SECCION 20 >
TRASTORNOS OCULARES
CAPITULO 225
Trastornos de la retina
La retina es la membrana sensible a la luz
localizada en la superficie interna de la parte posterior del ojo. El
nervio óptico se extiende desde el cerebro hasta aproximadamente
el centro de la retina y luego se ramifica. El área central de
la retina, llamada mácula, contiene la mayor densidad de nervios
sensibles a la luz y en consecuencia produce la mejor resolución
visual. La vena y la arteria retinianas llegan a la retina cerca del
nervio donde se ramifican siguiendo el recorrido de los nervios. Al
igual que el nervio óptico y sus ramificaciones, la retina también
cuenta con una importante cantidad de vasos que llevan sangre y oxígeno.
La córnea y el cristalino, que se hallan
cerca de la parte más anterior del ojo, concentran la luz sobre
la retina. Luego, las ramificaciones del nervio óptico captan
las señales de luz y el nervio óptico las transmite hacia
el cerebro, donde se interpretan como imágenes visuales.
| La retina |
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Degeneración macular
La degeneración macular es una enfermedad
en la cual la mácula, la parte central y más vital de
la retina, se deteriora.
La enfermedad afecta a los ancianos, es igualmente
común entre los varones y las mujeres, y es más frecuente
en las personas de piel blanca que en las de piel negra. La causa es
desconocida, pero la enfermedad tiende a aparecer en el seno de una
misma familia.
Existen dos formas de degeneración macular.
En la degeneración macular atrófica (seca), un pigmento
se deposita en la mácula sin dejar evidencia de costras, sangre
o pérdida de ningún otro líquido. En la degeneración
macular exudativa (húmeda), el material perdido (exudado) forma
un montículo, en general rodeado de pequeñas hemorragias.
Finalmente, el montículo se contrae y deja una cicatriz. Ambas
formas de degeneración macular generalmente afectan los dos ojos
al mismo tiempo.
Síntomas y tratamiento
La degeneración macular produce una pérdida
indolora de la visión. Ocasionalmente, el primer síntoma
es una distorsión en un solo ojo, por lo que las líneas
delgadas y rectas parecen sinuosas. A veces el médico puede notar
claramente ciertos cambios físicos cerca de la mácula
incluso antes de que aparezcan los síntomas. La degeneración
macular puede dañar gravemente la visión, pero rara vez
conduce a la ceguera total. La visión en los bordes externos
del campo visual (visión periférica) y la capacidad para
discernir el color no resultan afectadas.
Prácticamente no existe tratamiento para
la degeneración macular. Sin embargo, cuando crecen nuevos vasos
sanguíneos dentro o alrededor de la mácula, la fotocoagulación
con láser en ocasiones puede destruirlos antes de que causen
más daño.
El oftalmoscopio
El oftalmoscopio es un instrumento que permite
examinar la parte interna del ojo. El instrumento cuenta con
un espejo angulado, varias lentes y una fuente de luz. Con este
aparato, el médico puede ver el humor vítreo (fluido
del ojo), la retina, la cabeza del nervio óptico y la
vena y la arteria retinianas.
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Desprendimiento de retina
El desprendimiento de retina es la separación
de la retina de la parte de debajo que la sostiene.
La red de nervios que conforman la parte de la retina
sensible a la luz forma una delgada película que se adhiere firmemente
al tejido que lo sostiene por debajo. Cuando estas dos capas se separan,
la retina no puede funcionar y, a menos que se las vuelva a unir, puede
resultar dañada para siempre.
El desprendimiento puede comenzar en un área
reducida, pero si no se trata, toda la retina puede desprenderse. En
una variedad de desprendimiento, la retina literalmente se rompe. Esta
variedad en general se presenta en personas miopes o que han sido sometidas
a una operación de cataratas o han sufrido una lesión
ocular. En otra variedad, la retina no se rompe pero se separa del tejido
que tiene debajo. La retina se separa cuando el movimiento del líquido
dentro del ojo tira de la retina o bien cuando el fluido se introduce
entre la retina y el tejido subyacente y las separa, arrancando la retina.
Síntomas
El desprendimiento de retina es indoloro pero puede
crear imágenes de formas irregulares flotando o destellos luminosos
y puede nublar la visión. La pérdida de la visión
comienza en una parte del campo visual y a medida que avanza el desprendimiento
la pérdida de visión se extiende. Si el área macular
de la retina se desprende, la visión se deteriora rápidamente
y todo se torna borroso.
Un especialista de los ojos (oftalmólogo)
examina la retina mediante un oftalmoscopio (un instrumento utilizado
para ver la parte interna del ojo) y en general puede ver el desprendimiento.
Si el desprendimiento no es visible, un examen con ultrasonidos puede
evidenciarlo.
Tratamiento y pronóstico
La persona que experimente una repentina pérdida
de visión debería consultar a un oftalmólogo de
inmediato. A la hora de decidir si utilizar láser o terapia por
congelación o bien recurrir a una operación, el médico
considera la clase de desprendimiento y su causa.
Si la mácula permanece unida, el pronóstico
es excelente. Si la retina vuelve a pegarse dentro de las 48 horas,
el pronóstico es bueno. Sin embargo, si la retina ha estado despegada
durante más tiempo o si ha habido hemorragia o cicatrización,
el pronóstico no es bueno.
Retinitis pigmentaria
La retinitis pigmentaria es una rara alteración
hereditaria en la que la retina degenera de forma lenta y progresiva,
conduciendo finalmente a la ceguera.
Algunas formas de retinitis pigmentaria son dominantes,
y requieren de un solo gen de cualquiera de los padres; otras dependen
del cromosoma X, y por tanto necesitan un solo gen de la madre. En algunas
personas, en su mayoría varones, también aparece una forma
hereditaria de pérdida de la audición.
Las células sensibles a la luz (bastones)
de la retina, que son responsables de la visión cuando hay poca
luz, gradualmente degeneran, por lo que la visión empeora en
la oscuridad. Los primeros síntomas suelen comenzar en la primera
infancia. Con el paso del tiempo, tiene lugar una pérdida progresiva
de la visión periférica. En las últimas etapas
de la enfermedad, la persona cuenta con una pequeña área
de visión central y un pequeño resto de visión
periférica (visión en túnel).
Al examinar la retina con un oftalmoscopio, el médico
nota cambios específicos que sugieren el diagnóstico.
Varias pruebas pueden ayudar a determinar el diagnóstico y el
examen de los miembros de la familia puede establecer la modalidad de
la herencia. Ningún tratamiento puede detener la progresión
del daño a la retina.
Trastornos de los vasos sanguíneos
Los trastornos de los vasos sanguíneos que
afectan al ojo incluyen hemorragias, un inadecuado suministro de sangre
y la obstrucción de los vasos. Dichos trastornos pueden tener
graves consecuencias, puesto que pueden dañar la retina, a veces
de forma permanente, y derivar en una visión deficiente e incluso
en la ceguera. También indican que la persona corre un elevado
riesgo de presentar otros problemas, como por ejemplo un ictus.
Retinopatía arteriosclerótica
En esta enfermedad, las arterias pequeñas
que llevan sangre al ojo se bloquean parcialmente debido a que sus paredes
se han engrosado. Mediante el uso del oftalmoscopio, el médico
puede ver un vaso sanguíneo engrosado y otras señales
de un menor suministro de sangre a la retina. A pesar de que el engrosamiento
en sí mismo en general no daña la visión, indica
que los vasos sanguíneos en ésta y otras partes del cuerpo
no están sanos y que se necesita prevención y tratamiento.
Retinopatía hipertensiva
Esta enfermedad se presenta cuando la presión
arterial se torna extremadamente alta, como en los casos de hipertensión
severa, hipertensión maligna y toxemia del embarazo. A medida
que la enfermedad avanza, se escapa sangre dentro de la retina. Algunos
sectores de la retina resultan dañados porque el suministro de
sangre es inadecuado y, con el paso de los años, se acumula grasa
en la retina. El nervio óptico puede hincharse, una situación
llamada papiledema. Dicha tumefacción indica que la presión
en el cerebro es demasiado alta. Todos estos cambios empeoran la visión
y requieren un tratamiento urgente.
La finalidad del tratamiento es hacer descender
la alta presión arterial, que es la raíz del problema.
Cuando la presión arterial es muy alta y representa una amenaza
para la vida, es necesario comenzar el tratamiento de inmediato para
salvar la vista y evitar otras complicaciones.
Obstrucción de la arteria retiniana
La arteria retiniana es el mayor vaso que suministra
sangre a la retina. Si está bloqueada, el ojo afectado repentinamente
pierde la visión, aunque sin dolor. La obstrucción puede
deberse a la aterosclerosis, un coágulo de sangre o un glóbulo
de grasa (en general, grasa que escapó de la médula ósea
tras una fractura y llegó como un émbolo, a través
del flujo sanguíneo). Otra causa importante, en especial en los
ancianos, es la inflamación de los vasos sanguíneos de
la cabeza (arteritis temporal). Es necesario comenzar un tratamiento
de inmediato para preservar la visión.
Obstrucción de la vena retiniana
La vena retiniana es el vaso principal que transporta
sangre desde la retina. Su obstrucción hace que las venas más
pequeñas de la retina se hinchen y se vuelvan tortuosas. La superficie
de la retina se congestiona e hincha y puede producirse un escape de
sangre en la retina. La obstrucción de la vena retiniana tiene
lugar principalmente en las personas ancianas que padecen de glaucoma,
diabetes, presión arterial elevada, o enfermedades que espesan
la sangre, como un número anormalmente alto de glóbulos
rojos.
La obstrucción de la vena retiniana provoca
una pérdida indolora de la visión que tiene lugar de forma
mucho más lenta que en los casos de obstrucción de la
arteria retiniana. Los cambios permanentes que se observan consisten
en la formación de vasos sanguíneos nuevos y anormales
en la retina y la aparición de glaucoma. La angiografía
con fluoresceína (un procedimiento en el cual el médico
inyecta un colorante en una vena, espera que llegue a la retina y, a
continuación, hace fotografías de esta última)
ayuda a determinar el alcance del daño y la planificación
del tratamiento. El tratamiento con láser puede ser utilizado
para destruir los vasos anormales.
Retinopatía diabética
La diabetes puede producir dos clases de cambios
que se encuentran entre las principales causas de ceguera: la retinopatía
no proliferativa y la proliferativa. Estos cambios pueden presentarse
tanto en las personas diabéticas tratadas con insulina como en
las que no reciben este tratamiento.
La diabetes afecta la retina porque los altos valores
de azúcar (glucosa) en la sangre engruesan las paredes de los
pequeños vasos sanguíneos, pero al mismo tiempo las debilitan
y en consecuencia las tornan más proclives a la deformación
y a las fugas de sangre. El alcance de la retinopatía y la pérdida
de la visión se encuentran en directa relación con el
control de las concentraciones de azúcar en sangre y, más
importante aún, con el tiempo que la persona lleva padeciendo
la diabetes. En general, la retinopatía no se desarrolla hasta
por lo menos 10 años después del inicio de la enfermedad.
En la retinopatía no proliferativa (de fondo),
pequeños capilares de la retina se rompen y comienzan a perder
sangre. El área que rodea cada rotura en los capilares se hincha,
formando pequeños sacos en los cuales se depositan las proteínas
de la sangre. El médico diagnostica esta enfermedad examinando
la retina. La angiografía con fluoresceína (un procedimiento
en el cual el médico inyecta un colorante dentro de una vena,
espera a que llegue a la retina y luego hace fotografías de esta
última) ayuda a determinar el alcance de la enfermedad. En sus
fases iniciales, la retinopatía no proliferativa no produce ceguera.
Las pequeñas hemorragias retinianas pueden distorsionar partes
del campo visual o, si se encuentran cerca de la mácula, pueden
nublar la visión.
En la retinopatía proliferativa, el daño
a la retina estimula el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos.
Este crecimiento puede parecer beneficioso, pero no lo es. Los nuevos
vasos sanguíneos crecen de forma anormal, lo que conlleva cicatrización
y, en ocasiones, un desprendimiento de retina. Pueden crecer o sangrar
dentro de la cavidad vítrea. La retinopatía proliferativa
es mucho más perjudicial para la visión que la retinopatía
no proliferativa y puede ocasionar ceguera total o casi total.
Prevención y tratamiento
La mejor forma de evitar la retinopatía diabética
consiste en controlar la diabetes y mantener la presión arterial
a niveles normales. Las personas diabéticas deberían someterse
a exámenes visuales anuales 5 años después de que
se les diagnostique la diabetes, para que el tratamiento necesario pueda
comenzarse de manera precoz y así se salve la visión.
El tratamiento consiste en la fotocoagulación
por láser, en la que un rayo láser se aplica sobre el
ojo para destruir los nuevos vasos sanguíneos y sellar los que
presentan pérdidas. Este tratamiento es indoloro porque la retina
percibe las sensaciones dolorosas.
Si la hemorragia de los vasos dañados ha
sido grande, puede ser necesario recurrir a la cirugía para extraer
la sangre que ha entrado en el humor vítreo (un procedimiento
llamado vitrectomía). La visión mejora tras la vitrectomía
y el humor vítreo es gradualmente reemplazado.