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PROBLEMAS DE SALUD DE LA MUJER
CAPITULO 234
Problemas ginecológicos habituales
Los problemas ginecológicos son los
relacionados con el aparato reproductor femenino. Algunas causas habituales
de los mismos son infecciones, lesiones o cambios hormonales. Estos
trastornos incluyen dolor pélvico, inflamación del útero,
de las trompas de Falopio, de la vagina o de la vulva y tumoraciones
no cancerosas del útero, como los fibromas. Otros problemas frecuentes
se relacionan con la menstruación (por ejemplo, el síndrome
premenstrual y el dolor durante la menstruación, también
llamado dismenorrea). A pesar de que algunos de estos problemas son
poco importantes y se corrigen por sí solos, otros, como las
infecciones, pueden revestir mayor gravedad y requerir, por tanto, atención
médica.
Dolor pélvico
La pelvis, que contiene el útero, las trompas
de Falopio, los ovarios, la vagina, la vejiga urinaria y el recto, es
la parte inferior del tronco localizada debajo del abdomen y entre ambas
caderas. Las mujeres a menudo sienten dolor en esa zona, cuyas características
e intensidad son variables y, en ocasiones, es difícil conocer
su causa.
Con
frecuencia, pero no siempre, el dolor pélvico se asocia a problemas
relacionados con el aparato reproductor. Otras causas de dolor pélvico
tienen que ver con los intestinos o las vías urinarias. Los factores
psicológicos pueden empeorar el dolor o incluso provocar una
sensación dolorosa sin que exista ningún problema orgánico
subyacente.
Diagnóstico
Cuando una mujer repentinamente sufre un dolor muy
intenso en la parte inferior del abdomen o en la región pélvica,
el médico debe decidir con rapidez si se trata de una situación
urgente que requiere cirugía inmediata. Ejemplos de ellos son
la apendicitis, la perforación del intestino, una torsión
de un quiste de ovario, un embarazo ectópico y la rotura de una
trompa de Falopio.
A menudo el médico puede determinar la causa
del dolor a partir de la descripción del mismo que le proporciona
la paciente, es decir, si es punzante o sordo, en qué circunstancias
se da (si comenzó de improviso), cuánto dura y dónde
se localiza. Los síntomas que lo acompañan, como fiebre,
náuseas o vómitos, pueden ayudar a establecer el diagnóstico.
A este efecto, la información acerca de la aparición del
dolor en relación con las comidas, el sueño, las relaciones
sexuales, el movimiento, la micción y la defecación también
puede ser de utilidad.
A continuación, el médico realiza
una exploración física. El examen pélvico (por
dentro), que siempre debe formar parte de la evaluación de un
dolor pélvico, ayuda a determinar qué órganos están
afectados y si existe infección. Las pruebas de laboratorio,
como un recuento completo de células sanguíneas, un análisis
de orina o una prueba de embarazo, pueden indicar la existencia de una
hemorragia interna, una infección o un embarazo ectópico.
En algunos casos, puede practicarse una ecografía,
una tomografía computadorizada (TC) o una resonancia magnética
(RM) de los órganos internos. Así mismo, se puede recurrir
o a la cirugía o la laparoscopia (un procedimiento con un tubo
de fibra óptica que permite el examen de las cavidades abdominal
y pélvica) para determinar la causa del dolor.
Vaginitis y vulvitis
La vaginitis es una inflamación de la mucosa
de la vagina. La vulvitis es una inflamación de la vulva (los
órganos genitales femeninos externos). La vulvovaginitis es una
inflamación de la vulva y de la vagina.
En estas condiciones, los tejidos se inflaman y
se produce una secreción vaginal. Las causas incluyen infecciones,
sustancias u objetos irritantes, tumores u otro tejido anormal, radioterapia,
fármacos y cambios hormonales. La higiene personal insuficiente
puede favorecer el crecimiento de bacterias y hongos así como
causar irritación. Además, las heces pueden pasar desde
el intestino hasta la vagina por un trayecto anormal (fístula)
y provocar una vaginitis.
Durante el tiempo en que la mujer es fértil,
los cambios hormonales causan una secreción normal acuosa, mucosa
o blanca lechosa, que varía en cantidad y características
según las diferentes fases del ciclo menstrual. Después
de la menopausia, el revestimiento interno de la vagina y los tejidos
de la vulva pierden espesor, y el flujo normal disminuye debido a la
falta de estrógenos. En consecuencia, la vagina y la vulva se
infectan y lesionan con más facilidad.
Las recién nacidas pueden tener una secreción
vaginal debido a los estrógenos que proceden de la madre antes
de nacer. En general, desaparece en el transcurso de dos semanas.
Síntomas
El síntoma más frecuente de la vaginitis
es la secreción vaginal anormal. Una secreción anormal
es la que se produce en grandes cantidades, desprende un olor fuerte
o está acompañada de picores, molestias o dolor vaginal.
A menudo la secreción anormal es más espesa que la normal
y el color es variable; por ejemplo, puede tener la consistencia del
requesón o puede ser amarillenta, verdosa o manchada de sangre.
Una infección bacteriana de la vagina tiende
a producir una secreción turbia blanca, gris o amarillenta con
olor hediondo o similar al pescado. El olor se vuelve más intenso
después del acto sexual o del lavado con jabón, ya que
ambos disminuyen la acidez vaginal y, en consecuencia, se favorece el
crecimiento bacteriano. La vulva puede notarse irritada o con un picor
ligero.
Una infección producida por Candida (un hongo)
produce un picor entre moderado e intenso y quemazón de la vulva
y la vagina. La piel se torna rojiza y es áspera al tacto. De
la vagina sale una secreción espesa, similar al queso, que tiende
a adherirse a sus paredes. Los síntomas empeoran durante la semana
anterior al ciclo menstrual. Esta infección tiende a recidivar
en las mujeres que sufren de diabetes mal controlada y en las que están
tomando antibióticos.
Una infección por Trichomonas vaginalis,
un protozoo, produce una secreción blanca, verde grisácea
o amarillenta que puede ser espumosa. La secreción aparece poco
después de la menstruación y puede tener un olor desagradable;
se acompaña de un picor muy intenso.
Una secreción acuosa, sobre todo si contiene
sangre, puede ser causada por un cáncer de vagina, del cuello
uterino o del revestimiento interno del útero (endometrio). Los
pólipos cervicales (cuello uterino) pueden producir hemorragia
vaginal tras el coito. Si el picor o las molestias vulvares se vienen
arrastrando durante algún tiempo, las posibilidades pueden ser
una infección por papilomavirus humano o un carcinoma in situ
(un cáncer muy localizado que no ha invadido otras áreas
y que, en general, el cirujano puede extirpar fácilmente).
Una llaga dolorosa en la vulva puede ser causada
por una infección herpética o un absceso, mientras que
una llaga que no provoca dolor puede ser debida a un cáncer o
la sífilis. Los piojos del pubis causan picor en la zona de la
vulva (pediculosis del pubis).
Diagnóstico
Las características de la secreción
pueden sugerir la causa, pero se necesita información adicional
de la paciente para hacer el diagnóstico (como, por ejemplo,
en qué momento del ciclo menstrual tiene lugar la secreción,
si es esporádica o continua, cómo respondió a tratamientos
previos y si sufre picor, quemazón, dolor en la vulva o si tiene
una llaga vaginal). El médico también pregunta acerca
de las medidas anticonceptivas, si hay dolor tras el acto sexual, si
presentó infecciones vaginales previamente o enfermedades de
transmisión sexual y si usa detergentes para la ropa que puedan
causar irritación. Otras preguntas pueden referirse a si el compañero
sexual presenta síntomas o a si algún miembro de la familia
sufre picores.

Al examinar la vagina, el médico utiliza un
aplicador con punta de algodón para tomar una muestra de la secreción,
que se examinará al microscopio o se cultivará en un laboratorio
con el fin de identificar los organismos infecciosos. Se inspecciona
el cuello uterino (cérvix) y se toma una muestra de tejido para
una prueba de Papanicolaou (Pap), que puede detectar el cáncer
cervical. Así mismo, el médico realiza una exploración
bimanual: introduce los dedos índice y medio de una mano en la
vagina y con la otra presiona suavemente por fuera de la zona inferior
del abdomen para palpar los órganos reproductores. Cuando una
mujer presenta una inflamación de la vulva durante mucho tiempo
(vulvitis crónica) que no responde al tratamiento, habitualmente
el médico toma una muestra de tejido para su examen microscópico
(biopsia) con el fin de detectar posibles células cancerosas.
Tratamiento
En el caso de una secreción normal, los lavados
frecuentes con agua pueden reducir la cantidad de la misma. Sin embargo,
una secreción causada por una vaginitis requiere un tratamiento
específico acorde con su causa. Si se trata de una infección,
el tratamiento consiste en la administración de un antibiótico,
un antifúngico o un antivírico, según el tipo de
agente patógeno. Hasta que el tratamiento tenga efecto, puede
procederse también al lavado de la zona con una mezcla de vinagre
y agua durante poco rato para controlar los síntomas. Sin embargo,
el lavado frecuente con o sin medicamentos no es muy conveniente, ya
que incrementa el riesgo de contraer inflamación pélvica.
Si los labios (partes carnosas que rodean los orificios de la vagina
y la uretra) están pegados debido a infecciones previas, la aplicación
de estrógenos en forma de crema vaginal durante 7 a 10 días
suele facilitar su apertura.
Además de un antibiótico, el tratamiento
de una infección bacteriana puede incluir también gelatina
de ácido propiónico para que aumente la acidez de las
secreciones vaginales (ello inhibe el crecimiento de las bacterias).
Para las infecciones de transmisión sexual, ambos miembros de
la pareja son tratados al mismo tiempo para evitar una nueva infección.
El adelgazamiento del revestimiento interno vaginal
tras la menopausia (vaginitis atrófica) se trata con una terapia
sustitutiva de estrógenos. Éstos se pueden administrar
por vía oral, mediante un parche cutáneo o mediante la
aplicación tópica directamente en la vulva y la vagina.
Los fármacos utilizados para tratar la vulvitis
dependen de su causa y son los mismos que se usan para tratar la vaginitis.
Otras medidas adicionales incluyen el uso de prendas holgadas y absorbentes
que permitan la circulación del aire, como la ropa interior de
algodón, así como mantener la vulva limpia. Se debería
usar jabón de glicerina, porque muchos de los otros jabones son
irritantes. En ocasiones, colocar hielo sobre la vulva, un baño
de asiento frío o aplicar compresas frías reduce el dolor
y el picor. Las cremas y ungüentos con corticosteroides, como los
que contienen hidrocortisona, y los anti-histamínicos por vía
oral también reducen el picor cuando éste no tiene su
origen en una infección. El aciclovir aplicado como crema o por
vía oral atenúa los síntomas y disminuye la duración
de una infección herpética. Los fármacos analgésicos
tomados por vía oral pueden paliar el dolor.
Si la vulvitis crónica se debe a una deficiente
higiene personal, el primer paso consiste en dar a la mujer las instrucciones
apropiadas. Una infección bacteriana se trata con antibióticos;
en cambio, en ciertas enfermedades cutáneas, como la psoriasis,
se utilizan cremas que contengan corticosteroides. Deberían dejar
de utilizarse todas aquellas sustancias que causen una irritación
persistente, como las cremas, los polvos de talco y algunas marcas de
preservativos.
Enfermedad inflamatoria pélvica
La inflamación pélvica (salpingitis)
es una inflamación de las trompas de Falopio, por lo general
causada por una infección.
Las trompas de Falopio son unas estructuras tubulares
que se extienden desde la parte superior del útero hasta cada
ovario.
La inflamación de las trompas de Falopio
se produce sobre todo en mujeres sexualmente activas. Las que usan dispositivos
intrauterinos (DIU) se encuentran especialmente expuestas. La inflamación
es el resultado de una infección bacteriana, que suele iniciarse
en la vagina y se extiende hacia el útero y las trompas. Estas
infecciones rara vez aparecen antes de la primera menstruación
(menarquía), después de la menopausia o durante el embarazo.
En general, se contraen durante las relaciones sexuales pero, en ocasiones,
están provocadas por la llegada de bacterias a las trompas durante
un alumbramiento vaginal o por un aborto, ya sea espontáneo o
inducido.
Anexitis
Inflamación de las trompas de Falopio
por la introducción de gérmenes. Pueden incluso
formarse abscesos.
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La actinomicosis (una infección bacteriana),
la esquistosomiasis (una infección parasitaria) y la tuberculosis
también pueden esporádicamente producir una inflamación
pélvica. Finalmente, determinados procedimientos médicos,
como la introducción de contraste durante ciertas exploraciones
radiográficas del aparato reproductor pueden causar una infección.
A pesar de que los síntomas pueden ser más
intensos en uno de los lados, en general las dos trompas se ven afectadas.
La infección puede extenderse hacia la cavidad abdominal y causar
una peritonitis; no obstante, los ovarios no suelen contagiarse por
la infección, a menos que ésta sea grave.
Síntomas
Los síntomas empiezan poco después
de la menstruación y se caracterizan por dolor en la parte inferior
del abdomen cada vez más intenso, que puede acompañarse
de náuseas o vómitos. Sobre todo al principio, muchas
mujeres sólo tienen fiebre poco elevada, dolor abdominal de suave
a moderado, hemorragias irregulares y una secreción vaginal escasa,
lo que hace difícil realizar el diagnóstico. A medida
que progresa la enfermedad la fiebre aumenta y sale una secreción
similar al pus por la vagina, a pesar de que la infección por
Clamidia puede no causar secreción.
Habitualmente, la infección obstruye las
trompas de Falopio y, en consecuencia, se hinchan debido al líquido
atrapado en su interior. Esto puede ocasionar dolor crónico,
hemorragia menstrual irregular e infertilidad. La infección puede
extenderse hacia las estructuras cercanas y provocar cicatrices y tractos
fibrosos anormales (adherencias) entre los órganos del abdomen,
lo que produce un dolor crónico.
Por otro lado, también pueden desarrollarse
abscesos (acumulaciones de pus) en las trompas, ovarios o pelvis. Si
la administración de antibióticos no elimina los abscesos,
se debe recurrir al drenaje (vaciado) quirúrgico. Si un absceso
se rompe (se vierte el pus dentro de la cavidad pélvica) el dolor
de la parte inferior del abdomen se hace muy intenso y se acompaña
de náuseas, vómitos y presión arterial muy baja
(shock). Esta clase de infección puede alcanzar a la circulación
sanguínea (sepsis), situación que puede ser mortal. Un
absceso perforado siempre requiere cirugía urgente.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico se sospecha a partir de los
síntomas. La mujer siente un dolor considerable cuando el médico
moviliza el cuello uterino o presiona las áreas circundantes
durante un examen pélvico o cuando palpa el abdomen.
El recuento de glóbulos blancos es, con frecuencia,
elevado. En general, se toman muestras del cuello uterino y, a veces,
también del recto y de la garganta, con el fin de cultivarlas
y examinarlas al microscopio para identificar al microrganismo causante
de la infección. También se puede realizar una culdocentesis,
un procedimiento por el cual se introduce una aguja dentro de la cavidad
pélvica a través de la pared vaginal, con el fin de obtener
una muestra de pus. Si existen dudas acerca del diagnóstico,
puede examinarse el interior de la cavidad abdominal con un tubo de
fibra óptica (laparoscopio).
El tratamiento consiste en la administración
de antibióticos tan pronto se hayan extraído las muestras
para su cultivo y estudio. Por lo general, la mujer es tratada en su
domicilio, pero si la infección no mejora en 48 horas, debe ser
hospitalizada. En el hospital, se administran dos o más antibióticos
por vía intravenosa para eliminar la infección de la forma
más completa y rápida posible. Cuanto más prolongada
y grave sea la inflamación, mayor es el riesgo de infertilidad
y de otras complicaciones.
Fibromas
Un fibroma es un tumor no canceroso compuesto de
tejido muscular y fibroso que se forma en la pared uterina.
Los fibromas aparecen al menos en el 20 por ciento
de todas las mujeres mayores de 35 años y son más frecuentes
entre las mujeres de etnia negra que entre las de etnia blanca. El tamaño
de los fibromas oscila desde microscópico hasta grandes como
un melón. Su causa es desconocida, pero parecen depender de los
niveles de estrógenos y, en general, crecen durante el embarazo
y se reducen tras la menopausia.
Síntomas
Aunque los fibromas sean de gran tamaño,
es posible que no provoquen ningún síntoma. Los síntomas
dependen de su número, tamaño y localización en
el útero, así como de su estado (es decir, si están
creciendo o se están convirtiendo en malignos). Los síntomas
pueden ser hemorragias menstruales intensas o prolongadas, aunque con
menos frecuencia estas hemorragias pueden aparecer entre las menstruaciones.
También pueden producir dolor, presión o sensación
de pesadez en la zona pélvica durante la menstruación
o entre períodos, necesidad de orinar con más frecuencia,
hinchazón del abdomen y, en muy pocos casos, infertilidad por
obstrucción de las trompas de Falopio o por distorsión
de la cavidad uterina. La hemorragia menstrual puede ser copiosa, porque
los fibromas hacen que aumente la superficie del revestimiento interno
uterino y, por consiguiente, que la cantidad de tejido que se elimina
durante la menstruación sea mayor. Si la hemorragia es intensa,
puede aparecer anemia. Un fibroma que previamente no ha provocado ningún
síntoma puede causar problemas durante el embarazo, como un aborto
espontáneo, un parto prematuro o una hemorragia posparto (excesiva
pérdida de sangre tras el alumbramiento).
Diagnóstico y tratamiento
El médico puede establecer el diagnóstico
durante la exploración pélvica y lo confirma mediante
una ecografía. Así mismo, puede realizarse una biopsia
de endometrio (obtención de una muestra del revestimiento uterino
para examinarlo al microscopio), una histeroscopia (examen del útero
con un tubo de fibra óptica) y una prueba de Papanicolaou para
asegurarse de que los síntomas no se deben a otros trastornos,
como un cáncer de útero.
La mayoría de los fibromas no necesitan tratamiento,
pero la mujer que los presenta tiene que ser examinada cada 6 o 12 meses.
Si el fibroma aumenta de tamaño o provoca síntomas muy
molestos puede ser necesaria su extirpación quirúrgica
(miomectomía). En estos casos, se administran hormonas durante
varios meses antes de la cirugía para reducir el tamaño
del fibroma. En general, se tiende a evitar la cirugía durante
el embarazo porque puede provocar un aborto espontáneo y una
gran pérdida de sangre. Puede que sea necesario extirpar todo
el útero (histerectomía) cuando la hemorragia menstrual
es muy copiosa, si aparecen síntomas por compresión o
dolor intenso, si el fibroma crece con rapidez, sufre torsión
o se infecta.
Trastornos
menstruales
Los trastornos menstruales más frecuentes
son el síndrome premenstrual (SPM) y el dolor que aparece durante
la menstruación (dismenorrea). Un conjunto de interacciones hormonales
(que se caracterizan por una extrema complejidad) controlan el comienzo
de la menstruación durante la pubertad, los ritmos y duración
de los ciclos mientras la mujer es fértil y el fin de la menstruación
en la menopausia. El control hormonal de la menstruación comienza
en el hipotálamo (la parte del cerebro que coordina y controla
la actividad hormonal) y la glándula hipófisis, localizada
en la base del cerebro y, finalmente, es determinado por los ovarios.
Las hormonas secretadas por otras glándulas, como las suprarrenales,
también afectan a la menstruación.
Síndrome premenstrual
El síndrome premenstrual (SPM) (trastorno
disfórico premenstrual, trastorno disfórico de la última
fase luteínica) es una situación caracterizada por nerviosismo,
irritabilidad, inestabilidad emocional, depresión, cefaleas,
edema y dolorimiento en las mamas, que aparece entre 7 y 14 días
antes del comienzo del período menstrual.
El síndrome premenstrual parece estar en
relación con las fluctuaciones en los niveles de estrógenos
y progesterona que se producen durante el ciclo menstrual. Los estrógenos
producen retención de líquidos, lo que probablemente explica
el aumento de peso, el edema, el dolor en las mamas y su aumento de
volumen. Así mismo, otros cambios hormonales y metabólicos
están involucrados en dicho síndrome.
Síntomas
El tipo e intensidad de los síntomas varían
de mujer a mujer y de un mes a otro. El amplio abanico de síntomas
físicos y psicológicos puede alterar temporalmente la
vida de la mujer. Las mujeres epilépticas pueden tener más
ataques de lo habitual y las que padecen una enfermedad del tejido conectivo,
como el lupus eritomatoso sistémico o la artritis reumatoide,
pueden sufrir episodios de enrojecimiento.
Por lo general, los síntomas aparecen una
o dos semanas antes de la menstruación, duran entre pocas horas
y 14 días y desaparecen cuando se inicia el flujo menstrual.
En mujeres premenopáusicas, estos síntomas pueden persistir
durante toda la menstruación y después de la misma. Cada
mes, los síntomas del síndrome premenstrual a menudo se
siguen de una menstruación dolorosa.
Tratamiento
Las fluctuaciones en los valores de estrógenos
y de progesterona en la sangre son menos marcadas si se administran
anticonceptivos orales combinados, es decir, que contienen a la vez
estrógenos y progesterona. La retención de líquidos
y la distensión se alivian disminuyendo el consumo de sal y tomando
un diurético suave, como la espironolactona, justo antes del
momento en que se espera que comiencen los síntomas. Otros cambios
en la dieta, como reducir la cantidad de azúcar, cafeína
y alcohol, aumentar el consumo de hidratos de carbono y comer con más
frecuencia, también pueden ser eficaces. Los suplementos dietéticos
que contienen calcio y magnesio pueden resultar beneficiosos. La ingesta
adicional de vitamina B, en especial B6 (piridoxina), puede reducir
algunos síntomas, a pesar de que los beneficios de la vitamina
B6 se han cuestionado recientemente y una dosis demasiado alta puede
ser incluso perjudicial (dosis tan pequeñas como de 200 mg al
día se han asociado a lesiones en los nervios). Los fármacos
antiinflamatorios no esteroideos (AINE) alivian los dolores de cabeza,
el dolor provocado por las contracciones uterinas y el dolor en las
articulaciones.
La práctica de ejercicio y la reducción
del estrés (utilizando ejercicios de meditación o relajación)
pueden ser útiles para tratar el nerviosismo y la agitación.
La fluoxetina puede mejorar la depresión y otros síntomas
y la buspirona o el alprazolam, administrados durante un corto período
de tiempo, pueden disminuir la irritabilidad y el nerviosismo y ayudan
a reducir el estrés; sin embargo, el tratamiento con alprazolam
puede crear dependencia del fármaco. En algunos casos puede pedirse
a la paciente que anote sus síntomas en un diario para determinar
la efectividad del tratamiento.
Dismenorrea
La dismenorrea es un dolor abdominal provocado por
las contracciones uterinas, que se produce durante la menstruación.
Recibe
el nombre de dismenorrea primaria cuando no se halla ninguna causa subyacente
y dismenorrea secundaria cuando la causa es un trastorno ginecológico.
La dismenorrea primaria es muy frecuente, y afecta a más del
50 por ciento de las mujeres; es grave en alrededor del 5 al 15 por
ciento. Se inicia, por lo general, durante la adolescencia y puede ser
tan intensa como para interferir en las actividades cotidianas de la
mujer y, en consecuencia, causar absentismo escolar o laboral. La dismenorrea
primaria tiende a disminuir de gravedad a medida que pasa el tiempo
y después de un embarazo. La dismenorrea secundaria es menos
frecuente y afecta a aproximadamente una cuarta parte de las mujeres.
Se cree que el dolor de la dismenorrea primaria
es el resultado de las contracciones del útero al reducirse la
cantidad de sangre que llega a su revestimiento interno (endometrio).
El dolor sólo tiene lugar durante los ciclos menstruales en los
que se libera un óvulo y puede empeorar cuando el endometrio
que se desprende durante un período menstrual pasa por el cuello
uterino, en particular cuando el canal cervical es estrecho, como sucede,
por ejemplo, tras un tratamiento de determinados trastornos cervicales.
Otros factores que pueden agravar el cuadro son una mala posición
del útero (retroversión uterina), la falta de ejercicio
y el estrés psicológico o social.
Una de las causas más frecuentes de dismenorrea
secundaria es la endometriosis. También los fibromas y la adenomiosis
(invasión benigna de la pared muscular del útero por parte
de su revestimiento interno) pueden provocar este problema. La inflamación
de las trompas de Falopio y las uniones fibrosas anormales (adherencias)
entre órganos causan un dolor abdominal suave, vago, continuo
o más grave, localizado y de corta duración. Cada uno
de estos tipos de dolor empeora durante la menstruación.
Síntomas
La dismenorrea causa un dolor en la parte inferior
del abdomen que se extiende hasta la parte inferior de la espalda o
las piernas. El dolor puede consistir en calambres que aparecen y desaparecen
o bien puede tratarse de una molestia sorda constante. Por lo general,
comienza poco antes de la menstruación o durante la misma, alcanza
su máximo después de 24 horas y al cabo de 2 días.
A menudo la mujer tiene cefalea, naúseas, estreñimiento
o diarrea y siente necesidad de orinar con frecuencia; en ocasiones,
presenta vómitos. Los síntomas del síndrome premenstrual,
como irritabilidad, nerviosismo, depresión e hinchazón
abdominal, pueden persistir durante parte del tiempo que dura la menstruación
o a lo largo de toda ella. A veces salen coágulos o porciones
de tejido del revestimiento interno uterino, lo cual ocasiona dolor.
Tratamiento
En general el dolor se alivia eficazmente con fármacos
antiinflamatorios no esteroideos, como el ibuprofeno, el naxopreno y
el ácido mefenámico. Estos fármacos son más
efectivos si comienza su administración 2 días antes de
la menstruación y se sigue durante el primer o el segundo día
del flujo menstrual. Las náuseas y los vómitos se alivian
con un medicamento contra las náuseas (antiemético), pero
estos síntomas suelen desaparecer sin tratamiento a medida que
remiten las contracciones. Descansar lo suficiente, dormir y practicar
ejercicios físicos con regularidad también puede ayudar
a reducir los síntomas. Si el dolor continúa hasta el
punto de interferir con la actividad normal, puede suprimirse la ovulación
con anticonceptivos orales que contengan dosis bajas de estrógenos
y progesterona o con medroxiprogesterona de acción prolongada.
Si estos tratamientos son ineficaces, es posible que tengan que realizarse
más pruebas adicionales, como una laparoscopia (un procedimiento
en el que se utiliza un tubo de fibra óptica para examinar la
cavidad abdominal).
El tratamiento de la dismenorrea secundaria depende
de su causa. Si se trata de un canal cervical estrecho puede procederse
a su dilatación quirúrgica, lo cual proporciona entre
3 y 6 meses de alivio. Cuando el tratamiento no da resultado y el dolor
es muy intenso, la desconexión de los nervios que van al útero
puede resultar beneficiosa; las complicaciones de este procedimiento
incluyen lesiones en otros órganos pélvicos, como los
uréteres. Por otro lado, también se puede recurrir a la
hipnosis o a la acupuntura.