hipertensión pulmonar

Hipertensión pulmonar

30/05/2024

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Descubre los signos que indican si eres una persona hipertensa a nivel pulmonar

Índice

  1. Síntomas y signos iniciales de la hipertensión pulmonar
  2. Tipos de hipertensión pulmonar
  3. Diagnóstico de la hipertensión pulmonar
  4. Tratamiento de la hipertensión pulmonar
  5. Factores de riesgo de la hipertensión pulmonar

La hipertensión pulmonar es una condición que afecta a las arterias de los pulmones y el lado derecho del corazón. Consiste en la presencia de un valor medio de presión en la arteria pulmonar (PAPm) superior a 20 mmHg, en reposo.

Las estimaciones actuales indican una prevalencia de alrededor del 1% de la población global.

Síntomas y signos iniciales de la hipertensión pulmonar

El primero de los síntomas que aparece, y el más importante, es quedarse sin aliento, especialmente cuando se practica ejercicio. Conforme avanza la patología, otros síntomas pueden manifestarse. Detectar de forma precoz la Hipertensión Pulmonar es importante, sin embargo, conlleva dificultad hacerlo en los primeros estadios de la enfermedad ya que los síntomas que aparecen se parecen mucho a los de otras enfermedades cardíacas y pulmonares.

En fases posteriores de la patología aparecen nuevos síntomas, tanto cuando se está haciendo ejercicio como en reposo, entre los que destacan:

  • Hinchazón de los tobillos o las piernas
  • Cierto cansancio o fatiga
  • Mareos
  • Pulso acelerado o irregular
  • Tos
  • Desmayos 
  • Presión o dolor en el pecho, especialmente durante el ejercicio.

Síntomas menos frecuentes son la tos, el dolor en el pecho y la ronquera, que suelen aparecer tras la realización de esfuerzos físicos. En algunos casos avanzados, pueden aparecer síntomas estando en reposo. También son signos de hipertensión pulmonar avanzada la distensión abdominal y edema periférico.

Tipos de hipertensión pulmonar

Según el origen de la patología, la hipertensión pulmonar se clasifica en cinco categorías:

  • Grupo 1: Hipertensión arterial pulmonar.
  • Grupo 2: Hipertensión pulmonar asociada a cardiopatía izquierda.
  • Grupo 3: Hipertensión pulmonar secundaria a patologías pulmonares y/o hipoxia.
  • Grupo 4: Hipertensión pulmonar tromboembólica crónica y otras obstrucciones de arterias pulmonares.
  • Grupo 5: Hipertensión pulmonar de origen indeterminado o multifactorial.

Hipertensión arterial pulmonar

La Hipertensión Arterial Pulmonar tiene su origen en una elevada presión sanguínea en las arterias pulmonares, que van del corazón a los pulmones. Este aumento de la presión sanguínea en las arterias pulmonares conlleva a su vez un aumento en la presión del corazón, dando como resultado final el colapso del lado derecho del mismo.

Las causas de la hipertensión arterial pulmonar pueden ser variadas. Cuando no se conocen, se denomina idiopática. También hay una hipertensión arterial pulmonar hereditaria que se transmite genéticamente por la mutación de algunos genes determinados. Otro tipo es la inducida por fármacos, debido al consumo de determinados medicamentos o sustancias tóxicas. Existe otro tipo asociada a enfermedades del tejido conectivo, hepáticas, ocasionadas por virus, etc. Además, puede producirse una hipertensión arterial pulmonar persistente en el recién nacido, por problemas en la gestación o causas genéticas.

Hipertensión pulmonar asociada a cardiopatía izquierda

La Hipertensión pulmonar es una complicación frecuente de las cardiopatías izquierdas, que ocurre normalmente como un “síntoma” de la enfermedad subyacente y está relacionada con la gravedad de la enfermedad. Este tipo de Hipertensión pulmonar produce síntomas más graves, además del impacto negativo en la evolución.

Hipertensión pulmonar causada por enfermedades pulmonares y/o hipoxia

Las enfermedades pulmonares asociadas más frecuentemente con la Hipertensión pulmonar son la EPOC, la enfermedad pulmonar intersticial y la combinación de fibrosis pulmonar y enfisema. En cualquier enfermedad pulmonar, el desarrollo de la Hipertensión pulmonar se acompaña de deterioro en la capacidad de ejercicio, empeoramiento de la hipoxemia y peor supervivencia.

Hipertensión pulmonar tromboembólica crónica y otras obstrucciones de arterias pulmonares

La Hipertensión Pulmonar Tromboembólica Crónica es normalmente considerada como una complicación de un tromboembolismo pulmonar, teniendo un 50 – 75 % de los pacientes que la han registrado un episodio de tromboembolismo pulmonar agudo. A diferencia de la hipertensión arterial pulmonar que afecta a vasos más pequeños, la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica afecta principalmente a vasos grandes, por lo que ésta se puede tratar de forma quirúrgica, es decir, mediante cirugía.

Hipertensión Pulmonar de origen indeterminado o multifactorial

En este grupo se incluyen varios trastornos con múltiples etiologías y patogenias. Una característica común de todas las enfermedades que están en este grupo es que los mecanismos de la Hipertensión pulmonar están poco claros y pueden originarse por múltiples causas.

Diagnóstico

Al ser una patología con síntomas inespecíficos como la disnea, en principio de esfuerzo, dolor torácico y síncope, el diagnóstico suele retrasarse en muchos casos.

Algunas de las pruebas que se emplean en el diagnóstico:

  • Electrocardiograma. Un electrocardiograma (electrocardiografía) registra la señal eléctrica del corazón para detectar cambios en la frecuencia cardíaca, y revelar algunos tipos de afecciones.
  • Radiografía torácica. Los rayos X se usan para producir imágenes del corazón, los pulmones y el tórax. Pueden ayudar a determinar si existen otras afecciones pulmonares que puedan causar hipertensión pulmonar.
  • Pruebas de función pulmonar y gases arteriales. Es una prueba no invasiva que mide cuanto aire son capaces de retener los pulmones y cuánto aire puede entrar y salir de éstos. Se realiza soplando a través de un espirómetro.
  • Ecocardiografía. Un ecocardiograma usa ondas sonoras para producir imágenes del corazón. Esta prueba le permite al médico observar el flujo cardíaco y ayudarle a diagnosticar una posible hipertensión pulmonar o confirmar la eficacia del tratamiento.
  • Tomografía computarizada de alta resolución. Esta prueba combina una serie de radiografías que se toman desde diferentes ángulos alrededor del cuerpo y utiliza el procesamiento informático para crear imágenes transversales de los huesos, vasos sanguíneos y tejidos blandos que hay en el cuerpo. Las imágenes de la tomografía computarizada pueden proporcionar información más detallada gracias a la inyección de un contraste.
  • Técnicas de imagen con resonancia magnética cardíaca. Una resonancia magnética cardíaca proporciona imágenes detalladas del corazón y del flujo de sangre en el mismo. Sirve para detectar irregularidades funcionales en la cavidad inferior derecha cardíaca.
  • Análisis de sangre e inmunología. Los análisis de sangre pueden contribuir a determinar el origen de la hipertensión pulmonar y signos de complicaciones.
  • Ecografía abdominal. Esta prueba nos ofrece una imagen del interior del abdomen. Normalmente es la prueba elegida para el diagnóstico de un aneurisma de la aorta abdominal, pero además también puede realizarse para diagnosticar o descartar otras enfermedades como la hipertensión pulmonar.
  • Gammagrafía pulmonar o exploración de ventilación/perfusión. En esta prueba se administra un agente radiactivo de forma intravenosa, mostrando el flujo sanguíneo y el flujo de aire de los pulmones. Nos ayuda a determinar si los síntomas de la hipertensión pulmonar están causados por coágulos sanguíneos.
  • Cateterismo cardiaco derecho. El cateterismo cardíaco es un procedimiento en el que se guía un tubo fino y flexible (catéter) a través de un vaso sanguíneo hasta el corazón para determinar el diagnóstico de la hipertensión pulmonar. De esta forma, los cardiólogos pueden determinar la presión arterial en las principales arterias pulmonares y el ventrículo derecho.

Tratamiento

Los pacientes pueden recibir tratamiento general (diuréticos, oxígeno y otros fármacos cardiovasculares), tratamiento farmacológico específico, tratamiento intervencionista, tratamiento quirúrgico y trasplante.

Factores de riesgo de la hipertensión pulmonar

La hipertensión arterial pulmonar puede afectar tanto a hombres como a mujeres de todas las edades y razas.

Entre los principales factores de riesgo está el consumo de algunos fármacos adelgazantes. También puede propiciar la aparición de la patología el consumo de drogas como las anfetaminas, las metanfetaminas, la cocaína y los agentes quimioterapéuticos. El aceite de colza desnaturalizado es otro de los factores de riesgo de la hipertensión arterial pulmonar.

Asimismo, pueden ser más propensas a desarrollar hipertensión arterial pulmonar aquellas personas que sufren enfermedades del tejido conectivo, cortocircuitos sistémico-pulmonares congénitos, hipertensión portal o infección por VIH. Otros factores de riesgo son las enfermedades tiroideas, enfermedades de depósito de glucógeno, enfermedad de Gaucher, telangiectasia hemorrágica hereditaria, hemoglobinopatías, enfermedades mieloproliferativas o esplenectomía.

El contenido que se proporciona en este documento es información general. En ningún caso debe sustituir ni a la consulta, ni las recomendaciones de su médico.

Códex: ES-NON-03430 (Creado: Mayo 2024).

Si eres profesional sanitario, puedes obtener más información aquí.

Información adicional

Derechos de los pacientes

07 de julio de 2025

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¿Cuáles son los derechos y deberes del paciente?

Índice

  1. ¿Cuáles son los derechos del paciente?
  2. Los deberes del paciente
  3. Marco regulatorio legal
  4. Promoción de los derechos de los pacientes

Todos podemos ser pacientes en cualquier momento de nuestras vidas. Si bien, en sentido estricto, paciente es aquella persona que padece física y corporalmente, y especialmente quien se halla bajo atención médica. También se define como paciente la persona que es o va a ser reconocida médicamente.

¿Cuáles son los derechos del paciente?

De forma general, los pacientes españoles gozan de una serie de derechos que se engloban en ocho grandes áreas:

  • Acceso a la atención sanitaria: los pacientes tienen derecho a obtener los productos sanitarios y medicamentos necesarios, a ser atendidos dentro de un plazo adecuado y de acuerdo a criterios éticos, de equidad y a solicitar una segunda opinión médica.
  • Autonomía del paciente: recibir toda la información previa a cualquier procedimiento diagnóstico o terapéutico, a escoger entre las diferentes opciones existentes y a renunciar a recibir los tratamientos o actuaciones sanitarias propuestas.
  • Intimidad y confidencialidad: los pacientes tienen derecho a ser atendidos en condiciones que garanticen su intimidad, dignidad, autonomía y seguridad. Por otro lado, tienen derecho a la confidencialidad de la información relacionada con su enfermedad y a acceder a los datos personales obtenidos en el proceso asistencial.
  • Experimentación e investigación científica: derecho a saber si los procedimientos de pronóstico, diagnóstico y terapéuticos pueden ser utilizados para un proyecto docente o de investigación, sabiendo que nunca comportará un peligro adicional para su salud.
  • Prevención de la enfermedad y la protección de la salud: se refiere al derecho a conocer los problemas de salud de la colectividad que supongan un riesgo para la salud, así como al derecho a que esa información se difunda en términos comprensibles y verídicos.
  • Información asistencial y acceso a la documentación clínica: los pacientes tienen derecho a recibir información sobre las prestaciones y servicios que se ofrecen, así como al acceso a su historia clínica, documento completo que recogerá toda la información acerca de su estado de salud y de las actuaciones clínicas y sanitarias llevadas a cabo.
  • Participación de los pacientes y usuarios: se recoge el derecho a conocer y a poder identificar, en cualquier situación, a los profesionales que prestan la atención sanitaria. También, el derecho a prestar reclamaciones y sugerencias.
  • Calidad y la seguridad asistencial: los pacientes tienen derecho a una asistencia sanitaria de calidad humana y científico-técnica, así como a una atención segura, basada en protocolos de seguridad clínica consensuados y actualizados.

Los deberes del paciente

Las personas que viven con una enfermedad tienen también que saber que su colaboración es fundamental y por ello se habla también de los deberes de los pacientes. Por ejemplo, tienen la obligación de colaborar en el cumplimiento de las normas e instrucciones establecidas en las instituciones sanitarias. Eso incluye tratar con el máximo respeto al profesional sanitario, a los otros enfermos y a sus acompañantes y colaborar en el buen mantenimiento de las instalaciones sanitarias.

Asimismo, todos los pacientes tienen el deber de solicitar información sobre las normas de funcionamiento de la institución sanitaria que le esté atendiendo y sobre los canales de comunicación existentes en la misma. También han de conocer el nombre de su médico.

Por otro lado, existe el deber de firmar el documento de alta voluntaria en caso de que no se acepten los métodos de tratamiento propuestos frente a su enfermedad y el de responsabilizarse del uso adecuado de las prestaciones ofrecidas por el sistema sanitario, fundamentalmente en lo que se refiere a la utilización de servicios, procedimientos de baja laboral o incapacidad permanente y prestaciones farmacéuticas y sociales.

Marco regulatorio legal

La Constitución Española:

  • Concretamente, en el artículo 43 de la Constitución se reconoce el derecho a la protección de la salud, siendo competentes los poderes públicos para organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas, así como de las prestaciones y los servicios que se consideren oportunos y necesarios. Los poderes públicos también fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte.

Leyes y reglamentos:

  • Se desarrolló una regulación básica en la Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad, en la que se reconoce el derecho al respeto de la personalidad, dignidad e intimidad del paciente. Recoge también el derecho a la no discriminación, a estar informado sobre los servicios sanitarios, el derecho a la confidencialidad y a la asignación de un médico que notifique los procedimientos.
  • La Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica centra su atención en la voluntad de humanización de los servicios sanitarios.
  • Siete meses después, surge la Ley 16/2003, de 28 de mayo, de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud, que, entre otros, cuenta con diferentes objetivos como:
    • La prestación de servicios a los usuarios del Sistema Nacional de Salud en condiciones de igualdad y calidad.
    • El aseguramiento universal y público por parte del Estado.
    • La coordinación y cooperación de las Administraciones públicas sanitarias.
    • Prestación de una atención integral de la salud.
    • La financiación pública del Sistema Nacional de Salud.
    • Igualdad de oportunidades y la libre circulación de los profesionales sanitarios.
    • Colaboración entre los servicios sanitarios públicos y privados.
    • La colaboración de las oficinas de farmacia con el Sistema Nacional de Salud.
  • Finalmente, en el año 2018 se aprueba el Real Decreto-Ley 7/2018, que regula el acceso al Sistema Nacional de Salud en condiciones de equidad y de universalidad para todos los residentes en España.

Promoción de los derechos de los pacientes

Los derechos de los pacientes son un eje básico de las relaciones clínico-asistenciales y sobre ellos han mostrado su preocupación todas las organizaciones internacionales con competencia en la materia. Un interés que empezó a hacerse visible tras el fin de la Segunda Guerra Mundial por parte de organizaciones como Naciones Unidas, la UNESCO, la Organización Mundial de la Salud (OMS) o, el Consejo de Europa y la Unión Europea.

Ante la importancia creciente de los derechos de los pacientes, estos organismos han promovido declaraciones o desarrollado normas jurídicas bien sobre aspectos genéricos bien sobre cuestiones específicas. Pero sin duda, el más importante, sobre todo por su trascendencia y su papel como punto de referencia, es la Declaración Universal de derechos humanos, del año 1948.

En su artículo 25 se reconoció que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”.

A partir de ahí, han ido apareciendo múltiples declaraciones internacionales de mayor o menor alcance e influencia que se han referido a dichas cuestiones:

  • En 1994 con la Declaración sobre la Promoción de los Derechos de los Pacientes en Europa, promovida por la Oficina Regional para Europa de la OMS, que tras la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se convirtió en un referente en el ámbito más estrictamente sanitario.
  • Dos años después, en 1996, se aprobó por unanimidad en la OMS la Carta de la Reforma de la Atención Sanitaria de Ljubljana, en el que se reconoció que “debe haber cobertura universal y acceso equitativo para toda la población a la asistencia necesaria”.
  • Un año más tarde se celebró la 4ª Conferencia Internacional sobre la Promoción de la Salud, surgió la Declaración de Yakarta sobre la Promoción de la Salud en el s. XXI, que ofrece una visión y enfoque para la promoción de la salud en este siglo.
  • En mayo de 1998, fue adoptada, durante la 51ª Asamblea Mundial de la Salud, la Declaración Mundial de la Salud. Firmada por todos los países miembros de la OMS, la Carta Mundial de la Salud supone un espaldarazo a la salud como uno de los derechos fundamentales de todo ser humano. A su vez, afirma la dignidad y el valor de cada persona, así como la igualdad de derechos y deberes y la responsabilidad compartida de todos en lo que a salud se refiere.

El contenido que se proporciona en este documento es información general. En ningún caso debe sustituir ni a la consulta, ni las recomendaciones de su médico.

Codex: ES-NON-00454.

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enfermedad de crohn

Enfermedad de Crohn

17 de junio de 2024

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Enfermedad de Crohn

Índice

  1. ¿Qué es la enfermedad de Crohn?
  2. Síntomas frecuentes de la enfermedad de Crohn
  3. Diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Crohn
  4. Complicaciones de la enfermedad de Crohn
  5. Dieta recomendada para los pacientes con enfermedad de Crohn

¿Qué es la enfermedad de Crohn?

La enfermedad de Crohn es una dolencia crónica que forma parte de las llamadas Enfermedades Inflamatorias Intestinales (EII). Como resultado de esta enfermedad, se produce inflamación en distintas zonas del tracto digestivo, desde la boca hasta el ano. Generalmente la zona más afectada en la mayoría de los casos el intestino delgado, en especial el extremo final conocido como íleon.

Actualmente, se desconoce la causa de la enfermedad de Crohn. La mayoría de los expertos defiende que se trata de un cúmulo de factores1. Entre los posibles factores se encuentran causas genéticas, donde determinados genes pueden inducir cambios inmunitarios en respuesta a desencadenantes ambientales. Otros posibles factores o desencadenantes ambientales son bacterias que se encuentran en el intestino y que forman parte del microbioma, la dieta, los virus, el estrés o el tabaquismo.

Síntomas frecuentes de la enfermedad de Crohn

Debido a que la Enfermedad de Crohn es una es una patología crónica, los pacientes padecerán períodos en los que la enfermedad está activa y causa síntomas, y períodos en los que la enfermedad no causa síntomas, conocido como remisión.

No se puede predecir cómo progresará la enfermedad una vez diagnosticada. Hay personas cuyos períodos de remisión pueden durar meses o años, aunque, generalmente, los síntomas regresan en algún momento.

Los signos y síntomas de la enfermedad de Crohn pueden variar de leves a graves y suelen desarrollarse progresivamente, aunque pueden aparecer de repente, sin previo aviso.

Cuando la enfermedad está activa, normalmente se incluyen entre los síntomas:

  • Dolor y cólicos abdominales
  • Diarrea o estreñimiento
  • Fisuras y úlceras
  • Fatiga
  • Presencia de sangrado en las heces
  • Fiebre
  • Falta de apetito y pérdida de peso

También, pueden producirse otros síntomas fuera del intestino como: úlceras en la boca, inflamación en los ojos, dolor e hinchazón en las articulaciones, ulceraciones/erupciones en la piel, piedras en el riñón u osteoporosis.

Diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Crohn

El médico para determinar el diagnóstico comenzará revisando el historial médico completo del paciente y de sus familiares, además de realizar un examen físico.

Entre las pruebas diagnósticas que el médico puede solicitar si existe sospecha de enfermedad de Crohn, se encuentran:

  • Análisis de sangre
  • Análisis de heces
  • Endoscopia y biopsia
  • Pruebas de imagen

En definitiva, detectar la enfermedad de Crohn no siempre es fácil, ya que hay múltiples dolencias con los mismos síntomas, incluidas otras enfermedades inflamatorias intestinales.

Aunque todavía no existe cura para la enfermedad, existen tratamientos que tratan de mantenerla controlada. En definitiva, se trata de que la enfermedad se mantenga en período de remisión (asintomática). Y, cuando se produzca un brote, recibir tratamientos para mejorar la calidad de vida.1 Existen cinco categorías de medicamentos utilizados en enfermedad de Crohn:

  • Aminosalicilatos
  • Corticosteroides
  • Inmunomoduladores
  • Terapias biológicas
  • Antibióticos (para tratar infecciones, abscesos, fístulas)

Para mantener la enfermedad controlada, es recomendable seguir las instrucciones de su médico y tomar el tratamiento recetado.

Complicaciones de la enfermedad de Crohn

Cuando las personas que padecen enfermedad de Crohn reaccionan correctamente al tratamiento médico es posible que nunca necesiten cirugía. La cirugía puede requerirse cuando las terapias médicas ya no son capaces de controlar la enfermedad o cuando se deben tratar complicaciones.

Entre las posibles complicaciones que requieren cirugía se encuentran:

  • La obstrucción intestinal, debida al estrechamiento y formación de cicatrices en el intestino, puede bloquear el flujo de los contenidos digestivos.
  • Úlceras o fístulas.

En la mayoría de los casos, la cirugía consiste en extraer el segmento del intestino afectado. Esto se denomina resección.

Otro tipo de complicación ajena a la cirugía es la desnutrición. Esto se debe a que los síntomas como diarrea o dolor abdominal pueden ser un impedimento a la hora de ingerir los alimentos, así como a la hora de asimilar los alimentos en el intestino.

Dieta recomendada para los pacientes con enfermedad de Crohn

Se recomienda seguir una dieta lo más variada posible, ya que el objetivo principal es prevenir y corregir la desnutrición calórico-proteica y otros déficits de nutrientes. Las proteínas, el calcio y el hierro son algunos de los componentes que más se deben tener en cuenta. Las proteínas se pueden obtener de los huevos, carnes, pescados, legumbres, así como de la leche y sus derivados. Las fuentes de calcio por excelencia se encuentran en la leche y los derivados lácteos. El hierro, también esencial, se encuentra principalmente en las carnes rojas, el hígado, las legumbres, cereales y frutos secos.

En la actualidad, no está demostrado que ningún alimento concreto desencadene brotes de enfermedad de Crohn o haga empeorar la dolencia. Aunque no hay alimentos específicos que agraven la inflamación de la enfermedad, algunos pueden llegar a agravar los síntomas. Algunos consejos alimenticios que puedes seguir son:

  • Reducir alimentos grasos.
  • Evitar comidas abundantes. Es mejor preparar comidas con menor cantidad, pero mayor frecuencia.
  • Evitar bebidas carbonatadas y restringir la cafeína.

No existe una dieta única que sea efectiva para todas las personas que padecen la enfermedad de Crohn. Sólo se deben evitar aquellos alimentos que el paciente identifique, que empeoran tus síntomas.

El contenido que se proporciona en este documento es información general. En ningún caso debe sustituir ni a la consulta, ni las recomendaciones de su médico.

ES-NON-03224 (Creado: Junio 2024).

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colitis ulcerosa

Colitis ulcerosa

17 de junio de 2024

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Síntomas de la colitis ulcerosa

Índice

  1. ¿Qué es la colitis ulcerosa?
  2. Síntomas frecuentes de la colitis ulcerosa
  3. Diagnóstico y tratamiento de la colitis ulcerosa
  4. Tipos de colitis ulcerosa
  5. Dieta recomendada para la colitis ulcerosa
  6. ¿Qué es la colitis ulcerosa?

    La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria intestinal (EII) que causa inflamación y la aparición de úlceras (llagas) en el tracto digestivo. Afecta al recubrimiento más profundo del intestino grueso, conocido como colon, y el recto.

    Síntomas de la colitis ulcerosa

    La colitis ulcerosa es una patología crónica y el curso de la enfermedad suele ser heterogéneo, alternando brotes de actividad, donde la enfermedad está activa, con periodos de remisión. Es imprevisible el número, la cadencia y la gravedad de estos brotes y periodos de inactividad, existiendo gran variabilidad entre pacientes e incluso en el mismo paciente.

    Los síntomas de la colitis ulcerosa son variables, según la gravedad de la inflamación y el lugar donde se produzca. Algunos de los síntomas son:

    • Sangrado rectal (presencia de sangre en las heces)
    • Diarrea
    • Dolor y calambres abdominales
    • Urgencia en las deposiciones
    • Fiebre
    • Pérdida de apetito y de peso
    • Fatiga

    Diagnóstico y tratamiento de la colitis ulcerosa

    La colitis ulcerosa es inicialmente diagnosticada por el médico tras una valoración del historial clínico tanto del paciente como de la familia, además de la realización de pruebas diagnósticas y una exploración clínica. Las pruebas de diagnóstico pueden incluir, entre otras, análisis de heces, análisis de sangre y colonoscopia (examen de todo el colon y del final del intestino delgado).

    No se conoce a ciencia cierta cuál es la causa de la colitis ulcerosa. Además, una vez diagnosticada, no se puede predecir cómo afectará la enfermedad a cada persona en particular. Algunas personas pasan años sin tener síntomas, mientras que otras tienen brotes con frecuencia. Sin embargo, una cosa es segura y es que la colitis ulcerosa es una condición crónica.

    Hasta el momento la colitis ulcerosa no tiene cura. Sin embargo, se puede controlar con el tratamiento adecuado. Los medicamentos pueden controlar los síntomas y pueden disminuir las probabilidades de sufrir complicaciones futuras. De hecho, se ha descrito que la esperanza de vida de los pacientes con esta dolencia es la misma que la del resto de la población.

    Los medicamentos más habituales para tratar la colitis ulcerosa se dividen en las siguientes categorías:

    • Aminosalicilatos
    • Corticoesteroides
    • Inmunomoduladores
    • Terapias biológicas

    En ocasiones, la colitis ulcerosa puede requerir cirugía, que puede realizarse o bien cuando se producen complicaciones, como hemorragias graves causadas por úlceras profundas o perforación del intestino, o cuando los tratamientos médicos no consiguen controlar de forma adecuada la enfermedad. Asimismo, se optará por la cirugía cuando se observen cambios pretumorales en el colon.

    Tipos de colitis ulcerosa

    Los profesionales sanitarios clasifican la patología en función de cómo se vaya extendiendo y afectando la inflamación. Estos son algunos tipos de colitis ulcerosa:

    • Proctitis ulcerosa. La inflamación se limita a la zona del recto.
    • Colitis del lado izquierdo. La inflamación se prolonga desde el recto hasta las partes sigmoidea y descendente del colon.
    • Pancolitis. Este tipo suele afectar al colon en su totalidad.

    Dieta recomendada para la colitis ulcerosa

    Una vez se ha desarrollado la colitis ulcerosa, prestar atención a la dieta que se sigue puede ser beneficioso para reducir los síntomas y ayudar a reemplazar los nutrientes perdidos.

    Es imprescindible tener en cuenta que no existe una única dieta que funcione para todos los pacientes con colitis ulcerosa. Por ello, las recomendaciones nutricionales deben adaptarse a cada persona y al período de enfermedad en el que se encuentre.

    Durante la fase de remisión las recomendaciones generales son seguir una dieta variada, equilibrada y saludable. Ningún alimento ha demostrado desencadenar o empeorar la enfermedad, sólo se recomienda excluir aquellos que sean mal tolerados por el paciente.

    Por el contrario, durante un brote, sí que deberá haber algunas restricciones. Entre otras, algunas recomendaciones en caso de brote son:

    • Evitar las comidas abundantes. Es mejor preparar comidas más pequeñas, pero más frecuentes.
    • Comer despacio.
    • • Evitar el consumo de alimentos como el alcohol, la cafeína, picante, chocolate o bebidas con gas.

    Es importante que mantenga una nutrición adecuada para el manejo de la colitis ulcerosa.

    El contenido que se proporciona en este documento es información general. En ningún caso debe sustituir ni a la consulta, ni las recomendaciones de su médico.

    ES-NON-03223 (Creado: Junio 2024).

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cáncer gástrico

Cáncer gástrico

28 de noviembre de 2023

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Factores de riesgo del cáncer gástrico

Índice

  1. ¿Qué es el cáncer gástrico?
  2. Síntomas del cáncer gástrico
  3. Algunos factores de riesgo del cáncer gástrico
  4. ¿Cómo se diagnostica el cáncer gástrico?
  5. Tratamiento del cáncer gástrico
  6. ¿Cómo intentar prevenir el cáncer gástrico?
  7. Alimentarse antes, durante y después del tratamiento
  8. Cáncer gástrico: seguimiento y revisiones
  9. El estómago y partes del estómago
  10. Asociaciones de pacientes

El cáncer gástrico es un crecimiento incontrolado de las células del estómago al haber sufrido una alteración. Existen diferentes tipos, pero el más común, en el 95% de los casos, es el adenocarcinoma, es decir, el que se origina en las células de las glándulas de la mucosa del estómago.

Las causas exactas por las que se produce no se conocen, aunque existen diferentes factores de riesgo asociados a su desarrollo (ambientales, nutricionales, genéticos, etc.). No obstante, su incidencia en nuestro país ha ido descendiendo progresivamente en los últimos años.

En este contenido de MSD Salud podrás encontrar información acerca de qué es el cáncer gástrico, sus síntomas, factores de riesgo, diagnóstico y tratamiento, además de consejos útiles sobre prevención o alimentación.

1. ¿Qué es el cáncer gástrico?

El cáncer gástrico es un crecimiento incontrolado de las células del estómago. Puede originarse en cualquiera de las tres capas de este órgano: la mucosa (donde se encuentran un conjunto de células especializadas llamadas glándulas), la muscular (donde están los músculos) y la serosa o el peritoneo (la membrana externa que rodea al estómago).

Tipos de cáncer gástrico

Más del 95% de los cánceres gástricos son adenocarcinomas, es decir, con un origen en las células de las glándulas de la mucosa. Existen dos subtipos principales de adenocarcinoma: el intestinal y el difuso, que se diferencian por unas características microscópicas propias reconocibles por el patólogo.

Mucho más infrecuente es la aparición en el estómago de linfomas, sarcomas, melanomas o tumores del estroma gastrointestinal (GIST, por sus siglas en inglés): enfermedades muy distintas al adenocarcinoma gástrico, por lo que tanto su diagnóstico y tratamientos son diferentes.

Relación entre el cáncer gástrico y el cáncer de esófago

En el esófago existen dos tipos de células: las escamosas y las glandulares. Así que, según en cuál de ellas se origine, el cáncer de esófago se clasifica en carcinoma de células escamosas o adenocarcinoma, respectivamente. De esta manera, se clasifican y tratan como cánceres gástricos aquellos tumores malignos que originan en área en la que el esófago se une al estómago (unión gastroesofágica) o a nivel del músculo que divide el esófago del estómago (cardias) – y que irán creciendo hacía la unión gastroesofágica.

El cáncer de esófago suele originarse en la mucosa -su capa más interna- y crece hacia fuera a través de la submucosa y la capa muscular.

Perfil del paciente y pronóstico

El cáncer gástrico (adenocarcinoma) es el quinto tumor maligno más frecuente en el mundo y suele aparecer a partir de los 50 años con una frecuencia dos veces mayor en hombres que en mujeres, según datos de 2015.

En las últimas décadas la incidencia del cáncer gástrico en Europa, Estados Unidos, Australia y África ha descendido de forma continuada; en cambio, más del 50% de los casos se detectan en Japón y China.
En España, el cáncer gástrico fue el noveno de mayor diagnóstico en el año 2020, según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), para 2023 el número de casos nuevos será de 6.932.

El pronóstico de este cáncer difiere mucho según el grado de evolución (estadio) en el que se encuentre en el momento del diagnóstico: la tasa de supervivencia de 5 años es del 31% si el diagnóstico se produce cuando el cáncer ya se ha expandido hacia los tejidos, órganos de alrededor o los ganglios linfáticos regionales, mientras que tiende a aumentar si su detección se realiza antes de que se disemine.

Estadios del cáncer gástrico

La evolución del cáncer gástrico se divide en cuatro estadios o etapas:

  • Estadio 0: En esta etapa, la más inicial, el cáncer se encuentra localizado en la parte más superficial de la mucosa, y se caracteriza por no producir metástasis.
  • Estadio I: El más favorable después del estadio O, en el que el tumor ha llegado hasta la capa más profunda de la mucosa (lámina propia) o la submucosa. Se subdivide, a su vez, en Estadio 1A, si no resultan afectados los ganglios linfáticos, y en 1B si existe afectación de 1 a 6 ganglios o si el cáncer llega a la capa muscular o
    la subserosa, aunque no exista afectación ganglionar (IB).
  • Estadio II y Estadio III: El nivel de afectación de la pared gástrica, así como el número de ganglios afectados por el tumor, son los parámetros determinantes para establecer en cuál de estas etapas intermedias se encuentra el paciente. El estadio II tiene mejor pronóstico que el III.
  • Estadio IV: en esta etapa ya se ha registrado una metástasis a distancia en otros órganos. Se trata de la etapa más avanzada y de peor pronóstico.

2. Síntomas del cáncer gástrico

El cáncer gástrico, a menudo, no produce síntomas en sus etapas iniciales y, cuando los produce, estos suelen ser inespecíficos; pudiendo también quedar explicados, en ocasiones, por otras afecciones médicas: una infección viral o una úlcera estomacal, entre otras. Algunos de los síntomas descritos del cáncer gástrico son:

  • Indigestión o acidez estomacal.
  • Dolor o molestia en el abdomen.
  • Náuseas y vómitos, especialmente vomitar los alimentos sólidos poco después
    de haberlos consumido.
  • Diarrea o estreñimiento.
  • Hinchazón del estómago después de las comidas.
  • Pérdida del apetito.
  • Sensación de que los alimentos se atoran en la garganta al comer.

Cuando el cáncer de estómago se encuentra en una fase más avanzada, se pueden
detectar los siguientes síntomas:

  • Debilidad y fatiga.
  • Vómitos de sangre o sangre en la materia fecal.
  • Pérdida de peso sin razón aparente.

3. Algunos factores de riesgo del cáncer gástrico

Se han identificado una serie de factores de riesgo que hacen a una persona más propensa a padecer un cáncer gástrico. Entre ellos, está el desarrollo de una infección por la bacteria Helicobacter pylori (H.
pylori). Cuando esta infección es persistente por mucho tiempo, se asocia con inflamación y con cambios en el revestimiento interno del estómago de tipo precanceroso.

Entre los factores asociados al estilo de vida, podemos incluir la ingesta elevada de alimentos que contienen nitratos o nitritos (por ejemplo, la carne en conserva), o la ingesta elevada de sal, incluyendo las salazones (como alimentos ahumados o conservados en sal). Junto a estos, el tabaco es otro de los factores de riesgo principales, dado que la tasa de cáncer de estómago casi se duplica en los fumadores.

El ejercer cierto tipo de ocupaciones también podría tener una relación con este tipo de cáncer, como es el caso de trabajadores de las industrias del metal, carbón y goma.

Por otro lado, existen algunos trastornos genéticos que pueden aumentar ligeramente el riesgo de aparición de cáncer de estómago, como: la mutación hereditaria rara en el gen que codifica la proteína E-caderina (cáncer gástrico difuso hereditario), algunas mutaciones hereditarias que predisponen al cáncer en otras partes del cuerpo (BRCA1 y BRCA2), y el tener antecedentes de cáncer de estómago en los parientes de primer grado (progenitores, hermanos o hijos).

Además, algunas enfermedades o condiciones predisponentes son:

  • El reflujo gastroesofágico: un trastorno común en el que el ácido del estómago asciende desde el estómago hasta el esófago, y aumenta el riesgo de cáncer en la unión gastroesofágica.
  • La cirugía previa del estómago: la extirpación de parte del estómago causa mayor probabilidad de aparición de cáncer. Esto puede deberse a que se produce menos ácido gástrico, permitiendo la proliferación de bacterias en el estómago.
  • Los pólipos gástricos: aunque estos son bultos benignos en el revestimiento interno del estómago, existe un tipo que se denomina adenoma que, en ocasiones, puede derivar en cáncer.
  • La anemia perniciosa: la insuficiente absorción de vitamina B12 de los alimentos, también aumenta el riesgo de cáncer de estómago.
  • El linfoma de tejido linfático asociado con la mucosa (MALT): las personas que lo padecen tienen un riesgo aumentado de sufrir adenocarcinoma del estómago.

4. ¿Cómo se diagnostica el cáncer de gástrico

Actualmente, los programas de cribado y diagnóstico precoz en cáncer gástrico solo se realizan en algunos países de Oriente como Japón, donde su frecuencia es más alta. En cambio, en Occidente, debido a su baja prevalencia, no se ha demostrado eficaz realizar pruebas rutinarias en personas sanas antes de que presenten algún síntoma.

Por el contrario, para realizar un diagnóstico de cáncer gástrico se siguen una serie de fases:

En primer lugar, se realizan una historia clínica y una exploración física. Después, las analíticas podrán determinar si existe anemia u orientar sobre la funcionalidad de algunos órganos, como el hígado o el riñón. En tercer lugar, y aunque no es determinante, se comprueba si existe un aumento de proteínas especificas en la sangre (marcadores tumorales) para orientar hacia la presencia de un cáncer.

No obstante, conviene ser prudente, dado que no todos los cánceres producen elevación de marcadores y, por otro lado, los marcadores pueden elevarse por causas no tumorales.

A partir de este punto, suele ser necesaria la realización de otras pruebas:

  • La endoscopia digestiva alta utiliza un gastroscopio para visualizar el interior del esófago y el estómago. Además, la pinza del extremo del gastroscopio permite la obtención de una muestra para la realización de una biopsia.
  • Diferentes tipos de exploraciones radiológicas permiten diagnosticar el cáncer gástrico y/o estudiar su nivel de extensión: radiografía de tórax, radiografía simple de abdomen (para determinar si se ha producido una obstrucción en el estómago o el intestino), un estudio esófago-gastro-duodenal (para detectar lesiones a través de un contraste), ecografía abdominal o abdominopélvica (para estudiar el hígado o determinar si hay líquido libre en el abdomen), escáner o TAC o CT de tórax (busca recabar información sobre los pulmones, el corazón y los huesos del tórax), CT abdominal-pélvico (permite determinar la extensión del cáncer y si se ha producido metástasis) o resonancia abdominal (se lleva a cabo como prueba complementaria al
    escáner).

Además, existen otras pruebas complementarias que pueden ser utilizadas para el diagnóstico:

  • Ecografía endoscópica.
  • Tomografía de emisión de positrones.
  • Gammagrafía ósea.
  • Laparoscopia

5. Tratamiento del cáncer gástrico

Existen diferentes tratamientos disponibles para el cáncer gástrico:

Resección endoscópica de mucosa

Cuando el cáncer se detecta en un estadio temprano, se puede evitar la cirugía empleando un endoscopio para eliminar el tumor y los bultos precancerosos del revestimiento del tubo digestivo.

La cirugía

Los tratamientos que se siguen más habitualmente, independientemente del estadio del cáncer son:

  • La gastrectomía subtotal: se extirpa la parte del estómago afectada por el cáncer, así como los ganglios linfáticos y parte de otros tejidos y órganos cercanos al tumor. A veces, puede que sea necesario extirpar también el bazo
    (que se sitúa en el costado izquierdo del abdomen).
  • La gastrectomía total: se extirpa el estómago, los ganglios linfáticos cercanos, parte del esófago, el intestino delgado y otros tejidos cercanos al tumor. También es posible que se extirpe el bazo. Se conecta entonces el esófago con el intestino delgado para que el paciente pueda comer y tragar.

La cirugía puede ser útil, además, en aquellos casos en los que el tumor está obstruyendo el estómago, pero, en ocasiones, no se puede extirpar por completo el cáncer mediante una cirugía estándar.

Podrá seguirse, entonces, alguno de los siguientes procedimientos:

  • Colocación de una endoprótesis endoluminal: consiste en la colocación de un tubo delgado que se expande para mantener una vía abierta (como las arterias o el esófago). Puede colocarse, por ejemplo, entre el esófago y el estómago o el estómago y el intestino delgado para permitir el paso normal de alimentos.
  • Terapia láser endoluminal: se utiliza un endoscopio (tubo delgado con una luz) con un láser, un haz de luz intensa que funciona como un cuchillo.
  • Gastroyeyunostomía: permite extirpar la parte del estómago afectada por el tumor que obstruye la entrada al intestino delgado y conectar, además, el estómago con el intestino delgado (concretamente, con el yeyuno) para
    permitir el paso de alimentos.

Quimioterapia

La quimioterapia puede ser sistémica (los medicamentos entran al torrente sanguíneo y pueden llegar a las células cancerosas de todo el cuerpo), o regional (si se administra directamente en un área determinada). Se puede utilizar como tratamiento neoadyuvante (antes de la cirugía para reducir el tamaño del tumor) o adyuvante (después de la cirugía para destruir cualquier célula cancerosa que haya
quedado).

Radioterapia

En la radioterapia se pueden utilizar distintos tipos de radiación para destruir células cancerosas o impedir que se multipliquen. La forma en la que se administra dependerá del tipo y del estadio en el que se encuentre la enfermedad. Además, al igual que en la quimioterapia, se puede utilizar como tratamiento neoadyuvante o adyuvante.

Quimiorradioterapia

Consiste en la combinación de quimioterapia y radioterapia. Se puede administrar como terapia neoadyuvante, si administra antes de la cirugía, para reducir el tamaño del tumor, mientras que la adyuvante se administra después de la cirugía, con la intención de reducir el riesgo de una posible reaparición del cáncer.

Terapia dirigida

Las terapias dirigidas consisten en la administración de medicamentos u otras sustancias que pueden identificar y atacar de forma muy específica a las células cancerosas sin llegar a dañar las células normales (no cancerosas). En concreto, en el cáncer de estómago se emplean dos tipos de terapias dirigidas:

  • Terapia con anticuerpos monoclonales: los anticuerpos identifican sustancias concretas en las células cancerosas o sustancias que les ayudan a multiplicarse, se adhieren a las mismas y, o bien, destruyen este tipo de células, o impiden su proliferación o bloquean su diseminación por el organismo.
  • Inhibidores multicinasa: se trata de medicamentos que, una vez que entran en las células cancerosas, bloquean múltiples señales de aquellas proteínas que estas células necesitan para su división y multiplicación. Algunos inhibidores multicinasa también actúan como inhibidores de la angiogénesis (deteniendo el crecimiento de los vasos sanguíneos nuevos que los tumores necesitan para crecer).

Inmunoterapia

Esta terapia utiliza sustancias que permiten la activación del sistema inmunitario y le ayudan a encontrar y destruir las células tumorales.

6. ¿Cómo intentar prevenir el cáncer gástrico?

A pesar de que no existe una manera segura de prevenir el cáncer gástrico, se pueden seguir algunas medidas enfocadas a la prevención de sus factores de riesgo. En las últimas décadas, se ha observado que la incidencia del cáncer de estómago ha descendido notablemente debido a que es más habitual refrigerar los alimentos que conservarlos mediante el uso de sal, vinagre o ahumándolos; entre otros factores de riesgo conocidos relacionados con la alimentación. Por tanto, para disminuir el riesgo podría reducirse el consumo de los productos ahumados o conservados en vinagre, así como las carnes o los pescados salados. Además, podría disminuir el riesgo de cáncer de estómago una dieta rica en frutas, ensaladas y verduras frescas, considerándose especialmente beneficiosas las frutas
cítricas.

En general, es aconsejable escoger panes, pastas y cereales integrales, en lugar de los de granos refinados, y comer pescado, aves o habas en lugar de carnes rojas y procesadas.

Por otro lado, realizar actividad física ayuda a reducir el riesgo de cáncer de estómago, al contrario que el sobrepeso o la obesidad. Evitar el tabaco puede considerarse también como medida de prevención, dado que fumar puede aumentar el riesgo de padecer cáncer de estómago proximal (la sección del estómago más cercana al esófago).

Además, ante la sospecha por parte de su médico de una infección por la bacteria H. pylori hay varias pruebas de confirmación que se pueden hacer: la más simple es una prueba de sangre que busca los anticuerpos que combaten dicha bacteria, si bien, también puede realizarse un procedimiento endoscópico, o una prueba de aliento para detectar cambios químicos tras tomar un líquido a modo de reactivo.

Por último, si presenta antecedentes familiares de cáncer de estómago o ha padecido cáncer de seno lobulillar invasivo antes de los 50 años, conviene consultar con el un especialista en genética, ya que puede haber un riesgo de padecer la enfermedad.

Otro factor genético a tener en cuenta que aumenta el riesgo de cáncer de estómago es padecer el Síndrome de Lynch.

7. Alimentarse antes, durante y después del tratamiento

El desarrollo de un cáncer gástrico suele ir acompañado por una importante pérdida de peso y desnutrición, requiriendo algún soporte nutricional antes de someterse a una cirugía. Muchas veces, la anorexia, los vómitos o las hemorragias digestivas dificultan la dieta oral, por lo que se recurre a la nutrición artificial (enteral o parenteral).

Sumado a esto, el tratamiento del cáncer puede afectar a los hábitos alimenticios y la absorción de los nutrientes.

En rasgos generales, comer porciones pequeñas cada 2 o 3 horas puede ser una manera de que los alimentos sienten mejor al organismo, pero son los profesionales médicos o nutricionistas quienes mejor le podrán aconsejar sobre cómo combatir algunos de los efectos secundarios de su tratamiento a través de la alimentación.

En concreto, tras una cirugía en la que se ha extirpado todo o parte del estómago, suele ser recomendable:

  • Comer cantidades más pequeñas de alimentos más frecuentemente.
  • Mantener una postura recta durante algún tiempo tras la ingesta de alimentos.
  • Después de una extirpación de la parte superior del estómago, es aconsejable realizarse análisis de sangre periódicos para determinar si es necesaria la administración de inyecciones de vitamina B12 como suplemento, dado que el cuerpo la absorberá con mayor dificultad tras este tipo de cirugía.

Por último, algunos pacientes presentan náuseas, sensación de mareo, diarrea, sudoración, palpitaciones, sofocos, ruidos intestinales o cólicos, debido a que los alimentos pasan rápidamente al intestino. Esto se conoce como síndrome de evacuación gástrica rápida o síndrome de “Dumping” y es importante recordar que, a menudo, los síntomas se alivian con el paso del tiempo.

Algunos consejos generales para la dieta cuando se padece síndrome de “Dumping” son los siguientes:

  • No tomar líquidos con las comidas, sino después (unos 30-60 minutos más tarde) y limitarlos a 100-150mL por toma.
  • Como se ha mencionado previamente, seguir una dieta consistente en comidas pequeñas y frecuentes, cuyo número dependerá de la tolerancia de cada persona.
  • Comer despacio, masticando bien los alimentos.
  • Limitar la ingesta de carbohidratos simples y grasas, y aumentar los carbohidratos complejos y proteínas.
  • Evitar las temperaturas extremas de todas las comidas y bebidas.
  • Reposar de 20 a 30 minutos después de las comidas para retardar el tránsito de los alimentos desde el estómago al intestino.
  • Ha de comprobarse, además, si existe alguna intolerancia a la leche.
  • Se recomienda limitar la ingesta de grasa en pacientes con esteatorrea.
  • También se recomienda el consumo de frutas y vegetales, ya que la pectina que contienen y otras fibras solubles, retardan el vaciamiento gástrico y la absorción de carbohidratos.
  • Es conveniente limitar los alimentos con azúcares solubles.
  • Y, en caso de haber pasado por una gastrectomía, se complementará la dieta con hierro y vitamina B12.

8. Cáncer gástrico: seguimiento y revisiones

Realizarse revisiones periódicas tras finalizar un tratamiento contra el cáncer de estómago es fundamental para que el profesional médico pueda valorar su estado, así como controlar los posibles efectos secundarios e instaurar, si fuera necesario, un nuevo tratamiento lo más rápido posible.

A este respecto, conviene recordar que, debido al riesgo de reaparición de la enfermedad, es importante realizar un diagnóstico precoz que permita establecer, cuanto antes, un tratamiento. Sin embargo, con el tiempo la frecuencia y el número de las revisiones irán disminuyendo, así como el riesgo de reaparición de la enfermedad: en general, durante los dos o tres primeros años tras el diagnóstico es conveniente realizarlas cada tres o cuatro meses, a partir del cuarto año cada seis meses, y a partir del quinto, anualmente.

Dichas revisiones suelen constar de una exploración, una analítica completa que determina parámetros del funcionamiento de todos los órganos, así como de ciertos marcadores tumorales; una radiografía de tórax que valora el estado de los pulmones, una ecografía abdominal (en la que se visualizan posibles lesiones en el hígado sospechosas de metástasis), un tac tóraco-abdominal (que es capaz de detectar lesiones pequeñas, debido a su mayor sensibilidad se realiza periódica y alternativamente con la radiografía de tórax y la ecografía abodominal), y una endoscopia, para visualizar el estado de la cicatriz del estómago.

Cualquier tipo de síntoma percibido –como pérdida de apetito o peso, aparición de dolor, cansancio, etc.– ha de ser referido al profesional médico, para que este pueda valorar si es necesaria la realización de más pruebas.

Por último, si durante el tratamiento fue necesaria la extirpación del bazo, este hecho puede llevar aparejada una disminución de la inmunidad y, por tanto, requerirá que el paciente reciba varias vacunas antes y después de esta intervención, además de tratamiento con antibióticos por el riesgo de infección.

9. El estómago y partes del estómago

El estómago, localizado en la parte superior y central del abdomen, es un órgano hueco del aparato digestivo, con forma de “J”, que se encuentra muy próximo al diafragma, al hígado, al páncreas, al bazo y al colon.

Desde el punto de vista anatómico, el estómago se divide en tres partes: el fundus (zona de unión con el esófago), el cuerpo gástrico, y el antro (zona antes del final del estómago). Además, cuenta con dos esfínteres: el cardias, que separa el estómago del esófago e impide que el contenido del estómago vuelva al esófago (lo que se conoce como reflujo gastroesofágico) y el píloro, que separa el estómago de
la primera porción del intestino delgado, el duodeno. Tiene, así mismo, una porción curvada a la derecha (la curvatura menor) y otra a la izquierda (curvatura mayor).

En su interior, el estómago está cubierto por una mucosa con muchos pliegues. Esta capa contiene multitud de glándulas que se encargan de producir una serie de proteínas (enzimas) que continúan el proceso de la digestión que se inicia al masticar.

Rodeando a esta capa se encuentra la submucosa, que a su vez está recubierta por una capa muscular constituida por múltiples fibras que le confieren resistencia y permiten la mezcla de los alimentos. Su exterior está recubierto por una membrana denominada serosa o peritoneo.

10. Asociaciones de pacientes

  • Confederación ACCU Crohn y Colitis Ulcerosa: nacida el 1987 y sin ánimo de lucro, trabaja para ofrecer una red asociativa a los pacientes de enfermedad inflamatoria intestinal (EII).
  • Asociación contra el cáncer gástrico y gastrectomizados: asociación sin ánimo de lucro, que lucha porque haya información sobre todo el proceso de diagnóstico y tratamiento de cáncer gástrico y gastrectomías; que se investigue esta enfermedad tan cruel en la que no se sopesa la calidad de vida posterior; Conseguir ayuda psicológica especializada para los pacientes y para su entorno más cercano, y sobre todo, incluir en la sanidad pública la especialidad del nutricionista, vital para la calidad de vida de los pacientes.

El contenido que se proporciona en este documento es información general. En ningún caso debe sustituir ni a la consulta, ni las recomendaciones de su médico.

CODEX: ES-NON-02542. Fecha de creación: noviembre de 2023.

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