SECCION 22 >
PROBLEMAS DE SALUD DE LA MUJER
CAPITULO 237
Endometriosis
La endometriosis es una enfermedad que se
caracteriza por el crecimiento de placas de tejido endometrial, que
normalmente sólo se encuentra en el revestimiento interno uterino
(endometrio), fuera del útero.
En general, la endometriosis suele afectar sólo
al revestimiento de la cavidad abdominal o a la superficie de los órganos
abdominales. El tejido endometrial que crece fuera de lugar (implante
endometrial) a menudo se desarrolla sobre los ovarios y los ligamentos
que sostienen el útero. Con menos frecuencia, puede hacerlo en
la superficie externa del intestino delgado y grueso, los uréteres
(conductos que van desde los riñones hasta la vejiga urinaria),
la vejiga, la vagina, las cicatrices quirúrgicas presentes en
el abdomen o en el revestimiento interno de la pared torácica
(pleura). En muy raras ocasiones, puede encontrarse tejido endometrial
en los pulmones.
Endometriosis: tejido mal colocado
Se caracteriza por pequeñas porciones
de tejido endometrial (que aquí aparecen como manchas
rojizas) que refluyen desde el útero atravesando las
trompas de Falopio hasta llegar a la cavidad abdominal. Este
tejido se adhiere a ovarios, ligamentos que sostienen el útero,
intestino delgado y grueso, uréteres, vejiga, vagina,
cicatrices quirúrgicas o revestimiento de la cavidad
torácica.
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Debido a que el crecimiento de tejido endometrial
fuera de lugar responde a las mismas hormonas a las que lo hace el que
se halla dentro del útero, este tejido puede producir hemorragias
durante la menstruación, a menudo causando calambres abdominales,
dolor, irritación y la formación de tejido cicatricial.
A medida que avanza la enfermedad, se forman adhesiones (bandas fibrosas
que enganchan entre sí estructuras que normalmente no lo están).
El tejido endometrial fuera de la cavidad uterina y las adherencias
pueden obstruir o interferir el funcionamiento de los órganos.
En raras ocasiones, las adherencias bloquean el intestino.
La endometriosis puede afectar a familias en particular
y es más frecuente en los parientes de primer grado (madre, hermana,
hija) de las mujeres que padecen este trastorno. Otros factores que
incrementan el riesgo de endometriosis son dar a luz por primera vez
después de los 30 años, ser de etnia caucásica
y tener un útero anormal.
Se estima que alrededor del 10 al 15 por ciento
de las mujeres que menstrúan entre los 25 y 44 años padecen
endometriosis; también puede aparecer en adolescentes. Se desconoce
el porcentaje exacto de casos porque el diagnóstico habitualmente
sólo puede efectuarse mediante una visualización directa
del tejido, por lo general durante una intervención quirúrgica.
Entre un 25 y un 50 por ciento de las mujeres estériles padece
endometriosis, la cual puede impedir la fecundación. En efecto,
la endometriosis grave puede causar infertilidad al bloquear el paso
del óvulo desde el ovario hasta el útero. La endometriosis
leve también puede causar esterilidad, pero en este caso el mecanismo
que la provoca no está claro.
Causas y síntomas
Las causas de la endometriosis aún no se
conocen. Las células del revestimiento interno del útero
de alguna manera se desplazan hasta zonas externas al mismo y siguen
creciendo. Este desplazamiento podría quizás deberse a
que pequeños fragmentos del revestimiento uterino, desprendidos
durante la menstruación, retrocedan hacia las trompas de Falopio
en dirección a los ovarios hasta entrar en la cavidad abdominal,
en lugar de salir con el flujo menstrual a través de la vagina.
La endometriosis causa dolor en la parte inferior
del abdomen y la zona pélvica, irregularidades menstruales (como
manchar antes de la menstruación) e infertilidad. Algunas mujeres
con endometriosis grave no presentan síntomas, mientras que otras
con la enfermedad en grado mínimo sufren un dolor invalidante.
Con frecuencia, el dolor menstrual debido a la endometriosis no aparece
hasta años después de desarrollar la enfermedad. En algunos
casos, se constata dolor durante el coito (dispareunia), antes o durante
la menstruación.
El tejido endometrial adherido al intestino grueso
o a la vejiga urinaria puede provocar hinchazón abdominal, dolor
durante las deposiciones, hemorragia rectal durante la menstruación
o dolor en la parte inferior del abdomen durante la micción.
Así mismo, cuando el tejido se localiza en un ovario o una estructura
cercana puede dar lugar a la formación de una masa llena de sangre
(endometrioma). En ocasiones, el endometrioma se rompe bruscamente o
se escapa algo de su contenido, lo que causa un agudo y repentino dolor
abdominal.
Diagnóstico
El médico puede sospechar la existencia de
endometriosis cuando una mujer presenta los síntomas típicos
o una infertilidad inexplicada. La exploración física
puede ser normal, pero en ocasiones la mujer puede sentir dolor durante
la palpación del abdomen o el médico puede notar la presencia
de una masa de tejido detrás del útero o cerca de los
ovarios. Excepcionalmente, se observa tejido endometrial en la vulva,
el cuello uterino, la vagina, el ombligo o en las cicatrices quirúrgicas.
En
general, la confirmación del diagnóstico requiere la visualización
de trozos de tejido endometrial. Generalmente, el médico inspecciona
la cavidad abdominal con un tubo de fibra óptica (un laparoscopio)
introducido dentro de la cavidad abdominal a través de una pequeña
incisión justo por debajo del ombligo. En algunos casos, no es
fácil reconocer la endometriosis y sólo se puede establecer
el diagnóstico mediante una biopsia (la extracción de
una pequeña muestra de tejido para su examen al microscopio en
el laboratorio), que en general se practica durante la endoscopia.
Se pueden emplear otros procedimientos, como una
ecografía, un enema opaco con bario, una tomografía computadorizada
(TC) y una resonancia magnética (RM), para determinar el alcance
de la enfermedad y seguir su curso, pero su utilidad diagnóstica
es limitada. Ciertos análisis de sangre que detectan marcadores
de endometriosis, como el CA-125 y los anticuerpos frente al tejido
endometrial, también pueden facilitar el seguimiento de la evolución
del trastorno. Sin embargo, como estos marcadores pueden ser elevados
en muchas otras enfermedades, no son útiles a la hora de confirmar
el diagnóstico.
Existen determinados criterios para clasificar la
endometriosis que se basan en la localización del tejido endometrial,
si está en la superficie o en el interior de un órgano,
y en su grosor. Tras considerar todos estos factores, se puede clasificar
la enfermedad como mínima, leve, moderada o grave. También
pueden realizarse pruebas para determinar si la endometriosis afecta
a la fertilidad de la mujer.
Tratamiento
El tratamiento depende de los síntomas de
la paciente, su voluntad de quedar embarazada y su edad, así
como de la extensión de la enfermedad.
Los
fármacos que suprimen la actividad de los ovarios y retardan
el crecimiento del tejido endometrial comprenden una combinación
de anticonceptivos orales, progestágenos, danazol y agonistas
de la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH). Los agonistas de
la GnRH son sustancias que al principio estimulan la liberación
de gonadotropinas por parte de la glándula hipófisis,
pero al cabo de unas semanas de tratamiento producen una anulación
de dicha liberación. No está claro que tratando a las
mujeres que tienen endometriosis mínima o leve mejore en alguna
medida la fertilidad; sin embargo, en los casos graves, la administración
de fármacos o la práctica de una intervención quirúrgica
permite obtener unos índices de embarazo del 40 al 60 por ciento.
El tratamiento farmacológico no cura la endometriosis, ya que
habitualmente reaparece una vez finalizado el mismo.
Si una mujer tiene endometriosis de moderada a grave,
la cirugía es el tratamiento más eficaz. El médico
extirpa todo el tejido endometrial que encuentra fuera de la cavidad
uterina que le resulta posible, pero en general preservando la capacidad
reproductora de la mujer. A menudo el tejido se extirpa durante la laparoscopia
que se ha realizado para establecer el diagnóstico. En general,
se recurre a la cirugía para extirpar el tejido endometrial de
más de 4,5 a 6 centímetros de diámetro, cuando
existen adherencias en la parte inferior del abdomen o la pelvis, cuando
el tejido endometrial obstruye una o las dos trompas de Falopio o bien
cuando existe un dolor extremo en la parte inferior del abdomen o en
la pelvis que no es posible aliviar con la administración de
fármacos. En ocasiones, se usa un electrocauterizador (un instrumento
que emplea corriente eléctrica para producir calor) o un láser
(un dispositivo que concentra la luz en un rayo intenso para producir
calor) para destruir el tejido endometrial. Sin embargo, la extirpación
quirúrgica es sólo una medida temporal, puesto que la
endometriosis vuelve a desarrollarse en la mayoría de las mujeres.
Una vez extirpado el tejido endometrial, el índice de embarazo
oscila entre el 40 y el 70 por ciento, según la gravedad de la
enfermedad; el tratamiento farmacológico mejora estos índices.
Los anticonceptivos orales pueden retrasar el avance
de la enfermedad tras el tratamiento farmacológico o la extirpación
quirúrgica del tejido endometrial. Sin embargo, sólo la
extirpación quirúrgica de ambos ovarios impide la recurrencia
de la endometriosis.
La resección de ambos ovarios y del útero
se realiza solamente en aquellas mujeres en las que el dolor en la parte
inferior del abdomen o en la pelvis no se alivia con medicación
y que además no desean quedar embarazadas. Tras la extirpación
de los ovarios y del útero se comienza la terapia de sustitución
de estrógenos, puesto que esta cirugía provoca los mismos
efectos que la menopausia. Dicha terapia comienza inmediatamente después
de la cirugía, pero si aún queda una considerable cantidad
de tejido endometrial puede esperarse y empezarla después de
un período de 4 a 6 meses. Este intervalo permite que el tejido
endometrial, que resultaría estimulado por la terapia sustitutiva
hormonal, desaparezca. Durante el tiempo de espera, es posible que se
necesite administrar fármacos supresores de la endometriosis.