SECCION 22 >
PROBLEMAS DE SALUD DE LA MUJER
CAPITULO 245
Complicaciones del embarazo
En general, los embarazos se desarrollan sin problemas
y la mayoría de las complicaciones pueden ser tratadas. Las complicaciones
incluyen abortos, embarazo ectópico, anemia, incompatibilidad
de Rh, problemas con la placenta, vómitos, preeclampsia y eclampsia
y erupciones cutáneas, así como parto pretérmino
y rotura de membranas. Después de un aborto, la mayoría
de las mujeres consigue tener embarazos sin complicaciones.
Aborto y feto muerto
Un aborto (espontáneo) es la pérdida
de un feto por causas naturales antes de las 20 semanas de embarazo.
En cambio, se denomina feto muerto a la pérdida del
mismo
por causas naturales después de las 20 semanas de embarazo.
El término aborto hace referencia tanto a
un aborto espontáneo como a una interrupción médica
del embarazo (aborto provocado).
Un bebé que respira espontáneamente
o que presenta latidos cardíacos después del parto es
un recién nacido vivo, sea cual sea el momento del embarazo.
Si fallece poco después, su muerte recibe el nombre de muerte
del recién nacido (neonatal).
Alrededor del 20 al 30 por ciento de las mujeres
embarazadas presenta alguna hemorragia o contracciones al menos una
vez durante las primeras 20 semanas de embarazo. Cerca de la mitad de
estos episodios acaba en un aborto espontáneo.
Alrededor del 85 por ciento de los abortos espontáneos
tiene lugar durante las primeras 12 semanas de embarazo y, en general,
son debidos a anomalías en el feto. El 15 por ciento restante
de abortos se produce durante las semanas 13 a 20; alrededor de dos
tercios se deben a problemas de la madre y un tercio a causas desconocidas.
Muchos estudios han demostrado que los trastornos emocionales en la
madre no tienen relación con los abortos espontáneos.
Síntomas y diagnóstico
Antes de un aborto, la mujer habitualmente sufre
pérdidas de sangre poco cuantiosas o tiene una hemorragia más
evidente junto a secreción vaginal. El útero se contrae
y la mujer siente un dolor similar a los calambres. Si el aborto continúa,
la hemorragia, la secreción y los dolores aumentan. Al final,
parte o la totalidad del contenido del útero puede ser expulsado.
En las primeras fases de un aborto, la ecografía
puede determinar si el feto sigue con vida. Después de la pérdida
del feto, esta prueba y otras pueden utilizarse para determinar si la
expulsión del contenido del útero ha sido completa.
Tratamiento
Cuando todo el contenido del útero ha sido
expulsado (aborto completo) no se necesita iniciar ningún tratamiento.
Por el contrario, cuando sólo se expulsa una parte (aborto incompleto),
debe realizarse una dilatación y succión para vaciar el
útero.
Si
el feto muere pero continúa en el útero (aborto fallido),
deben extraerse el feto y la placenta, por lo general, mediante dilatación
y succión. Un fármaco, como la oxitocina, que hace que
el útero se contraiga y expulse su contenido, puede administrarse
para tratar los abortos fallidos tardíos.
Si se produce una hemorragia y contracciones dolorosas
durante las primeras 20 semanas de embarazo (amenaza de aborto), se
aconseja reposo en cama, porque suele mejorar los síntomas. En
la medida de lo posible, la mujer no debería trabajar ni permanecer
de pie en casa. Debería evitarse el coito, a pesar de que no
se ha demostrado una clara relación con los abortos espontáneos.
No se administran hormonas porque casi siempre son ineficaces y pueden
causar defectos congénitos, sobre todo del corazón o de
los órganos reproductores. Por ejemplo, la exposición
en esta etapa del desarrollo de un feto femenino al dietilestilbestrol
(DES), una hormona sintética, se asocia a cáncer vaginal.
La amenaza de aborto puede deberse a que el cuello
uterino se dilate prematuramente debido a la debilidad del tejido fibroso.
En ocasiones, la apertura cervical se cierra quirúrgicamente
(cerclaje) con una sutura que se retira justo antes del parto.
Un aborto séptico es una infección
muy grave. El contenido del útero debe eliminarse de inmediato
y es necesario tratar la infección con dosis altas de antibióticos.
Embarazo ectópico
Un embarazo ectópico (fuera de lugar) es
aquel en que el feto se desarrolla fuera del útero, ya sea en
la trompa de Falopio, en el canal cervical o en la cavidad pélvica
o abdominal.
Normalmente, el ovario libera un óvulo que
es absorbido hacia la apertura de una de las trompas de Falopio, donde
es impulsado por diminutos cilios similares a pelos hasta que varios
días después llega al útero. Normalmente, la fecundación
del óvulo se efectúa en la trompa de Falopio, pero la
implantación tiene lugar en el útero. Sin embargo, si
la trompa se obstruye (por ejemplo, debido a una infección previa),
el óvulo puede desplazarse lentamente o incluso quedar atascado.
El óvulo fecundado quizá nunca llegue al útero
y, en consecuencia, se produce un embarazo ectópico.
| Localizaciones del embarazo
ectópico |
 |
Uno de cada 100 o 200 embarazos es ectópico.
Por motivos no desmasiado claros, cada vez resultan más frecuentes.
Son factores de riesgo una enfermedad en la trompa de Falopio, un embarazo
ectópico previo, la exposición fetal al dietilestilbestrol
o una ligadura de trompas fallida (un procedimiento de esterilización
en el que se corta u obstruye la trompa de Falopio). Los embarazos ectópicos
son menos frecuentes entre las mujeres de raza blanca. En los raros
casos en que una mujer queda embarazada con un dispositivo intrauterino
(DIU) colocado, el riesgo de tener un embarazo ectópico es elevado.
Por lo general, los embarazos ectópicos se
desarrollan en una de las de las trompas de Falopio (embarazo tubárico).
Son inhabituales los embarazos en el canal cervical, en el ovario o
en la cavidad abdominal o pélvica. Un embarazo ectópico
constituye un riesgo para la vida y debe ser extirpado lo antes posible.
Según algunas estadísticas, 1 de cada 826 mujeres con
embarazos ectópicos muere por complicaciones.
Síntomas
Los síntomas de un embarazo ectópico
son pequeñas pérdidas de sangre por la vagina y dolores
abdominales como los calambres, todo ello asociado habitualmente a un
retraso de la menstruación. Estos síntomas se deben a
que una vez se produce la muerte del feto, el revestimiento uterino
se expulsa como en un período menstrual normal.
Si el feto muere en una fase precoz, no se producen
lesiones en la trompa de Falopio. Si sigue creciendo, no obstante, pueden
desgarrarse las paredes de la trompa y producirse una hemorragia. Si
ésta es gradual, causa dolor y a veces una sensación de
presión en la parte inferior del abdomen debido a la acumulación
de sangre. Si la hemorragia es rápida, pude provocar una reducción
grave de la presión arterial e incluso un shock. Típicamente,
alrededor de las 6 u 8 semanas, se siente un dolor agudo e intenso en
la parte inferior del abdomen, seguido de un desvanecimiento. Estos
síntomas habitualmente indican que la trompa se ha roto y, en
consecuencia, que se ha producido una hemorragia masiva dentro del abdomen.
En ocasiones, un embarazo ectópico se desarrolla
en parte dentro de la trompa y en parte dentro del útero. En
este caso aparecen dolores abdominales como calambres y pérdidas
hemáticas frecuentes. En esta localización el feto cuenta
con más lugar para crecer, por lo que la rotura se produce más
tarde, en general entre las 12 y las 16 semanas de embarazo. Esta rotura
puede ser catastrófica, todavía con una mayor tasa de
mortalidad asociada.
Diagnóstico y tratamiento
El embarazo ectópico puede sospecharse cuando
los análisis de sangre y de orina dan un resultado positivo de
embarazo pero el útero es más pequeño de lo esperado
en relación con la edad gestacional. La ecografía puede
demostrar que el útero está vacío y que hay sangre
en la cavidad pélvica o abdominal. Así mismo, el médico
puede emplear un laparoscopio (un tubo de fibra óptica que se
introduce por una pequeña incisión en el abdomen) para
visualizar el embarazo ectópico directamente.
Para ayudar a confirmar el diagnóstico, se
puede introducir una aguja atravesando la pared de la vagina hasta llegar
a la cavidad pélvica y extraer la sangre acumulada debido a la
hemorragia del embarazo ectópico (este procedimiento se llama
culdocentesis). A diferencia de la sangre de una vena o una arteria,
esta sangre tiene la peculiaridad de no coagular.
Por lo general, un embarazo ectópico debe
ser extirpado quirúrgicamente. Cuando se encuentra en una trompa
de Falopio, habitualmente se practica una incisión dentro de
la trompa para extraer el feto y la placenta. La trompa se deja abierta
para que sane sin dejar cicatrices que podrían dificultar todavía
más una futura concepción. En ciertos casos, este procedimiento
puede realizarse con un laparoscopio. En raras ocasiones, las lesiones
de la trompa son tan graves que no puede repararse y es necesario extirparla.
Para tratar un embarazo tubárico en su fase
inicial en el que no existe evidencia de latido cardíaco del
feto, también puede utilizarse la administración de metotrexato,
en lugar de una intervención quirúrgica.
Anemias
Las anemias son trastornos en los que el número
de glóbulos rojos (eritrocitos) o la cantidad de hemoglobina
(la proteína que transporta oxígeno) que éstos
contienen se encuentra por debajo de los valores normales.
El volumen de sangre aumenta durante el embarazo,
por lo que una disminución moderada en la concentración
de eritrocitos y hemoglobina (hemodilución) es normal.
Como la madre debe producir sangre tanto para el
feto como para ella misma, durante la gestación se precisa de
un mayor aporte de hierro para producir glóbulos rojos. Por ello,
el tipo más frecuente de anemia durante el embarazo es la anemia
por deficencia de hierro que, por lo general, se debe a una inadecuada
cantidad de este elemento en la dieta. Sin embargo, puede deberse a
una deficiencia de hierro ya existente provocada por la pérdida
de hierro por las menstruaciones o por un embarazo previo. Con menos
frecuencia, la anemia es consecuencia de una dieta deficiente en ácido
fólico (folato), una vitamina B que también es necesaria
para producir glóbulos rojos.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico se basa en los análisis
de sangre que determinan la cantidad de eritrocitos, los valores de
hemoglobina y los de hierro.
La anemia provocada por una deficiencia de hierro
se trata con comprimidos de hierro. Este suplemento de hierro no supone
ningún riesgo para el feto pero puede causar malestar en el estómago
y estreñimiento en la madre, sobre todo si la dosis es alta.
A pesar de que no se ha demostrado que todas las mujeres embarazadas
deban tomar suplementos de hierro, a la mayoría de las gestantes
se les aconseja tomarlos, incluso si su cantidad de eritrocitos y los
niveles de hemoglobina son normales, para asegurar que el aporte de
hierro sea suficiente para ellas y para el feto a medida que avance
el embarazo. La anemia causada por deficiencia de ácido fólico
se trata con comprimidos de folato. Para las pacientes con anemia drepanocítica
(una enfermedad hereditaria en la que la hemoglobina es anormal), el
tratamiento es motivo de controversia; en ciertos casos, es necesario
realizar transfusiones de sangre.
Incompatibilidad de Rh
La incompatibilidad de Rh es la incompatibilidad
del grupo Rh entre la sangre de la madre y de su feto.
Como resultado de esta anomalía, la mujer
puede producir anticuerpos contra los glóbulos rojos (eritrocitos)
del feto. Estos anticuerpos ocasionan la destrucción de un número
más o menos importante de estas células, produciendo en
ocasiones la denominada enfermedad hemolítica del recién
nacido, una variedad de anemia.
El grupo sanguíneo de una persona es un conjunto
de moléculas localizadas sobre la superficie de los eritrocitos
que los identifican como específicos de cada individuo. El grupo
sanguíneo Rh incluye algunas de estas moléculas. Una de
ellas, la Rh0 (D), suele causar los problemas de incompatibilidad de
Rh. Si los hematíes tienen moléculas Rh0 (D), la sangre
es Rh-positivo; si no las tienen, la sangre es Rh-negativo.
Los problemas aparecen cuando la madre es Rh-negativo
y el feto tiene sangre Rh-positivo que ha heredado de un padre Rh-positivo.
Parte de la sangre fetal puede entrar en contacto con la sangre materna
a través de la placenta, sobre todo en los últimos días
de embarazo y durante el parto. Si ello sucede, el organismo de la madre
puede tratar los glóbulos rojos del feto como elementos extraños
y producir anticuerpos para destruirlos (anticuerpos anti-Rh). Los valores
de estos anticuerpos de la madre se elevan a lo largo de todo el embarazo
y pueden atravesar la placenta y llegar al feto, donde pueden destruir
parte de sus eritrocitos. Como resultado, puede desarrollarse la enfermedad
hemolítica en el feto (eritroblastosis fetal) o en el recién
nacido (eritroblastosis neonatal). No obstante, durante un primer embarazo,
rara vez surgen estos problemas porque, por lo general, no se produce
un contacto significativo entre la sangre del feto y la de la madre
hasta el momento del parto. Sin embargo, en cada embarazo subsiguiente,
la madre se sensibiliza cada vez más frente a la sangre Rh-positivo
y produce anticuerpos cada vez con mayor antelación.
La destrucción de los glóbulos rojos
del feto puede ocasionar anemia e incrementar los valores de bilirrubina
en la sangre (un producto de desecho proveniente de la destrucción
de los eritrocitos); si los valores de la bilirrubina son demasiado
altos, puede lesionarse el cerebro del feto.
Entre las personas de raza blanca de ciertos países
occidentales, el 85 por ciento es Rh-positivo y en alrededor del 13
por ciento de los matrimonios, el varón es Rh-positivo y la mujer
Rh-negativo. En estos casos, 1 recién nacido de cada 27 desarrolla
la enfermedad hemolítica.
Prevención y tratamiento
En su primera visita al médico durante un
embarazo, éste hace una revisión a la mujer para determinar
su tipo y grupo sanguíneo. Si es Rh-negativo, se determina el
tipo de sangre del padre; si éste es Rh-positivo, se miden los
valores de anticuerpos anti-Rh en la madre.
Durante el parto se puede producir un contacto entre
la sangre materna y la fetal, lo que puede ocasionar que la madre produzca
anticuerpos. Por este motivo, y a modo de precaución, se inyectan
anticuerpos anti-Rh en la madre Rh-negativo, en la forma de globulina
inmune Rh0(D), en las 72 horas posteriores al parto de un bebé
que tiene sangre Rhpositiva, incluso después de un aborto espontáneo
o provocado. Este tratamiento destruye cualquier célula fetal
que pueda sensibilizar a la madre, gracias a lo cual los embarazos posteriores
no suelen ser peligrosos. No obstante, en alrededor del 1 al 2 por ciento
de los casos, la inyección no evita la sensibilización,
presumiblemente porque la madre fue sensibilizada al principio del embarazo.
Para evitar la sensibilización precoz de una madre cuya sangre
es Rh-negativa, se aplica una inyección de anticuerpos anti-Rh
a las 28 semanas de embarazo así como después del parto.
Si se realizan mediciones periódicas de los
cambios en los valores de anticuerpos anti-Rh en la madre, el médico
puede anticipar si el bebé va a tener problemas potenciales.
Si los niveles de anticuerpos anti-Rh de la madre se elevan demasiado
durante el embarazo, puede realizarse una amniocentesis. Para ello se
inserta una aguja a través de la piel para obtener una muestra
de líquido del saco amniótico, que rodea al feto dentro
del útero. A continuación, se procede a medir los valores
de bilirrubina en la muestra de este líquido y, si son demasiado
altos, se administra al feto una transfusión intrauterina. Cada
10 a 14 días se realizan nuevas transfusiones adicionales hasta
alrededor de las 32 a 34 semanas de embarazo, momento en el cual se
suele provocar el parto. En general, después de nacer se efectúan
una o más transfusiones al recién nacido, en casos menos
graves, no se realizan transfusiones hasta después del alumbramiento.
Abruptio placentae
La abruptio placentae es el desprendimiento prematuro
de la pared uterina de una placenta en posición normal, que se
produce durante el embarazo en lugar de después del parto.
La placenta puede desprenderse de forma incompleta
(4 veces sólo del 10 al 20 por ciento), o completa. La causa
es desconocida. El desprendimiento tiene lugar entre un 0,4 y un 3,5
por ciento de todos los partos. Las mujeres que tienen una presión
arterial elevada, alguna enfermedad cardíaca, diabetes o una
enfermedad reumatoide, así como las mujeres que consumen cocaína,
tienen más probabilidades de desarrollar esta complicación.
Síntomas y diagnóstico
Se produce una hemorragia en el útero por
el punto de inserción de la placenta. La sangre puede pasar a
través del cuello uterino y salir por la vagina (hemorragia externa)
o bien puede quedarse retenida detrás de la placenta (hemorragia
oculta). Los síntomas dependen del grado de desprendimiento y
de la cantidad de sangre que se pierda e incluyen hemorragia vaginal,
dolor abdominal repentino, continuo o en forma de calambres y dolor
al presionar el abdomen. El diagnóstico habitualmente se confirma
con una ecografía.
El desprendimiento reduce el suministro de oxígeno
y de nutrientes al feto e incluso puede causar su muerte. En cuanto
a la madre, las complicaciones incluyen una hemorragia potencialmente
grave, coagulación diseminada en el interior de los vasos sanguíneos
(coagulación intravascular diseminada), insuficiencia renal y
hemorragia en la pared del útero. Estas complicaciones son mucho
más frecuentes en una gestante con preeclampsia y pueden indicar
sufrimiento o muerte fetal.
Tratamiento
Una vez que se ha establecido el diagnóstico,
la mujer debe ser hospitalizada. El tratamiento habitual es reposo en
cama, a menos que la pérdida de sangre represente una amenaza
para la vida, exista sufrimiento fetal o el embarazo esté próximo
a finalizar. El reposo prolongado puede disminuir la hemorragia y si
los síntomas se atenúan, se anima a la mujer a caminar
un poco e incluso se le puede dar de alta. Por el contrario, si la hemorragia
continúa o empeora lo mejor tanto para la madre como para el
feto es acelerar el parto. Si el parto vaginal no es posible, se realiza
una cesárea.
Placenta previa
La placenta previa es la implantación de
la placenta en el cuello del útero (la parte interior del útero)
o cerca del mismo.
Dentro del útero, la placenta puede cubrir
el orificio cervical de forma completa o parcial. La placenta previa
tiene lugar en 1 de cada 200 partos, por lo general, en mujeres que
han tenido más de un embarazo o presentan anomalías en
el útero, como fibromas.
Problemas con la placenta
Normalmente, la placenta se localiza en la
parte superior del útero y está firmemente unida
a la pared uterina. En el desprendimiento de placenta, ésta
se desprende de la pared uterina de forma prematura y provoca
una hemorragia uterina que reduce el suministro de sangre y
nutrientes del feto. Una mujer que presenta este trastorno debe
ser hospitalizada, porque el parto puede ser prematuro. En la
placenta previa, la placenta se localiza sobre o cerca del cuello
uterino, en la parte inferior del útero. Los síntomas
incluyen una hemorragia indolora que comienza al final del embarazo
y que puede intensificarse. El parto suele ser por cesárea.
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El primer síntoma es una hemorragia vaginal
repentina e indolora en las últimas etapas del embarazo, que
puede tornarse profusa; la sangre puede ser de color rojo intenso. La
ecografía es útil a efectos diagnósticos y para
diferenciar una placenta previa de una que se ha desprendido prematuramente
(abruptio placentae).
Tratamiento
Cuando la hemorragia es profusa, pueden necesitarse
varias transfusiones de sangre. Si la pérdida de sangre es poco
importante y el nacimiento no es inminente, habitualmente se recomienda
el reposo en cama. En caso de que la hemorragia se detenga, se pide
a la mujer que empiece a caminar. Si la hemorragia no se repite, por
lo general se la da de alta, siempre y cuando le sea fácil acudir
de nuevo al hospital en caso necesario. Casi siempre se realiza una
cesárea, porque si se deja que llegue el parto, la placenta tiende
a desprenderse con mucha anticipación y eso puede impedir el
suministro de oxígeno al feto. Además, la madre puede
sufrir una hemorragia masiva.
Vómitos excesivos
El exceso de vómitos durante el embarazo
(hiperemesis gravídica), a diferencia del habitual malestar de
las mañanas, es la presencia de náuseas y vómitos
extremadamente graves que causan deshidratación e inanición.
Se desconoce la causa de los vómitos, pero
los factores psicológicos pueden desencadenarlos o emperorarlos.
La mujer con hiperemesis gravídica pierde peso y se deshidrata;
por consiguiente, si una mujer siente malestar por las mañanas
pero gana peso y no se deshidrata, no tiene una hiperemesis gravídica.
La deshidratación puede provocar peligrosas
alteraciones en los valores de electrólitos en la sangre y, en
consecuencia, acidosis. Cuando los vómitos son persistentes,
el hígado puede lesionarse, llegando en ocasiones a romperse
y sangrar. Otra grave complicación es la hemorragia en la retina
de los ojos (retinitis hemorrágica), causada por el incremento
de la presión arterial durante los vómitos.
Tratamiento
Debido a que la hiperemesis gravídica es
un riesgo tanto para la vida de la mujer como para la de su recién
nacido, es necesaria la hospitalización y la administración
de líquidos, de glucosa (un azúcar simple), de electrólitos
y, en ocasiones, de vitaminas por vía intravenosa. No debe comer
ni beber nada durante 24 horas; si resulta necesario, se le administran
fármacos contra las náuseas y sedantes. Una vez que se
han corregido la deshidratación y los vómitos, puede empezar
a tomar pequeñas cantidades de alimentos blandos, cada poco tiempo.
A medida que la mujer tolera más comida, se aumenta la cantidad
de las porciones. Por lo general, los vómitos desaparecen en
pocos días. Si los síntomas recurren, se repite el tratamiento.
Preeclampsia y eclampsia
La preeclampsia se caracteriza por presión
arterial elevada (hipertensión) acompañada de la eliminación
de proteínas por la orina (proteinuria) o de retención
de líquidos (edema) que se desarrolla entre la semana 20.ª
del embarazo y el final de la primera semana después del parto.
La eclampsia es una forma de preeclampsia más grave que provoca
convulsiones o coma.
La preeclampsia se produce en un 5 por ciento de
las mujeres embarazadas. Es más frecuente en los primeros embarazos
y en las mujeres que ya tienen la presión arterial elevada o
sufren un trastorno en los vasos sanguíneos. La eclampsia se
desarrolla en 1 de cada 200 mujeres que tienen preeclampsia y, por lo
general, es mortal, a menos que sea tratada con rapidez. No obstante,
se desconocen las causas de la preeclampsia y la eclampsia. El riesgo
más importante de la preeclampsia es el desprendimiento prematuro
de la placenta de la pared uterina.
En la preeclampsia, la presión arterial es
superior a 140/90 mm Hg, aparece edema en la cara o las manos y se detectan
valores anormalmente altos de proteínas en la orina. Una mujer
cuya presión arterial aumenta notablemente pero permanece por
debajo de los 140/90 mm Hg durante el embarazo, también se considera
que tiene preeclampsia.
Los recién nacidos de mujeres preeclámpsicas
tienen de cuatro a cinco veces más probabilidades de tener problemas
poco después del parto que los de mujeres que no presentan esta
enfermedad. Los recién nacidos pueden ser pequeños porque
la placenta funciona mal o porque son prematuros.
Tratamiento
A diferencia de la presión arterial elevada
(hipertensión), la preeclampsia y la eclampsia no responden a
los diuréticos (fármacos que eliminan el exceso de líquido)
ni a las dietas de bajo contenido en sal. A la mujer se le indica que
consuma una cantidad normal de sal y que beba más agua; el reposo
en cama es importante. Por lo general, también se le indica que
se tumbe sobre el lado izquierdo, puesto que así se ejerce menos
presión sobre la gran vena del abdomen (vena cava inferior),
que devuelve la sangre al corazón, y mejora el flujo sanguíneo.
En ciertos casos, se puede administrar sulfato de magnesio por vía
intravenosa para hacer descender la presión arterial y evitar
las convulsiones.
En caso de preeclampsia leve, el reposo en cama
puede ser suficiente, pero la mujer debería visitar a su médico
cada 2 días. Si no mejora con rapidez, debe ser hospitalizada
y, si el problema continúa, se provoca el parto lo antes posible.
Una mujer que presenta preeclampsia grave debe ser
hospitalizada y permanecer en cama. El hecho de administrar líquidos
y sulfato de magnesio por vía intravenosa con frecuencia alivia
los síntomas. En 4 a 6 horas, la presión arterial suele
bajar hasta alcanzar valores normales y se puede proceder al parto sin
correr ningún riesgo. Si la presión arterial sigue alta,
se administran más fármacos antes de intentar provocar
el parto.
Una importante complicación de la preeclampsia
y la eclampsia graves es el síndrome de HELLP, que consiste en
lo siguiente:
- Hemólisis (destrucción de glóbulos
rojos)
- Elevación de las enzimas hepáticas
(liver), que indican lesión hepática.
- Bajo (low, en inglés) recuento de plaquetas,
lo que indica una deficiente capacidad de coagulación de la sangre
(un problema potencialmente grave durante y después del parto).
El síndrome HELLP es más probable
que aparezca cuando se retrasa la instauración del tratamiento
de la preeclampsia. Si aparece el síndrome, se debe llevar a
cabo una cesárea, el método más rápido disponible,
a menos que el cuello uterino esté lo bastante dilatado como
para permitir un rápido nacimiento por la vagina.
Después del alumbramiento, se controla a
la mujer exhaustivamente para detectar signos de eclampsia. Una cuarta
parte de los casos de eclampsia tiene lugar después del parto,
en general en los primeros 2 a 4 días. A medida que el estado
de la mujer mejora de forma gradual, se la anima a caminar un poco;
así mismo, se le puede administrar un sedante suave para controlar
la presión arterial. La hospitalización puede durar entre
unos pocos días a algunas semanas, según la gravedad de
la enfermedad y sus complicaciones. Incluso, tras haber sido dada de
alta, es posible que la mujer tenga que tomar fármacos para reducir
la presión arterial. Por lo general, debe acudir al médico
al menos cada 2 semanas durante los primeros meses después del
parto. Su presión arterial todavía puede permanecer elevada
entre 6 y 8 semanas, pero si persiste alta durante más tiempo,
quizá su causa se deba a otro trastorno y no a la preeclampsia.
Erupciones cutáneas
Algunas erupciones cutáneas ocurren sólo
durante el embarazo. Entre ellas se encuentra el herpes gestacional
y la urticaria del embarazo.
Herpes gestacional
El herpes gestacional es un exantema que se produce
durante el embarazo que está formado por ampollas llenas de líquido
y que provoca un intenso picor.
El término herpes es confuso, porque el exantema
no está causado por el herpesvirus ni por ningún otro
virus. Se cree que la causa del herpes gestacional son ciertos anticuerpos
anormales que reaccionan contra los tejidos del propio cuerpo (una reacción
autoinmune). Este exantema poco frecuente puede aparecer en cualquier
momento después de las 12 semanas de embarazo o inmediatamente
después del parto.
La erupción es pruriginosa (provoca picor)
y, habitualmente, se acompaña de pequeñas vesículas
llenas de líquido (vesículas) y de otras formaciones más
grandes, de formas irregulares y también llenas de líquido
(ampollas). Suele comenzar en el abdomen, pero en seguida se extiende
y, en ocasiones, abarca una zona con forma de anillo, con ampollas alrededor
de su borde externo. Típicamente empeora poco después
del parto y desaparece en pocas semanas o meses. A menudo reaparece
en los embarazos siguientes o con el uso de anticonceptivos orales.
El recién nacido puede presentar una erupción similar,
que suele desaparecer a las pocas semanas sin tratamiento alguno.
Para confirmar el diagnóstico, se extirpa
una diminuta porción de la piel afectada y se envía a
un laboratorio para determinar la presencia de anticuerpos.
El objetivo del tratamiento es aliviar el intenso
picor y evitar que se formen nuevas ampollas. En un exantema leve, suele
ser de utilidad aplicar con frecuencia una crema con corticosteroides
sobre la piel afectada. En caso de erupciones más extendidas,
los corticosteroides se administran por vía oral. La administración
de corticosteroides cuando el embarazo está avanzado no parece
perjudicar al feto. Si el picor aumenta o el exantema se extiende después
del parto, puede ser necesario aplicar una dosis más alta de
corticosteroides.
Urticaria del embarazo
La urticaria del embarazo es un exantema habitual
durante el embarazo que produce un picor intenso.
Su causa es desconocida. En el abdomen aparecen
manchas intensamente pruriginosas (producen picor), de color rojo, irregulares,
planas o ligeramente abultadas (a veces con diminutas ampollas llenas
de líquido en el centro) de forma similar a un enjambre. La erupción
se extiende hacia los muslos, las nalgas y en ocasiones, hasta los brazos.
Pueden aparecer cientos de manchas que producen intenso picor y, a menudo,
la piel que las rodea tiene un aspecto pálido. Habitualmente,
aparece durante las últimas 2 o 3 semanas de embarazo y en ocasiones
durante los últimos días; sin embargo, es posible que
aparezca en cualquier momento a partir de la semana 24.ª de embarazo.
El picor es tan molesto que impide conciliar el sueño por la
noche. En general, desaparece poco después del parto y no suele
recidivar en embarazos siguientes.
No existe una prueba específica para este
exantema, por lo que el médico puede tener dificultades para
hacer un diagnóstico definitivo.
El picor y la erupción suelen desaparecer
en 2 a 4 días tras la aplicación frecuente de una crema
con corticosteroides. En ciertos casos, si la erupción es más
grave, los corticosteroides se administran por vía oral; estos
fármacos no parecen ser perjudiciales para el feto cuando se
toman al final del embarazo.