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PROBLEMAS DE SALUD DE LA MUJER
CAPITULO 243
Embarazo
El embarazo es todo el período en que
la mujer tiene un feto en el cuerpo, desde la concepción hasta
el parto.
Concepción
La concepción (fertilización) o comienzo
del embarazo es el momento en que un óvulo es fecundado por un
espermatozoide.
En el ciclo menstrual normal se libera un óvulo
de uno de los ovarios alrededor del día 14 antes de la siguiente
menstruación. La liberación del óvulo se denomina
ovulación. El óvulo alcanza el extremo en forma de embudo
de una de las trompas de Falopio, donde se puede producir la fecundación,
y es transportado hasta el útero. Si no es fecundado, el óvulo
degenera y se elimina a través del útero en el siguiente
período menstrual. Si, por el contrario, un espermatozoide consigue
penetrar en el óvulo y lo fecunda, éste comienza a convertirse
en embrión mediante una serie de divisiones celulares.
Si se liberan y fecundan más de dos óvulos,
se produce un embarazo múltiple (en general, de dos fetos) y
en este caso se habla de mellizos. Los gemelos idénticos son
el resultado de la separación de un óvulo ya fecundado,
en dos células independientes la primera vez que se divide.
Del óvulo al embrión
Una vez al mes, un óvulo se desprende
del ovario y entra en un oviducto de la trompa de Falopio. Después
del coito, el esperma se mueve desde la vagina a través
del cuello uterino y el útero hasta la trompa de Falopio,
donde un espermatozoide fecunda al óvulo. El óvulo
fecundado (cigoto) se divide en repetidas ocasiones mientras
se desplaza para llegar al útero. Primero, el cigoto
se convierte en una sólida bola de células, luego
en una esfera hueca formada por células llamada blastocisto.
Dentro del útero, el blastocisto se implanta en la pared
uterina y se transforma en el embrión y la placenta.
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Durante la ovulación, la mucosidad cervical
(el cérvix es la parte inferior del útero que se abre
dentro de la vagina) se vuelve más fluida para permitir que el
esperma
llegue al útero rápidamente. El espermatozoide
emigra desde la vagina hasta el extremo en forma de embudo de la trompa
de Falopio (el punto donde normalmente se produce la concepción)
en 5 minutos. Las células que revisten por dentro la trompa de
Falopio facilitan la fecundación y el subsiguiente desarrollo
del óvulo fecundado (cigoto).
El cigoto se divide repetidamente mientras se desplaza
por la trompa y alcanza el útero, donde llega en 3 a 5 días.
Ya dentro del útero, se convierte en un blastocisto, un pelotón
de células que rodea una cavidad central.
Implantación y desarrollo de la placenta
La implantación es la unión e inserción
del blastocisto a la pared del útero.
El blastocisto habitualmente se implanta cerca del
fondo del útero, ya sea en la pared anterior como en la posterior.
La pared del blastocisto tiene el espesor de una célula excepto
en un área en la que tiene de tres a cuatro células. Las
células internas de la parte más gruesa de la pared del
blastocisto se convierten en el embrión, mientras que las externas
penetran en la pared uterina para formar la placenta. La placenta produce
hormonas que ayudan a mantener la gestación y permite el intercambio
de oxígeno, nutrientes y productos de desecho entre la madre
y el feto. La implantación comienza entre 5 y 8 días después
de la fecundación y se completa en 9 o 10 días.
La pared del blastocisto se convierte en la capa
externa de las membranas (corion) que rodean al embrión. Una
capa interna de membranas (amnios) se desarrolla entre los días
10 y 12 y forman el saco amniótico. Éste se llena de un
líquido claro (líquido amniótico) y se extiende
para envolver el embrión en desarrollo, que flota en su interior.
Por otro lado, las diminutas prolongaciones (vellosidades)
de la placenta en desarrollo se extienden hasta la pared del útero
y se ramifican hasta formar un complicado patrón arborescente.
Esta ramificación aumenta en gran medida el área de contacto
entre la madre y la placenta y permite el tránsito de más
nutrientes de la madre al feto y de los productos de desecho del feto
a la madre. La placenta está completamente formada entre las
semanas 18ª y 20ª, pero sigue creciendo durante todo el embarazo;
en el momento del parto, alcanza el medio kilogramo de peso.
Placenta y embrión a las 8 semanas
La placenta en desarrollo forma diminutas
vellosidades que se extienden dentro de la pared uterina. Los
vasos sanguíneos del embrión, que pasan por el
cordón umbilical, se desarrollan en estas vellosidades.
Una delgada membrana separa la sangre del embrión que
se encuentra en las vellosidades de la sangre de la madre que
fluye por el espacio que las rodea (espacio intervelloso). Esta
disposición permite el intercambio de materiales entre
la sangre de la madre y la del embrión.
El embrión está suspendido en un fluido (líquido
amniótico), que se almacena en un saco (saco amniótico).
El líquido amniótico proporciona un espacio en
el que el embrión puede crecer libremente y además
lo protege de las lesiones.
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Desarrollo del embrión
El embrión se reconoce por primera vez dentro
del blastocisto alrededor de 10 días después de la fertilización.
Poco después, la zona que se convertirá en el cerebro
y la médula espinal (cresta neural) comienza a desarrollarse
y el corazón y los principales vasos sanguíneos lo hacen
alrededor del día 16 o 17. El corazón comienza a bombear
un líquido por los vasos sanguíneos hacia el día
20 y los primeros glóbulos rojos aparecen al día siguiente.
A continuación, los vasos sanguíneos se desarrollan en
todo el embrión y en la placenta. La formación de los
órganos se completa a las 12 semanas de embarazo (cerca de 10
semanas después de la fecundación), excepto el cerebro
y la médula espinal, que continúan madurando durante todo
el embarazo. La mayoría de las malformaciones tienen lugar durante
las primeras 12 semanas de embarazo, ya que es el período en
que se forman los órganos, y por tanto el embrión, es
más vulnerable a los efectos de los fármacos o de los
virus, como el que causa la rubéola. En consecuencia, una mujer
embarazada no debería someterse a ninguna inmunización
(vacuna) ni tomar fármacos durante las primeras 12 semanas de
embarazo a menos que sea absolutamente esencial para proteger su salud.
Así mismo, los fármacos que se sabe que causan malformaciones
deben ser especialmente evitados durante este período.
Al principio, el embrión en desarrollo se
sitúa bajo el revestimiento interior del útero (endometrio)
a un lado de la cavidad uterina, pero a las 12 semanas el feto (término
que se emplea tras 8 semanas de embarazo) ha crecido tanto que ocupa
por completo este órgano y los revestimientos de ambos lados
del útero llegan a entrar en contacto.
Cómo establecer la duración del embarazo
El embarazo se calcula convencionalmente en semanas,
empezando a partir del primer día de la última menstruación.
Debido a que la ovulación ocurre alrededor de las 2 semanas posteriores
al inicio de la menstruación y que la fertilización se
produce poco después de la ovulación, el embrión
es unas 2 semanas más joven que el número de semanas que
se asignan al embarazo. Por ejemplo, en una mujer que está embarazada
de 4 semanas el embrión tiene 2 semanas. Si el ciclo menstrual
es irregular, la diferencia real puede ser superior o inferior a las
2 semanas. Desde un punto de vista práctico, cuando la menstruación
se retrasa 2 semanas, se considera que la gestación es de 6 semanas.
El embarazo dura un promedio de 266 días
(38 semanas) desde el día de la concepción o 280 días
(40 semanas) desde el primer día de la última menstruación.
La fecha aproximada del parto se calcula restando 3 meses desde el primer
día del último período menstrual y agregándole
1 año y 7 días. Sólo el 10 por ciento o menos de
las mujeres embarazadas dan a luz en la fecha estimada, pero el 50 por
ciento lo hace con un margen de 1 semana y casi el 90 por ciento 2 semanas
(antes o después de fecha). Por consiguiente, un parto que se
produzca 2 semanas antes o después de la fecha calculada se considera
normal.
El embarazo se divide en tres períodos de
3 meses, llamados primer trimestre (semanas 1 a 12), segundo trimestre
(semanas 13 a 24) y tercer trimestre (semana 25 hasta el parto).
Detección del embarazo
Si una mujer que, por lo general, tiene menstruaciones
regulares sufre un retraso de una semana o más, puede estar embarazada.
En los primeros meses del embarazo, la mujer puede experimentar hinchazón
de mamas, náuseas y vómitos ocasionales. La hinchazón
de mamas se debe a los valores elevados de hormonas femeninas (sobre
todo, de estrógenos, pero también de progesterona). Las
náuseas y los vómitos pueden estar causados por los estrógenos
y la gonadotropina coriónica humana (HCG). Estas dos hormonas,
que actúan durante el embarazo, son generadas por la placenta
a partir de unos 10 días después de la fecundación.
Al comienzo del embarazo, muchas mujeres se sienten cansadas y algunas
experimentan hinchazón abdominal.
Si una mujer está embarazada, el cuello uterino
es más blando de lo habitual y el útero se encuentra irregularmente
agrandado y blando. Por lo general, la vagina y el cuello uterino adoptan
un color entre azulado y púrpura, probablemente debido a que
están congestionados por la sangre. La exploración ginecológica
permite observar estos cambios.
Habitualmente, se puede determinar si una mujer
está embarazada mediante una prueba de embarazo de sangre u orina.
Un test ELISA de embarazo (enzimoinmunoanálisis) puede detectar
incluso valores muy bajos de gonadotropina coriónica humana en
la orina de una forma rápida y fácil. Algunas de las pruebas
de embarazo de mayor sensibilidad que usan este método pueden
detectar concentraciones casi inapreciables de gonadotropina coriónica
humana como las que aparecen alrededor de una semana y media después
de la fecundación, y los resultados se obtienen en media hora.
Otras pruebas incluso de mayor sensibilidad, que también detectan
esta hormona, pueden determinar si una mujer está embarazada
pocos días después de la fecundación (antes de
la primera falta de menstruación). Durante los primeros 60 días
de un embarazo normal con un feto, los niveles de gonadotropina coriónica
humana se duplican cada 2 días aproximadamente.
El útero aumenta de tamaño durante
el embarazo. A las 12 semanas, supera la pelvis y llega al abdomen y,
por lo general, se puede palpar en la parte inferior del abdomen. A
medida que crece, alcanza la altura del ombligo a las 20 semanas y el
extremo inferior de la caja torácica hacia las 36 semanas.
Otras formas de detectar un embarazo son las siguientes:
- La auscultación de la frecuencia cardíaca
del feto con un fonendoscopio especial o mediante una ecografía
Doppler. La frecuencia cardíaca puede detectarse ya entre las
18 y las 20 semanas de embarazo con este fonendoscopio y, entre las
12 y 14 semanas, con un aparato Doppler.
- La percepción de movimientos del feto.
La madre siempre siente los movimientos antes de que lo haga el médico,
en general entre las semanas 16 y 20 del embarazo. Las mujeres que ya
han estado embarazadas con anterioridad habitualmente perciben los movimientos
antes que las mujeres primíparas.
- La constatación del crecimiento uterino
con una ecografía. El mayor volumen del útero se aprecia
aproximadamente en la sexta semana. El latido del corazón puede
verse a las 6 semanas y se percibe claramente a las 8 semanas en más
del 95 por ciento de los embarazos.
Cambios fisiológicos durante el embarazo
El embarazo provoca muchos cambios en todo el cuerpo,
la mayoría de los cuales desaparecen después del parto.
Corazón y circulación
Durante el embarazo, la cantidad de sangre bombeada
por el corazón cada minuto (gasto cardíaco o volumen minuto)
se incrementa del 30 al 50 por ciento. Este aumento se inicia aproximadamente
en la sexta semana y llega a su punto máximo entre las semanas
16 y 28, por lo general, la semana 24. A medida que aumenta el bombeo
del corazón, la frecuencia cardíaca en reposo se acelera
desde las 70 pulsaciones por minuto normales a las 80 o 90 pulsaciones
por minuto. Después de 30 semanas, puede disminuir ligeramente
debido a que el crecimiento del útero presiona las venas que
retornan la sangre desde las piernas hasta el corazón. Durante
el parto, sin embargo, el bombeo del corazón aumenta un 30 por
ciento más y, tras el parto, disminuye con rapidez al principio,
hasta llegar de un 15 a un 25 por ciento por encima del nivel anterior
a la gestación y luego más lentamente hasta que vuelve
al nivel normal previo al embarazo (unas 6 semanas después del
parto).
La elevación del bombeo del corazón
durante el embarazo probablemente se debe a los cambios que se producen
en el suministro de sangre al útero. A medida que el feto crece,
más sangre llega al útero de la madre. Al final del embarazo,
el útero recibe una quinta parte de todo el volumen sanguíneo
de la madre.
Durante la realización de un ejercicio físico,
el bombeo del corazón, la frecuencia cardíaca y el consumo
de oxígeno aumentan más en las mujeres embarazadas que
en las que no lo están. Además, las radiografías
y los electrocardiogramas ponen de manifiesto determinados cambios en
el corazón y pueden aparecer soplos e irregularidades del ritmo
cardíaco. Todos estos cambios son normales durante el embarazo,
pero algunas anomalías del ritmo cardíaco pueden requerir
tratamiento.
La presión arterial suele disminuir durante
el segundo trimestre, pero puede volver a los niveles normales en el
tercero.
El volumen de sangre se incrementa en un 50 por
ciento durante el embarazo, pero el número de glóbulos
rojos, que son las células encargadas de transportar el oxígeno
a todo el organismo, sólo aumenta entre un 25 y un 30 por ciento.
Por motivos desconocidos, el número de glóbulos blancos,
que son las celulas que combaten las infecciones, aumenta ligeramente
durante el embarazo y, de forma notoria, durante el parto y los días
inmediatos posteriores al mismo.
Riñones
Al igual que la del corazón, la actividad
de los riñones aumenta en gran medida durante todo el embarazo.
Los riñones tienen que filtrar un volumen de sangre cada vez
mayor (entre un 30 y un 50 por ciento más), hasta alcanzar un
máximo entre las semanas 16 y 24 que se mantiene hasta antes
del parto, momento en que la presión ejercida por el útero
agrandado puede disminuir ligeramente la llegada de sangre a los riñones.
La actividad renal normalmente aumenta cuando una
persona se recuesta en posición horizontal y se reduce cuando
está de pie. Esta diferencia se acentúa durante el embarazo
(ello justifica, en parte, que la mujer embarazada sienta la necesidad
de orinar cuando intenta dormir). En el último trimestre del
embarazo, el incremento de la actividad renal es aún mayor cuando
se acuesta de lado. En esta posición, la presión que ejerce
el útero sobre las venas que irrigan la sangre de las piernas
disminuye y, por tanto, aumenta el flujo de la sangre y se incrementa
la actividad de los riñones y el bombeo del corazón.
Pulmones
Durante el embarazo, el espacio que ocupa progresivamente
el útero y la mayor producción hormonal de progesterona
provoca cambios en el funcionamiento de los pulmones. Una mujer embarazada
respira más rápida y profundamente porque necesita más
oxígeno para ella y para el feto. El diámetro torácico
de la mujer aumenta ligeramente. El revestimiento interno del aparato
respiratorio recibe más sangre y se produce cierto grado de congestión.
En algunas ocasiones, la nariz y la garganta se obstruyen de forma parcial
debido a esta congestión y, por ello, la mujer nota en ciertos
momentos la nariz tapada y bloqueadas las trompas de Eustaquio (que
son los tubos que conectan el oído medio con la parte posterior
de la nariz). El tono y la calidad de la voz pueden cambiar de modo
sutil. Prácticamente todas las mujeres embarazadas tienen sensación
de ahogo cuando realizan algún esfuerzo, en especial hacia el
final del embarazo.
Sistema digestivo
A medida que avanza el embarazo, la presión
que ejerce el útero sobre el recto y la parte inferior del intestino
puede causar estreñimiento. Tal estreñimiento puede agravarse
porque las contracciones musculares involuntarias que se producen en
el intestino para desplazar los alimentos se vuelven más lentas
debido a los altos valores de progesterona presentes durante el embarazo.
Con frecuencia aparecen acidez y eructos, posiblemente debido a que
los alimentos permanecen en el estómago más tiempo y porque
el esfínter (un músculo con forma de anillo que se encuentra
en el extremo inferior del esófago) tiende a relajarse, permitiendo
el reflujo del contenido del estómago hacia el esófago.
En cambio, las úlceras de estómago son poco frecuentes
durante el embarazo y a menudo las preexistentes mejoran porque el estómago
produce menos ácido.
El riesgo de sufrir una enfermedad de la vesícula
biliar aumenta. Las mujeres que han estado embarazadas tienen más
problemas de vesícula biliar que las que nunca lo han estado,
incluso después de muchos años.
Piel
La máscara del embarazo (cloasma) consiste
en una serie de manchas pigmentadas, de color marrón, que pueden
aparecer sobre la piel de la frente y de las mejillas. La pigmentación
también puede aumentar en la piel que rodea los pezones (aréola).
A menudo aparece una línea oscura en la mitad del abdomen.
En la piel, por encima de la cintura pueden aparecer
pequeños vasos sanguíneos en forma de araña (arañas
vasculares), así como unos capilares dilatados de pared delgada,
sobre todo en la parte inferior de las piernas.
Hormonas
El embarazo modifica la función de prácticamente
todas las glándulas del organismo. La placenta produce varias
hormonas necesarias para el mantenimiento del embarazo. La principal
hormona que produce la placenta, la gonadotropina coriónica humana,
evita que los ovarios liberen óvulos y los estimula a producir
continuamente valores altos de estrógenos y progesterona, que
son necesarios para que la gestación siga su curso. La placenta
también produce una hormona que estimula la actividad de la glándula
tiroides. Una glándula tiroides más activa a menudo acelera
la frecuencia cardíaca y provoca palpitaciones, sudación
excesiva e inestabilidad emocional, y también puede aumentar
de tamaño. Sin embargo, una verdadera hiperfunción tiroidea
como la que sucede en el trastorno denominado hipertiroidismo se constata
en menos del uno por ciento de los embarazos.
La placenta también produce una hormona estimulante
de los melanocitos que oscurece la piel, y puede producir otra hormona
que aumenta los niveles de hormonas suprarrenales en la sangre. El incremento
de estos niveles de hormonas suprarrenales, problablemente, es la causa
de que en ocasiones aparezcan unas estrías rosadas en el abdomen.
Durante el embarazo, se necesita más insulina
que la que proporciona el páncreas; de ahí que en una
mujer embarazada con diabetes, esta enfermedad pueda empeorar. Además,
la diabetes puede comenzar durante el embarazo, un trastorno conocido
como diabetes gestacional.
Cuidados prenatales
Preferentemente, la mujer debería consultar
a su médico antes de quedar embarazada, con el fin de conocer
su estado de salud e informarse de los peligros de consumir tabaco,
alcohol y otras sustancias durante el embarazo. En esta visita también
pueden tratarse aspectos acerca de la dieta y de determinados problemas
médicos o sociales.
Es particularmente importante hacerse un examen
entre las 6 y 8 semanas de embarazo (cuando la menstruación se
retrasa de 2 a 4 semanas) con el fin de estimar la duración del
embarazo y poder predecir así la fecha del parto con la mayor
precisión posible.
La primera visita durante el embarazo es casi siempre
muy exhaustiva. Se determina el peso, la altura y la presión
arterial. También se examinan el cuello, la glándula tiroides,
las mamas, el abdomen, los brazos y las piernas; el corazón y
los pulmones se examinan con un fonendoscopio y se observa el fondo
de los ojos con un oftalmoscopio. La revisión incluye una exploración
rectal y ginecológica, en la que se comprueba el tamaño
y la posición del útero, así como cualquier anomalía
en la pelvis, como una deformación secundaria a una fractura.
La determinación de las dimensiones de la pelvis es útil
para conocer con anticipación el grado de dificultad que generará
el paso del bebé por la misma en el momento del parto.
Por otro lado, se toma una muestra de sangre para
hacer un recuento completo de células sanguíneas, pruebas
para la sífilis, hepatitis, gonorrea, infección por clamidias
y otras enfermedades de transmisión sexual, y pruebas para determinar
el grupo sanguíneo y la existencia de anticuerpos anti-Rh. Es
recomendable realizar una prueba para la detección del virus
de inmunodeficiencia humana (VIH). La muestra también se analiza
para detectar una exposición previa a la rubéola.
Ecografía: visualización
del feto
En la ecografía se coloca un transductor
(un dispositivo que produce ondas sonoras) sobre el abdomen
de la mujer. Las ondas sonoras penetran en el cuerpo, reflejan
las estructuras internas y se convierten en impulsos eléctricos,
que, procesados, dan una imagen en un monitor.
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En la mujer también se realizan, de forma
periódica, numerosas pruebas de orina y la prueba de Papanicolaou
(Pap) para detectar cáncer cervical. A las mujeres de etnia negra
y las de origen mediterráneo se les practican análisis
para detectar drepanocitosis o algún rasgo de drepanocitosis.
Si una mujer tiene un riesgo elevado de concebir un feto con una anomalía
genética, se realizan pruebas de detección genéticas.
Se recomienda realizar pruebas frente a la tuberculosis en las mujeres
de Asia, Latinoamérica y en muchas zonas urbanas, donde el riesgo
de desarrollar la enfermedad es mayor de lo normal. La práctica
de una radiografía sólo está indicada cuando la
mujer padece un trastorno cardíaco o pulmonar; de lo contrario,
debe evitarse la exposición a los rayos X, en especial durante
las primeras 12 semanas de embarazo, porque el feto es muy sensible
a los efectos perjudiciales de la radiación. Si es necesario
realizar una radiografía, debe protegerse el feto colocando un
delantal de plomo sobre la parte inferior del abdomen de la mujer para
que el útero quede a cubierto.
En las mujeres con antecedentes de recién
nacidos de mucho peso, abortos inexplicables, presencia de azúcar
en la orina o historia familiar de diabetes debe practicarse un análisis
para detectar diabetes a partir de las 12 semanas de embarazo. A las
28 semanas, este analisis debería practicarse a todas las gestantes.
Entre las 16 y las 18 semanas, pueden medirse los
niveles de alfafetoproteína en la sangre, una proteína
producida por el feto. Los valores altos indican que el feto puede tener
una espina bífida o que haya más de un feto. Un valor
alto también puede significar que la fecha de la concepción
se calculó erróneamente. Si los niveles son bajos, es
posible que el feto tenga anomalías cromosómicas.
La ecografía es la técnica de visualización
más segura. Con esta técnica el embarazo puede detectarse
por primera vez en la cuarta o quinta semana después de la ovulación
y puede seguirse el crecimiento fetal hasta el nacimiento del bebé.
La ecografía da imágenes de alta calidad e incluso pueden
verse escenas del feto en movimiento, lo cual proporciona información
útil al médico y a la vez es estimulante para la madre.
Muchos médicos recomiendan realizar al menos una ecografía
durante un embarazo para asegurarse de que su curso es normal y para
verificar la fecha estimada del nacimiento.
Antes de realizar una ecografía abdominal,
sobre todo al comienzo del embarazo, la mujer debe beber gran cantidad
de agua, ya que una vejiga llena empuja al útero hacia la pelvis
y ello permite obtener una imagen más nítida del feto.
Si se realiza una ecografía transvaginal, la vejiga no necesita
estar llena y además puede detectar un embarazo incluso antes
que la ecografía abdominal.
Si una mujer y su médico no consiguen determinar
la fecha de la concepción, la ecografía es el modo más
preciso de establecerla. A este respecto, la determinación de
la fecha resulta mucho más precisa si se efectúa durante
las primeras 12 semanas del embarazo y luego se repite a las 18 o 20
semanas.
La ecografía puede determinar si el ritmo
de crecimiento del feto es normal. También se usa para registrar
el latido cardíaco del feto o los movimientos respiratorios,
para detectar embarazos múltiples y para identificar varias anomalías,
como la incorrecta colocación de la placenta (placenta previa)
o una posición anormal del feto. La ecografía ayuda a
orientar la dirección de la aguja cuando se desea obtener una
muestra de líquido amniótico (amniocentesis) para realizar
estudios genéticos o de madurez pulmonar y cuando debe efectuarse
una transfusión de sangre al feto.
Hacia el final del embarazo, la ecografía
permite identificar un parto antes de término (pretérmino)
o confirmar la rotura precoz de membranas, que se produce cuando éstas,
que están llenas de líquido, con el feto en su interior,
se rompen antes del inicio del parto. Por último, la ecografía
puede proporcionar información útil para decidir si es
necesario practicar una cesárea.
Después de la primera revisión, una
mujer embarazada debería efectuar visitas de seguimiento cada
4 semanas hasta la semana 32 de embarazo, luego cada 2 semanas hasta
la 36 y, por último, una vez a la semana hasta el parto. En cada
visita, se registran el peso y la presión arterial de la mujer,
así como el tamaño y la forma del útero para determinar
si el crecimiento y el desarrollo del feto son normales. Se toma una
pequeña muestra de orina para determinar la presencia de azúcar
y proteínas. El hallazgo de azúcar puede indicar diabetes
y el de proteínas puede indicar la existencia de una preeclampsia
(presión arterial elevada, proteínas en la orina y retención
de líquidos durante el embarazo). También se examinan
los tobillos para comprobar si se hinchan.
Si la madre posee un Rh-negativo, se comprueba la
presencia de anticuerpos anti-Rh; si la madre es Rh-negativo y el padre
Rh-positivo, el feto puede tener sangre Rh-positivo. Si la sangre Rh-positivo
del feto entra en la circulación sanguínea de la madre
en algún momento del embarazo, ésta puede producir anticuerpos
anti-Rh que, al pasar al feto, pueden destruir sus glóbulos rojos
y provocar ictericia, lesión cerebral o incluso su muerte.
Una mujer de constitución normal debería
aumentar aproximadamente un total de 12 a 15 kilogramos durante el embarazo
(es decir, alrededor de 1 a 1,5 kg al mes). Aumentar más de 15
a 17,5 kilogramos produce un aumento del tejido adiposo tanto en el
feto como en la madre. Debido a que al final del embarazo resulta más
difícil controlar el aumento de peso, la mujer debería
evitar este incremento durante los primeros meses. Sin embargo, si una
mujer aumenta muy poco de peso puede significar un mal presagio, en
especial si el total del peso ganado es inferior a 5 kilogramos, ya
que puede indicar que el feto no crece lo bastante rápido (una
situación que se denomina retraso del desarrollo fetal).
En ocasiones, el aumento de peso se debe a una retención
de líquidos por una mala circulación sanguínea
en las piernas cuando la mujer está de pie. Por lo general, este
problema se alivia recostándose de lado (preferiblemente el izquierdo)
durante 30 a 45 minutos dos o tres veces al día.
Durante el embarazo, la mayoría de mujeres
debería agregar 250 calorías a su dieta diaria para nutrir
al feto en desarrollo. A pesar de que la mayoría de estas calorías
debería provenir de proteínas, la dieta debe ser equilibrada
e incluir frutas frescas, cereales y verduras. A este fin, los cereales
de alto contenido en fibra y sin azúcar son excelentes. La sal,
sobre todo yodada, puede utilizarse con moderación, pero deben
evitarse los alimentos excesivamente salados o que contengan conservantes.
No es recomendable seguir una dieta para bajar de peso durante el embarazo,
incluso para las mujeres obesas, ya que reduce el aporte de nutrientes
al feto y es esencial aumentar un poco de peso para que el desarrollo
sea correcto. A pesar de que, normalmente, el feto tiene preferencia
a la hora de recibir los nutrientes, la madre debería asegurarse
de que éstos sean los adecuados.
Por
lo general, no se recomienda la administración de fármacos.
La mujer embarazada no debería tomar ningún fármaco,
incluyendo los que no precisan receta (de venta libre), como el ácido
acetilsalicílico, sin consultar primero con su médico,
en particular, durante los primeros tres meses. La demanda de hierro
aumenta en gran medida durante el embarazo para satisfacer las necesidades
del feto y de la madre. Habitualmente, la mayoría de las mujeres
necesita tomar suplementos de hierro (en especial las que padecen anemia)
porque, en general, las mujeres no absorben suficiente cantidad de hierro
de los alimentos para satisfacer las demandas del embarazo, aun cuando
éste se sume al almacenado en el organismo. En ocasiones, los
suplementos de hierro causan un ligero malestar en el estómago
y estreñimiento. Por otra parte, hay que tener en cuenta que
la demanda de hierro aumenta aún más durante la segunda
mitad del embarazo. Si la dieta es adecuada, quizás no haga falta
contar con otros suplementos ni vitaminas, a pesar de que es recomendable
la administración diaria de una vitamina que contenga hierro
y ácido fólico.
Las náuseas y los vómitos se alivian
realizando cambios en la dieta, como beber y comer pequeñas cantidades
con frecuencia, comer antes de tener hambre e ingerir alimentos suaves
(por ejemplo, caldo, consomé, arroz y pasta) en lugar de platos
fuertes y muy condimentados. Comer galletas y tomar una bebida carbonatada
también sirve de alivio para las náuseas. Por ello, tener
siempre galletas junto a la cama y comer una o dos antes de levantarse
es una buena solución para las náuseas matinales. En la
actualidad, no se aconseja la administración de ningún
fármaco para tratar las náuseas. Si las náuseas
y los vómitos son tan intensos o persistentes que la mujer se
deshidrata, pierde peso o presenta cualquier otro problema, puede que
deba ser hospitalizada temporalmente y que tenga que recibir líquidos
por vía intravenosa.
La hinchazón (edema) es muy frecuente, sobre
todo en las piernas. También es frecuente que aparezcan varices
en las piernas y en la zona que rodea el orificio vaginal (vulva), que
pueden ser molestas; de ahí que las prendas de vestir deban ser
amplias alrededor de la cintura y las piernas. Así mismo, usar
medias elásticas o reposar con frecuencia con las piernas en
alto, preferiblemente echada sobre el lado izquierdo, suele reducir
el edema.
Las hemorroides (dilatación varicosa) son
otro problema frecuente y pueden tratarse con laxantes, un gel anestésico
o con baños de agua templada cuando son dolorosas.
Con frecuencia aparece dolor de espalda de intensidad
variable. En estos casos, puede resultar de gran ayuda evitar los esfuerzos
excesivos de la espalda y usar una faja de maternidad. En ocasiones,
hay dolor en el hueso del pubis (sínfisis púbica) que
se localiza en la parte inferior del abdomen.
La acidez, generalmente por el reflujo de contenido
del estómago hacia el esófago, puede mejorar haciendo
comidas menos copiosas, evitando recostarse o echarse de forma completamente
plana, al menos durante varias horas después de comer, y tomando
antiácidos (excepto bicarbonato de sodio).
La fatiga es frecuente, sobre todo en las primeras
12 semanas y, de nuevo, al final del embarazo.
También es característico un aumento
del flujo vaginal, que, en general, es normal. La tricomoniasis (una
infección por protozoos) y la candidiasis (una infección
por hongos) son infecciones vaginales frecuentes durante el embarazo
que pueden tratarse fácilmente. La vaginosis bacteriana, una
infección de origen bacteriano, puede producir un adelantamiento
del parto y, en consecuencia, debe ser tratada de inmediato.
Así mismo, puede aparecer apetencia, o sea,
la necesidad imperiosa de comer alimentos extraños o sustancias
no comestibles, como almidón o arcilla. Ello quizá puede
representar una necesidad nutricional subconsciente. En ocasiones, el
exceso de salivación puede causar algunas molestias.
A menudo, las mujeres embarazadas se preocupan por
moderar sus actividades; no obstante, la mayoría puede continuar
sin ningún cambio y realizando sus ejercicios habituales durante
el embarazo. La natación y otros deportes que no requieren grandes
esfuerzos son muy adecuados. Las mujeres embarazadas pueden realizar
actividades vigorosas, como la equitación, siempre y cuando lo
hagan con prudencia. La libido puede aumentar o bien disminuir durante
el embarazo. El coito está permitido durante toda la gestación,
pero debería evitarse completamente en caso de hemorragia por
la vagina, dolor o pérdida de líquido amniótico
y, en especial, si aparecen contracciones uterinas. Algunas mujeres
embarazadas han muerto debido a la insuflación de aire dentro
de la vagina durante el sexo oral.
Todas las mujeres embarazadas deberían saber
cuáles son los signos que indican el inicio del parto. Los principales
son las contracciones en la parte inferior del abdomen a intervalos
regulares y el dolor de espalda. Toda mujer que ya ha tenido partos
rápidos en embarazos anteriores debería ponerse en contacto
con su médico en cuanto piense que está comenzando el
parto. Hacia el final del embarazo (después de 36 semanas), el
médico puede practicar una exploración pélvica
para intentar predecir cuándo comenzará el parto.