SECCION 23 >
PROBLEMAS DE SALUD EN LA INFANCIA
CAPITULO 274
Abuso de menores y negligencia
El abuso de menores comprende el mal trato,
la lesión física o mental y el abuso sexual. La negligencia
o el abandono de un niño consiste en la falta de suministro adecuado
de alimento, vestido, refugio o cariño.
A título informativo, más de un millón
de niños sufre abusos o descuidos en los Estados Unidos cada
año. Aproximadamente el 20 por ciento de los que padecen abusos
físicos sufren lesiones permanentes, y aproximadamente 1 200
mueren anualmente. La mayoría son menores de 5 años, de
los cuales, casi el 50 por ciento son menores de un año. Se estima
que 200 000 niños sufren abusos sexuales cada año. Un
adulto que abusa sexualmente de un niño, o lo fuerza, a menudo
está relacionado con él, suele ser un pariente cercano.
El contacto sexual entre un niño y un pariente consanguíneo
constituye un incesto.
Aproximadamente el 25 por ciento de los casos de
abuso y abandono afecta a niños menores de 2 años y de
ambos sexos. El abandono es probablemente de 10 a 15 veces más
frecuente que el abuso, aunque a menudo tienen lugar simultáneamente.
El abandono es 12 veces más frecuente en los niños que
viven en la pobreza.
Causas
El abuso puede producirse cuando los padres o sustitutos
no pueden controlar sus impulsos. Cuatro factores pueden aumentar las
posibilidades de dicha pérdida de control.
- El padre puede tener problemas psiquiátricos,
como un trastorno de la personalidad o baja autoestima, o puede abusar
de los fármacos o del alcohol.
- El niño puede ser diferente de los otros
(irritable, exigente, hiperactivo o discapacitado).
- El apoyo emocional de la familia, los vecinos
o los amigos puede ser inadecuado.
- Podría producirse una crisis por la pérdida
de dinero o del trabajo.
El abandono a menudo se produce en familias problemáticas.
El abuso de fármacos o alcohol, o alguna enfermedad crónica
podrían generar problemas económicos, teniendo como consecuencia
una alimentación, cuidados y atención del niño
totalmente inadecuados. El abandono de uno de los padres puede derivar
en la negligencia del otro.
Síntomas y diagnóstico
El abuso puede producir cambios de conducta visibles
en el niño y en el adulto que abusa de él. Por ejemplo,
un padre puede parecer indiferente, incluso cuando el niño está
herido de forma evidente, o puede tener pocas ganas de explicar al médico
o a los amigos cómo se produjo la lesión. Además,
la descripción puede variar en cada relato. La lesión
puede resultar insólita para la edad del niño.
Un niño que sufre abusos reiterados, puede
mostrar físicamente señales de lesiones nuevas y antiguas.
Las contusiones, las quemaduras, lastimaduras o raspaduras a menudo
son evidentes. Las quemaduras de cigarrillos son visibles en brazos
y piernas. Las lesiones graves en la boca, los ojos, el cerebro o en
otros órganos internos pueden haberse producido y, sin embargo,
no resultar visibles. El niño también puede tener pruebas
de huesos fracturados.
Un niño que ha padecido abusos sexuales podría
presentar dificultades para caminar o sentarse, por alguna lesión
física. Puede manifestarse una infección urinaria, una
secreción vaginal o una enfermedad de transmisión sexual.
A menudo, sin embargo, no existe lesión física aparente.
Más bien, el niño puede volverse irritable o temeroso
o puede dormir irregularmente. Como la víctima puede encontrarse
bajo amenaza si cuenta a alguien lo sucedido, los médicos, la
policía o los familiares pueden tener dificultades para tener
conocimiento, a través de él, de lo sucedido.
Un niño abandonado podría tener aspecto
de estar mal alimentado, cansado, sucio o carecer de ropa apropiada.
En casos extremos, puede vivir solo o con los hermanos sin la vigilancia
de un adulto. En ciertos casos, los niños abandonados mueren
de hambre o por exposiciones diversas.
Puede que un padre no se preocupe de la atención
dental o sanitaria preventiva de su hijo, ya sean vacunaciones o exámenes
médicos de rutina. El padre puede también retrasar la
consulta al pediatra cuando el niño está enfermo.
Un bebé abandonado o que ha sufrido abusos,
a menudo no se desarrolla física o emocionalmente en una proporción
normal. Los bebés privados de cariño familiar pueden parecer
impasibles o indiferentes a lo que les rodea. Pueden recibir un diagnóstico
equivocado de retraso mental o de una enfermedad orgánica. La
sociabilidad y la facilidad verbal pueden verse afectadas por una atención
insuficiente. Un niño puede parecer desconfiado, tímido
y sumamente impaciente por complacer a los adultos. Los mayores pueden
dejar de asistir a clase regularmente o pueden tener un mal rendimiento
escolar. Surgen problemas de relación con otros compañeros
de clase o con los maestros.
Tratamiento
Un niño del que se ha abusado o que ha sido
abandonado puede requerir hospitalización. Los miembros de los
servicios sociales evalúan la situación familiar. En muchos
países, un equipo de salud, integrado por un asistente social,
un psiquiatra y un pediatra, programa y proporciona cuidados al niño
y a la familia.
Los médicos y enfermeras deben, por requerimiento
de la ley, denunciar rápidamente los casos de abusos a menores
o en los que se sospeche del abandono de un niño; dicha denuncia
se presenta en el servicio de protección de la zona. Los responsables
del bienestar de menores, ya sean maestros, cuidadores diurnos, policías,
y el personal de asistencia legal, requieren igualmente un informe inmediato.
Se alienta pero no se exige a los ciudadanos a que presenten denuncias
sobre cualquier tipo de abuso o abandono del que tengan conocimiento
o sospecha.