Puede inflamarse sólo una parte o la totalidad
de la úvea. La inflamación limitada a parte de la úvea
puede recibir el nombre de la zona involucrada; por ejemplo, iritis
(inflamación del iris) o coroiditis (inflamación de la
coroides).
La uveítis tiene muchas causas posibles,
algunas de las cuales se limitan al ojo mientras que otras afectan todo
el cuerpo.
Alrededor del 40 por ciento de las personas con
uveítis tienen una enfermedad que también afecta otros
órganos del cuerpo. Al margen de la causa, la uveítis
puede dañar rápidamente el ojo y producir complicaciones
prolongadas como el glaucoma, las cataratas y el desprendimiento de
la retina.
Síntomas
y diagnóstico
Los primeros síntomas de la uveítis
pueden ser sutiles. La visión puede tornarse nubosa o la persona
puede ver puntos negros flotantes. El dolor agudo, el enrojecimiento
del blanco del ojo (la esclerótica) y la sensibilidad a la luz
son particularmente comunes en la iritis. El médico puede ser
capaz de ver vasos sanguíneos prominentes en el borde del iris,
sutiles cambios en la córnea y un entubamiento del líquido
que llena el ojo (humor vítreo). El médico establece el
diagnóstico basándose en los síntomas y los hallazgos
tras el examen físico.
Tratamiento
El tratamiento debe comenzar lo antes posible para
evitar las lesiones permanentes y casi siempre incluye el uso de corticosteroides
y medicamentos para dilatar las pupilas. Otros fármacos pueden
ser utilizados para tratar causas específicas; por ejemplo, pueden
administrarse fármacos antiinfecciosos para eliminar bacterias
o parásitos.
Endoftalmitis
La endoftalmitis es una inflamación posiblemente
producida por una infección bacteriana o fúngica y que
afecta a todas las capas internas del ojo, el líquido del ojo
(humor vítreo) y el blanco del ojo (esclerótica).
La causa de una infección puede ser una herida
que perfora el ojo, la cirugía o las bacterias que han llegado
hasta el ojo por el torrente circulatorio.
Los síntomas, casi siempre intensos, incluyen
dolor, enrojecimiento del blanco del ojo, extrema sensibilidad a la
luz y pérdida de la visión.
La endoftalmitis es una urgencia médica.
El tratamiento debe comenzar de inmediato; un retraso incluso de pocas
horas puede derivar en ceguera. De inmediato se administran antibióticos
y corticosteroides. Quizás se necesite recurrir a la cirugía
para drenar el líquido que se encuentra dentro del globo ocular.
Melanoma de coroides
El melanoma de coroides es el cáncer más
frecuente que se desarrolla en el ojo, pero es rara su ocurrencia en
la etnia negra. Generalmente la enfermedad no interfiere con la visión
durante sus primeras etapas y puede ser detectada en un examen oftalmológico
de rutina. El diagnóstico preventivo es importante porque la
posibilidad de curar el melanoma de coroides está relacionada
con el tamaño del tumor. Si es pequeño, el tratamiento
con láser o un implante de materiales radiactivos puede salvar
el ojo y la visión. Si el tumor es grande, es necesario extirpar
el ojo. Si el cáncer no se extirpa, puede extenderse hacia la
cavidad ocular (órbita), pasar al flujo sanguíneo y diseminarse
a otros órganos, provocando la muerte.