SECCION 22 >
PROBLEMAS DE SALUD DE LA MUJER
CAPITULO 240
Esterilidad
La esterilidad es la incapacidad de una pareja
de conseguir un embarazo tras mantener repetidas relaciones sexuales
sin tomar medidas de anticoncepción durante un año.
La infertilidad afecta a una de cada cinco parejas
en algunos países desarrollados. Cada vez es más frecuente,
porque las parejas contraen matrimonio cuando son mayores y esperan
más tiempo para tener hijos. De todos modos, hasta el 60 por
ciento de las parejas que no ha concebido después de un año
de intentarlo finalmente concebirán, con o sin tratamiento. La
meta del tratamiento es reducir el tiempo necesario para concebir.
A medida que la mujer tiene más años,
menores son las probabilidades de quedar embarazada y de que el embarazo
llegue a buen término. Después de los 35 años,
a la mujer ya no le queda demasiado tiempo para resolver sus problemas
de infertilidad antes de la menopausia.
Las principales causas de infertilidad incluyen
problemas con el esperma, la ovulación, las trompas de Falopio
y el cuello uterino, así como otros factores no identificados.
El diagnóstico y el tratamiento de estos problemas requieren
una revisión completa de ambos miembros de la pareja.
Anomalías del esperma
En el varón adulto, la formación del
esperma en los testículos es continua (espermatogénesis).
Una célula no especializada necesita de 72 a 74 días para
convertirse en una célula germinal madura. Desde cada testículo,
el esperma se dirige hacia el epidídimo (un tubo en forma de
espiral localizado en la parte superior y posterior de los testículos),
donde se almacena hasta que la eyaculación está a punto
de tener lugar. Desde el epidídimo, el esperma es transportado
por los vasos deferentes y el conducto eyaculatorio. Por otro lado,
en el conducto eyaculatorio, el líquido producido por las vesículas
seminales se agrega al esperma para formar el semen, que en el momento
de la eyaculación se desplaza por la uretra hasta que sale al
exterior.
Para ser fértil, el hombre debe ser capaz
de depositar una adecuada cantidad de esperma normal en la vagina de
la mujer. La esterilidad se produce cuando varios factores interfieren
en este proceso.
Un aumento en la temperatura de los testículos
por una fiebre prolongada o la exposición al calor excesivo reducen
en gran medida la cantidad y la movilidad del esperma y aumentan el
número de esperma anormal en el semen. La formación de
esperma es más eficiente a unos 34 °C, que es menor que la
temperatura normal del cuerpo. Los testículos, que es donde se
forma el esperma, se mantienen a esta temperatura más baja gracias
a su localización en el escroto, que se encuentra fuera de lo
que propiamente es la cavidad corporal.
La ausencia total de esperma (azoospermia) es debida
a un grave trastorno dentro de los testículos o por el bloqueo
o ausencia de vasos deferentes (de los dos lados). Cuando el semen no
contiene fructosa, un azúcar producido por las vesículas
seminales, significa que faltan los vasos deferentes o las vesículas
seminales, o bien que existe una obstrucción en los conductos
eyaculatorios.
Un varicocele, la anomalía anatómica
más frecuente en el varón estéril, es una masa
de venas dilatadas y tortuosas que se forma en el escroto, algo similar
a lo que sucede con las varices. Su palpación sugiere un saco
de gusanos. Esta anomalía evita el correcto drenaje de
sangre desde los testículos y en consecuencia eleva su temperatura
y reduce la formación de esperma.
En ocasiones, el semen sigue una dirección
contraria a la habitual (eyaculación retrógrada), es decir,
se desplaza hacia la vejiga en lugar de hacia el pene. Este trastorno
es más frecuente en los varones sometidos a una intervención
quirúrgica pélvica, en particular una extirpación
de próstata, y en los diabéticos. Un funcionamiento anormal
de los nervios también puede causar una eyaculación retrógrada.
Diagnóstico
Después de realizar una historia clínica
y la exploración física, se debe practicar un análisis
del semen, la principal prueba para detectar la esterilidad masculina.
El paciente no debe eyacular durante 2 o 3 días antes del análisis.
Se deben estudiar varias eyaculaciones, generalmente tras una masturbación,
que se recogen en un recipiente de cristal, si es posible en el mismo
laboratorio. Cuando es difícil obtener una muestra de semen con
este procedimiento, pueden usarse preservativos especiales que no contienen
lubricantes ni sustancias tóxicas para el esperma con el fin
de reunir semen durante el coito. Así mismo, un análisis
que se base en dos o tres muestras separadas es más fiable.
Si
la muestra de semen resulta anormal, se repite el análisis, ya
que las distintas muestras de un mismo paciente varían en gran
medida. Si el resultado sigue siendo anormal, es necesario descartar
otras causas, como parotiditis, que afecta a los testículos (orquitis
parotídica), una enfermedad o una fiebre prolongada en los 3
meses anteriores, lesiones en los testículos, exposición
a tóxicos industriales o ambientales, administración de
dietilestilbestrol o esteroides anabolizantes y consumo de drogas o
de alcohol. Sin embargo, un bajo recuento de esperma también
puede ser debido a que haya pasado demasiado poco tiempo desde la última
eyaculación o que sólo se haya depositado parte del semen
en el recipiente recolector.
La exploración física intenta determinar
anomalías físicas, como unos testículos que no
han descendido, y signos de trastornos hereditarios u hormonales que
expliquen la esterilidad. Los trastornos hormonales que reducen la producción
de testosterona (hipogonadismo) pueden originarse en los testículos
o en otras glándulas, como la hipófisis.
Los centros de esterilidad realizan pruebas de la
función y calidad espermáticas, frecuentemente antes de
considerar el uso de técnicas de reproducción asistida.
Tales pruebas pueden detectar la presencia de anticuerpos antiespermatozoides,
determinar la integridad de las membranas del esperma y valorar la capacidad
del esperma para unirse al óvulo y penetrar en él.
Tratamiento
El tratamiento depende de la causa de la esterilidad.
El clomifeno, un fármaco que induce la ovulación en la
mujer, puede utilizarse para intentar incrementar la cantidad de esperma
en el varón. Sin embargo, no parece mejorar la movilidad del
esperma ni reducir la cantidad anormal de éste; tampoco se ha
demostrado que incremente la fertilidad.
En los varones con un esperma normal pero de escasa
cantidad, la inseminación artificial mejora ligeramente los índices
de embarazo, porque emplea la primera porción del semen eyaculado,
que contiene la mayor concentración de esperma. Una nueva técnica
que escoge sólo el esperma más activo (selección
de esperma) es algo más efectiva. La fertilización in
vitro y la transferencia del gameto a través de un tubo dentro
de la trompa de Falopio, procedimientos mucho más complejos y
costosos, son eficaces para el tratamiento de ciertas clases de esterilidad
masculina.
Si un hombre no produce esperma, puede considerarse
la probabilidad de inseminar a la mujer con esperma de otro hombre (donante).
Debido al peligro de contraer enfermedades de transmisión sexual,
incluido el SIDA, ya no se utilizan muestras frescas de semen de los
donantes. En su lugar, se deberían utilizar muestras de esperma
congeladas provenientes de un banco de esperma garantizado, que haya
verificado que los donantes no presenten enfermedades de transmisión
sexual. Sin embargo, cuando se utilizan muestras de esperma congelado
es menos probable que se consiga el embarazo.
El tratamiento de los varicoceles es una intervención
quirúrgica menor. Varios estudios sugieren que se consigue el
embarazo en un 30 a un 50 por ciento de los casos después de
que el hombre se somete a esta intervención, pero son necesarios
estudios ulteriores para confirmarlo.
Trastornos de la ovulación
La ovulación es la liberación de un
óvulo por el ovario.
La mujer que tiene ciclos menstruales regulares
cada 26 a 35 días, precedidos por dolor mamario, hinchazón
de la parte inferior del abdomen y cambios de humor, generalmente libera
un óvulo a partir de un folículo (una cavidad llena de
líquido que contiene un óvulo) cada mes. Sin embargo,
si tiene ciclos menstruales regulares aunque no tenga estos síntomas,
también puede ser que ovule. Cuando hay ausencia de menstruación
(amenorrea) o ésta es irregular, debe determinarse la causa antes
de empezar el tratamiento para estimular la ovulación.
Control de la ovulación
Determinar si realmente se produce la ovulación
es una parte importante de la evaluación de la esterilidad. Para
determinar si hay ovulación y en qué momento se produce,
se utilizan mediciones diarias de la temperatura basal del cuerpo (temperatura
en reposo), tomadas al despertarse. Una baja temperatura basal sugiere
que la ovulación no se ha producido, mientras que un incremento
ligero, persistente, de alrededor de 0,5 a 1 ºC en la temperatura
suele indicar que ya se ha producido. De todos modos, la temperatura
basal del cuerpo no es un indicador fiable ni preciso de la ovulación.
En el mejor de los casos, predice la ovulación sólo con
una antelación de 2 días. Existen técnicas más
precisas, como la ecografía y los equipos predictores de la ovulación;
estos últimos detectan un incremento en la hormona luteinizante
(una hormona que induce la ovulación), que alcanza sus valores
más altos en la orina entre 24 y 36 horas antes de que se ovule.
Además, se pueden medir los valores de progesterona en la sangre
o uno de sus productos derivados en la orina, ya que un notable incremento
de los mismos indica que el óvulo ha sido liberado.
Por último, la biopsia también es
un procedimiento válido para saber si se ha producido la ovulación.
Para ello, se toma una pequeña muestra del revestimiento del
útero entre 10 y 12 días después de la fecha en
que se supone que se ha producido y la muestra se examina al microscopio.
El diagnóstico se establece si se observan los cambios que normalmente
ocurren en el revestimiento uterino después de la ovulación.
Tratamiento
El tipo de fármaco que se escoge para inducir
la ovulación depende del trastorno específico. Para una
mujer que no ha ovulado durante mucho tiempo (anovulación crónica),
está indicada la administración de clomifeno. En primer
lugar, se induce un período menstrual con otro fármaco,
el acetato de medroxiprogesterona. A continuación se administra
el clomifeno durante 5 días. Por lo general, la ovulación
se produce entre 5 y 10 días (habitualmente unos 7 días)
después de dejar el clomifeno y la menstruación 14 o16
días después de la ovulación.
Si después del tratamiento con clomifeno
no se produce la menstruación, se debe hacer una prueba de embarazo.
Si la mujer no está embarazada, el ciclo de tratamiento se repite
con dosis cada vez más altas de clomifeno hasta que se produzca
la ovulación o se alcance la dosis máxima aconsejada.
Cuando se ha determinado la dosis que induce la ovulación, se
vuelve a administrar durante al menos seis ciclos de tratamiento más.
La mayoría de las mujeres que quedan embarazadas lo hacen en
el sexto ciclo en el que se produce la ovulación. En total, del
75 al 80 por ciento de las mujeres tratadas con clomifeno ovula, pero
sólo alrededor del 40 al 50 por ciento quedan embarazadas. Por
otro lado, alrededor del 5 por ciento de los embarazos en mujeres tratadas
con clomifeno son múltiples, sobre todo gemelares.
Como se sospecha que la administración prolongada
de clomifeno puede implicar un mayor riesgo de cáncer de ovario,
los médicos suelen adoptar varias precauciones, como la exploración
de la paciente antes del tratamiento, el control exhaustivo durante
el mismo y la limitación del número de ciclos de tratamiento.
Los efectos secundarios del clomifeno consisten
en sofocos, hinchazón abdominal, dolor mamario, náuseas,
trastornos visuales y cefaleas. Alrededor del 5 por ciento de las mujeres
tratadas desarrolla el síndrome de hiperestimulación ovárica,
en el que los ovarios aumentan considerablemente de tamaño y
una gran cantidad de líquido pasa de la circulación sanguínea
a la cavidad abdominal. Para evitar este trastorno, se administra la
dosis más baja y efectiva posible y si los ovarios aumentan de
tamaño se suspende el tratamiento.
Si una mujer no ovula o no queda embarazada durante
el tratamiento con clomifeno, se puede intentar un tratamiento hormonal
con gonadotropinas menopáusicas humanas. En la actualidad, estas
hormonas se extraen de la orina de mujeres posmenopáusicas, pero
ya se están experimentando otras sintéticas. Como las
gonadotropinas menopáusicas humanas son caras y tienen efectos
secundarios graves, los médicos no recomiendan esta forma de
terapia hasta estar seguros de que la esterilidad se debe a un trastorno
de la ovulación y no a anomalías espermáticas o
de la trompa de Falopio. Incluso en estos casos, se deben supervisar
exhaustivamente los ciclos del tratamiento.
Las gonadotropinas menopáusicas humanas,
que se inyectan por vía intramuscular, estimulan la maduración
de los folículos ováricos. Para controlar la maduración,
se determinan los valores de la hormona estradiol en sangre y se examina
la pelvis mediante una ecografía. Las dosis se ajustan según
la respuesta de la mujer al tratamiento hormonal. Cuando los folículos
están ya maduros, para desencadenar la ovulación se inyecta
una hormona diferente, gonadotropina coriónica humana. A pesar
de que más del 95 por ciento de las mujeres tratadas con estas
hormonas ovula, sólo del 50 al 75 por ciento quedan embarazadas.
En las mujeres que reciben este tratamiento, entre un 10 y un 30 por
ciento de los embarazos son múltiples, sobre todo de gemelos.
Un grave efecto secundario del tratamiento con gonadotropinas
menopáusicas humanas es el síndrome de hiperestimulación
ovárica, que se desarrolla entre un 10 y un 20 por ciento de
las mujeres tratadas. Este síndrome puede ser mortal, pero en
general puede evitarse mediante un control minucioso del tratamiento
y se suspende la administración de la gonadotropina coriónica
humana cuando la respuesta ovárica es excesiva. Además,
estas hormonas pueden incrementar el riesgo de cáncer de ovario,
pero la evidencia actual aún no es concluyente al respecto.
En ocasiones, no se produce la ovulación
porque el hipotálamo (la parte del cerebro que coordina y controla
la actividad hormonal) no secreta hormona liberadora de gonadotropina,
que es necesaria para la ovulación. En esos casos, es posible
usar una forma sintética de la hormona para inducir la ovulación.
El riesgo de hiperestimulación ovárica es bajo con este
tratamiento, por lo que no es necesario realizar un control intensivo.
Anomalías de las trompas de Falopio
Las trompas de Falopio pueden sufrir anomalías
estructurales o funcionales. Las principales causas de trastornos son
las infecciones, la endometriosis y la obstrucción quirúrgica
de las trompas (ligadura de trompas) realizada para conseguir la esterilización.
Para
determinar si las trompas de Falopio están abiertas, el médico
practica una histerosalpingografía (una radiografía especial
del útero y de las trompas de Falopio) poco después de
que el ciclo menstrual de la mujer haya acabado. Esta prueba también
puede evidenciar anomalías congénitas (defectos al nacer)
del útero y de las trompas de Falopio, masas fibrosas en el útero
y adherencias (bandas fibrosas que enganchan entre sí estructuras
que normalmente no están unidas) en el útero o la pelvis.
Por motivos desconocidos, la fertilidad parece mejorar ligeramente después
de practicar un histerosalpingograma que ha resultado normal. En consecuencia,
para ver si la mujer queda embarazada, el médico puede esperar
antes de realizar más pruebas sobre el funcionamiento de las
trompas de Falopio.
Si el histerosalpingograma detecta adherencias uterinas,
se examina el útero con un histeroscopio (un tubo de visualización
que se introduce por el cuello uterino hasta el interior de este órgano).
Este instrumento puede utilizarse también para romper adherencias
durante el procedimiento, lo que aumenta las posibilidades de que la
mujer quede embarazada más adelante. Si se necesita más
información para establecer el diagnóstico, se introduce
un laparoscopio (un pequeño tubo de visualización) en
la cavidad pélvica a través de una pequeña incisión
en la pared abdominal. Este procedimiento, que casi siempre se realiza
bajo anestesia general, permite visualizar el útero, las trompas
y los ovarios. El laparoscopio también puede utilizarse para
extirpar tejido anormal en caso de endometriosis o para romper adherencias
en la cavidad pélvica. Así mismo, es posible administrar
fármacos para tratar la endometriosis y en caso de infección
se deben administrar antibióticos. Otra opción es una
operación quirúrgica destinada a reparar una trompa de
Falopio lesionada por un embarazo ectópico (tubárico),
una ligadura de trompas, o una infección, pero esta intervención
conlleva un bajo índice de embarazos normales y un alto porcentaje
de embarazos ectópicos. Por todo ello, a menudo no se recomienda
practicar este tipo de intervenciones quirúrgicas.
Problemas en el cuello uterino
El moco cervical (del cérvix, la parte inferior
del útero que se abre a la vagina) actúa como una especie
de filtro y evita la entrada de bacterias en el útero procedentes
de la vagina; así mismo, favorece la supervivencia del esperma.
Esta mucosidad es espesa y el esperma no puede atravesarla hasta la
fase folicular del ciclo menstrual, cuando el óvulo y el folículo
maduran en el ovario. Durante esta fase, los valores de la hormona estradiol
aumentan, con lo que el moco cervical se torna claro y elástico,
lo que permite que el esperma alcance el útero y penetre en las
trompas de Falopio, donde puede producirse la fertilización.
Diagnóstico y tratamiento
Entre 2 y 8 horas después del acto sexual,
puede realizarse una prueba para determinar si el esperma puede sobrevivir
en el moco cervical. Esta prueba se programa para realizarse en la mitad
del ciclo menstrual, cuando las concentraciones de estradiol son máximas
y la mujer está ovulando. Normalmente, el moco es claro y puede
estirarse hasta 9 y 12 centímetros sin romperse. Al microscopio,
el moco tiene un aspecto de helecho y, si se observa con el máximo
aumento, pueden verse al menos cinco espermatozoides activos simultáneamente.
Los resultados se consideran anormales cuando el moco es excesivamente
espeso, no se observa esperma o bien se aprecian agregados de espermatozoides
debido a que el moco contiene anticuerpos antiesperma. De todos modos,
estos resultados anómalos no siempre indican problemas en el
moco cervical. Es posible que no se detecte esperma simplemente porque
no se depositó en la vagina durante el coito y la existencia
de un moco espeso puede ser debida a que la prueba no se realizó
en el momento adecuado del ciclo menstrual. A pesar de que esta prueba
es ampliamente utilizada, no es muy precisa.
El tratamiento de los problemas derivados de los
trastornos del moco cervical incluye la inseminación intrauterina,
en la que el semen se coloca directamente en el útero para evitar
el moco, y la administración de fármacos mucolíticos,
como la guafenesina (un ingrediente muy frecuente en los jarabes para
la tos). Sin embargo, no existe prueba alguna de que estas medidas incrementen
la probabilidad de embarazo.
Factores no identificados
Aun cuando no se encuentre ninguna causa de esterilidad,
al final la pareja puede ser capaz de concebir. El tratamiento de la
mujer con clomifeno o con gonadotropina menopáusica humana y
la inseminación intrauterina pueden reducir el tiempo necesario
para la concepción. Si la mujer no ha concebido después
de cuatro a seis ciclos menstruales, quizá sea necesario considerar
el uso de técnicas especiales, como la fertilización in
vitro o la transferencia de gametos mediante una sonda colocada en las
trompas.
Técnicas de reproducción asistida
Cuando todos los demás tratamientos fallan
y la mujer no queda embarazada, cada vez hay más parejas que
optan por la fertilización in vitro (en un tubo de ensayo). Este
procedimiento consiste en estimular los ovarios, recoger los óvulos
liberados, fertilizarlos, hacer crecer los embriones en el laboratorio
y luego implantarlos en el útero de la mujer.
Una causa de esterilidad
Una obstrucción a nivel de las trompas
de Falopio puede ser causa de esterilidad.
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En la mayoría de los casos, se usa una combinación
de clomifeno, gonadotropinas menopáusicas humanas y un agonista
de la hormona liberadora de gonadotropina (un fármaco que estimula
la liberación de gonadotropinas por parte de la glándula
hipófisis) para estimular la maduración de los óvulos
en los ovarios. Bajo control ecográfico, se introduce una aguja
por la vagina o por el abdomen hasta el ovario y se extraen varios óvulos
de los folículos. En el laboratorio, los óvulos se depositan
en una cápsula con un medio de cultivo y se fertilizan con los
espermatozoides seleccionados. Al cabo de unas 40 horas, se recogen
tres o cuatro embriones de la cápsula de cultivo y se introducen
en la cavidad uterina por vía vaginal. Es posible congelar otros
embriones en nitrógeno líquido para utilizarlos más
adelante si no se consigue el embarazo. A pesar de utilizar varios embriones
al mismo tiempo, las posibilidades de generar un recién nacido
a término son sólo del 18 al 25 por ciento cada vez que
se colocan óvulos en el útero.
Si una mujer tiene una esterilidad inexplicable
o una endometriosis, pero con unas trompas normales, se puede realizar
una transferencia intratubárica de gametos. Para ello se obtienen
óvulos y espermatozoides seleccionados como en el caso de la
fertilización in vitro, pero los óvulos no son fertilizados
con el esperma en el laboratorio. En su lugar, tanto óvulos como
esperma se introducen hasta el extremo más distal de la trompa
de Falopio a través de la pared abdominal (mediante una laparoscopia)
o de la vagina (guiado por la ecografía), con la finalidad de
que la fertilización del óvulo se produzca en la trompa.
En la mayoría de los centros de esterilidad, el índice
de éxito de cada transferencia gira alrededor del 20 al 30 por
ciento.
Otras variantes de la fertilización in vitro
y de la transferencia de gametos incluyen la transferencia de un embrión
más maduro (transferencia intratubárica de un zigoto),
el uso de óvulos de una donante y la transferencia de embriones
congelados a una madre sustituta. Estas técnicas suscitan problemas
morales y éticos, como la eliminación de los embriones
almacenados (sobre todo en casos de muerte o divorcio), la paternidad
legal si se cuenta con una madre sustituta o la eliminación selectiva
del resto de embriones implantados (como en un aborto) cuando se desarrollan
más de tres.
Aspectos psicológicos
Mientras una pareja está sometiéndose
a un tratamiento contra la esterilidad, uno o los dos miembros pueden
experimentar frustración, estrés emocional, sensación
de impotencia y sentimiento de culpa. Al sentirse aislados e incapaces
de comunicarse, se enfadan o manifiestan resentimiento contra su pareja,
familia, amigos o su médico. En el trascurso de cada mes de tratamiento,
la pareja puede ir moviéndose entre la esperanza y la desesperación.
El estrés emocional puede provocar llanto, fatiga, ansiedad,
alteraciones en el sueño o el apetito e incapacidad para concentrarse.
Además, la carga económica y la cantidad de tiempo que
hay que dedicar al diagnóstico y al tratamiento provocan conflictos
matrimoniales.
Todos estos problemas pueden atenuarse si ambos
miembros de la pareja se involucran en el tratamiento y reciben información
acerca de su proceso, independientemente de a cuál de ellos se
le haya diagnosticado el problema. El hecho de conocer las posibilidades
de éxito, así como de tomar conciencia de que el tratamiento
tal vez no dé resultado y de que además no puede continuar
indefinidamente, puede ayudar a la pareja a sobrellevar el estrés.
También es de gran ayuda contar con información acerca
de cuándo finaliza el tratamiento, cúando se debe buscar
una segunda opinión y cuándo hay que considerar la posibilidad
de adopción.
El asesoramiento y el apoyo psicológico son
muy importantes. En algunos países existen grupos de apoyo para
parejas infértiles.