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PROBLEMAS DE SALUD DE LA MUJER
CAPITULO 244
Embarazo de alto riesgo
Un embarazo de alto riesgo es aquel en el
que el riesgo de enfermedad o muerte antes o después del parto
es mayor de lo habitual, tanto para la madre como para el bebé.
Para identificar un embarazo de alto riesgo, se
evalúa a la mujer embarazada para determinar si presenta condiciones
o características que la expongan a ella o al feto a la posibilidad
de enfermar o morir durante el embarazo (factores de riesgo). A los
factores de riesgo se les asigna una puntuación que se corresponde
con el grado de riesgo. El hecho de identificar un embarazo de alto
riesgo asegura que la mujer que más necesita atención
médica efectivamente la reciba.
Una mujer con un embarazo de alto riesgo puede ser
tratada en un centro de cuidados perinatales; perinatal es un término
que hace referencia a los eventos que suceden inmediatamente antes,
durante o después del parto. Por lo general, estos centros cuentan
con un servicio obstétrico y una unidad de cuidados intensivos
neonatales para proporcionar el máximo grado de asistencia tanto
para la mujer embarazada como para el feto y el recién nacido.
El médico suele enviar a la embarazada a un centro de cuidados
perinatales antes del parto porque la atención precoz reduce
la probabilidad de que el bebé enferme o muera. Estos centros
también acogen a cualquier mujer embarazada que presente problemas
inesperados durante el parto. La causa más frecuente de ingreso
en estos centros es el riesgo de un parto prematuro (antes de las 37
semanas), que se asocia a menudo con la rotura prematura de las membranas,
es decir, cuando se rompen antes de que el feto esté listo para
nacer. A este respecto, el tratamiento en un centro de cuidados perinatales
reduce el riesgo de que el bebé nazca prematuramente.
En algunos países desarrollados muere una
mujer embarazada (mortalidad materna) en 6 de cada 100 000 nacimientos.
La principal causa de muerte son los accidentes de tráfico u
otras lesiones. En segundo lugar, se encuentran los diversos problemas
relacionados con el embarazo y el parto: coágulos de sangre que
se desprenden y alcanzan los pulmones, complicaciones anestésicas,
hemorragias, infecciones y complicaciones provocadas por una presión
arterial elevada.
A título ilustrativo, diremos que el bebé
muere antes, durante o después del parto (mortalidad perinatal)
en 16 de cada 1 000 partos en EE.UU. Poco más de la mitad de
estas muertes son abortos y el resto afecta a recién nacidos
de hasta 28 días. La principal causa de estas muertes son las
malformaciones congénitas y la prematuridad.
Algunos factores de riesgo están presentes
antes de que la mujer quede embarazada, mientras que otros se desarrollan
durante el embarazo.
Factores de riesgo previos al embarazo
Antes de que se produzca la concepción, es
posible que la madre tenga características o condiciones que
incrementen el riesgo durante el embarazo. Además, cuando se
ha tenido un problema en un embarazo, el riesgo de tener el mismo problema
en embarazos subsiguientes es mayor.
Características de la madre
La edad de la mujer se relaciona estrechamente con
el riesgo durante el embarazo. Las niñas de 15 años y
menos tienen más probabilidades de desarrollar preeclampsia (una
enfermedad caracterizada por una presión arterial elevada, proteínas
en la orina y retención de líquidos durante el embarazo)
y eclampsia (convulsiones producidas por la preeclampsia); también
tienen más probabilidades de tener hijos de bajo peso al nacer
o desnutridos. En cambio, las mujeres de 35 años o más
tienen más probabilidades de desarrollar presión arterial
elevada, diabetes o fibromas (formaciones no cancerosas) en el útero,
así como de tener problemas durante el parto. El riesgo de tener
un bebé con alguna anomalía cromosómica como el
síndrome de Down aumenta con rapidez a partir de los 35 años.
Si una mujer embarazada de este grupo de edad está preocupada
por la posibilidad de que su feto desarrolle anomalías, puede
someterse a un análisis de las vellosidades coriónicas
o a una amniocentesis para determinar el contenido cromosómico
del feto.
Una
mujer que pesa menos de 45 kilogramos cuando no está embarazada
tiene más probabilidades de tener un bebé de menor tamaño
de lo esperado en relación con el número de semanas de
embarazo (pequeño para su edad gestacional). Si su peso aumenta
menos de 5 kilogramos durante el embarazo, el riesgo de tener un bebé
con esas características aumenta en casi un 30 por ciento. Por
el contrario, una mujer obesa tiene más probabilidades de tener
un bebé muy grande; la obesidad también incrementa el
riesgo de desarrollar diabetes y presión arterial elevada durante
el embarazo.
Una mujer de menos de 1,60 m de altura tiene más
probabilidades de tener una pelvis pequeña; de ahí que
el riesgo de tener un parto prematuro y un bebé anormalmente
pequeño por retraso del crecimiento intrauterino también
sea más alto de lo habitual.
Problemas en un embarazo previo
Una mujer que ha tenido tres abortos consecutivos
siempre en los primeros 3 meses de embarazo tiene alrededor del 35 por
ciento de probabilidades de sufrir otro. El aborto también es
más probable cuando la mujer tuvo un feto muerto entre el cuarto
y el octavo mes de embarazo o cuando tuvo un parto prematuro en un embarazo
anterior. Antes de intentar quedar embarazada de nuevo, es recomendable
que la mujer que ha tenido un aborto se someta a una prueba de detección
de anomalías cromosómicas u hormonales, defectos estructurales
en el útero o en el cuello uterino, enfermedades del tejido conectivo
como el lupus o una reacción inmune frente al feto, por lo general,
por incompatibilidad de Rh. Si se descubre la causa del aborto, es posible
que ésta pueda ser tratada de forma adecuada.
El hecho de que un feto nazca muerto o de que un
bebé recién nacido muera se asocia a anomalías
cromosómicas en el feto, diabetes, alguna enfermedad renal (crónica)
o de los vasos sanguíneos, hipertensión arterial, drogadicción
o una enfermedad del tejido conectivo, como el lupus en la madre.
Por otro lado, cuanto mayor sea el número
de partos prematuros, mayor es el riesgo de repetirlos en los embarazos
siguientes. Una mujer que haya tenido un recién nacido con un
peso menor de 1,5 kilogramos, tiene un 50 por ciento de probabilidades
de que su próximo hijo nazca antes de término. Si un recién
nacido sufrió retraso del crecimiento intrauterino, es probable
que se repita en el siguiente. En estos casos, se investiga en busca
de la presencia de enfermedades que puedan retrasar el crecimiento fetal,
como la hipertensión arterial, afecciones renales, aumento de
peso inadecuado, infección, tabaquismo y abuso de alcohol.
Un recién nacido que pese más de 4,5
kg al nacer sugiere que la madre pueda sufrir diabetes. El riesgo de
aborto o muerte de la mujer o del recién nacido aumenta si la
mujer padece de diabetes durante el embarazo. Por tanto, se debe controlar
la presencia de esta enfermedad en las mujeres embarazadas midiendo
sus niveles de azúcar en sangre (glucosa) entre las semanas 20
y 28 de embarazo.
La mujer que ha tenido seis o más embarazos,
tiene mayores probabilidades de tener contracciones leves durante el
parto y hemorragias después del mismo, debido al debilitamiento
de sus músculos uterinos. También puede tener un parto
rápido, que aumenta el riesgo de padecer una hemorragia vaginal
copiosa. Además, tiene muchas más probabilidades de tener
placenta previa (una placenta anormalmente localizada en la parte inferior
del útero). Este trastorno puede causar hemorragia y, como la
placenta puede bloquear el cuello uterino, por lo general, se debe practicar
una cesárea.


Si una mujer ya ha tenido un hijo con una enfermedad
hemolítica, el siguiente puede correr el riesgo de nacer también
con esta enfermedad, y su gravedad en el recién nacido anterior
predice la que tendrá en el siguiente. Esta enfermedad se desarrolla
cuando una madre cuya sangre es Rh-negativo tiene un feto con sangre
Rh-positivo (incompatibilidad de Rh) y la madre produce anticuerpos
contra la sangre del feto (sensibilización a Rh) que destruyen
sus glóbulos rojos. En esos casos, se analiza la sangre de ambos
progenitores. Si el padre tiene dos genes para sangre Rh-positivo, todos
los hijos serán Rh-positivos; si tiene sólo un gen de
estas características, el recién nacido tiene alrededor
del 50 por ciento de probabilidades de ser Rh-negativo. Esta información
es útil para tomar las precauciones necesarias con la madre y
el feto en embarazos subsiguientes. Por lo general, en el primer embarazo
con un hijo con sangre Rh-positivo no suele haber problemas, pero el
contacto entre la sangre de la madre y la del recién nacido durante
el parto hace que la madre produzca anticuerpos anti-Rh y, por tanto,
los siguientes recién nacidos pueden sufrir complicaciones. Sin
embargo, después de que una madre con Rh-negativo alumbre un
recién nacido Rh-positivo, se suele administrar a aquélla
globulina inmune Rh0 (D) para destruir los anticuerpos anti-Rh. El resultado
es que la hemólisis (destrucción de hematíes) en
los recién nacidos es muy poco frecuente.
Una mujer que ha tenido una preeclampsia o eclampsia
tiene probabilidades de volver a tenerla, en particular, si padece hipertensión
cuando no está embarazada.
Si una mujer ha tenido un bebé con trastornos
genéticos o malformaciones, habitualmente se realizan análisis
genéticos de éste (aunque haya nacido muerto) y de ambos
padres antes de otro embarazo. En caso de que la mujer quede de nuevo
embarazada, se realizan pruebas como ecografías, toma de muestras
de vellosidades coriónicas y amniocentesis para ayudar a determinar
las probabilidades de que las anomalías se repitan.
Alteraciones estructurales
Las anomalías en los órganos reproductores
femeninos, como el útero bicorne o un cuello uterino débil
que no puede sostener al feto en desarrollo (cuello incompetente), aumentan
el riesgo de aborto. En consecuencia, puede ser necesario practicar
intervenciones quirúrgicas, ecografías o radiografías
para detectar estas alteraciones; si una mujer ha tenido varios abortos,
estas pruebas se realizan antes de que vuelva a quedar embarazada.
Los fibromas (formaciones no cancerosas) en el útero,
que son más frecuentes en mujeres mayores, pueden aumentar el
riesgo de un parto prematuro, la incidencia de problemas durante el
parto, una presentación anormal del feto, una localización
anormal de la placenta (placenta previa) y abortos repetidos.
Problemas médicos
Ciertas condiciones médicas en una mujer
gestante pueden ponerla en peligro a ella y al feto. Las más
importantes son la hipertensión arterial crónica, enfermedades
renales, diabetes, cardiopatías graves, enfermedad tiroidea,
lupus eritematoso sistémico (lupus) y trastornos de la coagulación
san-guínea.
Historia familiar
Una historia de retraso mental u otros trastornos
hereditarios en la familia de la madre o del padre aumenta la probabilidad
de que el recién nacido vaya a tener esa enfermedad. La tendencia
a tener gemelos también se da en el seno de una misma familia.
Factores de riesgo durante el embarazo
Una mujer embarazada sin riesgos especiales puede
sufrir un cambio que aumente el riesgo, por ejemplo, la exposición
a teratógenos (agentes que pueden producir defectos congénitos)
como la radiación, productos químicos, fármacos
e infecciones, o bien puede desarrollar una complicación médica
o en relación al embarazo.
Exposición a teratógenos
Los fármacos reconocidos como causantes de
defectos congénitos cuando se toman durante el embarazo incluyen
el alcohol, la fenitoína, los fármacos que contrarrestan
las acciones del ácido fólico (como el triamtereno o el
trimetoprim), el litio, la estreptomicina, las tetraciclinas y la warfarina.
Las infecciones que pueden provocar defectos congénitos incluyen
el herpes simple, la hepatitis vírica, la gripe, la parotiditis,
la rubéola, la varicela, la sífilis, la listeriosis, la
toxoplasmosis e infecciones por virus Coxsackie o por citomegalovirus.
Al comienzo del embarazo, a la mujer se le pregunta si ha tomado algunos
de estos fármacos o ha padecido alguna de estas infecciones desde
que quedó embarazada. Es particularmente preocupante la forma
en que el tabaquismo, el consumo de alcohol y el abuso de fármacos
durante el embarazo afectan a la salud y al desarrollo del feto.
El tabaquismo es la adicción más frecuente
entre las mujeres embarazadas de algunos países desarrollados.
A pesar de la información creciente acerca de los peligros para
la salud que acarrea el tabaquismo, el porcentaje de mujeres adultas
que fuman o viven con alguien que fuma sólo ha descendido ligeramente
en 20 años y el porcentaje de mujeres grandes fumadoras se ha
incrementado. Así mismo, el tabaquismo entre las adolescentes
ha aumentado sustancialmente y supera al de los jóvenes de su
misma edad.
El
consumo de tabaco perjudica tanto a la madre como al feto, pero sólo
cerca del 20 por ciento de las mujeres que fuma abandona el hábito
durante la gestación. El efecto más marcado del tabaquismo
sobre el recién nacido durante el embarazo es la reducción
de su peso al nacer: cuanto más fuma una mujer durante el embarazo,
menos pesará el recién nacido. Este efecto parece ser
mayor entre las fumadoras de mayor edad, que tienen más probabilidades
de tener recién nacidos de menor peso y estatura. Las fumadoras
embarazadas también tienen más probabilidades de tener
complicaciones con la placenta, rotura prematura de membranas, parto
anticipado (pretérmino) e infecciones uterinas. Una mujer embarazada
que no fuma debería evitar exponerse al humo de otros puesto
que, igualmente, puede perjudicar al feto.
Los defectos congénitos que afectan al corazón,
al cerebro y a la cara son más frecuentes entre los hijos de
fumadoras que entre los de no fumadoras. El tabaquismo en la madre también
puede aumentar el riesgo del síndrome de muerte súbita
del lactante. Además, los hijos de madres fumadoras tienen deficiencias
sutiles, pero apreciables, en cuanto al crecimiento, desarrollo intelectual
y conducta. Se cree que estos efectos son provocados por el monóxido
de carbono, que reduce el suministro de oxígeno que reciben los
tejidos del organismo, y por la nicotina, que, al estimular la liberación
de hormonas, provoca una constricción de los vasos sanguíneos
en la placenta y el útero, disminuyendo la llegada de sangre.
El consumo de alcohol durante el embarazo es la
principal causa conocida de anomalías congénitas. El síndrome
alcohólico fetal, una de las principales consecuencias de beber
durante el embarazo, aparece en alrededor de 2,2 de cada 1 000 recién
nacidos vivos. Esta enfermedad incluye retraso del crecimiento antes
o después del parto, anomalías faciales, cabeza pequeña
(microcefalia), probablemente causada por un crecimiento escaso del
cerebro, y un desarrollo anormal del comportamiento. El síndrome
alcohólico fetal es la principal causa del retraso mental. Además,
el alcohol puede causar problemas que van desde el aborto a graves efectos
en la conducta del recién nacido o en el niño en desarrollo,
como comportamiento antisocial y déficit de atención.
Estos trastornos pueden aparecer incluso aunque el recién nacido
no tenga defectos físicos de nacimiento.
El riesgo de aborto espontáneo casi se duplica
cuando una mujer consume alcohol durante el embarazo, en especial si
bebe mucho. Por lo general, el peso con el que nacen los hijo de madres
que consumen alcohol durante la gestación es inferior al normal.
El promedio de peso al nacer es de alrededor de 2 kilogramos, comparados
con los 3,5 kilogramos del resto de los recién nacidos.
La drogadicción y el abuso de sustancias
tóxicas son cada vez más frecuentes en las mujeres embarazadas.
Más de cinco millones de personas, muchas de las cuales son mujeres
en edad fértil, consumen con regularidad marihuana y cocaína.
La cromatografía es una prueba de laboratorio
barata y efectiva que se utiliza para detectar en la orina heroína,
morfina, anfetaminas, barbitúricos, codeína, cocaína,
marihuana, metadona o fenotiacinas. Las mujeres que se inyectan drogas
corren un mayor riesgo de tener anemia, infección de la sangre
(bacteriemia) o de las válvulas cardíacas (endocarditis),
abscesos cutáneos, hepatitis, flebitis, neumonía, tétanos
y enfermedades de transmisión sexual, incluido el SIDA. Alrededor
del 75 por ciento de los recién nacidos con SIDA resulta de madres
que se inyectaban drogas o ejercían la prostitución. Además
estos niños tienen un mayor riesgo de desarrollar otras enfermedades
de transmisión sexual, hepatitis e infecciones. Por otro lado,
es probable que su crecimiento dentro del útero sea insufuciente
y que nazcan prematuramente.
Alrededor del 14 por ciento de las mujeres embarazadas
consume marihuana en distintos grados. Su principal ingrediente, el
tetrahidrocannabinol (THC), es capaz de atravesar la placenta y, en
consecuencia, de afectar al feto. A pesar de que ninguna evidencia específica
demuestra que la marihuana cause defectos de nacimiento o retrase el
crecimiento del feto en el útero, algunos estudios sugieren que
un gran consumo de esta droga produce anomalías de comportamiento
en los recién nacidos.
El abuso de cocaína durante el embarazo causa
graves problemas tanto para la madre como para el feto y, dado que muchas
de las mujeres que consumen cocaína también consumen otras
drogas, el problema adquiere una especial gravedad. La cocaína
estimula el sistema nervioso central, actúa como anestésico
local y reduce el diámetro de los vasos sanguíneos (vasoconstricción).
El estrechamiento de los vasos sanguíneos puede reducir el flujo
sanguíneo, por lo que el feto no siempre recibe el oxígeno
suficiente. Esta reducción puede afectar al crecimiento de varios
órganos y frecuentemente provoca trastornos óseos y un
estrechamiento anormal de algunos segmentos del intestino. El sistema
nervioso y los problemas de comportamiento de los hijos de madres cocainómanas
incluyen hiperactividad, temblores incontrolables e importantes trastornos
del aprendizaje, que continúan hasta los 5 años o incluso
hasta una edad más avanzada.
Si una mujer embarazada presenta repentinamente
una presión arterial muy alta (hipertensión aguda), una
hemorragia debida al desprendimiento precoz de la placenta (abruptio
placentae) o si el recién nacido nace, sin causa aparente, muerto,
se analiza su orina en busca de la presencia de cocaína. Entre
las mujeres que consumen cocaína durante el embarazo, alrededor
del 31 por ciento tiene un parto antes de término, el 19 por
ciento tiene un recién nacido con retraso del crecimiento y el
15 por ciento sufre un desprendimiento precoz de la placenta. Si se
interrumpe el consumo de cocaína después de los primeros
3 meses de embarazo, los riesgos de tener un parto prematuro y un desprendimiento
precoz de la placenta aún siguen siendo altos pero, probablemente,
el crecimiento del feto será normal.
Problemas médicos
Si se diagnostica hipertensión por primera
vez cuando una mujer está embarazada, el médico puede
tener ciertas dificultades en determinar si la causa es el embarazo
o algún otro problema. El tratamiento de la hipertensión
durante el embarazo es problemático; los beneficios que pueda
obtener la madre tienen que ser sopesados con los potenciales riesgos
para el feto. Sin embargo, cuando el embarazo se halla en estado muy
avanzado, este trastorno puede indicar una grave amenaza para la madre
y el feto y se debe instaurar un tratamiento de inmediato.
Si la mujer gestante ha tenido anteriormente una
infección de orina, se evalúa una muestra de su orina
al inicio del embarazo. Si se detectan bacterias, se administran antibióticos
para prevenir una infección renal, ya que ésta se asocia
al parto antes de término y a la rotura prematura de las membranas.
Las infecciones bacterianas de la vagina durante
el embarazo también pueden derivar en un parto antes de término
o en una rotura prematura de las membranas. El tratamiento de la infección
con antibióticos reduce la probabilidad de tener estos problemas.
Una enfermedad que provoque fiebre alta (temperatura
superior a los 39,5 ºC) en el primer trimestre del embarazo aumenta
la probabilidad de sufrir un aborto y de anomalías en el sistema
nervioso del recién nacido. La fiebre al final del embarazo aumenta
la posibilidad de un parto pretérmino.
Las intervenciones quirúrgicas de urgencia
durante el embarazo aumentan el riesgo de un parto pretérmino.
Muchas enfermedades, como la apendicitis, un ataque de vesícula
biliar y la obstrucción intestinal son difíciles de diagnosticar
debido a los cambios normales que se producen en el abdomen durante
el embarazo. En consecuencia, cuando se diagnostica una de esas enfermedades,
es probable que se encuentre en un estado avanzado, lo que incrementa
la morbilidad y la mortalidad.