SECCION 22 >
PROBLEMAS DE SALUD DE LA MUJER
CAPITULO 247
La administración de fármacos durante
el embarazo
La mayoría de las mujeres embarazadas
consume algún tipo de fármaco. Diversos organismos sanitarios,
así como la Organización Mundial de la Salud, estiman
que más del 90 por ciento de las mujeres embarazadas toma fármacos,
ya sea recetados por el médico o no recetados (de venta libre),
y consume drogas sociales como el tabaco y el alcohol o drogas ilícitas.
Los fármacos y drogas causan del 2 al 3 por ciento de todas las
anomalías congénitas; la mayoría de las restantes
se deben a causas hereditarias, ambientales o desconocidas.
Los fármacos y drogas pasan de la madre al
feto sobre todo a través de la placenta, la misma ruta que siguen
los nutrientes para el crecimiento y el desarrollo fetal. En la placenta,
los fármacos y los nutrientes atraviesan una membrana delgada
que separa la sangre materna de la fetal.
Los fármacos que se administran durante el
embarazo pueden afectar al feto de varias formas:
- Actuando directamente sobre el feto y causando
lesiones, desarrollo anormal o muerte.
- Alterando la función de la placenta, generalmente
estrechando los vasos sanguíneos y reduciendo el intercambio
de oxígeno y nutrientes entre el feto y la madre.
- Provocando la contracción de los músculos
del útero, lo cual puede lesionar indirectamente al feto debido
a que se reduce la cantidad de sangre que recibe.
Los efectos adversos de un fármaco dependen
de la edad del feto y de la potencia y de la dosis del fármaco.
Ciertos fármacos tomados al comienzo del embarazo (antes del
día 17 después de la fecundación) pueden actuar
en función de la ley del todo o nada, es decir, pueden matar
al embrión o no afectarlo en absoluto. Durante esta fase, el
feto es muy resistente al desarrollo de anomalías congénitas.
Sin embargo, el feto es particularmente vulnerable entre los días
17 y 57 después de la fecundación, que es cuando sus órganos
se están desarrollando. Los fármacos que alcanzan al feto
durante esta fase pueden provocar un aborto, una anomalía evidente
en el momento del nacimiento o un defecto permanente pero imperceptible
que resulta evidente con el paso de los años, aunque también
es posible que no provoquen ningún efecto notable. Los fármacos
administrados después de que el desarrollo de los órganos
se haya completado probablemente no causarán anomalías
congénitas evidentes, pero sí podrán alterar el
crecimiento y la función de los órganos y tejidos.
Fármacos anticancerosos
Como los tejidos del feto crecen con rapidez, sus
células, que se multiplican a gran velocidad, son muy vulnerables
a estos fármacos. Muchos son teratógenos, es decir, causan
defectos congénitos, como un lento crecimiento del útero
(retraso del crecimiento intrauterino), desarrollo incompleto de la
mandíbula, paladar hendido, desarrollo anormal de los huesos
del cráneo, defectos de columna y de oído, pies zambos
y retraso mental. Algunos fármacos anticancerosos provocan anomalías
congénitas en animales pero aún no se ha demostrado que
los provoquen en el hombre.
Talidomida
Este fármaco ha dejado de prescribirse a
las mujeres embarazadas porque causa importantes defectos de nacimiento.
Se introdujo por primera vez en Europa en 1 956, como tratamiento para
la gripe y como sedante. En 1 962, se descubrió que si las gestantes
tomaban talidomida cuando los órganos del feto estaban en desarrollo
se producían anomalías congénitas, como un desarrollo
incompleto de los brazos y de las piernas, así como malformaciones
del intestino, del corazón y de los vasos sanguíneos.
Tratamientos para la piel
La isotretinoína, utilizada para tratar la
acné grave, la psoriasis y otros trastornos cutáneos,
provoca grandes anomalías congénitas. Entre las más
significativas se destacan los defectos cardíacos, orejas pequeñas
e hidrocefalia (también llamada acumulación de agua en
el cerebro). El riesgo de anomalías congénitas es de alrededor
del 25 por ciento. El etretinato, otro fármaco que se utiliza
para tratar los trastornos cutáneos, también produce anomalías
congénitas. Como este fármaco se almacena en la grasa
que hay bajo la piel y se libera lentamente, puede seguir causando anomalías
congénitas durante 6 meses o más después de que
la mujer deje de tomarlo. En consecuencia, a las mujeres que consumen
este fármaco se les recomienda esperar al menos un año
antes de quedar embarazadas.
Hormonas sexuales
Las hormonas androgénicas (masculinizantes),
tratamiento habitual para varios trastornos sanguíneos, así
como los progestágenos sintéticos tomados durante las
primeras 12 semanas después de la fecundación provocan
masculinización de los genitales de fetos femeninos. El clítoris,
una diminuta protuberancia similar al pene en el varón, puede
aumentar de tamaño (de forma permanente, a menos que se corrija
con una intervención quirúrgica) y los labios menores,
que rodean los orificios de la vagina y la uretra, pueden llegar a adherirse
entre sí. Los anticonceptivos orales no contienen suficiente
cantidad de progesterona como para producir estos efectos.
El dietilestilbestrol (DES), un estrógeno
sintético, causa cáncer vaginal en las adolescentes cuyas
madres tomaron este fármaco durante el embarazo. Con el paso
del tiempo estas niñas pueden tener una cavidad uterina anormal,
sufrir problemas menstruales, debilidad del cuello uterino (incompetente),
que puede ser causa de abortos, y aumento de la incidencia de embarazos
ectópicos o de partos en que el feto muere poco antes de nacer
o inmediatamente después. Los niños expuestos al dietilestilbestrol
pueden tener anomalías en el pene.
Meclozina
La meclozina, que se suele tomar para los mareos
durante los viajes y para las náuseas y los vómitos, produce
anomalías congénitas en los animales, pero no se han detectado
los mismos efectos en los seres humanos.
Anticonvulsivantes
Si una mujer que padece epilepsia los toma durante
el embarazo, algunos fármacos anticonvulsivantes pueden ocasionar
paladar hendido, anomalías cardíacas, así como,
malformaciones de la cara y del cráneo, de las manos o de los
órganos abdominales en el recién nacido y también
puede provocar retraso mental. Existen dos anticonvulsivantes particularmente
peligrosos en lo que a las anomalías congénitas se refiere:
la trimetadiona, cuyo riesgo es de alrededor del 70 por ciento, y el
ácido valproico, con cerca del uno por ciento. Se cree que la
carbamazepina, otro anticonvulsivante, provoca un significativo número
de anomalías congénitas menores. Al anticonvulsivante
fenitoína se le había atribuido el desarrollo de diversas
anomalías, pero se registraron defectos similares en hijos de
mujeres epilépticas que no tomaban anticonvulsionantes.
Cómo atraviesan la placenta los
fármacos
En la placenta, la sangre materna pasa por
el espacio (espacio intervelloso) que rodea las diminutas proyecciones
(vellosidades) que contienen los vasos sanguíneos del
feto. La sangre materna que se encuentra en el espacio intervelloso
está separada de la sangre fetal que se encuentra en
las vellosidades por una delgada membrana (membrana placentaria).
Los fármacos que se encuentren en la sangre materna pueden
cruzar esta membrana hasta llegar a los vasos sanguíneos
de las vellosidades y atravesar el cordón umbilical hasta
llegar al feto.
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Los recién nacidos que antes del nacimiento
fueron expuestos a fenitoína y fenobarbital (un barbitúrico
también anticonvulsivante) pueden presentar hemorragias fácilmente,
porque estos fármacos causan una deficiencia de vitamina K, necesaria
para la coagulación. Este efecto secundario se puede evitar si
la gestante toma suplementos de esta vitamina por vía oral todos
los días durante un mes antes del nacimiento o si el recién
nacido recibe una inyección de vitamina K inmediatamente después
de nacer. Durante el embarazo, las mujeres que tienen epilepsia reciben
la menor dosis posible de anticonvulsivantes y son vigiladas de cerca.
Las mujeres con epilepsia, aunque no tomen anticonvulsivantes
durante el embarazo, tienen más probabilidades de tener recién
nacidos con anomalías congénitas que las mujeres que no
tienen epilepsia. El riesgo es aún mayor para las que tienen
convulsiones frecuentes y graves, o que presentan complicaciones del
embarazo, y en las pertenecientes a grupos de un nivel socioeconómico
bajo, ya que tienden a recibir una inadecuada atención médica.
Vacunas
Excepto en circunstancias especiales, a las mujeres
embarazadas o que podrían estarlo no se les aplican vacunas que
contengan virus vivos. La vacuna contra la rubéola, hecha con
virus vivos, puede causar infección tanto en la placenta como
en el feto en desarrollo. Las vacunas con virus vivos (como las del
sarampión, la parotiditis, la poliomielitis, la varicela y la
fiebre amarilla) y otras vacunas (como las del cólera, la hepatitis
A y B, la gripe, la peste, la rabia, el tétanos, la difteria
y la tifoidea) se administran a las mujeres embarazadas sólo
en caso de que exista un riesgo importante de infectarse con uno de
esos microorganismos.
Fármacos tiroideos
El yodo radiactivo que se administra a una mujer
embarazada para tratar una glándula tiroides hiperactiva (hipertiroidismo)
puede atravesar la placenta y destruir la glándula tiroides del
feto, o causar una disminución grave de la actividad de dicha
glándula (hipotiroidismo). El propiltiouracilo y el metimazol,
fármacos que también se usan para tratar una glándula
tiroides hiperactiva, atraviesan la placenta y pueden aumentar el tamaño
del tiroides del feto; cuando resulta necesario, el propiltiouracilo
es el más usado porque es más fácilmente tolerado
por la madre y el feto.
Hipoglucemiantes orales
Los fármacos hipoglucemiantes se emplean
para reducir los niveles de azúcar (glucosa) en sangre en las
personas que sufren de diabetes, pero no suelen controlar la diabetes
en las mujeres embarazadas y pueden ocasionar bajas muy acusadas de
glucosa en la sangre (hipoglucemia) de los recién nacidos. En
consecuencia, es preferible administrar insulina para tratar la diabetes
de las gestantes.
Analgésicos opioides y antiinflamatorios
no esteroideos
Los analgésicos opioides y los antiinflamatorios
no esteroideos (AINE), como la aspirina, llegan al feto en cantidades
significativas si son ingeridos por una mujer embarazada. Los hijos
de mujeres adictas a los analgésicos narcóticos (opioides)
pueden contraer la adicción antes del nacimiento y mostrar síntomas
de supresión entre las 6 horas y los 8 días después
del parto. La toma de grandes dosis de aspirina u otros AINE durante
el embarazo puede retrasar el comienzo del parto y también puede
provocar el cierre en el feto, antes del nacimiento, del conducto (ductus
arteriosus) que conecta la aorta y la arteria pulmonar (la arteria que
lleva sangre a los pulmones). Este conducto en general se cierra inmediatamente
después del parto. Su cierre prematuro obliga a la sangre a circular
a través de los pulmones, que aún no se han expandido
y en consecuencia, se produce una sobrecarga del sistema circulatorio
del feto.
Cuando
se administran al final del embarazo, los fármacos antiinflamatorios
no esteroideos reducen la cantidad de líquido amniótico
(el líquido que rodea al feto en desarrollo y que se encuentra
dentro del saco amniótico), lo cual constituye un efecto adverso
potencialmente peligroso. Si se toman grandes dosis de aspirina pueden
producirse hemorragias en la madre o en el recién nacido. La
aspirina, como otros salicilatos, pueden aumentar los niveles de bilirrubina
en la sangre del feto, provocando ictericia y, en ocasiones, lesiones
cerebrales.
Ansiolíticos y antidepresivos
Los ansiolíticos causan anomalías
congénitas cuando se administran durante el primer trimestre
del embarazo, a pesar de que este efecto aún no ha sido probado.
La mayoría de los antidepresivos parecen ser bastante seguros
si se usan durante el embarazo, pero el litio puede causar anomalías
congénitas (principalmente en el corazón). Los barbitúricos,
como el fenobarbital, administrados a una mujer embarazada tienden a
reducir la ligera ictericia que se observa en los recién nacidos.
Antibióticos
El tratamiento con antibióticos durante el
embarazo es una fuente potencial de problemas. Las tetraciclinas atraviesan
la placenta y se almacenan en los huesos y los dientes del feto, donde
se combinan con el calcio. Como resultado, se retarda el crecimiento
óseo, los dientes del recién nacido pueden volverse amarillentos
definitivamente y el esmalte dental puede ser blando y anormalmente
susceptible a las caries. El riesgo de anomalías dentales es
más elevado desde la mitad hasta el final del embarazo. Como
existen varios antibióticos alternativos que no suponen riesgo
alguno, durante el embarazo se evitan las tetraciclinas.
La administración de antibióticos
como estreptomicina o kanamicina durante el embarazo puede lesionar
el oído interno del feto e incluso causar sordera. El cloramfenicol
no daña al feto, pero causa una grave enfermedad en el recién
nacido conocida como síndrome del niño gris. La ciprofloxacina
no debería ser tomada durante el embarazo porque se ha demostrado
que en los animales causa anomalías en las articulaciones. En
cambio, las penicilinas parecen ser inocuas.
La mayoría de los antibióticos con
sulfonamida, administrados al final del embarazo pueden hacer que el
recién nacido desarrolle ictericia, lo cual puede ocasionar una
lesión cerebral. Sin embargo, existe un antibiótico con
sulfonamida, la sulfasalazina, que muy raramente causa este problema.
Anticoagulantes
El feto en desarrollo es extremadamente sensible
a los dicumarínicos, unos fármacos que evitan la formación
de coágulos (anticoagulantes). Hasta en una cuarta parte de los
bebés expuestos a estos fármacos durante los primeros
3 meses de embarazo, se detectan anomalías congénitas
significativas. Además, hay riesgo de que se produzca una hemorragia
tanto en la madre como en el feto. Si una mujer embarazada es propensa
a desarrollar coágulos en la sangre, la heparina es una alternativa
mucho más segura. Sin embargo, su administración prolongada
durante el embarazo puede ocasionar un descenso del número de
plaquetas en la madre (las plaquetas son partículas similares
a células que son fundamentales para la coagulación de
la sangre) o una disminución del grosor de los huesos (osteoporosis).
Fármacos para el corazón y los vasos
sanguíneos
La administración de estos fármacos
durante el embarazo es necesaria para tratar ciertos trastornos que
son crónicos o que se desarrollan durante el embarazo, como la
preeclampsia (hipertensión, presencia de proteínas en
la orina y acumulación de líquidos durante el embarazo)
y la eclampsia (convulsiones a consecuencia de la preeclampsia). Los
fármacos que hacen descender la presión arterial alta
se utilizan con frecuencia en las mujeres embarazadas con preeclampsia
o eclampsia, pero dado que alteran el funcionamiento de la placenta
se administran con gran cuidado para evitar causar problemas al feto
. En general, estos trastornos son consecuencia de un descenso demasiado
rápido de la presión arterial de la madre, que causa una
reducción notable del flujo de sangre a la placenta. Así
mismo, debe evitarse la administración de los inhibidores de
la enzima conversora de la angiotensina y los diuréticos tiacídicos,
porque pueden causar graves trastornos fetales. La digoxina, utilizada
para tratar la insuficiencia cardíaca y algunas anomalías
de la frecuencia cardíaca, atraviesa la placenta muy fácilmente,
si bien sus efectos en el bebé antes o después del parto
son muy escasos.
Algunos fármacos, como la nitrofurantoína,
la vitamina K, las sulfonamidas y el cloramfenicol, pueden causar una
destrucción de los glóbulos rojos de las gestantes y de
los fetos con deficiencia de glucosa-6-fosfatodeshidrogenasa (G6PD),
un trastorno hereditario que afecta a las membranas de los glóbulos
rojos. Por consiguiente, las mujeres con este trastorno no deben consumir
estos fármacos.
Fármacos utilizados durante el parto
Los anestésicos locales, los opiáceos
y otros analgésicos habitualmente atraviesan la placenta y pueden
afectar al recién nacido (por ejemplo, debilitando su capacidad
de respiración). En consecuencia, si es necesario utilizar fármacos
durante el parto, se administran en las menores dosis posibles y preferiblemente
en el último momento para que tengan menos probabilidades de
llegar al feto antes del nacimiento.
Drogas sociales y drogas ilícitas
Fumar durante el embarazo puede ser perjudicial.
El peso medio al nacer de los hijos de madres fumadoras durante el embarazo
es de unos 170 gramos menos que el de los hijos de las mujeres no fumadoras.
Los abortos, la muerte fetal, los partos pretérmino y el síndrome
de la muerte súbita del lactante son más frecuentes entre
los bebés de mujeres que fuman durante el embarazo.
Consumir alcohol durante el embarazo puede provocar
anomalías congénitas. Los hijos de mujeres gestantes que
toman excesivas cantidades de alcohol pueden presentar el síndrome
alcohólico fetal. Estos recién nacidos son pequeños,
suelen tener una cabeza de tamaño pequeño (microcefalia),
anomalías faciales y deficiencias mentales al límite.
Con menos frecuencia, se observan anomalías articulares y cardíacas.
El desarrollo no es adecuado y tienen más probabilidades de morir
al poco de nacer. Debido a que se desconoce la cantidad de alcohol necesaria
para causar este síndrome, se recomienda que las mujeres embarazadas
se abstengan de beber alcohol.
Los efectos de la cafeína sobre el feto son
motivo de controversia. Varios estudios sugieren que beber más
de siete u ocho tazas de café al día puede incrementar
el riesgo de muerte fetal, parto prematuro o de tener un recién
nacido de bajo peso o un aborto. Sin embargo, estos estudios no han
resultado fiables porque muchas de las mujeres que bebían café
también fumaban. Un estudio posterior, que hacía referencia
al tabaquismo, llegó a la conclusión de que los problemas
habían sido causados por el tabaco y no por la cafeína.
Por lo tanto, no se sabe con certeza si el hecho de beber mucho café
durante el embarazo afecta al recién nacido.
El aspartamo, un edulcorante artificial, parece
ser inocuo si se toma durante el embarazo, siempre y cuando se consuma
en las cantidades habituales que se aconsejan.
El consumo de cocaína durante el embarazo
incrementa el riesgo de aborto, de desprendimiento precoz de la placenta
(abruptio placentae); de anomalías congénitas en el cerebro,
riñones y órganos genitales y de disminución de
la conducta interactiva en los recién nacidos.
No se ha encontrado ninguna prueba concluyente de
que la marihuana provoque anomalías congénitas ni que
interfiera el crecimiento y desarrollo fetal. Sin embargo, algunos estudios
sugieren que un gran consumo de marihuana durante el embarazo puede
provocar un comportamiento anormal en los recién nacidos.