SECCION 22 >
PROBLEMAS DE SALUD DE LA MUJER
CAPITULO 248
Parto y alumbramiento
A pesar de que cada parto y cada alumbramiento
es distinto, la mayoría sigue un patrón general. En consecuencia,
una mujer embarazada puede tener una idea general de los cambios que
se producirán en su organismo para posibilitar el alumbramiento
y qué procedimientos se deben seguir para facilitar el proceso.
También tiene que decidir otras cuestiones, como si va a permitir
que el padre esté presente en el momento y en el lugar del parto
(un hospital, una maternidad o su propia casa).
| Etapas del parto |
Primera etapa
Desde el comienzo del parto hasta la apertura completa (dilatación)
del cuello uterino (alrededor de 10 centímetros).
|
 |
Fase inicial (latente)
Las contracciones se vuelven cada vez más
fuertes y rítmicas.
El malestar es mínimo.
El cuello uterino se estrecha y dilata alrededor de 4 centímetros.
Esta estapa dura un promedio de 8 horas y media en un primer
embarazo y 5 horas en los embarazos siguientes.
|
 |
Fase activa
El cuello uterino se dilata aproximadamente de 4 a 10 centímetros.
La parte con la que se presenta el bebé, que suele ser
la cabeza, desciende por la pelvis de la madre.
La madre comienza a sentir la necesidad de pujar mientras
el bebé desciende.
Esta fase dura alrededor de 5 horas en un primer embarazo
y 2 horas en los embarazos siguientes.
|
Segunda etapa
Desde la completa apertura del cuello uterino
hasta el parto. Esta etapa dura en promedio alrededor de
60 minutos en un primer embarazo y de 15 a 30 minutos en los
embarazos siguientes.
|
 |
Tercera etapa
Desde el nacimiento del bebé hasta
la expulsión de la placenta. Sólo suele durar
unos pocos minutos.
|
 |
Tradicionalmente, el trabajo de parto se divide en tres etapas;
sin embargo, las 4 horas inmediatamente posteriores a la expulsión
de la placenta, cuando el riesgo de hemorragia es mayor, se
denominan, por lo general, cuarta etapa del trabajo de parto.
|
Habitualmente, una futura madre desea que el padre
del bebé esté junto a ella durante el parto. El ánimo
que le pueda transmitir y su apoyo emocional pueden facilitar la
relajación y reducir la necesidad de administrar
fármacos contra el dolor. Además, el hecho de compartir
la experiencia del parto tiene beneficios emocionales y psicológicos,
como crear fuertes vínculos familiares. Las clases educativas
sobre el parto preparan tanto al padre como a la madre para tal evento.
Por otro lado, una futura madre puede preferir, en cambio la intimidad
durante el parto o el padre puede no desear estar presente, o bien otro
familiar puede resultar más apropiado. Los futuros padres pueden
decidir qué es lo mejor para ellos.
La mayoría de los partos tienen lugar en
el hospital, pero algunas mujeres desean dar a luz en sus domicilios.
Muchos médicos dudan a la hora de recomendar el parto en el hogar
porque les preocupan las complicaciones inesperadas, como un desprendimiento
precoz de la placenta, sufrimiento fetal (por lo general causado porque
el feto no recibe suficiente oxígeno durante el parto), un embarazo
múltiple inesperado, como el de gemelos, y complicaciones después
del parto, como una hemorragia (hemorragia posparto). El parto en el
domicilio sólo debería considerarse en el caso de mujeres
que ya hayan tenido al menos un embarazo y un parto sin complicaciones.
Un médico o una comadrona titulada, preferiblemente la misma
persona que se encargó de la atención prenatal, debería
ocuparse del parto. En la medida de lo posible, debería tener
lugar en un domicilio próximo a un hospital; si está demasiado
alejado, se podría utilizar la casa de un familiar o amigo. Es
importante planificar de antemano el transporte de urgencia del domicilio
al hospital en caso de que fuera necesario.
Las clínicas de maternidad están equipadas
para encargarse de embarazos normales en los que no aparecen complicaciones.
Al proporcionar un ambiente cálido y permitir que los familiares
y amigos estén presentes, estos centros permiten que las mujeres
tengan una experiencia relajada y personal del parto. Si surgen complicaciones
durante el parto, los centros suelen tener contacto con algún
hospital cercano para trasladar a la mujer de inmediato.
Muchos hospitales tienen centros de maternidad que
combinan ambientes cálidos con unas pocas reglas (como las que
limitan el número de visitantes o las horas de visita) con la
ventaja de tener un personal sanitario preparado, servicio de urgencias
y todos los medios con los que cuenta un hospital por si fuesen necesarios.
Algunos hospitales cuentan con habitaciones privadas en las que la madre
permanece desde antes del parto hasta que se le dé el alta; en
estas habitaciones tienen lugar el parto, el alumbramiento, la recuperación
y la etapa posparto.
Al margen de las decisiones que tome la mujer, el
hecho de saber a qué atenerse es una excelente preparación
para todo el proceso del parto y el alumbramiento.
Parto
El parto consiste en una serie de contracciones
uterinas rítmicas y progresivas que gradualmente hacen descender
al feto por el cuello uterino (la parte inferior del útero) y
la vagina (canal del parto) hacia el exterior.
Las contracciones provocan la dilatación
del cuello uterino, que se hace más delgado hasta que desaparece
(se borra) y llega casi a confundirse con el resto del útero.
Estos cambios permiten que el feto pase por el canal del parto.
El parto suele comenzar dentro de las 2 semanas (antes
o después) de la fecha estimada del parto. Aún se desconoce
qué es exactamente lo que desencadena el parto, pero quizá
sea la oxitocina, una hormona liberada por la glándula hipófisis,
que hace que el útero se contraiga durante el parto. El parto
no suele durar más de 12 a 14 horas en el primer embarazo de
una mujer y tiende a ser más breve, entre 6 y 8 horas de media,
en los embarazos siguientes.
El tapón mucoso (una pequeña cantidad
de sangre mezclada con mucosidad del cuello uterino) es la señal
que indica que el parto está a punto de comenzar; sin embargo,
este tapón puede ser expulsado por la vagina hasta 72 horas antes
del inicio de las contracciones. En ciertos casos, las membranas llenas
de líquido que contienen al feto se rompen antes de que comience
el parto, y dicho líquido (líquido amniótico) sale
por el cuello uterino y la vagina (proceso conocido como romper aguas).
Cuando estas membranas se rompen, la gestante debería ponerse
en contacto con su médico o con la comadrona de inmediato. Alrededor
del 80 al 90 por ciento de las mujeres cuyas membranas se han roto comienza
el parto en las 24 horas siguientes. Si no ha comenzado el parto después
de este tiempo, es necesario el ingreso en el hospital, donde se provoca
(se induce) el parto para reducir el riesgo de infección causado
por las bacterias de la vagina que entran en el útero. Las infecciones
pueden afectar a la madre o al feto. Para provocar el parto se utiliza
oxitocina u otro fármaco similar. Si el recién nacido
es prematuro, es preferible realizar una exploración exhaustiva
a la mujer antes de la provocación del parto y no se realiza
ninguna revisión ginecológica hasta después de
haber planificado el parto.
Cuando una mujer en pleno parto (con fuertes contracciones
cada 5 minutos o menos y una dilatación de más de 4 centímetros
del cuello uterino) es ingresada en el hospital, se determinan su peso,
la presión arterial, la frecuencia cardíaca y respiratoria,
y la temperatura, y se toman muestras de orina y sangre para analizarlas.
El examen del abdomen incluye la estimación del tamaño
fetal, su posición (si está mirando hacia adelante o hacia
atrás) y su presentación, es decir, si la cabeza, las
nalgas o los hombros, es lo que va por delante y va a salir primero.
El médico u otro profesional ausculta la frecuencia cardíaca
fetal con un fonendoscopio. Se observan la intensidad, duración
y frecuencia de las contracciones. Por lo general, se examina la vagina
para determinar si las membranas se han roto y el cuello uterino está
muy dilatado y borrado, pero esta revisión puede obviarse si
la mujer tiene algunas hemorragias o si las membranas se han roto de
forma espontánea. La coloración verdosa que puede presentar
el líquido amniótico una vez que las membranas se han
roto se debe a la primera defecación del feto (meconio fetal)
y puede indicar sufrimiento fetal. Por lo general, el feto expele meconio
antes del parto sólo cuando sufre o cuando su presentación
es con los glúteos por delante (presentación de nalgas).
La posición y presentación del feto
determinarán cómo va a pasar éste por la vagina.
La presentación de cabeza (vértice), que es la más
frecuente, es la mejor para un parto seguro. Durante la última
o las dos últimas semanas antes del parto, la mayoría
de los fetos se dan la vuelta para que la cabeza se presente primero.
La presentación de glúteos (nalgas) hace que el parto
sea más complicado tanto para la madre como para el feto y el
médico. Al retrasar la aparición de la cabeza del feto,
la presentación de nalgas incrementa la probabilidad de sufrimiento
fetal. Como la cabeza es más ancha que las nalgas, es más
difícil colocar la cabeza en el espacio que han dejado las nalgas
en el canal de parto que cuando sucede al revés y, en consecuencia,
es más probable que la cabeza quede atrapada. La presentación
de hombros también dificulta el paso del feto desde el útero.
No obstante, si la posición del feto es de cabeza y mira hacia
atrás (hacia la espalda de la madre) en lugar de mirar hacia
adelante, el parto es, en general, más sencillo.
Durante el parto, se suelen administrar sueros por
vía intravenosa para evitar la deshidratación. La cateterización
intravenosa también permite suministrar fármacos de forma
inmediata. La administración de sueros por vía intravenosa
permite que la mujer no coma ni beba durante el parto, por lo que tiene
menos probabilidades de vomitar y aspirar su vómito durante el
parto. La aspiración del vómito puede causar el síndrome
de Mendelson, una enfermedad potencialmente mortal en la que se inflaman
los pulmones. En general, la mujer recibe un antiácido para neutralizar
la acidez gástrica en el momento de ingresar en el hospital y
después cada 3 horas. Los antiácidos reducen el riesgo
de lesiones en los pulmones si la mujer aspira el vómito.

Durante la primera etapa del parto, a la madre se
le suele recomendar que no empuje, porque hacerlo antes de que el cuello
uterino esté abierto por completo es un derroche de energía
y además puede desgarrarlo. Aproximadamente cada 15 minutos se
controla el ritmo cardíaco de la madre y del feto. El control
de la frecuencia cardíaca del feto, que se realiza con un fonendoscopio
fetal (fetoscopio) o mediante monitorización cardíaca,
es la forma más sencilla de determinar si existe sufrimiento
fetal. Si la frecuencia cardíaca se acelera o disminuye demasiado,
el médico puede practicar una cesárea, utilizar fórceps
o tomar otras medidas correctivas, como colocar a la madre sobre su
lado izquierdo, aumentar la cantidad de líquidos intravenosos
o administrar oxígeno mediante un tubo colocado en la nariz.
Durante la segunda etapa del parto, la madre, que
es constantemente vigilada, empuja con cada contracción para
desplazar al feto por la vagina. La frecuencia cardíaca fetal
se controla después de cada contracción o cada 3 minutos,
o incluso menos si se precisa.
Alivio del dolor
Con el debido asesoramiento médico, la mujer
dispone de la información necesaria acerca de los aspectos generales
de las técnicas de alivio del dolor mucho antes del inicio del
parto. Puede elegir el alumbramiento natural, que se basa en la relajación
y en ciertas técnicas de respiración para hacer frente
al dolor, o puede decidir usar analgésicos o un tipo particular
de anestesia, si es necesario. Una vez que comienza el parto, estos
planes pueden modificarse, según cómo se desarrolle el
mismo, cómo se sienta la mujer y qué recomiende el médico
o la comadrona.
| Monitorización
fetal |
 |
La necesidad de la mujer de aliviar el dolor durante
el parto varía en gran medida y, hasta cierto punto, depende
de su nivel de ansiedad. La preparación para el parto y el alumbramiento
tanto como el apoyo emocional de quienes la asisten tienden a calmar
la ansiedad y suelen reducir la necesidad de administrar fármacos
para mitigar el dolor. De todos modos, muchas mujeres no toman ningún
fármaco.
Si una mujer solicita analgésicos durante
el parto, por lo general se atiende su requerimiento, pero en la menor
cantidad posible, porque estos fármacos pueden retrasar la respiración
y otras funciones del feto antes de nacer. El parto es un momento crítico
para el feto, ya que mientras el recién nacido se adapta rápidamente
al paso de una vida de total dependencia de la madre a una vida independiente
tienen lugar muchos cambios internos. Un recién nacido sedado
con analgésicos puede tener más dificultades para adaptarse
a la nueva situación. Por lo general para aliviar el dolor se
aplica meperidina o morfina por vía intravenosa. Como estos fármacos
pueden retrasar la fase inicial del parto, por lo general se suministran
durante la fase activa. Además, como tienen mayor efecto en los
primeros 30 minutos después de su aplicación, no se utilizan
cuando el parto es inminente. Para contrarrestar los efectos sedativos
de estos fármacos sobre el recién nacido, se puede administrar
nalaxona justo después del parto.
Si a medida que se acerca el parto es necesario
un alivio del dolor más intenso, se puede aplicar una inyección
de anestésico local en la entrada de la vagina. Ello adormece
por completo la zona dolorida pero permite que la mujer siga despierta
y no se retrasan las funciones fetales. Los métodos de anestesia
para estos casos son el bloqueo del nervio pudendo o la anestesia. El
bloqueo pudendo, un procedimiento muy utilizado, consiste en inyectar
un anestésico local a través de la pared de la vagina
para anestesiar el nervio pudendo, lo que consigue anestesiar toda el
área vaginal excepto la parte frontal de la vulva (órganos
genitales externos). Es muy útil en los partos sin complicaciones
en los que la madre desea empujar.

En caso de que la madre no quiera empujar y solicite
que alivien aún más su dolor, puede utilizarse anestesia
regional. En la mayoría de los casos, se inyecta un anestésico
local en el espacio que rodea la médula espinal (espacio epidural)
en la parte inferior de la espalda; este procedimiento recibe el nombre
de inyección lumbar epidural. Alternativamente, se administran
analgésicos opioides como fentanilo o sufentanilo mediante perfusión
continua en el espacio epidural. Estos procedimientos son muy utilizados
pero pueden aumentar la probabilidad de necesitar una cesárea,
porque la anestesia puede impedir que la mujer sea capaz de empujar
de forma adecuada. La anestesia espinal, mediante la que se inyecta
un anestésico en el canal central de la médula espinal,
es válida tanto para una cesárea como para un parto vaginal,
pero es poco utilizada porque puede producir una cafalea ligera, o a
veces grave, después del parto. Cuando se utiliza para un parto
vaginal, la anestesia espinal se aplica cuando el parto es inminente,
ya que este tipo de anestesia evita que la mujer empuje. Como la anestesia
local puede provocar un peligroso descenso de la tensión arterial,
se deben realizar controles frecuentes de la misma en la mujer.
| Episiotomía |
| Visión frontal |
Corte longitudinal |
 |
 |
La anestesia general, que provoca una ausencia pasajera
de la consciencia, no se utiliza a menos que sea imposible evitarla,
debido a que retrasa el funcionamiento del corazón, los pulmones
y el cerebro del feto y también de la madre. Se puede emplear
para cesáreas de urgencia, porque es el modo más rápido
de anestesiar a la madre.
Alumbramiento
El alumbramiento es el paso del feto y la expulsión
de la placenta (después del nacimiento) desde el útero
al exterior.
Cuando una mujer está a punto de dar a luz
en un hospital, es posible que sea trasladada desde la habitación
donde se ha iniciado el parto a la de alumbramiento, un cuarto pequeño
que sólo se utiliza para este fin, o bien puede permanecer en
la habitación anterior, aunque manteniendo el catéter
intravenoso colocado. Por lo general, es preferible que el padre u otras
personas cercanas a la futura madre la acompañen.
En la sala de alumbramiento, se coloca a la madre
en una posición semierguida, entre recostada y sentada. Su espalda
puede descansar sobre almohadas u otros elementos. La posición
semierguida hace buen uso de la gravedad, la presión hacia abajo
que ejerce el feto favorece que el canal del parto y el perineo (el
área entre la vagina y el ano) se estiren gradualmente y, por
tanto, se reduzca el riesgo de desgarro. Esta posición también
alivia la tensión sobre la espalda y la pelvis. Algunas mujeres
prefieren dar a luz recostadas; no obstante, el parto en esta posición
puede llevar más tiempo y es posible que requiera asistencia.
Por lo general, se han observado menos anomalías en la frecuencia
cardíaca de los recién nacidos cuyas madres estaban colocadas
en posición semierguida que en los de aquellas que se encontraban
totalmente recostadas.
A medida que avanza el alumbramiento, se examina
la vagina para determinar la posición de la cabeza del feto.
Se le pide a la madre que haga fuerza hacia abajo y empuje con cada
contracción para ayudar a desplazar la cabeza del feto por la
pelvis y así dilatar la apertura de la vagina para que aparezca
una porción cada vez mayor de la cabeza. Cuando se ven entre
4 o 5 centímetros de cabeza, el médico o la comadrona
coloca una mano sobre la cabeza del feto durante una contracción
para controlar y, si fuese necesario, frenar un poco su progresión.
Se hace pasar lentamente la cabeza y el mentón por la apertura
vaginal para evitar que los tejidos de la madre se desgarren. Estas
maniobras facilitan el alumbramiento.
Los fórceps (elemento metálico, similar
a unos alicates, con puntas redondeadas que se colocan alrededor de
la cabeza del bebé) permiten sacarlo con menos riesgo de lesiones
para él o para la madre. Rara vez se recurre a los fórceps
en circunstancias normales; sólo cuando la madre es incapaz de
empujar porque ha recibido una inyección epidural, cuando le
cuesta hacerlo debido a que el parto no se está desarrollando
bien o cuando existe sufrimiento fetal.
Si la dilatación de la abertura vaginal no
permite que el niño emerja y hay posibilidad de desgarro, se
realiza una episiotomía (una incisión en el perineo y
en la pared vaginal). Este procedimiento tiene la finalidad de facilitar
el parto y evitar un desgarro, que es una rotura irregular más
difícil de reparar que el breve corte en línea recta de
la incisión. Se utiliza un anestésico local para insensibilizar
la zona. A pesar de que el esfínter que mantiene el ano cerrado
(esfínter rectal) puede resultar lesionado cuando se realiza
la episiotomía o se desgarra durante el alumbramiento, generalmente
se cura sin problemas y se repara de inmediato.
Una vez que aparece la cabeza del bebé, el
cuerpo rota de lado para que los hombros puedan salir con facilidad,
uno tras otro. El resto suele salir con rapidez. En seguida se aspiran
el moco y el líquido de la nariz, boca y garganta del recién
nacido. Se colocan pinzas en dos puntos del cordón umbilical
y se corta por el medio para evitar que ninguno de los dos extremos
sangre. Luego se envuelve al recién nacido en una sábana
ligera y se coloca sobre el abdomen de la madre o en una cuna calentita.
Una vez que ha nacido el bebé, el médico
o la comadrona palpan suavemente con la mano el abdomen de la madre
para asegurarse de que el útero sigue teniendo contracciones.
Durante la primera o segunda contracción después del nacimiento,
la placenta suele desprenderse del útero y casi de inmediato
aparece una emisión de sangre. Por lo general, la madre puede
empujar por sí sola hasta lograr el desprendimiento de la placenta.
Si no es capaz de hacerlo y la hemorragia es excesiva, se ejerce una
firme presión sobre el abdomen materno, haciendo que la placenta
se desprenda del útero y salga. Si la placenta está incompleta,
se extraen las partes restantes de forma manual.
En cuanto la placenta ha salido, se administra oxitocina
a la madre y se aplican masajes periódicos sobre el abdomen para
favorecer la contracción del útero. Esta contracción
(reducción) es fundamental para evitar una posterior hemorragia
procedente de la zona uterina de la que se desprendió la placenta.
A continuación, se cose la incisión
de la episiotomía y cualquier desgarro en el cuello uterino o
la vagina. Seguidamente, se traslada a la madre a la sala de recuperación
o permanece en la habitación del parto y si el bebé no
necesita más atención médica se deja junto a su
madre. Por lo general, la madre, el bebé y el padre permanecen
juntos en una zona cálida y tranquila, durante 3 a 4 horas, para
que se inicie la formación de sus vínculos. Muchas madres
desean comenzar a amamantar al bebé poco después de su
nacimiento. Más tarde, el bebé puede ser trasladado al
pabellón de recién nacidos del hospital. En muchos hospitales
se permite que la madre pueda tener al bebé junto a ella. Los
hospitales con habitaciones de parto así lo prefieren. Al estar
junto a su madre, el bebé recibe la alimentación en cuanto
lo pide y la madre aprende a cuidar de él antes de abandonar
el hospital. Si la madre necesita reposo, se puede llevar al recién
nacido al pabellón de recién nacidos.
Debido a que la mayoría de las complicaciones,
sobre todo las hemorragias, tienen lugar en las primeras 4 horas después
del alumbramiento (la cuarta etapa del parto), durante este período
permanece en observación la madre.