SECCION 23 >
PROBLEMAS DE SALUD EN LA INFANCIA
CAPITULO 266
Trastornos de la nutrición
Desde una perspectiva mundial, la desnutrición
es una de las causas principales de muerte y de mala salud en los niños.
Puede ser causada por ingestión de comida inapropiada o inadecuada,
o bien por una incapacidad para absorber o metabolizar los nutrientes.
La desnutrición puede producirse cuando aumentan las necesidades
de nutrientes esenciales (por ejemplo, en momentos de estrés,
infección, lesión o enfermedad).
La desnutrición de energía derivada
de las proteínas es una de las más graves. Aparece en
los bebés con una lactancia o con una dieta de destete inadecuadas.
Este tipo de malnutrición es relativamente frecuente en países
en vías de desarrollo, mientras que, en los países industrializados,
se presentan formas leves, en familias con escasos recursos económicos.
Como parte del cuidado sistemático, el médico
pregunta al niño mismo o a los padres acerca de la dieta y de
las intolerancias alimentarias y examina al pequeño para detectar
signos de una deficiencia nutritiva o trastornos que interfieran la
nutrición, como malabsorción, enfermedad renal, diarrea
y enfermedades metabólicas o genéticas. El médico
evalúa el crecimiento del niño observando cambios en la
estatura y en el peso y comparándolos con curvas de crecimiento
normales. Si se teme una desnutrición, el diagnóstico
puede confirmarse realizando análisis de sangre o de orina para
medir los valores de nutrientes.
Las carencias vitamínicas son raras en los
bebés y en los niños de países industrializados.
Las más frecuentes son las de vitamina E, K, C (escorbuto infantil)
o de ácidos grasos esenciales.
Deficiencia de vitamina E
La deficiencia de vitamina E es relativamente frecuente
en los niños prematuros porque la placenta no transmite las vitaminas
liposolubles, como la vitamina E, de manera correcta y porque el carácter
prematuro acentúa la carencia resultante de una transmisión
deficiente. Una fórmula con alto contenido en ácidos grasos
poliinsaturados aumenta la necesidad de vitamina E, principalmente en
niños prematuros que la absorben en escasa cantidad. La carencia
de vitamina E puede presentarse también en niños que padecen
trastornos que interfieren la absorción de grasas, como la fibrosis
quística y ciertas anomalías genéticas. La administración
de cantidades excesivas de hierro también puede acentuar esta
deficiencia.
Los niños prematuros que padecen una carencia
de vitamina E pueden padecer debilidad muscular y anemia hemolítica
entre las 6 y las 10 semanas de vida, asociadas a valores reducidos
de vitamina E en la sangre. Estos problemas se corrigen con complementos
de dicha vitamina. Esta carencia desempeña un papel importante
en el desarrollo de la retinopatía del prematuro, un problema
de la vista que se agrava por la exposición a niveles elevados
de oxígeno en incubadoras. Los niños con mala absorción
intestinal pueden desarrollar una forma grave de insuficiencia de vitamina
E, la cual produce una variedad de síntomas neurológicos,
como reflejos reducidos, dificultad al caminar, visión doble,
pérdida del sentido de la ubicación y debilidad muscular.
Estos síntomas empeoran progresivamente, pero pueden ser reversibles
con un tratamiento. El diagnóstico se establece mediante la cuantificación
de la cantidad de vitamina E en la sangre.
Deficiencia de vitamina K
La vitamina K es necesaria para la coagulación
normal de la sangre. En el recién nacido, la manifestación
principal de su deficiencia es la enfermedad hemorrágica del
recién nacido. Esta enfermedad se manifiesta por diversos factores:
por no transmitir la placenta adecuadamente las grasas, incluyendo la
vitamina K liposoluble; por no estar el hígado del recién
nacido suficientemente desarrollado como para producir la protrombina
necesaria (uno de los factores coagulantes de la sangre, que requiere
vitamina K); por presentar la leche materna una escasa cantidad de esta
vitamina, ya que contiene sólo entre 1 y 3 microgramos por litro,
cuando la leche de vaca contiene entre 5 y 10 microgramos por litro,
y finalmente, por no estar presentes durante los primeros días
de vida las bacterias que producen vitamina K en el intestino. La enfermedad
hemorrágica del recién nacido generalmente se manifiesta
entre el primer y el séptimo día posteriores al nacimiento.
Los síntomas son el sangrado de la piel, del estómago
o del pecho. En los casos más graves, la hemorragia puede presentarse
en el cerebro.
La enfermedad hemorrágica tardía se
manifiesta entre uno y tres meses después del nacimiento y produce
los mismos síntomas que la enfermedad hemorrágica del
recién nacido. Habitualmente está asociada a la mala absorción
o a una enfermedad hepática. La incidencia de ambos tipos de
enfermedad hemorrágica se ve incrementada en los hijos de mujeres
que han tomado anticonvulsivantes de hidantoína, como la fenitoína,
antibióticos con cefalosporina o anticoagulantes cumarínicos,
como la warfarina, durante el embarazo.
Es aconsejable aplicar una inyección intramuscular
de vitamina K durante la primera hora de vida para prevenir la enfermedad
hemorrágica del recién nacido. No se recomienda administrar
la vitamina K por vía oral porque la absorción es variable
y la retención es imprevisible.
Escorbuto infantil
El escorbuto infantil es una enfermedad causada
por la absorción inadecuada de vitamina C (ácido ascórbico),
generalmente debida a la ingestión de fórmulas de leche
de vaca, que presentan una carencia de esta vitamina y requieren complementos.
Esta enfermedad habitualmente afecta a los niños
entre los 6 y los 12 meses de edad. Los síntomas precoces incluyen
irritabilidad, falta de apetito e imposibilidad de aumentar de peso.
El niño puede gritar al moverse y puede no mover las piernas
por el dolor que provoca la hemorragia bajo la fina capa de tejido que
cubre los huesos. En niños mayores, la hemorragia puede presentarse
bajo la piel y, además, pueden sangrar fácilmente las
encías alrededor de los dientes que están saliendo. El
escorbuto puede causar anomalías óseas en las costillas
y en los huesos largos de las piernas, porque la vitamina C es necesaria
para la formación del tejido conectivo (tejido que mantiene unidas
las estructuras del cuerpo). En las costillas, las uniones entre el
cartílago y el hueso se agrandan, formando una hilera de nódulos
llamada rosario del escorbuto. También puede ocasionar una curación
deficiente de las heridas.
Una dieta adecuada en vitamina C puede prevenir
el escorbuto; los cítricos y los zumos de frutas constituyen
fuentes excelentes de esta vitamina. Los niños alimentados con
papilla deben recibir 35 miligramos de vitamina C al día (equivalente
a 65 gramos de zumo de naranja o de limón). Las madres que amamantan
deben tomar 100 miligramos de vitamina C al día por vía
oral. Para el tratamiento del escorbuto, el niño debe ingerir
diariamente entre 100 y 200 miligramos de vitamina C por vía
oral durante una semana y 50 miligramos diarios posteriormente.
Deficiencia de ácidos grasos esenciales
Los ácidos grasos esenciales (linoleico,
linolénico, araquidónico, eicosapentaenoico y docosahexaenoico)
se deben consumir en la dieta. En el cuerpo, el ácido araquídico
puede originarse a partir del ácido linoleico, y los ácidos
eicosapentaenoico y docosahexaenoico pueden formarse a partir del ácido
linolénico. Los aceites vegetales, como el de maíz, el
de semilla de algodón y el de soja, son fuentes de ácido
linoleico y linolénico, y los aceites de pescado son fuentes
de ácidos eicosapentaenoico y docosahexaenoico. Los ácidos
grasos esenciales son necesarios para muchos procesos fisiológicos,
tales como el mantenimiento de la integridad de la piel y la estructura
de las membranas celulares y la síntesis de importantes compuestos
biológicamente activos, como las prostaglandinas y los leucotrienos.
Algunas pruebas en animales sugieren que estos ácidos pueden
ser necesarios para el desarrollo de la visión normal del niño.
La insuficiencia de ácido linoleico puede
manifestarse en los niños con una papilla deficiente en ácidos
grasos poliinsaturados. Los síntomas de esta carencia pueden
ser una piel seca y escamosa y, posteriormente, el desprendimiento de
la misma. Un líquido parecido al pus puede aparecer en áreas
que rodean los pliegues de la piel, sobre todo alrededor del ano.
Una deficiencia de ácidos grasos esenciales
también provoca cambios significativos en el metabolismo, afectando
a los elementos lípidos (grasas) de la sangre, a la función
de las plaquetas, a las respuestas inflamatorias y a ciertas respuestas
inmunes.
Pueden aparecer síntomas similares en pacientes
que reciben todos los nutrientes por vía intravenosa durante
un tiempo prolongado (nutrición parenteral total a largo plazo)
pero que no reciben ácidos grasos esenciales. Cuando este tipo
de nutrición no incluye ácido linolénico, pueden
manifestarse complicaciones neurológicas tales como entumecimiento,
debilidad, incapacidad de caminar, dolor de piernas y distorsión
ocular junto con valores sanguíneos muy bajos de ácido
linolénico. Los síntomas desaparecen apenas éste
es administrado.