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PROBLEMAS DE SALUD DE LA MUJER
CAPITULO 249
Complicaciones del parto y el alumbramiento
Por su propia naturaleza, el parto y el alumbramiento
provocan nerviosismo y ansiedad, aun cuando no surjan problemas. Una
mujer embarazada puede reducir su ansiedad y mejorar las probabilidades
de tener un final del embarazo adecuado estableciendo una buena relación
con su médico o comadrona.
Los principales problemas del parto tienen que ver
con el tiempo y el orden que requiere cada fase. Puede que el parto
no comience cuando las membranas que contienen al feto se rompen (rotura
prematura de las membranas), o bien puede empezar antes de las 37 semanas
de embarazo (parto pretérmino) o más de 2 semanas después
de la fecha estimada de parto (embarazo postérmino). Así
mismo, pueden ser problemas añadidos los trastornos médicos
de la madre o el feto, un desarrollo del parto lento o una posición
anormal del feto. Otros signos de peligro incluyen una excesiva hemorragia
vaginal y una frecuencia cardíaca anormal del feto. Los problemas
graves son relativamente raros y, a menudo, pueden preverse, pero algunos
pueden aparecer de forma inesperada y repentina. Preferentemente, deben
detectarse con antelación para poder indicar el tratamiento más
apropiado y así asegurar un buen final.
Rotura prematura de las membranas
Se denomina rotura prematura de membranas a la rotura
de las membranas llenas de líquido que contienen al feto que
se produce una hora o más antes del inicio del parto.
La rotura de las membranas, prematura o no, comúnmente
se denomina "romper aguas". El líquido que se encuentra
dentro de las membranas (líquido amniótico) sale por la
vagina.
En el pasado, si las membranas se rompían
de forma prematura, se hacía todo lo posible para provocar el
parto a fin de evitar las infecciones, que podían afectar a la
madre o al feto. Sin embargo, esto ya no es necesario porque el riesgo
de infección se reduce disminuyendo la cantidad de exploraciones
ginecológicas después de romper aguas. En una única
revisión con un espéculo (un instrumento que separa las
paredes de la vagina), se puede comprobar la rotura de las membranas,
estimar la dilatación del cuello uterino y recoger líquido
amniótico de la vagina. Si el análisis del líquido
amniótico indica que los pulmones del feto están lo bastante
desarrollados, se provoca el parto. Si los pulmones del feto no están
desarrollados, se intenta retrasar el parto hasta que lo estén.
Se recomienda reposo en cama y se administran líquidos
por vía intravenosa para retrasar el alumbramiento en el 50 por
ciento de las mujeres, pero algunas también necesitan tomar algún
fármaco que inhiba las contracciones uterinas, como el sulfato
de magnesio administrado por vía intravenosa, terbutalina aplicada
con una inyección subcutánea o por vía oral o,
en raras ocasiones, ritodrina por vía intravenosa. La mujer es
hospitalizada y permanece en cama, pero puede levantarse para ir al
cuarto de baño. Se controla su temperatura y pulso al menos dos
veces al día, ya que un aumento en la temperatura o en la frecuencia
cardíaca puede ser un primer signo de infección. Si aparece
una infección, se provoca el parto para que nazca el bebé.
Si el líquido amniótico deja de salir y las contracciones
se detienen, se da el alta a la paciente, pero debe permanecer en cama
y debe ser visitada al menos una vez a la semana.
Parto pretérmino
El parto antes de término es el que comienza
antes de la semana 37 de embarazo.
Como los bebés nacidos prematuramente pueden
tener problemas de salud, los médicos intentan detener el parto
anticipado. El parto pretérmino es difícil de detener
si se produce hemorragia vaginal o las membranas que contienen al feto
se rompen. Si no se produce la hemorragia vaginal y las membranas no
dejan escapar líquido amniótico, el reposo en cama con
líquidos administrados por vía intravenosa es útil
en un 50 por ciento de los casos. Sin embargo, si el cuello uterino
se dilata más de 5 centímetros, el de parto habitualmente
sigue su curso hasta que nace el bebé.
El sulfato de magnesio aplicado por vía intravenosa
detiene el parto en hasta el 80 por ciento de las mujeres, pero puede
producir efectos secundarios, como aceleración de la frecuencia
cardíaca en la mujer, en el feto o en ambos. La terbutalina administrada
mediante una inyección subcutánea también puede
utilizarse para detener el parto. Mientras se detiene el parto anticipado,
la mujer puede recibir un corticosteroide como la betametasona para
dilatar los pulmones del feto y reducir el riesgo de que presente problemas
respiratorios (síndrome de distrés respiratorio neonatal)
después de nacer.
Embarazo postérmino y posmadurez
Un embarazo después de término es
el que continúa más allá de las 42 semanas. La
posmadurez es un síndrome en el que la placenta comienza a dejar
de funcionar normalmente en un embarazo postérmino y pone en
peligro al feto.
En ocasiones, es difícil determinar cuándo
han pasado las 42 semanas, porque no siempre es posible establecer la
fecha precisa de la concepción debido a que los ciclos menstruales
son irregulares o a que la paciente no está segura del tiempo
que transcurre entre ellos. Por ejemplo, si los ciclos menstruales de
la mujer son de 35 días o más, el parto puede parecer
retrasado aunque en realidad no sea así. Al comienzo del embarazo,
una ecografía, que es segura e indolora, facilita la determinación
de la duración del embarazo. Posteriormente, pero antes de las
32 semanas (preferentemente entre la 18 y la 22), es útil realizar
una serie de ecografías destinadas a medir el diámetro
de la cabeza del feto, lo cual puede ayudar a confirmar la duración
del embarazo. Después de las 32 semanas, la determinación
de la duración del embarazo mediante ecografías puede
arrojar un error de 3 semanas en uno u otro sentido.
Si el embarazo continúa más allá
de la semana 42 desde el primer día del último ciclo menstrual,
se estudia a la madre y al feto en busca de signos de posmadurez: como
una reducción del tamaño del útero y de la movilidad
fetal. Las pruebas se inician a las 41 semanas para evaluar el movimiento
del feto y su frecuencia cardíaca, así como la cantidad
de líquido amniótico, que son parámetros que decrecen
notablemente en los embarazos posmaduros. Se compara el tamaño
de la cabeza del feto con el de su abdomen. Para confirmar un diagnóstico
de posmadurez, se puede realizar una amniocentesis (extracción
y análisis del líquido amniótico). Una indicación
de posmadurez es el hallazgo de una coloración verdosa del líquido
amniótico, causada por la materia fecal del feto (meconio); ello
indica sufrimiento fetal.
Mientras la evaluación no detecte signos
de posmadurez, puede dejarse que el embarazo postérmino sigua
adelante. Sin embargo, si la evaluación da resultados positivos,
se provoca el parto. En el caso de que el cuello uterino no sea lo bastante
flexible como para que el feto lo atraviese, se realiza una cesárea
(alumbramiento quirúrgico realizado mediante una incisión
en el abdomen y el útero de la madre).
Parto demasiado lento
Cada hora, el cuello uterino debería dilatarse
al menos un centímetro y la cabeza del feto debería descender
por la pelvis al menos en esa misma proporción. Si esto no sucede,
puede que el feto sea demasiado grande para avanzar por el canal del
parto y, en consecuencia, es necesario realizar una cesárea o
usar fórceps. Si el canal del parto es lo bastante grande para
el feto, pero el parto no avanza con la velocidad que debería,
se administra a la madre oxitocina intravenosa para estimular la aparición
de contracciones uterinas más intensas. Si la oxitocina no da
resultado, se realiza una cesárea.
Frecuencia cardíaca anormal
Durante el parto, se controla la frecuencia cardíaca
fetal cada 15 minutos con un fonendoscopio fetal (fetoscopio) o continuamente
mediante una monitorización cardíaca fetal electrónica.
El registro continuo de la frecuencia cardíaca es la manera más
sencilla de determinar si existe sufrimiento fetal. Si se detecta una
anomalía significativa, las medidas correctivas suelen ser efectivas
(como dar más oxígeno a la madre, incrementar la cantidad
de líquidos por vía intravenosa y hacer que la madre se
tumbe sobre su lado izquierdo). Si no es así, el bebé
se saca con fórceps o mediante una cesárea.
Problemas respiratorios
En raras ocasiones, el recién nacido no comienza
a respirar, a pesar de que antes del parto no se hayan detectado problemas.
Por este motivo, el personal médico que asiste el parto debe
tener experiencia en la reanimación respiratoria de recién
nacidos.
Posición anormal del feto
Una posición anormal es aquella en la que
el feto ocupa más espacio mientras se desplaza por el canal del
parto que cuando se encuentra en posición normal, es decir, mirando
hacia atrás con la cabeza hacia la salida.
Posición y presentación
del feto
La posición del feto normal es cabeza
abajo y mirando hacia atrás (hacia la espalda de la madre)
con el cuello flexionado; la presentación es cefálica.
Una posición menos común es mirando hacia abajo,
y las presentaciones anormales incluyen las de cara, frente,
nalgas y hombro.
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En una descripción de un feto dentro del útero,
la posición hace referencia a la dirección a la que apunta
el feto, y la presentación detalla la parte del cuerpo que sale
primero por el canal del parto. La combinación más segura
y frecuente es la del feto que mira hacia atrás (en dirección
a la espalda de la madre), con la cara vuelta hacia la derecha o la
izquierda, y la cabeza primero (presentación cefálica),
con el cuello doblado hacia adelante, el mentón hundido y los
brazos cruzados sobre el pecho. Si el feto se encuentra en una posición
o presentación diferente, el parto puede ser más difícil
y quizá no sea posible el alumbramiento por la vagina.
El feto puede mirar hacia adelante, en general con
el cuello estirado (en extensión). En esta posición, la
cabeza necesita más espacio para atravesar el canal del parto,
por lo que el parto puede prolongarse y el alumbramiento se vuelve difícil.
Tras evaluar el problema, el médico decide si usar fórceps
o realizar una cesárea. En la presentación de cara, el
cuello se arquea hacia atrás y, en consecuencia, lo que primero
aparece es el mentón; si éste está colocado hacia
atrás porque el cuello está en flexión y sigue
en esa posición, el parto vaginal no puede llevarse a cabo. En
la presentación de frente, el cuello está moderadamente
arqueado y lo que primero se presenta es la frente. Por lo general,
los fetos no mantienen todo el tiempo esta posición, pero si
lo hacen, tampoco podrán nacer por vía vaginal.
La presentación de nalgas es una anomalía
en la que las nalgas del feto se presentan primero en lugar de hacerlo
la cabeza. Las lesiones del feto, incluyendo la muerte, ya sea antes,
durante o después del parto, se producen cuatro veces con más
frecuencia con las presentaciones de nalgas que con las cefálicas
(sobre todo porque las presentaciones de nalgas son mucho más
frecuentes en un parto pretérmino o cuando el feto tiene anomalías
congénitas). Las complicaciones sólo se pueden evitar
si el problema se detecta antes del nacimiento. En ciertos casos, se
puede girar al feto hasta llevarlo a una posición cefálica
presionando el abdomen de la madre antes de que comience el parto, por
lo general a las 37 o 38 semanas de embarazo.
Como las nalgas son más estrechas que la
cabeza, el conducto que dejan las nalgas en el canal del parto no es
lo bastante grande como para que la cabeza pase. Además, ésta
no puede moldearse para que quepa y encaje en el canal de nacimiento.
Por consiguiente, el organismo del niño puede estar fuera mientras
la cabeza queda atrapada dentro de la madre. Como resultado, la médula
espinal u otros nervios pueden sufrir estiramientos y derivar en lesiones
nerviosas. Cuando por primera vez se ve el ombligo del bebé fuera
de la madre, el cordón umbilical está comprimido entre
la cabeza y el canal del parto, por lo que el niño recibe muy
poco oxígeno en esos momentos. Las lesiones cerebrales causadas
por falta de oxígeno son más frecuentes en los fetos que
se presentan de nalgas que en los que lo hacen de cabeza. En un primer
parto, estos problemas empeoran porque los tejidos de la madre no se
han estirado por partos previos. Como el niño podría morir,
muchos médicos recomiendan practicar una cesárea tanto
para la mayoría de los casos de presentación de nalgas
en los primeros embarazos, como para todas las presentaciones de nalgas
de los partos pretérmino.
En ocasiones, un feto cruzado horizontalmente en
el canal de nacimiento se presenta de hombros. En estos casos, por lo
general, se practica una cesárea, a menos que el feto sea el
segundo de un par de gemelos (en cuyo caso se modifica la posición
del feto para que nazca por vía vaginal).
Gemelos
En 1 de cada 70 a 80 partos nacen gemelos. El mejor
método para identificarlos es la ecografía, aunque también
puede realizarse una monitorización fetal electrónica
que revele dos latidos cardíacos diferentes. Los gemelos producen
una mayor dilatación de la cavidad del útero y la sobredistensión
uterina tiende a producir un adelantamiento de las contracciones antes
del final del embarazo. Como resultado, los gemelos suelen nacer prematuramente
y son pequeños. Debido a que pueden tener varias posiciones y
presentaciones, el parto puede complicarse. La contracción del
útero después del nacimiento del primer gemelo tiende
a desprender la placenta al segundo. Como resultado, el segundo gemelo
suele tener más problemas durante el parto y corre un mayor riesgo
de sufrir lesiones o de morir.
En algunos casos, el útero sobredistendido
no se contrae bien después del parto y causa hemorragia en la
madre. Cuando hay gemelos el médico debe decidir con antelación
el parto vaginal o mediante una cesárea; incluso puede optar
por un parto vaginal para el primer gemelo y realizar una cesárea
para el segundo.
Distocia de hombro
La distocia de hombro es una complicación
poco frecuente, que ocurre en alrededor de 1 de cada 1 000 presentaciones
cefálicas, en la que el hombro del feto está empotrado
contra el hueso púbico y queda atascado en el canal del parto.
Cuando la cabeza asoma al exterior, parece que algo
tire de ella un poco hacia atrás en el orificio vaginal. El tórax
resulta comprimido por el canal del parto y la boca queda cerrada debido
a la presión ejercida contra el orificio vaginal, por lo que
resulta difícil para el médico colocar un tubo de respiración.
Como resultado, el feto no puede respirar y se produce un déficit
de oxígeno durante 4 a 5 minutos. Esta complicación es
más frecuente cuando se trata de fetos grandes, en particular
cuando se necesita usar fórceps antes de que la cabeza haya descendido
por completo por el canal del parto. Sin embargo, la distocia de hombros
no se produce en todos los casos de fetos grandes.
Rápidamente, el médico prueba varias
técnicas para desatascar el hombro y lograr que el bebé
nazca por vía vaginal. Si éstas fracasan, el bebé
rara vez puede ser empujado hacia atrás para que vuelva a la
vagina y pueda nacer por cesárea.
Prolapso del cordón umbilical
Un cordón umbilical prolapsado es una rara
complicación, que tiene lugar en alrededor 1 de cada 1 000 partos,
en la que el cordón umbilical precede al bebé en su paso
por el canal del parto.
Cuando el bebé sale por el estrecho canal
del parto, se produce una compresión del cordón prolapsado
y el bebé deja de recibir sangre. Esta complicación puede
ser evidente o pasar desapercibida (oculta).
El prolapso es evidente cuando las membranas se
han roto y el cordón umbilical sale hacia la vagina antes de
que el bebé emerja. Suele tener lugar cuando la presentación
es de nalgas, pero también se produce cuando el bebé emerge
de cabeza, en particular si hay una rotura prematura de las membranas
o el feto no ha descendido hasta la pelvis. Si el feto no ha descendido,
el flujo de líquido producido por la rotura de las membranas
desplaza primero al cordón y después al feto. Éste
es uno de los motivos por los que el médico no rompe las membranas
a menos que la cabeza haya descendido hasta la pelvis. Si se produce
un prolapso del cordón, es necesario que el alumbramiento sea
inmediato (en general mediante cesárea) para evitar que el feto
resulte lesionado a causa de la falta de sangre. Hasta que se inicie
la intervención quirúrgica, la enfermera o el médico
sostienen al recién nacido apartado del cordón para que
no se interrumpa el flujo de la sangre por el cordón prolapsado.
Cordón umbilical alrededor del cuello
del feto
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En el prolapso oculto, las membranas están
intactas y el cordón se encuentra frente al feto o atrapado contra
su hombro. Por lo general, el prolapso oculto se identifica gracias
a un patrón anormal en la frecuencia cardíaca fetal. El
problema se soluciona cambiando la posición de la madre o levantando
la cabeza del feto para aliviar la presión sobre el cordón.
En ocasiones, se debe practicar una cesárea.
Embolia de líquido amniótico
La embolia de líquido amniótico es
la obstrucción de una arteria pulmonar de la madre por el líquido
amniótico (el líquido que rodea al feto en el útero).
En alguna rara ocasión un émbolo (una
masa de material extraño en el torrente sanguíneo) formado
por líquido amniótico entra en la circulación sanguínea
materna, por lo general, en el curso de un parto especialmente complicado
con rotura de membranas. El émbolo va hacia los pulmones de la
madre y obstruye una arteria; este bloqueo recibe el nombre de embolia
pulmonar. Ello puede provocar aceleración de la frecuencia cardíaca,
irregularidad en el ritmo cardíaco, colapso, shock, o incluso
parada cardíaca y muerte. Si la madre sobrevive, la formación
de coágulos sanguíneos dispersos en el torrente sanguíneo
(coagulación intravascular diseminada) es una complicación
habitual, que requiere una asistencia urgente.
Hemorragia uterina
La hemorragia uterina es la mayor preocupación
una vez que el bebé ha nacido. Por lo general, la madre pierde
alrededor de medio litro de sangre durante el parto porque los vasos
sanguíneos se desgarran cuando la placenta se separa del útero.
Las contracciones del útero permiten que estos vasos se cierren
y curen. En consecuencia, la pérdida de sangre puede ser mayor
si el útero no se contrae o si una parte de la placenta sigue
dentro del útero después del parto, evitando que éste
se contraiga por completo. Un desgarro en la vagina o del cuello uterino
también puede causar una hemorragia grave.
Procedimientos
Si surgen complicaciones durante el parto y el alumbramiento,
se recurre a procedimientos como la inducción del parto, el parto
con fórceps, o con extracción mediante vacío o
una cesárea.
Inducción del parto
La inducción del parto consiste en iniciarlo
de forma artificial. La aceleración del trabajo del parto requiere
las mismas técnicas y fármacos que la inducción,
pero la diferencia con ésta es que aquél se realiza una
vez que el parto se ha iniciado espontáneamente.
Por lo general, sólo se recurre a la inducción
cuando la madre tiene algún problema obstétrico o cuando
ella o el feto presentan algún problema médico. Si el
embarazo sigue su curso con normalidad, el parto rara vez es inducido,
excepto en los casos en que la mujer tiene dificultades para llegar
al hospital a tiempo para el parto. A menudo, estas mujeres ingresan
en el hospital poco antes de la fecha estimada de nacimiento. Establecer
esta fecha con precisión es importante; por lo que el médico
puede recetar pruebas como la amniocentesis, para determinar exactamente
la madurez del feto antes de provocar el parto.
Generalmente, el parto es inducido mediante la administración
de oxitocina, una hormona que aumenta la intensidad de las contracciones
del útero. Se administra por vía intravenosa con una bomba
de perfusión, para que la cantidad de fármaco pueda ser
controlada con precisión. Durante la inducción y el parto,
se registra electrónicamente la frecuencia cardíaca fetal;
primero, de forma externa, colocando el monitor sobre el abdomen de
la mujer y después, en cuanto las membranas pueden romperse sin
correr riesgos, se introduce el aparato registrador en la vagina y se
pega al cuero cabelludo del feto. Si la inducción no da resultado,
se practica una cesárea.
La estimulación del parto con oxitocina está
indicada cuando la paciente tiene contracciones que no consiguen hacer
avanzar al feto por el canal del parto. Sin embargo, si una mujer se
encuentra en la fase inicial del parto (cuando el cuello uterino está
apenas dilatado y las contracciones son irregulares), el descanso, caminar
y el apoyo psicológico constituyen el mejor tratamiento para
estimular el parto.
En ocasiones, la mujer tiene contracciones demasiado
intensas, demasiado próximas entre unas y otras o también
intensas y muy próximas. Este trastorno, llamado parto disfuncional
hipertónico, es difícil de controlar. Si estas contracciones
son provocadas por la administración de oxitocina, ésta
se suspende de inmediato. La mujer puede ser colocada en otra posición
y recibir analgésicos. Así mismo, pueden administrarse
fármacos como terbutalina o ritodrina, que ayudan a interrumpir
o a desacelerar las contracciones.
Extracción con fórceps y con vacío
El fórceps es un instrumento quirúrgico
metálico, similar a unos alicates, con puntas redondeadas que
se colocan alrededor de la cabeza del feto. Un extractor por vacío
es una pequeña copa hecha de un material similar a la goma (silástico),
que se conecta a un generador de vacío, se introduce en la vagina
y se coloca sobre la cabeza del feto.
Fórceps y extractor por vacío
Los fórceps o el extractor por vacío
se utilizan para asistir el parto. El fórceps se coloca
alrededor de la cabeza del bebé. El extractor por vacío
cuenta con un pequeño cuenco hecho de un material similar
a la goma que se adhiere a la cabeza cuando se inicia la aspiración.
Con cualquiera de estos elementos, el niño sale suavemente
del cuerpo de su madre mientras ella empuja.
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En ciertos casos los fórceps se utilizan para
facilitar el parto o guiar la cabeza del feto. Se necesitan fórceps
si existe sufrimiento fetal, cuando el parto es prolongado o la posición
del feto es anormal. Ocasionalmente, el parto se prolonga cuando la
anestesia impide que la madre empuje de forma adecuada. En todos estos
casos, un médico opta entre usar fórceps y realizar una
cesárea. Si se intenta realizar el parto con fórceps pero
resulta demasiado difícil (el médico no puede tirar más
fuerte sin dañar el feto), se recurre a la cesárea.
Una alternativa al fórceps es un extractor
por vacío, un dispositivo que aplica una succión sobre
la cabeza del feto y permite una extracción suave del bebé.
Los fórceps pueden dañar la cara del
recién nacido o desgarrar la vagina de la madre, mientras que
un extractor por vacío puede producir un desgarro del cuero cabelludo
del recién nacido. De todos modos, estas lesiones son poco frecuentes.
Cesárea
La cesárea es el parto quirúrgico
mediante una incisión realizada en el abdomen y el útero
de la madre.
Se recurre a este procedimiento cuando los médicos
consideran que es más seguro que el parto vaginal para la madre,
el bebé o ambos. En algunos países hasta un 22 por ciento
de los partos son por cesárea. El personal sanitario que participa
en esta intervención son un obstetra, un anestesista, enfermeras
y un especialista en trastornos del recién nacido (neonatólogo)
o un profesional experimentado en la reanimación neonatal. La
práctica de la cesárea es segura debido a los avances
médicos en diversos campos como la anestesia, los fármacos
intravenosos, los antibióticos y las transfusiones de sangre.
De forma precoz tras la cirugía se debe hacer andar a la madre
para reducir el riesgo de embolia pulmonar en la que los coágulos
de sangre formados en las piernas o en la pelvis llegan a los pulmones
y obstruyen las arterias de la zona. El parto por cesárea causa
más dolor después de la operación que un parto
vaginal y además requiere una estancia más prolongada
en el hospital.
La incisión se realiza en la parte superior
del útero (incisión clásica) o en la inferior (incisión
en el segmento inferior). Por lo general, sólo se realiza una
incisión clásica cuando la placenta tiene una posición
anormal (una complicación llamada placenta previa) o cuando el
feto queda atravesado horizontalmente en el canal del parto. La pérdida
de sangre es mayor que cuando la incisión se efectúa sobre
el segmento inferior porque la parte superior del útero tiene
más vasos sanguíneos. Además, la cicatriz es más
débil, por lo que tiene un poco más de probabilidades
de abrirse en embarazos subsiguientes. La incisión en el segmento
inferior puede ser horizontal o vertical; en la mayoría de los
casos se utiliza la horizontal. Habitualmente, la incisión vertical
se efectúa cuando el feto se encuentra en una posición
anormal.
Por lo general, las mujeres a las que se les ha
realizado una incisión en el segmento inferior tienen la posibilidad
de elegir entre tener un parto vaginal u otra cesárea; el parto
vaginal es posible en alrededor de tres cuartas partes de estas mujeres.
Sin embargo, el parto vaginal debería ser realizado sólo
en instituciones preparadas para realizar cesáreas, porque existe
una pequeña posibilidad de que la incisión previa se abra
durante el parto.