SECCION 23 >
PROBLEMAS DE SALUD EN LA INFANCIA
CAPITULO 264
Cáncer en la infancia
El cáncer es una enfermedad rara en
los niños, que afecta a uno de cada 5 000 al año. El cáncer
infantil es diferente del cáncer del adulto. Muchos cánceres
de la niñez se manifiestan raramente en los adultos. Además,
a diferencia de muchos cánceres del adulto, los infantiles se
curan mejor. Tres cánceres infantiles relativamente frecuentes
son el tumor de Wilms, el neuroblastoma y el retinoblastoma. Algunos
otros, entre los que se cuentan la leucemia, el linfoma, y los tumores
cerebrales, también son relativamente frecuentes en los niños.
Tumor de Wilms
El tumor de Wilms (nefroblastoma) es un cáncer
en los riñones que puede aparecer en el feto y ser asintomático
durante años tras el nacimiento.
El tumor de Wilms, habitualmente, se manifiesta
en menores de 5 años, aunque, de vez en cuando, aparece en niños
mayores y raramente en adultos. La causa del tumor de Wilms se desconoce,
aunque, en algunos casos, puede tener su origen en una anomalía
genética. Los niños con ciertos defectos de nacimiento,
como ausencia de iris o crecimiento excesivo de un lado del cuerpo,
cuya causa puede ser una anomalía genética, tienen más
riesgos de desarrollar un tumor Wilms.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas incluyen dilatación abdominal
(por ejemplo, la rápida necesidad de cambiar el tamaño
del pañal), dolor abdominal, fiebre, falta de apetito, náuseas
y vómitos. Hay sangre en la orina entre el 15 y el 20 por ciento
de los casos. El tumor de Wilms puede elevar la presión arterial.
Este cáncer puede extenderse a otras partes del cuerpo, sobre
todo a los pulmones, produciendo tos y ahogo.
Habitualmente se puede palpar un bulto (masa) en
el abdomen del niño. Si se sospecha un tumor de Wilms, puede
practicarse una ecografía, una tomografía computadorizada
(TC) o una imagen de resonancia magnética (RM) para determinar
la naturaleza y el tamaño de la protuberancia.
Pronóstico y tratamiento
El pronóstico depende de la apariencia microscópica
del tumor, de su extensión en el momento del diagnóstico
y de la edad del niño. Los niños más pequeños,
con tumores más reducidos, y los niños cuyo tumor no se
ha extendido presentan mejor pronóstico. El tumor de Wilms puede
curarse. Tiene un pronóstico muy bueno incluso en niños
mayores y en niños con tumores extendidos.
Si los médicos piensan que el tumor puede
ser extirpado, se interviene quirúrgicamente poco después
del diagnóstico. Durante la operación, se examina el otro
riñón, como medida de precaución, para determinar
si también existe un tumor en él. En aproximadamente el
4 por ciento de los casos, el nefroblastoma se manifiesta simultáneamente
en ambos riñones. Pueden utilizarse los fármacos anticancerosos
actinomicina D, vincristina y doxorubicina, al igual que terapia de
radiación, dependiendo de la extensión del cáncer.
Neuroblastoma
Un neuroblastoma es un cáncer frecuente en
la niñez, que crece en partes del sistema nervioso.
El neuroblastoma puede desarrollarse en un cierto
tipo de tejido nervioso en cualquier parte del cuerpo. Habitualmente
se origina en nervios del pecho o del abdomen, con mayor frecuencia
en las glándulas suprarrenales (localizadas sobre cada riñón).
El neuroblastoma se origina muy raramente en el cerebro. Aproximadamente
el 75 por ciento de todos los neuroblastomas se manifiesta en niños
menores de 5 años. Aunque la causa se desconoce, este cáncer
se encuentra a veces presente en la familia.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas dependen de dónde se
originó el neuroblastoma y de su extensión. Los primeros
síntomas, en muchos niños, incluyen abdomen grande, sensación
de estar llenos, y dolor abdominal. Los síntomas también
pueden guardar relación con la extensión del tumor. Por
ejemplo, el cáncer que ha invadido los huesos es doloroso; el
que ha invadido la médula ósea puede reducir los valores
de glóbulos rojos (causando anemia), la cantidad de plaquetas
(causando contusiones) o la cantidad de glóbulos blancos (reduciendo
las defensas contra las infecciones). El cáncer puede extenderse
a la piel, donde produce nódulos, o a la médula espinal,
pudiendo debilitar los brazos o las piernas. Aproximadamente el 90 por
ciento de los neuroblastomas produce hormonas, como la adrenalina, que
pueden aumentar el ciclo cardíaco y causar ansiedad.
No es fácil obtener un diagnóstico
prematuro de un neuroblastoma. Si el cáncer crece lo suficiente,
el médico podrá palpar un bulto (masa) en el abdomen.
Si sospecha la presencia de un neuroblastoma puede prescribir una ecografía,
una tomografía computadorizada (TC) o una imagen de resonancia
magnética (RM) del pecho y del abdomen. Se puede efectuar un
análisis de orina para detectar una producción excesiva
de hormonas similares a la adrenalina. Si el cáncer se ha extendido,
el médico puede encontrar indicios en las radiografías
o en las muestras de tejido del hígado, pulmón, piel,
médula ósea o hueso tomadas para la biopsia (examen al
microscopio).
Pronóstico y tratamiento
El pronóstico depende de la edad del pequeño,
del tamaño del tumor y de si éste se ha extendido. Los
niños menores de un año y los que presentan tumores pequeños
tienen muy buen pronóstico. Un tratamiento a tiempo es la mejor
esperanza de curación. Si el cáncer no se ha extendido,
habitualmente puede extirparse mediante cirugía. Si el cáncer
es grande o se ha extendido, pueden utilizarse medicamentos anticancerosos
como la vincristina, la ciclofosfamida, la doxorubicina y la cisplatina,
al igual que la radioterapia. En niños mayores, el índice
de curación es bajo si el cáncer se ha extendido.
Retinoblastoma
Un retinoblastoma es un cáncer de la retina,
el área sensible a la luz ubicada en la parte posterior del ojo.
Los retinoblastomas representan aproximadamente
el dos por ciento de los cánceres infantiles. Aproximadamente
el 10 por ciento de los niños con retinoblastomas tiene parientes
con este tipo de cáncer y heredan el gen de sus padres. Otro
20 o 30 por ciento de niños tiene cáncer en ambos ojos,
lo cual indica que han adquirido el gen como nueva mutación.
Un total combinado de aproximadamente 30 o 40 por ciento de niños
con retinoblastoma tiene el gen del retinoblastoma, y puede contagiar
a sus propios hijos.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas de un retinoblastoma pueden
incluir la pupila blanca o estrabismo (ojos cruzados). Sin embargo,
son más frecuentes otras causas de pupila blanca o de estrabismo.
Los retinoblastomas tienden a producir otros síntomas. Si el
médico sospecha la presencia de un retinoblastoma, se examinan
ambos ojos bajo anestesia general. Este tipo de anestesia es necesario
porque los niños pequeños no pueden colaborar en el examen
cuidadoso y prolongado que se requiere para diagnosticar un retinoblastoma.
El cáncer también puede ser detectado con una tomografía
computadorizada (TC).
Se analiza, por un lado, una muestra de líquido
cefalorraquídeo para detectar células cancerígenas,
puesto que los retinoblastomas pueden extenderse al cerebro a través
del nervio óptico (el nervio que va del ojo al cerebro) y, por
otro, una muestra de médula ósea, ya que el tumor puede
extenderse a la misma.
Pronóstico y tratamiento
Los retinoblastomas que se localizan en el ojo se
curan en más de un 90 por ciento de los casos. Cuando el cáncer
afecta sólo a un ojo, se extirpa todo el ojo, junto con parte
del nervio óptico. Cuando el cáncer afecta a ambos ojos,
se utilizan técnicas microquirúrgicas especiales para
extirpar o destruir el tumor, a fin de no tener que extirpar ambos ojos.
Alternativamente, se puede extirpar un ojo y usar otras técnicas,
como radioterapia y microcirugía, para controlar el tumor del
otro ojo. Pueden suministrarse fármacos anticancerosos (quimioterapia),
sobre todo si la extensión del tumor excede al ojo. Los ojos
se vuelven a examinar cada 2 o 4 meses. La quimioterapia puede reiterarse
si el cáncer es recurrente.
Los niños con el tipo de retinoblastoma hereditario
corren un alto riesgo de padecer cáncer recurrente. Además,
el 70 por ciento de los pacientes con retinoblastoma hereditario desarrolla
un segundo cáncer en los 30 años posteriores al diagnóstico.
El médico puede recomendar que los familiares directos de cualquier
niño con retinoblastoma se sometan al examen de, al menos, un
ojo. Otros niños pequeños de la familia deben ser examinados
para detectar retinoblastomas, y los adultos deben someterse a revisión
para detectar retinocitomas, tumor no canceroso originado por el mismo
gen. Los miembros de una familia sin evidencia de cáncer pueden
someterse a un análisis de ADN para ver si son portadores del
gen del retinoblastoma.